“Roma es como un libro de fábulas, en cada página te encuentras con un prodigio”. Se ha escrito mucho (y bien) sobre Roma, pero pocas frases son capaces de contener la Ciudad Eterna en tan pocas palabras como esta de Hans Christian Andersen. Así que no sufras: Roma es inabarcable, hasta para un romano: no quieras degustar tantos prodigios en unos días. Poco a poco. O como diría un romano ilustre, el director Nanni Moretti: “en Roma, pasea sin rumbo”. Concédete ese capricho, al menos un día.

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Sitios imprescindibles de Roma

Roma es imprescindible. Toda ella. Durante siglos, el viaje a Roma fue obligatorio. De capital de un imperio a custodia del espíritu de Occidente. Siempre hubo una razón de peso para viajar a Roma. En pleno siglo XXI, Roma rivaliza con muchas más ciudades para atraer el interés del viajero, pero sigue siendo Roma. Y pese a nuestra devoción por la visita desorganizada, por viajar lento sin la ansiedad de tachar objetivos de una lista, Roma exige un cierto orden, una mínima planificación para no perderse imprescindibles: pero, con seguridad, deberás seleccionar dependiendo de los días que vayas a estar en Roma.

El Vaticano

Los viajeros que llegan a Roma por primera vez suelen dudar entre visitar el Vaticano al principio o dejarlo para el final. Difícil elección, no cabe duda… Lo que sí te aconsejamos es que, si puedes, no veas el mismo día los Museos Vaticanos y San Pedro. Aunque todos los caminos llevan al Vaticano, muchos viajeros eligen cruzar el Ponte Sant’Angelo para encontrarse con el castillo homónimo: una sobria y huraña fortaleza que fue iniciada por Adriano en el siglo I d.C. como su propio mausoleo y que tuvo diferentes funciones a lo largo de los siglos: desde baluarte para proteger al Papa —que cruzaba secretamente desde el Vaticano por el Pasetto— hasta el actual museo.


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Después del castillo, debemos avanzar un poco por la Via della Conciliazione y sacar la cámara de fotos: la Plaza de San Pedro nos recibe con sus brazos abiertos con la Basílica de San Pedro y su insigne cúpula que corona esta estudiada escenografía urbana.

La Plaza de San Pedro del Vaticano fue uno de los últimos encargos de Bernini, figura fundamental del Barroco romano. El encargo fue claro: una plaza de entrada grandiosa y de gran aforo para los fieles. Bernini cumplió: su columnata formada por 284 columnas, 88 pilares y 140 estatuas es abrumadora. En el centro, el Obelisco que trajo Calígula de Alejandría. Su complicada colocación en la plaza necesitó de la intervención de casi 1.000 personas.

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La Basílica de San Pedro es el templo más importante del catolicismo y una joya histórico-artística de primer orden. Constantino, el emperador romano que en el siglo IV se convirtió al catolicismo, erigió el primer templo en Roma en honor de San Pedro, el primer Papa. Muchos siglos más tarde, Julio II encargó una nueva basílica. Miguel Ángel y Maderno remataron el edificio.

Los Museos Vaticanos son otra visita imprescindible de Roma. Como el propio nombre indica, estamos ante varios museos y diferentes colecciones. Es una visita muy exigente: o bien seleccionas parte de los museos… o los ves en varios días. ¿Lo esencial? Esto:

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Tal es la fama de la Capilla Sixtina que existe una ruta directa dentro de los propios Museos que dirige a este espacio. El malhumorado, tacaño y absolutamente genial Miguel Ángel ejecutó en dos fases —y a regañadientes, por supuesto— el fresco más célebre de la historia. Para deleitarnos durante horas. Pero ojo con los mareos… literalmente.

El empacho cultural de una visita de un solo día al Vaticano es considerable. Para bajar la comida, aconsejamos un paseo por el cercano Gianicolo, la octava colina de Roma, un parque fascinante al atardecer en el que podemos encontrar otros monumentos interesantes como el coqueto San Pietro in Montorio o la cinematográfica Fontana dell’Acqua Paola.

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Centro de Roma

Cruzamos de nuevo el Tíber para disfrutar del centro de Roma, un plácido paseo por algunas de las plazas, fuentes e iglesias más bellas del mundo. Entre el Foro y el Coliseo al sur y Villa Borghese al norte encontramos infinidad de imprescindibles, pero también de rincones fuera de pista en los que palpar el a menudo acelerado y ruidoso —el tráfico suele ser insufrible— ritmo de vida romano.

