El ser humano es capaz de lo imposible si se trata de retar a la naturaleza, sobre todo si el resultado del desafío puede suponer jugosos beneficios. El ingeniero italiano Cesare Vecelli recibió un encargo en 1922 que supuso para él un reto único: construir un puerto excavado en la roca de un acantilado para cargar mineral directamente en los barcos.  

Vecelli recuperó el sentido original de su profesión: diseñó un ingenio que ha pasado a la historia del patrimonio industrial minero. Tal fue el éxito del proyecto que los promotores le permitieron elegir el nombre: Porto Flavia, en honor de su hija. Nos vamos al sur de la bella Cerdeña para visitar esta sorprendente construcción al borde del Mediterráneo.  

Porto Flavia, una mina sobre el Mediterráneo

Porto Flavia
Porto Flavia. Fuente: Davide Cassanello. Licencia: CC BY-NC-SA

A decir verdad, la propia historia de la ingeniería minera es una colección de proezas increíbles. Desde las primeras explotaciones romanas hasta la actualidad, el ser humano ha sido capaz de sortear todo tipo de obstáculos naturales para conseguir su objetivo: extraer el preciado mineral de la roca. Pero el obstáculo de Masua parecía imposible de sortear: un acantilado sobre el mar que no permitía construir un puerto de embarque. Pero entonces llegó Cesare Vecelli y dijo: “dejadme esto a mí”


La historia de la minería en Masua arranca en el siglo XVIII: grandes reservas de plomo y zinc hicieron que diversas sociedades mineras pusieran sus ojos en el sur de Cerdeña. En las primeras décadas, el modo de extracción y transporte fue suficientemente rentable para seguir adelante. Pero con el paso de los años la demanda creció exponencialmente y se hizo evidente que había que buscar una nueva solución.  

Antes de la ejecución de Porto Flavia, los marineros debían venir del puerto de Carloforte en la isla de San Pietro, al sur de Masua. Tras arribar en las playas de la localidad sarda, cargaban en botes y barcos de vela el mineral para poner de nuevo rumbo sur hacia los barcos de vapor que esperaban en Carloforte, cuyo destino final eran las fundiciones del norte de Europa. Estas embarcaciones estaban a merced de la climatología produciéndose numerosos hundimientos: se perdían vidas… y dinero.  

Porto Flavia
Porto Flavia. Fuente: gigi_peis. Licencia: CC BY-NC-SA

La sociedad belga de la Vieille Montagne, propietaria de la mina de Masua, quiso darle un impulso a su propiedad contratando al ingeniero Cesare Vecelli. El objetivo era claro —buscar una solución para aumentar la productividad y la eficiencia de la extracción y el transporte del mineral— pero los medios para conseguirlo no tanto. Entonces Vecelli propuso una idea revolucionaria: excavar túneles y silos en la propia roca para transportar y almacenar el mineral además de generar un sistema de descarga del propio mineral desde el acantilado a los barcos.  

Si el proyecto salía bien, los beneficios serían incalculables: el hecho de cargar directamente grandes cantidades de mineral en barcos mercantes evitando la intermediación de pequeñas embarcaciones ahorraría mucho tiempo y dinero, evitando además riesgos innecesarios. Pero el proyecto debía salir bien y no parecía sencillo. 

Porto Flavia
La explotación minera de Masua, al borde del Mediterráneo. Fuente: Wikipedia

Las obras empezaron en 1923 con la colaboración de un equipo de mineros y escaladores expertos. Usando taladros mecánicos y dinamita conectaron la parte superior del acantilado con el mar a través de dos túneles de unos 600 metros de largo excavados en la roca. A su vez, cada túnel estaba conectado con nueve depósitos de mineral capaces de almacenar hasta 10.000 toneladas de material.  

Pero la faceta más innovadora del proyecto fue el sistema que se utilizó para cargar el mineral directamente en los barcos. Desde el túnel superior, usando un tren eléctrico, se cargaban los depósitos con mineral mientras que el inferior conectaba a través de una cinta transportadora con el extremo de la roca, al borde del acantilado: desde ese punto un brazo móvil embarcaba el mineral en los barcos. Si con el método tradicional se tardaba hasta un mes, ahora se completaba la carga de un barco en apenas 48 horas: una genialidad que disparó la rentabilidad de la mina. 

Porto Flavia y Masua, una joya industrial y natural  

Porto Flavia
Porto Flavia. Fuente: Sergio Melis. Licencia: CC BY-NC-SA

A petición de la empresa, Vecelli agregó al frontal de la mina algunos elementos decorativos como una torre de hormigón, ventanas y puertas arqueadas y el propio nombre del puerto que el ingeniero dedicó a su hija: Porto Flavia. No cabe duda de que Vecelli terminó más que orgulloso su obra. 

Durante una década, Porto Flavia funcionó a pleno rendimiento, pero a partir de finales de los 30 la producción empezó ralentizarse al igual que el resto de explotaciones mineras de la zona. La mina quedó clausurada en 1964 siendo adquirida en los 90 por una empresa de capital público que se dedica a la restauración y preservación del patrimonio industrial. 

Desde entonces, las autoridades han sabido convertir Porto Flavia en un icono turístico que actúa como eje principal del complejo de patrimonio industrial de Masua que incluye también una aldea minera en la que aún se pueden visitar la escuela, el hospital, la iglesia, los laboratorios además de algunas viviendas de los propios trabajadores. 

Porto Flavia
La famosa roca Pan de Azúcar frente a Porto Flavia, un imán para veleros y yates. Fuente: Pixabay

Así mismo, se ha abierto una exposición dedicada al proceso de extracción de mineral en la zona poniendo especial atención en las máquinas, herramientas y equipos mineros que se han usado en las explotaciones de la zona de Masua desde los inicios en el siglo XVIII hasta su cierre hace 60 años.  

Con todo, la visita más espectacular es el propio Porto Flavia. Acompañados de un guía y portando un casco y una linterna nos meteremos en la piel de aquellos mineros que trabajaron en una de las explotaciones más singulares del siglo XX. 

Pese al interés innegable de Porto Flavia, no hay que olvidar que estamos en Cerdeña, una de las islas más bellas del Mediterráneo: nuestra visita a Masua debe incluir por fuerza un chapuzón en la playa de la localidad sarda y una excursión en barco hasta el Pan de Azúcar, esa roca sobre el Mediterráneo ubicada justo en frente de Porto Flavia: uno de los iconos naturales del sur de Cerdeña. 

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