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Superada la frontera entre España y Francia, se extienden, en el país vecino, regiones como Occitania, Aquitania o Midi -Pyrénées que guardan algunos de los pueblos más bonitos del sur de Francia. Los departamentos de Lot, Garona, Tarn o Aveyron conservan antiguas bastidas, pueblos medievales escarpados en la roca, o ciudades fortificadas en las que, tópicos aparte, resulta sencillo lograr que la imaginación viaje siglos atrás.

Un recorrido por el sur de Francia es un paseo sorprendente, que merece la pena disfrutar sin prisas para descubrir, así, plazoletas cargadas de historia, asombrosos santuarios, coquetas y laberínticas calles y pequeños tesoros que dejan huella. Si quieres diseñar tu propia ruta, no dejes de incluir algunos de los pueblos con más encanto de toda Francia como los que te proponemos.

Cordes Sur Ciel

Cordes Sur Ciel

Cordes Sur Ciel se encuentra a algo más de 80 kilómetros de la ciudad de Toulouse y es, sin duda, una uno de los pueblos más bellos de toda Francia. La pequeña villa se levanta sobre un promontorio en uno de los hermosos valles del departamento francés de Tarn.  Es una maravillosa postal sobre todo si tienes la suerte de verlo, a tu llegada, elevarse por encima de la característica niebla que suele rodearlo a primera hora. En esos momentos, Cordes, parece, efectivamente, ‘flotar’ en el cielo, mostrando una primera visión difícil de olvidar.

Luego, solo hay que dejarse llevar por la magia de este lugar de calles empedradas que suben a lo más alto. La rue de L’Horloge lleva hasta la puerta del mismo nombre (puerta de L’Horloge o del Reloj) que da acceso al recinto amurallado donde da comienzo un particular viaje al Medievo.

Hay que disfrutar a cada paso de las casas entramadas que contrastan con otras de espléndidas fachadas góticas y dejarse sorprender por las pequeñas tiendas y talleres de artesanos. La iglesia de Saint Michael y la torre de la Barbacane son también parada imprescindible.

Castelnau de Montmiral

Castelnau de Montmiral Daniel Photographie Unsplash

También en el valle del Tarn se encuentra esta preciosa villa medieval que es un claro ejemplo de bastida francesa. Las bastidas eran ciudades fortificadas construidas, en su mayoría entre los siglos XII – XIII, con una arquitectura muy característica: una gran plaza central porticada, generalmente rectangular, de la que partían (y aun parten) las coquetas calles diseñadas casi en cuadrícula, para dar cobijo a tiendas, viviendas o talleres artesanos.

La antigua plaza medieval sigue siendo el corazón de Castelneau de Montmiral combinando su encanto de siglos atrás, con la animación del que es el centro de la localidad. Los arcos y soportales que le dan forma, las bonitas casas con las vigas de madera formando el particular entramado, la iglesia de Nuestra señora de la Asunción o el animado mercado que tiene lugar en la plaza, son solo algunos de los motivos que hacen que esta parada en el recorrido siempre guste.

Conques

Conques
Conques/Pixabay

Es otro pueblo que, al llegar, cuesta creer que no se trata de un estudiado decorado de película del Medievo. Tanto su entorno, en la confluencia de dos ríos, enclavado en un espléndido paraje natural, como su trazado urbano, formado por coquetas plazoletas empedradas, calles sinuosas y magníficas casas tradicionales, en piedra o con el singular entramado de madera, hacen que la visita sea un auténtico placer.

Conques está en la región de Occitania y está en la ruta del Camino de Santiago francés. Además de disfrutar de este entorno rural realmente bello, hay que visitar su iglesia abadía de Santa Fe, una joya arquitectónica del Románico que es Patrimonio de la Humanidad.

Najac

Najac Fabien Pixabay, Ambassador Pixabay

No muy lejos de Cordes Sur Ciel, atravesando la campiña francesa salpicada de viñedos, se llega a Najac, un pequeño pueblo que tiene como carta de presentación la inconfundible imagen de su castillo medieval, que vigila las calles empinadas y serpenteantes desde las que levantar la vista y contemplarlo en todo su poderío.

