Valoración post

Durante muchos siglos las comunidades judías que poblaron las ciudades españolas fueron parte indispensable de nuestra historia y su influencia cultural ha definido nuestra forma de ser y pensar mucho más de lo que imaginamos. Lamentablemente, la expulsión ordenada en 1492 y la posterior persecución de todos los judíos no convertidos provocaron la desaparición de la mayor parte del patrimonio monumental e inmaterial que nos habían legado.

Organizaciones como la Red de Juderías de España lleva años trabajando para recuperar y reivindicar la herencia sefardí de nuestro país. De su mano, estuvimos visitando recientemente cuatro ciudades del norte de España que cuentan con un importante pasado judío y forman parte de su red. Cuatro preciosas localidades muy cercanas entre sí que nos invitan a visitarlas de forma consecutiva en esta particular escapada que nos hemos permitido la licencia de llamar la Ruta de las Cuatro Juderías.

Las juderías del Alto Ebro

Acompáñanos en este revelador viaje por los antiguos límites de los reinos de Aragón, Castilla y Navarra para descubrir el pasado de Tarazona, Calahorra, Tudela y Estella.

Tarazona

Panorámica de Tarazona – Foto de Christian Rojo

La ubicación perfectamente estratégica de Tarazona entre la meseta castellana y el valle medio del río Ebro la ha convertido durante sus más de dos mil años de historia en un paso obligado y en un lugar de asentamiento privilegiado. Prueba de ello es un rico y precioso casco histórico que trepa casi de forma literal a través de la colina que asciende desde el río Queiles que divide la ciudad. Ya dedicamos un completo reportaje a Tarazona explicando todo su patrimonio así que en esta ocasión nos centraremos en su judería.

Hasta la expulsión de 1492, la población judía ocupaba la zona de la ciudad próxima a la fortaleza de la Zuda -hoy Palacio Episcopal-, expandiéndose especialmente entre 1213 y 1283 cuando vivieron su época de mayor esplendor. Se configuran así las dos juderías que convivirían en la ciudad. La Judería Vieja quedaría enclavada entre el exterior de la barbacana de la ciudad, la acequia de Selcos y la Zuda. Y subiendo por la cuesta de los Arcedianos llegaríamos a la Judería Nueva, creada en los primeros años del siglo XV, y que ocupó un callejón estrecho y empinado que descendía hasta el río y que hoy resulta realmente cautivador.

Casas Colgadas de la judería de Tarazona – Foto de Christian Rojo

La visita puede comenzar en la Plaza de España, donde se ubica el bonito edificio del Ayuntamiento de la ciudad, y que representaba el punto de encuentro entre las tres culturas que convivieron en la ciudad. Si lo bordeamos llegaremos a la Calle de la Judería, que con su diseño puramente medieval y angosto nos conducirá hasta las espectaculares Casas Colgadas, una serie de edificaciones que se alzan sobre la caída del terreno de forma imposible.

Contigua se encuentra la Rúa Alta de Bécquer, antes conocida como Carrera de la Sinagoga, que marcaba el núcleo central de la judería y que aún conserva algunos de los pequeños callejones, integrados entre las viviendas, que convertían a esta zona en un auténtico laberinto. Girando un poco por la Calle de los Aires, llegamos hasta la Plaza de los Arcedianos, que servía como espacio para la celebración del sucot o la Fiesta de las Cabañuelas y marcaba el inicio de la judería nueva.

Atravesando la Rúa Baja, alcanzaremos el Palacio Episcopal y uno de los miradores más bonitos de la ciudad con vistas a la imponente Catedral de Tazarona, del siglo XIII, y a su curiosa Plaza de Toros. De estructura octogonal, este particular recinto taurino llama la atención porque desde su construcción se planteó como un edificio de viviendas que todavía hoy siguen usándose, lo que la convierte en un caso único de plaza de toros habitada.

Tudela

Panorámica de Tudela – Foto de Christian Rojo

A orillas del Ebro, la localidad navarra de Tudela siempre ha podido presumir de unos terrenos muy fértiles que, ya en época musulmana, tenían especial fama en la península. Su importancia histórica se manifiesta también si estudiamos a algunos de sus hijos más ilustres, como el indispensable pensador Benjamín de Tudela. Un viajero realmente pionero que recorrió Europa y Oriente a mediados del siglo XII, dejando relatos que hoy nos resultan fundamentales para entender las diferentes culturas y religiones que poblaban los países a ambos lados del Mediterráneo.