En Campo de’ Fiori huele y suena a Roma. Aunque está cada vez más enfocado al turismo por su céntrico enclave, el mercado que se organiza en esta plaza es un bullicioso atractivo en el que hacer algunas compras y escuchar a los tenderos hablar su particular idioma, generalmente a buen volumen. A pocos minutos al este por Corso Vittorio Emanuele II tenemos Il Gesú, iglesia que suele pasar desapercibida para algunos viajeros pero cuya planta y fachada se convierten en modelo durante muchas décadas: el Barroco empieza aquí.

Al norte de Il Gesù, nos tropezamos con la Basílica de Santa Maria sopra Minerva con su famoso obelisco cuya base tiene forma de elefante. Muy cerquita tenemos una de las joyas arquitectónicas más importantes de Roma: el Panteón de Agripa, un milagro constructivo con su cúpula de 43 metros de diámetro y su óculo de 9 metros. Por cierto, aquí podrás encontrar la tumba de un tal Rafael Sanzio.

Al oeste del Panteón está la Plaza Navona, tal vez la plaza más bella de Roma. Con una planta elíptica que la dota de personalidad, esta plaza ilustra a la perfección el prodigio romano: allá donde mires, habrá algo bello: las fuentes en las que intervinieron Bernini o Giacomo della Porta, la cúpula de Sant’Ivo alla Sapienza o Santa Inés del némesis genial de Bernini, Francesco Borromini… y la comida italiana. Si bien suele ser un poco caro, ¿quién puede resistirse a una cena brindando por La Gran Belleza romana?

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A unos diez minutos al este de Navona y pasando por el Templo de Adriano llegamos a uno de los monumentos más fotografiados del mundo de tal forma que es casi imposible —e ilegal— imitar a Anita Ekberg. El papa Urbano VIII encontraba poco dramática la anterior fuente y le dijo a Bernini que se ocupara del asunto. “Toma taza y media, Urbano”, debió pensar el genio del drama porque la Fontana de Trevi es un desmesurado, abrumador y romántico éxtasis barroco.

De mito a mito. A diez minutos al norte de Trevi está la Plaza de España. Las autoridades romanas también se han puesto firmes con las sentadas en las escalinatas que llegaban a impedir que los viandantes pudieran subir y bajar a través de ellas. Si Navona es la más bella, España es la más original y entrañable.

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Nos desviamos hacia Via del Corso para hacer unos compras en una de las calles más elegantes de la Ciudad Eterna. Via del Corso parte de Piazza Venezia y termina en la Piazza del Popolo, otra cuidadísima escenografía que custodia el Obelisco Flaminio, el más antiguo de Roma (1.200 a.C.) y en la que también destaca la iglesia de Santa María del Popolo con obras e intervenciones arquitectónicas de autores como Caravaggio, Rafael o el ubicuo Bernini.


Recorriendo unas escaleras podemos ascender hasta Villa Borghese, uno de los parques más frecuentados por romanos y turistas que brinda excelentes vistas de la Ciudad Eterna. En uno de los extremos del parque está la Galería Borghese, uno de los mejores museos de Roma con obras de Tiziano, Rafael o Correggio, incluyendo el famosísimo Rapto de Proserpina de nuestro amigo Bernini.

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Coliseo, Foro y Museos Capitolinos

Al final de la Via del Corso nos topamos con uno de los monumentos más grandiosos —y polémicos— de Roma: la Piazza Venezia con su Monumento a Vittorio Emanuele II que fue apodado la “máquina de escribir”. Y es que el romano puede ser muy jocoso cuando quiere. Tras el colosal monumento encontramos la Plaza del Campidoglio, el Palatino y el Foro Romano, además del Capitolio y los Museos Capitolinos. El mito de Roma se empezó a escribir aquí, cuando una loba rescata y cría a los gemelos Rómulo y Remo que habían sido abandonados en el Tíber.

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Si el Palatino es uno de los lugares con más mística de Roma —se supone que Rómulo fundó aquí la ciudad y construyó su primera residencia— el Foro Romano es la historia viva de una civilización única en la historia de la humanidad. Nosotros recomendamos visitar el Foro bien temprano dejando el Coliseo para la tarde.

Y es que el Foro requiere la mente despejada y un poco de imaginación. Debemos reflexionar sobre el aspecto y el ambiente que tendría este lugar en la Antigüedad. Paseando entre las piedras de la zona arqueológica más importante de la ciudad, estamos más cerca de comprender por qué esta ciudad es eterna. La Basílica de Majencio —obra de enorme trascendencia para la posterior arquitectura paleocristiana—, los arcos de Tito, Septimio Severo o Constantino y las enormes columnas del Templo de Saturno son algunas de las piezas más importantes del Foro.

