Los 8 pueblos medievales más bonitos de Europa
Esos lugares en los que nos sentimos viajar en el tiempo gracias a sus edificios históricos y a unas calles donde todavía se conservan los vestigios de su pasado tienen un encanto
Historias, lugares y recomendaciones seleccionadas por la redacción de Descubrir.
Esos lugares en los que nos sentimos viajar en el tiempo gracias a sus edificios históricos y a unas calles donde todavía se conservan los vestigios de su pasado tienen un encanto
Encajada como una cuña entre Navarra y Huesca, la comarca de las Cinco Villas es un territorio aragonés por descubrir. A sus históricas localidades como Sos del Rey Católico o Ejea de los Caballeros hay que sumar un notable patrimonio cultural fundamentado en su tradición fronteriza
Érase una vez un pueblo redondo de calles concéntricas y pavimento adquinado, de adorables plazas y casitas entramadas a las que apetece dar un bocado, un pueblo en el que el tiempo se pierde en un laberinto de juguete.
Un pueblo de intrépidos navegantes, un pueblo de alma protectora: Belmonte es una villa de aroma medieval de grandes historias que vio nacer a una de las leyendas más importantes del descubrimiento de América y que acogió a cientos de judíos tras la orden de expulsión de los Reyes Católicos
No llega a 300 habitantes censados, pero son cientos los visitantes que llegan cada fin de semana para conocer uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Barcelona. ¿Quién puede resistirse a un municipio de origen medieval colmado de casas y calles empedradas?
Situada a poco más de hora y media de Madrid y algo menos de una hora de Guadalajara, Sigüenza es una de las localidades más representativas del Medievo español: la catedral, el castillo, las sinuosas calles de su casco histórico conocidas como ‘travesañas’ y sus jornadas medievales
Recorremos la Vall de Boí, al norte de Lleida, disfrutando de su espectacular conjunto románico.
Visitamos Zamora, una pétrea ciudad milenaria que resiste a las burbujas del ladrillo contemporáneo.
Si Zahara de la Sierra fuese un cuadro abstracto sería blanco sobre verde: un blanco puro, limpio, casi metafísico como el que envuelve los sueños más nítidos; y verde, una completa gama de verdes intensos, frescos y vibrantes.