Al igual que en Tarazona, la judería se dividía en dos. La Judería Vétula o Vieja ocuparía la parte suroriental del antiguo recinto amurallado con la salida por la Puerta de Zaragoza, mientras que la Judería Nueva comenzaría en lo que hoy es la Calle Caldereros y la Calle Guerreros. Quedan pocos restos visibles de lo que fue esta importante judería, por lo que resulta especialmente recomendable visitarla con algún guía local que nos explique y nos contextualice su historia.

Podemos comenzar nuestro itinerario por la plaza que rinde homenaje a otro de los personajes ilustres de Tudela. La Plaza de Yehudá Ha Levi rinde homenaje a este importante poeta medieval que fue muy valorado por los reinos árabes del sur de España, y de quien podemos leer alguno de sus poemas en dos placas instaladas en la misma plaza. Junto a ella, nos toparemos con la majestuosa Catedral de Tudela, que destaca por su espectacular claustro interior y una bellísima fachada lateral.

Calle de Benjamín de Tudela – Foto de Christian Rojo

Desde aquí se accedería a lo que fue en su momento la Judería Vieja, en la zona que hoy ocupan algunas calles como la dedicada a Benjamín de Tudela, la Plaza de la Vida o la calle del Portal que termina en el Arco de la Virgen. La remodelada Plaza de la Judería se encuentra próxima a lo que fue la Puerta de Zaragoza, que daba acceso en su época la tercera sinagoga de la ciudad. Contiguo encontramos también el Palacio del Marqués de San Adrián, un precioso ejemplo de la arquitectura tradicional navarra que hoy acoge la UNED y al cual recomendamos entrar para disfrutar de su patio central y los bonitos murales neoclásicos.

La Judería Nueva estaba ubicada en las calles que se enredan entre la Plaza de San Salvador y la Iglesia de Santa María Magdalena y aún hoy se conserva el mismo trazado medieval de callejones estrechos y algunos bonitos tramos de escaleras. Desde aquí es recomendable salir hacia el puente que atraviesa el río Ebro y subir, andando o en coche, hasta el Cerro de Santa Bárbara, que nos ofrece la mejor panorámica de la ciudad y del valle fluvial. Una postal perfecta para terminar esta segunda etapa de nuestra ruta.

Calahorra

Calahorra

La ciudad de Calahorra es una de las más antiguas de La Rioja con asentamientos humanos que suman más de 50.000 años de historia, aunque la fundación reconocida de la ciudad se sitúa en el siglo II a.C. La riqueza de sus tierras y sus campos de cultivo fueron sin duda el principal motivo de atracción para todas las civilizaciones que pasaron por nuestro país y se detuvieron aquí. Al fin y al cabo, Calahorra es conocida como la capital de la verdura y lleva este título con mucho orgullo.

La antigua Calagurris romana se transformó en una ciudad puramente medieval que aún podemos disfrutar cuando visitamos su centro histórico y su magnífica judería, una de las más bonitas de España. Empezaremos nuestro recorrido en la Catedral de Santa María que, situada en la parte baja de la antigua ciudad, nos servirá de inicio a un recorrido por los barrios históricos de la ciudad, de calles sinuosas, casas humildes y miradores imponentes. Además de su bonito interior, tiene especial valor su archivo histórico donde se protegen importantes documentos como los dos fragmentos de una Torá que se conservaron de manera milagrosa a lo largo de los siglos.

Dejando atrás la Catedral, ascenderemos por la Cuesta de la Catedral y la de San Francisco hasta el Rasillo de San Francisco para comenzar nuestra visita a la judería, a la que antiguamente se accedería por el Portal de la Judería de la muralla. En el camino es recomendable pararnos a visitar el Museo de la Verdura para conocer su importancia en la historia de Calahorra.

Iglesia de Santiago – Foto de Christian Rojo

Aquí, en la parte alta de la ciudad, y alrededor de la sinagoga -donde hoy se levanta la Iglesia de San Francisco- se ubicaba una judería que creció especialmente entre los siglos XIII y XV y se extendía hasta el Portillo de las Eras de Abajo. Fue una de las más importantes en la época y todavía hoy podemos sentir cómo debía ser la vida aquí cuando paseamos por calles tan bonitas como la de San Sebastián. Una calle curvada, en ligera pendiente que nos deja descubrir una serie de bonitas casas de estilo tradicional.