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Los Museos Capitolinos son otro atractivo de la zona. La propia plaza es una obra maestra del Miguel Ángel urbanista. En los edificios que custodian las colecciones capitolinas encontramos desde El Galo Moribundo a la estatua ecuestre de Marco Aurelio pasando por los restos de la colosal estatua de Constantino que dominaba la Basílica de Majencio.

¡Y qué decir del Coliseo! Símbolo de Roma y uno de los edificios más populares del mundo. Ya no hay arena ni gladiadores, pero dentro del Coliseo de Roma no será difícil imaginar los grandiosos espectáculos que se llegaron a vivir en este lujoso edificio con capacidad para unos 70.000 espectadores.

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Otros visitas recomendables en Roma

Fuera de los tres ejes principales de la Ciudad Eterna que hemos descrito se quedan en el alero muchos sitios que ver en Roma. Todos ellos son recomendables, pero dependerá del tiempo que tengamos para disfrutar de ellos.

Las catacumbas, por ejemplo, suponen una experiencia única. Asociadas en su origen al culto cristiano clandestino en el Bajo Imperio romano hoy en día siguen sobrecogiendo a miles de visitantes. Al encontrarse extramuros requiere de una cierta planificación y siempre bajo la supervisión de un guía. La principal zona de catacumbas está al sur: San Calixto (las más famosas), las de San Sebastián y la de Domitila.

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Y otra experiencia que debió ser única para los romanos: las Termas de Caracalla, al suroeste del Coliseo, son uno de los ejemplos más grandiosos de este tipo de arquitectura civil que tanta importancia tuvo en la Roma antigua. Durante mucho tiempo fueron las termas más grandes del imperio hasta que Diocleciano construyó las suyas más al norte de la ciudad.

No sabemos si puede catalogarse de imprescindible, pero muchos viajeros —además de Audrey Hepburn y Gregory Peck— sienten devoción por La Boca de la Verdad, uno de los atractivos más curiosos de la ciudad.

Y aunque ya hemos visto dos o tres iglesias debemos citar otras cuya importancia es irrefutable en la historia cultural europea. Para empezar, San Juan de Letrán, la catedral de Roma, de proporciones solo comparables a San Pedro y en cuyo interior intervino Francesco Borromini. Este genial arquitecto ejecutó también una de nuestras fachadas preferidas de la ciudad: San Carlo alle Quattro Fontane a unos minutos del Palacio del Quirinal, residencia oficial del Presidente de la República Italiana.

A pocos minutos de San Carlo alle Quattro Fontane está Santa Maria della Vittoria que acoge el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini, una de las obras cumbre del Barroco y que tuvo su escena en Ángeles y Demonios, como muchas otras localizaciones de la ciudad.

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El Éxtasis más famoso del Barroco romano. Fuente: Vozpópuli

Santa María en Aracoeli, cerca del Foro, es otro rara avis en Roma con su austera fachada de ladrillo del siglo XIII mientras que San Pietro in Vincoli, al noreste del Coliseo, alberga otra joya de valor incalculable: la tumba de Julio II sin terminar que diseñó Miguel Ángel con el celebérrimo Moisés… aquel que casi echa a andar cuando el genio florentino se lo exigió. Y la Basílica de Santa María la Mayor, que junto a Santa Práxedes y su maravillosa capilla bizantina de San Zenón, son testigo de varios siglos de historia romana.

Y terminamos en el Trastévere, de vuelta al principio. Al otro lado del Tíber se encuentra este barrio, uno de los barrios alternativos de Roma preferidos de los viajeros para descansar, cenar y tomar unas copas. La Basílica de Santa Maria in Trastevere, que cuenta con un delicioso mosaico, y la propia plaza son de gran atractivo al atardecer. Pero ha llegado el momento, por fin, de cumplir con el consejo de Nanni Moretti y pasear sin rumbo fijo por el barrio, ocultos bajo la intriga estrellada de la noche romana.

