Que Madrid se vacía en agosto es una verdad a medias. Desde hace tiempo, los madrileños, como el que suscribe, disfrutamos de la posibilidad de encontrar mesa en restaurantes y bares que son misión imposible el resto del año. Terrazas muy cool, una taberna «como las de toda la vida», un templo de la carne y una escapada a la sierra conforman nuestra propuesta para este mes. Tanto si eres de los que se quedan como si vienes de visita, con estas cinco opciones, eclécticas y variadas, vas a sacarle el mejor partido a la ciudad justo en el que es, para muchos, su mejor momento.


Rooftop del Hotel Emperador

Clásico entre los clásicos del agosteo madrileño, este hotel alberga la piscina de azotea más conocida de la ciudad. Este año, sus gestores permiten disfrutarla en dos modalidades: el Day Pass y el Night Pass, este último disponible durante las veladas de varios miércoles del verano.

¿Cuál es el plan? Un baño en la piscina, relajarse en las camas balinesas, disfrutar de la música y de una copa en la zona chill-out mientras se contemplan unas impagables vistas de 360 grados sobre el skyline madrileño. La entrada incluye acceso, toalla, tumbona y un Aperol Spritz. Y, si quieres completar la experiencia, puedes cenar en su Sky Bar, cuya carta combina tapas y snacks con algunos platos más elaborados.

Precio: Night Pass (miércoles): 55 € · Day Pass: 72/87 €
Dirección: Gran Vía, 53.
Web: emperadorhotel.com


Le Tavernier

En la misma zona, esta terraza situada en la octava planta del Innside Madrid Gran Vía propone un ambiente fresco —ayudan mucho los nebulizadores distribuidos por sus diferentes espacios— y una decoración inspirada en el mundo marinero.

Es un lugar ideal tanto para el tardeo después del trabajo (sí, en la capital también se trabaja en agosto) como para una cita informal con amigos o en pareja durante el fin de semana. Las vistas sobre los tejados del centro tienen su reflejo en una carta de coctelería realmente democrática, con propuestas como el premiado Le Gingerloc, el Pornstar Martini, el Espresso Martini o diferentes spritz, además de una amplia selección de destilados y otras bebidas nacionales e internacionales.

Precio medio: 20 € (30-40 € con picoteo).
Dirección: Mesonero Romanos, 13.
Web: letavernier.es


Bosco de Lobos

Este restaurante, en el corazón ajardinado del estiloso Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, COAM, en pleno barrio de Chueca, es uno de esos lugares a los que hay que ir sí o sí en agosto. Lo es porque se trata de un oasis de tranquilidad y buena climatización, con una decoración de diseño muy agradable. Lo es también porque lo frecuenta gente guapa y moderna.

Y, sobre todo, merece la visita por su cocina mediterránea con acento italiano, tan desenfadada como convincente. Entre los platos destacan propuestas muy refrescantes, como la sopa fría de tomate, apio y albahaca, las pizzas (de trufa, yema, queso fontina…) y los ravioloni de queso de cabra, tomate seco, salvia y limón.

Un consejo: tomar el aperitivo pre-cena en este lugar es una experiencia que también conviene tener en cuenta. 

Precio medio: 40 €.
Dirección: Hortaleza 63
Web: grupotragaluz.com/restaurantes/bosco-de-lobos-madrid/


El Tentadero

En el barrio de Salamanca, frente al parque Eva Perón, esta taberna seduce desde el primer vistazo. Ambiente castizo con guiños flamencos, una decoración cálida con referencias taurinas y conversaciones espontáneas que invitan a alargar el aperitivo durante horas.

La propuesta culinaria apuesta por una cocina tradicional basada en el buen producto. Imprescindibles sus torreznos, reconocidos como Los Mejores de Madrid 2025, además de la ensaladilla rusa con gamba al ajillo y novedades como los chopitos a la andaluza o los huevos rotos con gamba de cristal. Todo ello puede disfrutarse también en la terraza, muy frecuentada por las familias del barrio.

Precio medio: 30-40 €.
Dirección: Doctor Gómez Ulla, 12.
Web: eltentadero.com


Carande (Navacerrada)

En plena plaza principal de Navacerrada, la familia Carande lleva varios años al frente de este refugio de la buena cocina. Aquí se viene a comer bien, algo que en la sierra a veces se confunde con propuestas tan abundantes como excesivas.

En Carande manda la creatividad, el sentido común, una técnica impecable y el respeto por el producto de temporada. Platos de base tradicional, como la menestra con consomé de borraja o el pichón asado, conviven con propuestas mucho menos previsibles, como el sashimi de bacalao con caviar Oscietra. Pura elegancia y mucho sabor, tanto en el comedor como en la terraza, donde siempre apetece alargar la sobremesa.

Precio medio: 70-75 €.
Dirección: Plaza del Doctor Gereda, 10 (Navacerrada).
Web: restaurantecarande.com