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En estos tiempos de destinos saturados, no hay nada mejor que la sensación de descubrir a ritmo pausado y a solo unos kilómetros de la costa más popular de España, paisajes mediterráneos intactos, pueblos históricos y fértiles valles en los que se crían variedades históricas con las que se elaboran los vinos de la D.O Alicante.

Hemos viajado hasta allí para conocer algunas de las bodegas y pueblos que forman la Ruta del Vino de Alicante, una de las 37 que forman parte de Rutas del Vino de España.

Villena

Castillo de Villena

Villena suele ser un buen punto de partida para conocer la cara enoturística alicantina. Esta villa histórica ubicada en los confines occidentales de la provincia, destaca por su imponente castillo de origen árabe y por el llamado Tesoro de Villena, un conjunto de 66 piezas prehistóricas hechas con metales nobles- oro, plata y hierro con remates de ámbar- escondidas hace 3.000 años y encontradas casualmente en 1963. El Tesoro se expondrá en breve en el nuevo Museo de Villena (MuVi), mientras terminan las obras, sus responsables han habilitado varias salas para mostrar réplicas exactas de todas las piezas. 

La tercera baza turística de Villena tiene lugar cada septiembre, cuando cerca de 14.000 personas, la mitad de la población, se visten con sus mejores galas de época para desfilar alegre y solemnemente, según el día, en su fiesta de Moros y Cristianos, una de las más importantes de las casi 70 que pueblan el calendario en la provincia. 

Tesoro de Villena

Para dar a conocer más de esta tradición, Villena cuenta con un Museo Festero, ubicado en una casa señorial frente a la iglesia de Santiago, un monumento soportado por 12 icónicas columnas helicoidales. Entre otros objetos expuestos, en el museo se custodia de mayo a septiembre la figura de la “mahoma”, un muñeco que representa a los musulmanes y que en realidad pertenece al vecino pueblo de Biar, a donde se traslada en una popular ceremonia la tarde del día grande de las fiesta de Moros y Cristianos de Villena

Alto Vinalopó

Biar

Solo 9 km separan ambos municipios, a pesar de que sus gentes se han mezclado desde hace siglos, sus acentos son bien diferentes. Mientras los Villeneros hablan con deje murciano, los de Biar se expresan en un castellano con acento valenciano, lengua que usan a diario.

Biar es uno de los pueblos más bonitos y desconocidos de Alicante. Por supuesto, cuenta con su propio castillo almohade construido en tapial. Ubicado en lo más alto del pueblo, su silueta conforma junto a la iglesia levantada sobre lo que fue la mezquita, una postal en la que nos podemos meter callejeando por su laberinto urbano lleno de patios de estilo árabe.

Finca Collado

El gran legado de esta cultura en la comarca del Alto Vinalopó se puede encontrar también en las huertas de frutales que rodean la laguna de Salinas, donde se ubica Finca Collado, la primera de las bodegas de la Ruta del Vino de Alicante que visitamos. Aunque trabajan todas las variedades autóctonas, su producto estrella es el Vi de sal, hecho con monastrell criada junto a la salina. Su excelencia radica en que solo se produce con cosechas excepcionales y su comercialización se hace en botellas magnum. La visita a Finca Collado incluye degustación de sus vinos maridados con embutido, sándwiches y pastelería fina presentados en una cesta de picnic que se comparte en un merendero a la sombra de los pinos.

Medio Vinalopó

Bodegas Monóvar

A pocos km al sur, ya en la comarca del Medio Vinalopó, está Bodegas Monóvar, una auténtica institución donde se produce uno de los vinos con más historia y carácter de toda la DO, el Fondillón. Se trata de un vino dulce hecho con la uva pasa de monastrell siguiendo un método de producción que exige 10 años de crianza en un tonel de roble americano.

Cada año se extrae el 10% del vino de la cuba y se rellena con el de la nueva añada, de este modo se respeta la madre del vino, los sedimentos -fondillón- que hacen especial a este vino que cuyo alcohol proviene exclusivamente de su fermentación, no de añadidos como sí hacen en Oporto o Madeira.

La sala de toneles de Monóvar es el sancta santorum del fondillón. Algunos de ellos llevan más de 200 años en este lugar, construidos con la madera de roble que traían del norte de América los barcos pesqueros de bacalao.

Elogiado por Giacomo Casanova y Shakespeare en sus escritos, se sabe que el último trago que dio el Rey Sol, Luis XIV, antes de expirar fue una copa de fondillón acompañada de dos bizcochos. Nombrar todas las referencias históricas que hay de la fama mundial del fondillón sería imposible. El último personaje reseñable que dedicó unas líneas a su producción fue Azorín, escritor cuya finca familiar se ubica justo frente a los viñedos de Monóvar.

La Marina Baja

Finca Seguró

Menos abiertos son los pequeños valles ubicados a los pies de la sierra de Aitana, el grupo montañoso que bordea la Marina Baja, al norte de la provincia. Es en este entorno donde encontramos la Ruta del Agua de Sella, una excursión fácil de 7,8 km que sigue los caminos tallados por el hombre a lo largo de la historia para aprovechar el agua de los ríos subterráneos que se filtra entre las rocas calizas de las montañas circundantes. A lo largo de las tres horas que toma hacer toda la ruta encontramos acequias, azudes, huertas, molinos, puentes e incluso zonas aptas para el baño, un auténtico vergel en el que abundan los muros de pedra en sec, una técnica ancestral para parcelar que se lleva practicando desde tiempos inmemorables.

Menos tiempo lleva Doris Andres, sólo 35 años, cultivando las 6 hectáreas de Finca Seguró, una pequeña bodega ubicada en el corazón de la sierra. Lo que empezó como una afición, es ahora todo un reto para Doris, oriunda de Suiza, que tras el fallecimiento de su marido ha asumido el reto de seguir trabajando y viviendo de manera totalmente autónoma, usando su propia agua, generando electricidad con energía solar y calentándose con biomasa. Además de producir sus vinos naturales, su apuesta más novedosa son “los barriles”,  pequeñas pero cómodas cabañas con forma de tonel distribuidas por toda la finca. Cada una de ellas cuenta con una cómoda cama para descansar en el silencio más absoluto y una terraza para disfrutar  entre viñas de los bonitos atardeceres alicantinos.

La Marina Alta

Xaló

Para terminar, nos dirigimos a la Marina Alta para descubrir las particularidades de sus vinos. Allí está la bodega Pepe Mendoza-Casa Agrícola, construida en un antiguo riurau, como se llama a los secaderos de uva pasa, producto del que se vivió en esta comarca hasta bien entrado el siglo XIX. De sus viñedos históricos de variedades moscatel, giró y monastrell salen vinos que transmiten el territorio, puro Mediterráneo en copa.

La innovación está en el adn de esta bodega que cada año cría vinos experimentales a partir de los cuales va dando forma a nuevos éxitos. Pureza es uno de ellos: un moscatel con pocos días de fermentación criado en ánfora de barro encargadas a uno de los mejores alfareros de España.

Junto al parque natural del Montgó y a pocos km del mar de Dénia está Les Freses, una bodega nueva cuyas vides de variedades autóctonas prefiloxéricas ocupan un antiguo cultivo de fresas. La bodega ofrece diversas experiencias para disfrutar de sus vinos, algunos de ellos criados en damajuanas y ánforas de barro hechas con tierra del viñedo. Una de estas experiencias incluye una visita a la bodega más antigua del mundo, ubicada en un poblado ibero del siglo VI ac en el alto de Benimaquia, donde los arqueólogos encontraron un ánfora con pepitas de uva en su interior.

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