Nos gustan las montañas y la nieve, nos gustan los castillos y las leyendas, nos gustan las plazas mayores y sus terrazas. Nos gusta Aínsa. En la comarca de Sobrarbe, en el Pirineo de Huesca, encontramos uno de esos pueblos del que todo el mundo habla maravillas. No en vano es una de las cuatro localidades oscenses que tienen el honor de pertenecer a la asociación de los Pueblos más Bonitos de España. Es hora de disfrutar de primera mano de la belleza de Aínsa, uno de los pueblos medievales más evocadores del Pirineo

Aínsa, un pueblo de leyenda 

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Aínsa y el Embalse de Mediano al que llegan las aguas de los ríos Cinca y Ara que rodean el pueblo. Fuente: Wikipedia

Año 724. Los cristianos que han resistido al empuje musulmán se agrupan en torno a Aínsa y se organizan para iniciar la recuperación del territorio conquistado por sus enemigos. Las huestes de Garcí Ximénez logran una primera y esperanzadora victoria sobre los musulmanes gracias al aliento de una cruz de fuego que apareció sobre una carrasca, el mítico árbol de Sobrarbe. Es la leyenda de la Cruz de Sobrarbe que todavía hoy se recuerda en la fiesta bianual de La Morisma

Aunque no hay constancia documental de la batalla ni de la existencia del rey Garcí Ximénez—episodio que recuerda mucho a otro mito, el protagonizado por Pelayo en la Batalla de Covadonga en Asturias de fecha muy similar— lo cierto es que la cruz que ‘apareció’ ante los guerreros cristianos se ha convertido no solo en un símbolo del municipio de Aínsa-Sobrarbe, sino de toda la región: se incluye en uno de los cuarteles del escudo de Aragón. 


A poco más de 20 minutos al norte del centro de Aínsa encontramos el monumento denominado Cruz Cubierta de Aínsa, un tholos de ocho columnas que sostienen un tejado cónico protegiendo la Cruz de Sobrarbe sobre la carrasca: el mejor prólogo para esta enjundiosa novela histórica que es Aínsa.  

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Fuente: Wikipedia

Porque la localidad oscense es uno de los pueblos medievales mejor conservados del norte de España, con sus calles y casas empedradas que evocan no sabemos si tiempos mejores, pero desde luego diferentes. Lo sentimos también en el Castillo-Fortaleza de Aínsa cuya construcción pertenece a dos fases. La primera del siglo XI, época en la que Aínsa forma parte de una de las líneas de defensa de los territorios cristianos frente a los musulmanes.  

Primero formando parte del Reino de Nájera-Pamplona, después independiente durante en pequeño periodo de tiempo y finalmente integrado en el Reino de Aragón, el castillo de Aínsa es uno de los testimonios de los orígenes del condado de Sobrarbe. La Torre del Homenaje —que actualmente alberga el Eco Museo sobre la fauna y la naturaleza pirenaica— es la parte más antigua del castillo, construida sobre restos árabes. La segunda fase constructiva llega en el XVII llevándose a cabo diversas ampliaciones.  

Las murallas del Castillo de Aínsa no solo ofrecen un panorama excepcional del sobrecogedor paisaje pirenaico dominado por el Monte Perdido, sino que también son el escenario de diversos eventos como el Festival de Música y la Expo-feria de septiembre. Así mismo, en la torre sureste, tenemos el Espacio Geoparque de Sobrarbe-Pirineos y en la torre noreste la Oficina Comarcal del Turismo.  

Seguimos bajando hacia el sur para adentrarnos por fin en las calles de Aínsa y disfrutar de un delicioso casco-histórico medieval: de las siete puertas de su primitivo (y doble) recinto amurallado todavía podemos cruzar cinco: Portal de Abajo, Portal de Afuera, Portal Alto, Portal de Tierra Glera y Portal del Callizo. 

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Portada de la iglesia de Santa María. Fuente: Wikipedia

El caserío de Aínsa se organiza en torno a dos calles principales que corren de forma paralela: la calle Mayor —en la que podemos ver las fachadas de la Casa de Bielsa así como de la Casa Arnal, dos de los mejores testimonios de época renacentista de la localidad— y la calle Pequeña o Santa Cruz que incluye la iglesia de Santa María, otro de los tesoros de Aínsa. 

Se trata de una iglesia iniciada en el siglo XI y finalizada en el XII que constituye un excelente ejemplo de románico aragonés destacando su torre de grandes dimensiones que contrasta con la sencillez de su planta de una única nave cubierta por bóveda de medio cañón apuntado. La portada abocinada con sus cuatro arquivoltas apoyadas en columnillas de capiteles labrados, así como su misteriosa cripta también merecen la visita.  

Y dejamos para el final la Plaza Mayor, con su curiosa forma trapezoidal y sus porches laterales que alternan arcos de medio y ojivales, ninguno idéntico al anterior. Cuando llega el buen tiempo, esta plaza se llena de terrazas en las que disfrutar de la gastronomía oscense en el mejor escenario posible.  

Aínsa y el Pirineo de Huesca     

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Las murallas del Castillo de Aínsa ofrecen fantásticas perspectivas del entorno. Fuente: Wikipedia

Pese al innegable encanto de las calles empedradas de Aínsa no cabe duda de que el atractivo de esta localidad se multiplica gracias a su enclave geográfico en plena comarca de Sobrarbe en el alto Pirineo. Buena parte de los visitantes de Aínsa usan la localidad como campo base para conocer alguno de los muchos tesoros naturales del entorno. 

No hay que olvidar que buena parte de la zona sur de Sobrarbe se halla incluido en el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Se trata de un espacio protegido desde 1991 que ofrece al visitante un paisaje de contrastes, desde bosques mediterráneos, a vertiginosos desfiladeros además de cuevas y pinturas rupestres. 

Así mismo, al noreste de Aínsa también se encuentra el Parque Natural Posets Maladeta que cobija la cima de los Pirineos: el Aneto con sus 3.404 metros. Con más de 30.000 hectáreas, este parque suma 13 glaciares y casi 100 ibones, el nombre que reciben los lagos de origen glaciar en Aragón. 

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De camino al Monte Perdido. Fuente: Wikipedia

Pero tal vez el parque más popular del entorno de Aínsa sea el de Ordesa y Monte Perdido, el segundo parque nacional más antiguo de España, solo por detrás de los Picos de Europa, declarado como tal desde hace ya más de un siglo. Las cimas de los Tres Orores o Treserols (Monte Perdido, Cilindro y Añisclo) dominan el perfil de este parque que es una de las grandes maravillas de Huesca

Y para los amantes del deporte, Aínsa es un paraíso: en la Zona Zero Pirineos se pueden disfrutar de 60 rutas de MTB que suman hasta 500 kilómetros de senderos ciclabes de dificultad variada; ya en Francia, pero a tan solo una hora al norte de Aínsa, tenemos la estación de esquí de Piau Engaly con sus 65 kilómetros de pistas; y si hablamos de senderos, hasta quince rutas recorren la zona de Aínsa y la comarca de Sobrarbe… Imposible aburrirse en este pueblo de leyenda al norte de Huesca. 

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