One Vanderbilt nació como una apuesta inmobiliaria de más de tres mil millones de dólares y terminó definido por sus tres últimos pisos, los que menos oficinas tienen y más colas generan cada tarde. El contraste explica bastante bien lo que ha pasado en Midtown Manhattan desde 2021.

Una torre pensada para bancos y bufetes de abogados se ha convertido en una de las paradas obligadas para cualquiera que visite Nueva York, gracias a un mirador que prescindió del formato clásico de plataforma y prismáticos y apostó por espejos, luz y un ascensor que sube por fuera del edificio. Se llama Summit One Vanderbilt y su historia empieza mucho antes de que existiera la torre que lo sostiene.

Una torre que tardó quince años en levantarse

Summit One Vanderbilt

La inmobiliaria SL Green empezó a comprar edificios en la manzana que ocupa hoy One Vanderbilt en 2001, cuando adquirió el número 317 de Madison Avenue. El proceso se prolongó una década más, hasta que en 2011 la compañía cerró la compra del último inmueble del solar, en el 51 de la calle 42 Este. Con el terreno completo, SL Green presentó en 2012 sus planes para una torre de oficinas junto a Grand Central Terminal y encargó el diseño al estudio Kohn Pedersen Fox, responsable de buena parte del perfil contemporáneo de Manhattan.

El proyecto estuvo a punto de quedarse en un dibujo. La normativa urbanística de la zona limitaba la altura a poco más de ciento ochenta metros y SL Green necesitaba mucha más superficie construible para que el edificio fuera rentable. La solución pasaba por comprar derechos aéreos no utilizados de otros edificios cercanos, entre ellos el histórico Bowery Savings Bank. A eso se sumaba una reforma de la zonificación de todo el entorno de Grand Central que el entonces alcalde Michael Bloomberg intentó sacar adelante en 2013.

La propuesta cayó por la oposición vecinal y de asociaciones de patrimonio. El proyecto quedó en suspenso hasta que TD Bank se comprometió como inquilino principal en mayo de 2014 y el nuevo alcalde, Bill de Blasio, retomó la planificación con un alcance más limitado. La Comisión de Preservación de Landmarks dio su visto bueno a la transferencia de derechos aéreos en julio de ese año, aunque no sin la oposición de varias entidades de conservación del patrimonio, que consideraban desproporcionada la altura final prevista para la torre.

Las obras de demolición de los edificios antiguos del solar arrancaron en 2015 y tampoco estuvieron exentas de sobresaltos. En julio de ese año, una araña de luces y una barandilla cayeron durante los trabajos de derribo e hirieron a cuatro operarios. Un año después, en octubre de 2016, se celebró la ceremonia oficial de inicio de obra, con la colocación de la primera piedra y la presencia del propio De Blasio. La cimentación se completó en 2017 con uno de los vertidos continuos de hormigón más grandes hechos nunca en Nueva York, un trabajo que exigió más de un millón de libras de acero corrugado y decenas de anclajes hasta el lecho rocoso. La estructura empezó a asomar sobre el nivel de calle ese mismo año y para noviembre de 2018 ya superaba en altura a los edificios vecinos.

La fachada, compuesta por más de ocho mil paneles de cristal y terracota fabricados por el grupo italiano Permasteelisa, se instaló entre 2018 y 2019 hasta que la torre alcanzó su altura definitiva el 17 de septiembre de 2019, cuando se colocó el remate final de la estructura sobre el llamado piso 73. En su parte más alta, One Vanderbilt esconde un amortiguador de masa sintonizada de casi quinientas toneladas, un contrapeso pensado para reducir el balanceo del edificio con el viento, una solución habitual en los rascacielos más esbeltos de las últimas décadas.

Pero llegó la pandemia y se retrasó la apertura casi un año. One Vanderbilt abrió finalmente sus puertas el 14 de septiembre de 2020, convertido en el cuarto edificio más alto de Nueva York con 1.401 pies de altura, algo más de 427 metros contando la aguja, solo por detrás de One World Trade Center, Central Park Tower y el 111 West 57th Street. El mirador que corona el edificio tardaría todavía trece meses más en inaugurarse. Daniel Boulud, en cambio, llegó antes que él, con la apertura de su restaurante Le Pavillon en la segunda planta en mayo de 2021.

