En 2015, Pilsen celebró su nombramiento como Capital Europea de la Cultura con más de 600 eventos que atrajeron a numerosos viajeros: la ciudad de Bohemia Occidental se reivindicó como una de las ciudades más efervescentes de Centroeuropa. Seis años después, la ciudad checa ha sabido recoger los frutos de aquel año mágico erigiéndose en un destino cada vez más atractivo para el viajero que busca historia, cultura y ocio en una ciudad de tamaño perfecto para una escapada. Nos vamos a Bohemia del Oeste para descubrir Pilsen, la ciudad de moda en República Checa. 

Un paseo por el casco histórico de Pilsen 

Pilsen
Fachadas de la Plaza de la República en Pilsen. Fuente: Wikipedia

Ubicada a una hora y media al oeste de Praga, Pilsen es una de las mejores visitas que podemos hacer desde la capital checa. Pero si queremos palpar el ritmo de esta coqueta ciudad, necesitaremos al menos un fin de semana, empezando nuestro paseo por la Plaza de la República, el corazón de la ciudad bohemia.  

Se trata de una de las plazas más grandes de Europa, plagada de bonitas fachadas de edificios en tonos pastel entre los que destaca el Ayuntamiento o la Casa del Corazón Rojo con sus curiosos esgrafiados. En el centro de la plaza se encuentra la Columna de Santa María, una de las muchas columnas que encontramos en República Checa y otros países centroeuropeos para recordar los estragos de la peste, en este caso la de 1680.


Otro de los hitos de la Plaza de la República son sus tres fuentes doradas instaladas en 2010 que, en un principio, originaron diversas propuestas ciudadanas: ahora concentran a legiones de viajeros para hacerse la foto de rigor. En el lado sur de la plaza también encontramos el Museo de las Marionetas que celebra una de las tradiciones más entrañables del país. 

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La Catedral de San Bartolomé tras una de las tres fuentes doradas de la Plaza de la República. Fuente: Pixabay

Pero la joya inapelable de la Plaza de la República es la Catedral de San Bartolomé, iniciada pocos años después de la fundación de la ciudad, a finales del siglo XIII. Su elemento más llamativo es la torre que supera los 100 metros y es la más alta de todo el país. Y atención porque para llegar al final debes subir 301 peldaños. Y tampoco podemos perdernos la Madona de Pilsen que preside el altar mayor de la catedral, una de las esculturas renacentistas más queridas en la República Checa.  

A un par de minutos al oeste de la Plaza de la República encontramos otro hito pilsener: la Gran Sinagoga, la más grande del país y la tercera más grande del mundo, siendo capaz de albergar a más de 2000 personas. Fue construida en 1888 y, gracias a su excelente acústica, suele ser sede de conciertos, algo poco habitual en los centros religiosos judíos.  

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La Gran Sinagoga de Pilsen. Fuente: Wikipedia

Pero Pilsen también nos tiene reservada una sorpresa bajo tierra: son los túneles de la ciudad bohemia. Se trata de un laberinto de calles, pozos y cuevas que se fue construyendo bajo el pavimiento desde el siglo XIV hasta el XVIII. ¿Para qué? Como sistema defensivo, pero también para la fabricación y conservación de alimentos. Su longitud roza los 20 kilómetros y, pese a estar muy lejos de la longitud y complejidad de las célebres catacumbas de París, es una visita más que recomendable para conocer otra faceta de la ciudad bohemia. 

Más Pilsen: museos, parques y Adolf Loos 

Más allá del casco histórico de Pilsen encontramos otros lugares de interés que no podemos perdernos si queremos conocer a fondo la ciudad. Por un lado, tenemos Techmania, uno de los mejores museos de ciencia de la República Checa ubicado en la antigua fábrica de Škoda, célebre firma de automóviles que se originó en la ciudad bohemia.  

Alrededor de la ciudad, más allá de las viejas murallas medievales, encontramos el denominado Anillo Verde, un paseo ajardinado plagado de parques y canales. Al este de la ciudad, por ejemplo, y dentro de este anillo, podemos disfrutar de Mill Race, una canal que ya desde el siglo XIX se convirtió en una de las excursiones preferidas de los locales, hasta el punto de que esta zona se conoció como la Venecia de Pilsen.  

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El Anillo Verde de Pilsen. Fuente: Pixabay

Y si vas a Pilsen con niños no puedes perderte el zoológico de la ciudad, un parque natural conectado a diversos jardines en los que viven animales que no se pueden encontrar en ningún otro zoo del país. Pero si lo que buscan tus hijos son animales un poco más exóticos, Pilsen cuenta con una sede de Dinopark, también presente en España, muy cerca del zoo.

Pero Pilsen también es arquitectura contemporánea gracias a la labor de Adolf Loos, uno de los grandes pioneros del racionalismo. Durante la década de los 20 y los 30, el arquitecto nacido en Brno realizó frecuentes visitas a Pilsen y aunque no trabajó en grandes edificios en la ciudad sí dejó su huella en diversos diseños. Una ruta recorre trece interiores diseñados por Loos para la burguesía local además de la Casa de Brummel, cerca de la fábrica de Skoda. 

Pilsen, capital de la cerveza 

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Puerta de la cervecería Pilsner Urquell. Fuente: Wikipedia

Si pensabais que os íbamos a dejar sin probar la legendaria cerveza Pilsen es que no nos conocéis bien. Pero estas cosas es mejor dejarlas para el final. Desde luego que Pilsen tiene muchos más atractivos que su cerveza, pero una ciudad que ha dado nombre a un tipo de cerveza de tanta trascendencia debe rendir homenaje a este dorado brebaje como se merece.

Fue a mediados del XIX cuando la fábrica de Pilsner Urquell comenzó a elaborar un tipo de cerveza único de color claro usando maltas de Moravia y lúpulo Saaz que pasó a denominarse Pils o Pilsener: un trago refrescante que rompió con la tradición de la zona de cervezas densas y oscuras acercándose a la lager bávara. 

Además de probar buena (y barata) cerveza en cualquiera de los muchos y animados locales de la ciudad, debemos acercarnos al Museo de la Cerveza a 15 minutos al este de la Plaza de la República en la que podremos indagar en la fabricación de este trago legendario. Y así, con una jarra de Pilsner bien fría en la mano, nos despedimos de la ciudad más efervescente de la República Checa.  

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