Otra bonita travesía nos lleva a la Calle Murallas, que acompaña el recorrido de la antigua muralla y que termina desembocando en un gran mirador con vistas al barrio de la Morería y al valle del Ebro. Podemos seguir callejeando y dejarnos perder por las bonitas callejuelas de la judería para dirigirnos hacia el centro moderno de la ciudad.

La Plaza del Raso y la bonita Iglesia de Santiago marcan el inicio de la calle Grande, delimitada en sus laterales por importantes edificios modernistas construidos en la época de esplendor de las conserveras locales. Seguiremos por ella hasta terminar nuestro paseo en la enorme Plaza del Ayuntamiento y el Paseo Mercadal que hoy ocupan el espacio del antiguo circo romano, que en su momento fue uno de los más importantes de la península.

Estella-Lizarra

Iglesia del Santo Sepulcro – Foto de Christian Rojo

La ciudad de la luz presume también de ser la ciudad de la felicidad y tiene motivos para ello. Situada en la zona occidental de Navarra, es una localidad determinada por el paso del río Ega, que define su estructura partida en dos, y a cuyo recorrido acompaña el Camino de Santiago. Una ciudad medieval que atesora un destacado conjunto patrimonial formado por iglesias, palacios, casas señoriales y puentes que la han valido el sobrenombre de la Toledo del norte.

Existen dos puntos principales por los que podemos empezar nuestro recorrido por Estella: la Iglesia de San Pedro de la Rúa o la Iglesia del Santo Sepulcro. Comenzaremos en este caso por el primero de estos templos, una imponente construcción que preside toda la localidad y a la que accederemos a través de una preciosa escalinata. Dentro encontraremos una iglesia elegante y sobria con un bonito claustro que dormía bajo el antiguo castillo de Estella y que fue destruido en parte cuando aquel fue derribado.

Frente a San Pedro de la Rúa, se encuentra la Oficina de Turismo de Estella que alberga una interesante maqueta de la ciudad medieval, que se desarrollaba dentro de un gran recinto amurallado. Nos ayudará a comprender la historia de la localidad y entender dónde se encontraba la judería, de la que quedan hoy en día pocos vestigios.

La Plaza de San Martín marca el inicio de la conocida como Rúa de las Tiendas, que forma parte del Camino de Santiago y constituye el núcleo original de la ciudad. Aquí se levantan viviendas antiguas que servían como talleres y tiendas de los comerciantes, así como algunos destacados palacios como la Casa de Fray Diego de Estella o el Palacio del Gobernador, donde hoy encontramos el Museo del Carlismo. 

Centro histórico de Estella – Foto de Christian Rojo

Termina esta calle en la Iglesia del Santo Sepulcro junto a la bonita ribera del Río Ega y el peculiar Puente de la Cárcel, más conocido como el Puente Picudo. Un curioso templo que nos llamará la atención por las impresionantes esculturas de su fachada y su detallado pórtico. Si miramos hacia arriba veremos las ruinas del antiguo Convento de Santo Domingo y la muralla que marcaba los límites de la Judería Nueva.

Es el único resto visible de lo que fue una importante judería en tiempos medievales. Podemos ascender desde la Iglesia del Santo Sepulcro hasta la zona donde se levantaba la antigua fortaleza y se expandía el barrio judío, gran parte del cual permanece actualmente enterrado. Exactamente donde hoy se levanta la Iglesia de Santa María Jus del Castillo se encontraba la antigua sinagoga, que desapareció en torno al siglo XII.

Curiosamente, Estella fue uno de los últimos refugios de los judíos en nuestro país tras el edicto de expulsión ya que no fue hasta 1498 cuando las autoridades navarras decidieron aplicar las medidas tomadas por las cortes de Castilla y Aragón. 

Un completo recorrido, como habéis podido ver, por cuatro localidades llenas de historia que servían como cruce de caminos y núcleos comerciales entre los diferentes reinos medievales y que conservan en menor o mayor medida la historia sefardí de nuestro país. Te animamos a conocerlas y realizar un necesario viaje en el tiempo para entender mejor nuestro presente.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí