Es la segunda isla más grande del Mediterráneo tras Sicilia, el destino del momento y el deseado por cada vez más almas viajeras al año. Nos referimos a Cerdeña, un enclave con un rico legado histórico, que además atesora una extensa colección de calas y playas con aguas que lucen todos los azules posibles, pueblos con un encanto italiano innegable, espacios naturales dominados por grandes montañas y prácticamente inalterados y una capital preciosa, Cagliari.

Cerdeña es la esencia de Italia; una isla que hay que descubrir con calma, dando rienda suelta a la dolce vita de la que tango hacen gala los italianos. He aquí los imprescindibles para extraer todo el partido a tu visita.

Las playas

 Spiaggia La Pelosa.
Fuente: Flickr.

El norte de la isla guarda la zona más turística y exclusiva: Costa Esmeralda, donde cada año se dan cita numerosas celebrities de todo el mundo y la jet set internacional. Presidida por el lujoso Porto Cervo, este tramo litoral atesora las playas más deslumbrantes de Cerdeña, pues están encajonadas entre montañas y naturaleza, cuyas aguas muestran diferentes tonos de azules y verde esmeralda, que le han dado el nombre a la costa.


Algunas de las más populares, donde no queda más remedio que abandonarse al hedonismo más literal, son Capriccioli, abrazada por vegetación mediterránea; Pelosa, que se encuentra frente al Parque Nacional de Asinara; la bonita Romazzino, que se extiende a la vera de uno de los hoteles más exclusivos de la isla; Volpe y Pevero, las más visitadas por los viajeros vip.

Bosa, Cerdeña.
Fuente: Wikipedia.

Por su parte, el sur de la isla sarda se perfila mucho más auténtico y económico al ser aun muy ajeno a los visitantes. Igualmente posee diversidad de playas increíbles, de fina arena blanca y aguas cristalinas, que permiten desconectar al sol mediterráneo. Por ejemplo, Poetto, que es uno de los epicentros de la animación, o cala Fico, que se extiende en un impresionante fiordo calcáreo, idóneo para la práctica de esnórquel o buceo.

Un poco más al este, la cala Giunco, protegida por promontorios de arena y abrazada por lentiscos, enebros y maquia mediterránea que perfuman el ambiente. A sus espaldas, se encuentra la laguna Notteri, famosa por los flamencos que allí migran en invierno.

Cagliari, la preciosa capital

Cagliari.
Fuente: Wikipedia.

A lo largo de los siglos, han pasado por la capital sarda los fenicios, los romanos, los cartagineses, los bizantinos, los árabes y hasta los españoles, quienes la habitaron durante 400 años. Todos ellos han dejado su impronta, lo que la convierte en una de las ciudades más diversas y con mayor riqueza patrimonial de Cerdeña.

Así, murallas, fortalezas, iglesias, torres, bastiones, la catedral y catacumbas conviven y conforman la esencia de este rincón, confiriéndole un encanto especial. Pero también tiene una cara moderna y marítima, visible en el barrio de La Marina, que guarda el puerto y aglutina una vasta oferta de ocio y restauración, que le dan una gran animación.

Además, cuenta con un atractivo extra: el Parque Natural Molentargius-Saline, que, cada invierno, da a la bienvenida a los más de 20.000 flamencos rosados que llegan huyendo del frío. Conviven con otras muchas especies como las garcetas, los charranes, las garzas imperiales o los patinegros, constituyendo un paraíso para los amantes de la ornitología.

Pueblos sardos con mucho encanto

Puerto de Alghero

El mapa de Cerdeña guarda un vasto catálogo de pueblos, que son una invitación constante a recorrerlos abandonados al dolce far niente que tanto practican los italianos. Buen ejemplo de ello es Alghero, un pueblo pesquero con un encanto medieval inalterado y donde la influencia de la Corona de Aragón, a quien perteneció durante el siglo XIII, sigue muy presente. Tanto es así que se la conoce como la «Barceloneta de Cerdeña» y, además, el catalán es uno de los idiomas oficiales de la localidad.

Aquí los imprescindibles son el claustro de San Francisco y la catedral de Santa María. Si tienes ganas de mar, siempre puedes acercarte hasta las cercanas playas de Lazaretto, María Pía Pined a o Lido San Giovanni.

Bosa es otra de las paradas ineludibles, cuyas coloridas casas y coqueto puerto le imprimen un encanto mágico. Aunque en sus callejuelas se encuentran joyas como el castillo de Malaspina, la catedral de la Inmaculada Concepción o la iglesia de San Pedro.

Para recrearse con los mejores atardeceres (en días claros, con vistas a la vecina Córcega) y despedir el día, hay que dirigirse a Castelsardo, a lo alto de la cima presidida por su castillo de los Doria; también para comprar artesanía, especialmente cestos.

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