Tres pisos pensados para desorientar

Summit One Vanderbilt

Summit One Vanderbilt abrió al público el 21 de octubre de 2021, con diseño de interiores del estudio noruego Snøhetta y un recorrido artístico firmado por el creador digital Kenzo Digital, con piezas adicionales de la artista japonesa Yayoi Kusama. La experiencia ocupa los tres últimos pisos accesibles del edificio, del 91 al 93. Empieza incluso antes de llegar arriba, en un vestíbulo subterráneo conectado con Grand Central desde el que los visitantes suben en unos ascensores llamados Rise que convierten el trayecto, de menos de un minuto, en un pequeño espectáculo de luces y sonido pensado para desconectar de la estación que queda debajo.

Arriba espera Air, la instalación central de Kenzo Digital, que ocupa los pisos 91 y 92 con suelos y techos revestidos de espejo hasta crear la sensación de que el perímetro de la sala se pierde en el horizonte de Manhattan, reflejado hasta el infinito en todas direcciones. El propio autor ha explicado en varias entrevistas que buscaba un espacio capaz de descolocar al visitante de sus referencias habituales para que, una vez recuperado el equilibrio, mirase la ciudad con otros ojos.

En ese mismo nivel se encuentra Reflect, la pieza de Yayoi Kusama compuesta por formas de acero inoxidable pulido que remiten a nubes suspendidas. Junto a ella está Affinity, una sala más pequeña donde cientos de globos plateados flotan alrededor de los visitantes y que se ha convertido, para bien o para mal, en la imagen más repetida del lugar en redes sociales.

Summit One Vanderbilt

La parada más comentada del recorrido es Levitation, dos plataformas de cristal transparente que sobresalen de la fachada a más de trescientos metros sobre Madison Avenue y que obligan a caminar literalmente sobre el vacío, con el tráfico de la avenida convertido en un hilo de coches diminuto bajo los pies. El piso 93 cambia de registro y se abre a una terraza al aire libre con el café Après, de inspiración nórdica. Ahí también está lo que la propia gestión describe como el prado alpino urbano más alto del hemisferio occidental, en realidad una sucesión de jardineras con vegetación de montaña.

Desde ahí arranca Ascent, la atracción con la que la torre cierra el recorrido. Son dos ascensores completamente acristalados, incluido el suelo, que suben por el exterior del edificio hasta un mirador situado a unos trescientos setenta metros de altura, el punto más alto al que puede llegar un visitante en todo Manhattan. Los propios operadores del mirador reivindican que se trata de los ascensores exteriores de cristal más grandes del mundo, un dato que respaldó la industria del sector cuando distinguió el sistema como mejor proyecto de ascensores de nueva construcción en 2022.

La popularidad del lugar tiene sus inconvenientes. Y es que las colas de acceso pueden alargarse especialmente los fines de semana y al atardecer, la franja horaria más solicitada. Salas como Affinity se saturan con facilidad cuando coinciden varios grupos numerosos, lo que reduce el margen para disfrutar de la instalación con calma y complica la promesa de un recorrido íntimo con la ciudad. La empresa que gestiona el edificio cifra en cerca de siete millones las personas que lo han visitado desde su apertura.

Lo nuevo en este 2026

Vistas de noche desde el mirador Summit One Vanderbilt

Summit One Vanderbilt lleva meses ajustando su oferta para consolidarse frente a la competencia de otros miradores neoyorquinos como Edge, en Hudson Yards, One World Observatory o el clásico Top of the Rock. Desde mayo de 2026, el mirador abre todos los días a partir de las ocho de la mañana, una hora antes que en temporadas anteriores, con el objetivo de dirigirse a las personas que prefieren evitar las aglomeraciones y ver la ciudad despertar. El horario se ha ampliado también por la noche, con último acceso permitido hasta las diez y media y cierre a medianoche, franja en la que la iluminación de las instalaciones cambia por completo y el mirador se convierte en una experiencia distinta a la diurna, con música en directo y coctelería de autor en Après.

La otra novedad relevante de este año tiene que ver con la manera de comprar la entrada. El billete para Ascent, hasta ahora limitado casi en exclusiva a la venta directa a través de la web oficial, puede reservarse ya en plataformas como GetYourGuide, Viator, Tiqets o Civitatis, lo que facilita combinarlo con otras actividades en la ciudad y evitar las colas de la taquilla física.

A esa reordenación se suma un desarrollo que arrancó el año pasado y que sigue dando que hablar en el sector de los eventos privados. El chef Daniel Boulud, que ya regenta Le Pavillon en la planta baja del edificio, abrió en julio de 2025 un espacio para celebraciones en el piso 72 de One Vanderbilt, llamado Summit Events, con capacidad para cien comensales sentados y menús inspirados en su cocina francesa. El local, situado veinte pisos por debajo del mirador, reproduce parte de la estética de espejos de Air y ofrece acceso directo a Summit One Vanderbilt para quienes reservan el espacio completo con motivo de una boda o un evento corporativo.