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Dónde alojarse en Roma

¿Es la primera vez que viajas a Roma? No te compliques con el alojamiento: elige uno de los barrios del Centro Histórico. Aunque el precio es superior a otras zonas siempre encontrarás algunos hoteles y apartamentos a buen precio. Y es que el alojamiento en Roma no es tan caro como en otras capitales europeas, caso de París, por ejemplo. En total, son 22 rioni los que forman parte del distrito Centro Storico (Roma tiene 19 distritos más). ¿Cuál elegir? Os proponemos cuatro opciones:

Trevi

La zona de Trevi es una de las más bonitas y —frecuentadas— de Roma. Sus alojamientos no ofrecen la mejor relación calidad-precio pero, a cambio, estarás muy bien ubicado para conocer a pie el centro de Roma. Nosotros recomendamos buscar hotel en la zona del Palacio del Quirinal, más tranquila (y barata) que en los alrededores de la Fontana de Trevi pero a solo 5 minutos de la misma.

Trastévere

No es el barrio más cercano al centro ni el más tranquilo pero ofrece ese toque bohemio que buscan muchos viajeros para pasar la noche. El Trastévere está bastante animado cuando cae el sol, cuenta con buenos restaurantes y algunos pubs alternativos… pero si buscas una noche a la española te has equivocado de ciudad. Roma sí duerme.

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Ludovisi

Entre Trevi y Villa Borghese encontramos este elegante barrio que satisface a los paladares más exquisitos. En sus calles, especialmente en Via Véneto, podemos perdernos en sus tiendas disfrutando de la legendaria moda italiana. De acuerdo, no es Milán, y Marcello Mastroianni ya no se pasea por aquí, pero es una opción de alojamiento interesante para los que buscan un ambiente un poco más sofisticado.

Esquilino

Entre metro Repubblica y Termini tenemos una zona de excelente relación calidad-precio. Bien comunicado a través del metro, los hoteles y apartamentos de Esquilino no suelen ser lujosos, pero, si buscas bien, podrás ajustar el presupuesto para estirar algún día más tu estancia en la Ciudad Eterna. Y ten en cuenta que muchos autobuses que llevan a los aeropuertos —como los Terranova— salen de Termini. Eso sí, si quieres conocer la ciudad a pie, no es la zona más recomendada.

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Tarifa plana para monumentos: Roma Pass

Roma Pass es la tarjeta turística de descuento para conocer los principales museos y monumentos de Roma. Está patrocinada por el Ayuntamiento de Roma y el Ministerio de Arte y Actividades Culturales, en colaboración con ATAC, la empresa de transporte público. Tiene dos modalidades: 48 horas y 72 horas con un precio de 28 y 38,50 €, respectivamente.

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¿Qué ofrece a cambio? Entrada gratuita a dos museos o sitios arqueológicos de una amplia lista, entrada reducida a todos los demás museos y sitios arqueológicos visitados posteriormente incluyendo exposiciones temporales, entrada rápida sin colas en algunos espacios caso del Castelo Sant’Angelo o los Museos Capitolinos, y uso gratuito de la red de transporte público romano operados por ATAC que incluye el metro, autobús y algunas líneas de ferrocarril. No incluye el traslado al aeropuerto de Fiumicino pero sí al de Ciampino.

¿Cómo funciona? Como la mayoría de tarjetas de este tipo: una vez que la activas por primera vez empieza a contar el tiempo: 48 o 72 horas desde el momento de su primer uso. No se puede compartir pero es contactless con lo que solo tendremos que acercar la tarjeta al lector tanto en los museos como en el transporte público.

¿Merece la pena? Sí, si vas a hacer bastante uso del transporte público —algo que no es lo más habitual para un turista primerizo en Roma— y si vas a visitar un buen número de monumentos. Si buscas algo más completo también puedes echar un vistazo a la tarjeta OMNIA que te permite acceder a las principales atracciones sin esperar colas (o no tantas colas al menos).

Cómo moverte en Roma

A pie. La mayor parte de atractivos turísticos de Roma están en el Centro Storico que fácilmente se puede recorrer a pie. Pese a ello, echar mano del transporte público de vez en cuando es otra manera de conocer la ciudad y estar en contacto con los locales. Para determinadas visitas o para volver al hotel al final del día el metro es una buena opción. Solo tiene tres líneas: A, B y C. Si estás acostumbrado al metro de una gran ciudad este te parecerá casi una broma, pero Roma tiene tantos tesoros subterráneos que no ha sido nada fácil construir una red de metro más extensa.

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El autobús es la opción correcta si prefieres caminar lo mínimo posible. Debido a las limitaciones del metro, las líneas de autobús cubren toda la ciudad. ¿El problema? Lo mismo que en casi cualquier gran ciudad: el tráfico, que en Roma, además, puede ser exasperante.

