Cuando hablamos de cerveza en República Checa estamos en realidad hablando de algo más que una simple bebida. Y es que la cerveza está tan integrada dentro de la sociedad que parece imposible entender la cultura checa sin entender su pasión por la “pivo” o “pivnice”. Así es como llaman a la cerveza en República Checa y, como verás a continuación, es una palabra que deberías aprender si viajas hasta este pequeño país centroeuropeo.  

Y es que, aunque otros destinos como Bélgica o Alemania seguramente no estén muy de acuerdo, la República Checa se ha autoproclamado el país de la cerveza. Con los números en la mano, tienen motivos para ello. Los checos beben de media entre 150 y 180 litros al año, una cantidad que les sitúa como el país que más cerveza consume del mundo.

Historia de la cerveza en República Checa

Los primeros registros de producción de cerveza en la República Checa datan del año 993, nada más y nada menos, en el Monasterio de Břevnov. Aunque en realidad la bebida comenzó a popularizarse durante la edad media cuando se eliminó la prohibición de fabricar cerveza fuera de los monasterios y las primeras fábricas comenzaron a abrirse en las ciudades de Brno, Pilsen o České Budějovice.


En esos primeros años, existía la creencia de que la bebida era curativa y lo cierto es que no era una afirmación del todo falsa. En una época donde el agua era por lo general insalubre, la cerveza y otras bebidas fermentadas resultaban en realidad más sanas. En los siguientes siglos las principales ciudades checas fueron abriendo sus propias fábricas de cerveza, pero también era habitual que las propias familias la produjeran de forma casera. Una costumbre que, con el tiempo, terminó derivando en la proliferación de centenares de micro cervecerías, hoy convertidas en un símbolo del país.

La auténtica revolución llegó no obstante a mediados del siglo XIX cuando una fábrica ubicada en Pilsen inventó lo que hoy conocemos como cerveza rubia o pilsner. Un cervecero alemán, que ya había experimentado con las cervezas lager de la región de Bavaria, no estaba muy contento con la calidad de las cervezas que se producían en el país checo y desarrolló una nueva técnica de secado de la malta dando como resultado una bebida más ligera y dorada que no tardó mucho en expandirse por el resto del país y del mundo.

Cerveza en barril tradicional

Este nuevo método terminó llegando a todas las cerveceras del país y los métodos de elaboración se mantuvieron prácticamente intactos hasta finales del siglo XX cuando se empezaron a modernizar las fábricas con técnicas como la pasteurización o la maduración rápida. Esta producción industrializada unida a las anteriores décadas de dominio de la Unión Soviética hizo sufrir mucho a las pequeñas fábricas y a finales de los años 90 del siglo pasado tan solo sobrevivían unas 60 cerveceras.

Por suerte, en los últimos 20 años el sector está viviendo una nueva época dorada y una renovada generación de micro cervecerías han conseguido ganarse un hueco en un mercado que sigue dominado por marcas tan conocidas como Pilsner Urquell, Gambrinus o la Budweiser original que durante más de cien años estuvo disputando los derechos sobre ese nombre comercial con su homónima americana.

Cómo son las cervezas checas

Grifo de cerveza

Más del 90% de la producción de cerveza checa se corresponde con el tipo Pilsner que se caracteriza habitualmente por un sabor ligero, su color rubio claro y un agradable aroma a malta y lúpulo. Lo primero que debemos saber cuando tomemos una cerveza en República Checa es que los grados que suelen venir indicados en el etiquetado no se corresponden con su nivel de alcohol.

Cuando veamos que nos ofrecen cervezas de 10, 11 o 12 grados no te asustes porque lo que en realidad estamos viendo son los porcentajes en peso del azúcar usado en la fermentación. Y aunque lo habitual es que a mayor número de grados tengan más alcohol dependerá también de otros factores implicados en la producción. Por norma general, existen cuatro categorías de cerveza:

  • Lehké: Por debajo de 8º, es una cerveza muy ligera y con pocas calorías.  
  • Výčepní: Las cervezas situadas entre 8 y 10 grados generalmente se sirven en grifo, aunque también pueden ser embotelladas.  
  • Ležák: Suelen ser cervezas embotelladas que se sitúan entre los 11º y los 13º
  • Speciál: Por encima de 13º son cervezas especiales

Acostumbrados a las cervezas españolas, las checas suelen resultarnos mucho más suaves con un nivel de alcohol que se suele situar entre el 4% y el 5%. Esto viene motivado porque los checos prefieren beber cervezas menos alcohólicas, pero en mayor cantidad. Es también el motivo que ha provocado que otras conocidas variedades de cerveza, como las ipas o las pale ale, no terminen de triunfar en el país, aunque esto también está cambiando en los últimos años con una población joven más globalizada.

Qué visitar para descubrir la pasión por la cerveza en la República Checa

Ceske Budejovice

En los últimos años el país se ha dado cuenta del valor de la cerveza como atractivo turístico y cada vez existe más oferta de visitas y tours en las diferentes ciudades checas.

En Praga, por ejemplo, han proliferado los tours en torno al mundo de la cerveza que realizan diferentes recorridos por las cervecerías más famosas ofreciéndonos la posibilidad de probar en cada una de ellas las principales variedades y marcas del país. Algunas las cervecerías más interesantes que podemos ver en la capital son la Novomestsky Pivovar, un establecimiento con más de 120 años de historia, Fleku o la cervecería U Pinkasu que mantiene aún tradiciones centenarias, convirtiendo la visita en un auténtico ritual.

En Pilsen y alrededores, también tenemos la posibilidad de realizar una interesante ruta. Empezando, como no podía ser de otro modo, por una visita a la fábrica de Pilsner Urquell, la más importante del país. En los pueblos de alrededor encontramos cervecerías artesanales más pequeñas como la de Dobřany o la fábrica de U Stočesů en Rokycany.

Y si nos adentramos en la región de Bohemia Occidental llegaremos a una de las fábricas más antiguas del país en Chodová Planá, donde la cerveza se elabora ya desde el siglo XII, y cuenta con un spa donde nos podremos bañar en cerveza. En la región montañosa de Šumava, las rutas de cerveza nos llevarán al Pivní studio Modrý Abbé (Estudio de Cerveza Abate Azul), en Klatovy. Para terminar esta completa ruta nos podemos acercar a la fábrica de cerveza de Železná Ruda, situada junto al Parque Nacional de Šumava.

České Budějovice es otra de las capitales de la cerveza en el país. Esta bonita ciudad histórica es la capital de la región de Bohemia del Sur y es cuna de algunas de las marcas más conocidas del país como la Budweiser Budvar, que se lleva fabricando desde hace más de siete siglos. La pequeña y coqueta localidad de Saaz es otro destino imprescindible para los amantes de la cerveza con el museo Saaz Hop Museum y pequeñas e interesantes micro cervecerías.

Aunque en realidad, para descubrir la pasión por la cerveza en el país basta con dar un paseo por cualquier calle de la República Checa, detenernos en alguna alguna pequeña cervecería y compartir una cerveza con la población local. Y recuerda que, según dicta la costumbre, “se entra pronto para salir pronto”. ¡Na Zdravi!

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