El castillo es una fortaleza del siglo XII – XIII, con un magnífico torreón de más de 40 metros de altura desde el que obtener vistas extraordinarias de la coqueta villa y del hermoso paisaje de la región de Aveyron que lo envuelve.

La plaza del Faubourg (del mercado) es un excelente punto de partida para recorrer Najac y la imponente Rue du Barriu, una cuesta de vértigo, el lugar perfecto para esa foto inolvidable con el castillo como telón de fondo y la pequeña iglesia de san Juan Evangelista a sus pies.

Saint Cirq- Lapopie

Saint Cirq Lapopie Samboep Pixabay

Si estás recorriendo la región francesa de Midi Pyrénées y crees que ya has visto todos los pueblos bonitos que puede haber en la zona, te equivocas, porque te falta Saint Cirq Lapopie, uno de los que sorprende con su belleza. Como en casos anteriores, se trata de una villa medieval ‘de postal’ con las casas en piedra y entramado de madera que atrapan a todo aquel el que las contempla, pero, además, el paisaje que rodea a Saint Cirq es muy especial.

El pueblo se asoma, casi haciendo equilibrio sobre un escarpado montículo, al valle por el que transcurre apaciblemente el río Lot en una estampa difícil de olvidar. Como edificaciones sobresalientes hay que visitar el Castillo de la Gardette, donde también se encuentra la antigua iglesia – fortaleza y tras conocerlo, solo hace falta dejarse llevar por las callejuelas estrechas y empedradas donde talleres y apetecibles tiendas gourmet alegran este bonito paseo.

Rocamadour

Rocamadour
Rocamadour/Pixabay

A poco más de 60 kilómetros de Saint Cirq, está el que es no solo uno de los pueblos más hermosos del sur de Francia, sino uno de los más impresionantes. La primera imagen de Rocamadour, una imponente villa y santuario que parece esculpido en la propia roca caliza del escarpado desfiladero del río Alzou, deja, por unos segundos, sin palabras.

Rocamadour es un lugar lleno de encanto y un bello santuario donde se venera la imagen de la Virgen Negra (Notre Dame de Rocamadour) y donde también están las reliquias de San Amadour. Este es, por tanto, un espacio sagrado, de peregrinación (se dice que compite con Santiago de Compostela) y, además, uno de los lugares más visitados de toda Francia.

Todo Rocamadour es un monumento en piedra en el que el turismo convive con la fe de los cientos de peregrinos que llegan a diario para subir los 216 escalones que llevan de la parte baja del pequeño pueblo al imponente santuario.

En lo más alto está el antiguo castillo y las distintas iglesias y basílicas que forman el santuario entre ellas la iglesia de San Salvador y la capilla- cripta de San Amadour. En la parte baja, las típicas casas dan forma a este pueblo de cuento en el que, si haces noche, podrás descubrir cómo la estudiada iluminación incrementa su magia.

Lauzerte

Lauzerte

Lauzerte también se encuentra en el departamento de Tarn y Garona, no lejos de Toulouse. Ubicada sobre una colina que confirma su carácter vigilante y defensivo, esta antigua bastida conserva todo el encanto medieval que hacen que se incluya entre los pueblos más bonitos del sur de Francia.

 Su maravillosa plaza portica (plaza des Cornieres) es el punto de partida para ir descubriendo sin prisas los bellos rincones que esconde la antigua villa. Lauzerte, en la ruta del Camino de Santiago Francés, resulta un pueblo único por sus típicas casas construidas en piedra blanca y por los antiguos edificios góticos que pueden verse en sus empinadas calles llenas de encanto.

Aún se pueden atravesar las puertas que daban acceso a la villa – fortaleza y merece la pena visitar la antigua iglesia protegida todavía. por la barbacana medieval. Cerca  de ella se encuentra el original Jardín del Peregrino, con su curioso diseño que recuerda al tablero de un juego de mesa.

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