¿Y qué tal si alquilamos una Vespa? Si estás preparado para soportar el tráfico capitalino, recorrer en Vespa los rioni del Centro Histórico y más allá es la mejor forma de acercarse al espíritu del romano. Pero cuidado, que engancha y luego ya no querrás caminar… Y si lo tuyo son las cuatro ruedas, un Fiat 600 de color chillón cumplirá la misma función, pero bajo techo.

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Fiat 600 en el Gianicolo. Fuente: Unsplash

Traslados desde el aeropuerto

Roma cuenta con dos aeropuertos: Ciampino —oficialmente conocido como Aeropuerto Giovanni Battista Pastine— y Fiumicino. Para conocer todas las opciones de traslado desde Fiumicino, podéis consultar el siguiente enlace.

Ciampino es un aeropuerto más antiguo y pequeño que Fiumicino, pero está más cerca de la ciudad con lo que el traslado a la zona histórica no es muy complicado, así como tampoco lo es guiarse en sus instalaciones. ¿Cómo llegar desde Ciampino a Roma? Os proponemos tres opciones:

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El pequeño aeropuerto de Ciampino. Fuente: Wikipedia

Autobuses públicos (ATAC nº 720): Es una opción muy barata y si tienes la Roma Pass, gratis. Este autobús conecta el metro Laurentina de la línea B con Ciampino. Pese a que no es la opción más cómoda —dependiendo de los bultos que llevemos— siempre es recomendable tomar el transporte público.

Autobuses ATRAL: El autobús local ATRAL también conecta Ciampino con el metro, en este caso con la estación Anagnina, última parada de la línea A. Una vez en el metro deberás adquirir otro billete y seleccionar la parada más cercana a tu alojamiento. Otra opción barata a tener en cuenta.

Autobuses Terravision: Es la opción más común y cómoda entre los turistas que llegan a Roma desde Ciampino. Tiene una frecuencia de 30 minutos y la compra del billete a través de la web de la empresa suele llevar descuento con respecto a si se compra in situ (ida y vuelta por 9€). El punto de llegada y salida del bus es Termini lo que también facilita la conexión con el Centro Storico.

Excursiones de un día desde Roma

Roma tiene infinidad de atractivos y merece una estancia de varios días, pero es verdad que la Ciudad Eterna agota algunos viajeros. Como no queremos empachos de prodigios romanos, os proponemos cuatro planes para respirar más allá de la capital de Italia.

Ostia Antica

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Villa de’Este en Tívoli. Fuente: Wikipedia

Es una de las excursiones de un día desde Roma más habituales entre los turistas. Si no tienes en tu ruta por Italia una parada en Pompeya, te recomendamos que te acerques a Ostia Antica, el principal puerto comercial de la Roma Antigua. En el siglo II d.C. llegó a tener 50.000 habitantes pero la caída del Imperio romano, las invasiones de los pueblos del norte y las incursiones de piratas terminaron por convertirla en una ciudad fantasma en la Edad Media… hasta que fue cubierta por la arena.

Hoy sigue siendo una zona de gran actividad arqueológica: recientemente un grupo de arqueólogos británicos aseguró que Ostia Antica llegó a ser tan grande como Pompeya…

Tívoli

A una media hora en tren regional desde Termini, Tívoli es una excursión infalible desde Roma. Villa Adriana y Villa d’Este son dos maravillas arquitectónicas: mientras la Villa de Adriano muestra otra faceta de la Roma Antigua —las casas de veraneo de los emperadores y su séquito—, la espectacular Villa d’Este es un testimonio de la arquitectura palaciega renacentista: sus jardines y sus fuentes son todo un respiro para el viajero.

Orvieto

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Pompeya. Fuente: Unsplash

¿Cansado del Imperio y del dichoso Renacimiento? A poco más de 100 kilómetros al norte de Roma no queríamos perder la oportunidad de recomendar la visita a Orvieto, una bella localidad de la Umbría de poco más de 20.000 habitantes que fascina por su casco antiguo de origen medieval.

Por eso es una visita que complementa muy bien con la capital de Italia. La ubicación de su casco histórico sobre una montaña, el Duomo con su bellísima fachada de mármol y la ciudad subterránea son los principales atractivos de Orvieto.

Pompeya

Pompeya no necesita presentación: es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Imperio Romano. ¿Merece la pena hacer una excursión de un día desde Roma para conocer la fascinante ciudad arrasada por el volcán? Si nos organizamos bien, sí. Al contrario que Florencia —a una distancia parecida pero con mucho más que ver— Pompeya se puede ver en un día si madrugamos y nos presentamos allí bien temprano.