“No soy arquitecta y mucho menos diseñadora: soy inventora. Para ser sincera, me resulta difícil definirme. Si alguien me pregunta qué soy, no sé cómo responder… tal vez una mujer artista”. Con esta respuesta, a medio camino entre la humildad y el desafío, Charlotte Perriand (París, 1903-1999) resumía una trayectoria difícil de etiquetar. Arquitecta, diseñadora y fotógrafa, fue por encima de todo una pensadora del espacio, convencida de que cambiar la forma de diseñar y proyectar los espacios podía cambiar también la manera de habitarlos.

Esa es la idea que vertebra la primera gran exposición que España dedica a la creadora francesa. La libertad de repensar el mundo, que puede visitarse en la Fundació Joan Miró de Barcelona hasta el 28 de febrero de 2027, recorre cuatro décadas de su trayectoria. Comisariada por Martina Millà, jefa de exposiciones de la Fundació, la muestra se ha organizado junto a los Kunstmuseen Krefeld y el Museum der Moderne de Salzburgo. Reúne proyectos que van desde los años veinte hasta los cincuenta del siglo XX, además de una amplia selección de fotografías y material de archivo.

Más allá del Atelier Le Corbusier

Durante décadas, la figura de Perriand ha quedado a la sombra de Le Corbusier, con quien colaboró entre 1927 y 1937. “Su incorporación al célebre despacho parisino fue excepcional para una mujer de su generación, pero aquella etapa es solo una parte de una larga trayectoria propia y radicalmente comprometida con su tiempo”, señalan los organizadores.

Nacida en una familia de artesanos vinculados a la sastrería de lujo, con raíces en Saboya y Borgoña, creció entre los talleres de París y el mundo rural. Esa doble influencia, la maestría del oficio y la naturaleza, alimentó una mirada libre y comprometida. Los organizadores la describen como “una forma de entender el diseño en la que la modernidad y tradición, industria y artesanía, funcionalidad y goce podían convivir”. Su ideal fue el de la “síntesis” entre diferentes disciplinas estéticas y funcionales, entre arte y técnica, para construir un mundo mejor.

Fue esa perspectiva subversiva la que atrajo a Le Corbusier, quien la invitó a trabajar en los proyectos de interiorismo de su estudio junto a su socio Pierre Jeanneret. Entre las propuestas que Perriand había creado para su propia casa figuran Bar sous le toit (1927) y Salle à manger 28 (1928). Los tres colaboraron en la realización de Équipement intérieur d’une habitation, el prototipo doméstico que la catapultó a la primera línea del diseño y del interiorismo modernos. Se presentó en el Salon d’Automne de 1929, el mismo año en que Perriand publicó su manifiesto Wood or Metal?.

Naturaleza, arquitectura y conciencia social

Su evolución posterior fue una larga conversación con la naturaleza. En 1932 recorrió la costa de Mallorca en canoa. El contacto directo con el mar, la arquitectura popular y el paisaje mediterráneo dejó una huella duradera en su trayectoria e inspiró proyectos como el mobiliario de su Maison au bord de l’eau (1934). Entre la madera y el metal, los ganadores, cinco años después de su manifiesto, fueron los materiales orgánicos.

No fue un giro estético sin más. Perriand fue una mujer adelantada a su tiempo y una figura muy comprometida. En los años treinta, su trabajo adquirió un matiz abiertamente político. Viajó a Moscú para conocer el comunismo de primera mano y participar en debates internacionales sobre vivienda social. En 1936 presentó La Grande Misère de Paris, un fotomural realizado con la técnica del photocollage que denunciaba las pésimas condiciones de vida de buena parte de los parisinos.

Después llegaron los encargos del Front Populaire y su estrecha colaboración con Fernand Léger. Fueron precisamente sus ideales y su compromiso social los que la llevaron a abandonar el Atelier Le Corbusier tras las fricciones surgidas en torno al Pabellón de los Nuevos Tiempos para la Exposición Universal de París.

Japón y la síntesis de las artes

En 1940, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, logró salir de Francia gracias al arquitecto Junzo Sakakura. Su mediación fue decisiva para que el Ministerio de Comercio japonés la invitara a Japón como asesora en diseño y artes decorativas en las escuelas de artes y oficios del país. Los seis años que vivió entre Japón y Vietnam transformaron significativamente su práctica. Sélection, tradition, création (1941), conceptos que resumen su manera de entender el diseño, fue fruto de aquellos intercambios culturales.

Charlotte Perriand en la exposición Propuesta de una síntesis de las artes en Tokio, 1955
Charlotte Perriand posa para la prensa en la exposición Propuesta de una síntesis de las artes, grandes almacenes Takashima, Tokio, 1955. © Archives Charlotte Perriand.

Su amistad con Josep Lluís Sert y Barcelona

Si algo distingue esta muestra de otras retrospectivas es el hilo catalán. La investigación inédita del equipo de la Fundació Joan Miró, liderado por Martina Millà, recupera el vínculo de Perriand con Josep Lluís Sert, a quien conoció a finales de los años veinte en el despacho de Le Corbusier. De aquel encuentro nació una amistad y una complicidad intelectual que duraron hasta la muerte del arquitecto catalán en 1983.

Esa relación atravesó algunas de las redes profesionales esenciales del movimiento moderno, como los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) y el GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), del que Sert formaba parte.

La amistad atravesó también el periodo convulso de la Guerra Civil. Perriand lo acogió durante una larga temporada en su pequeño apartamento de Montparnasse mientras Sert construía el Pabellón de la República Española en la Exposición Universal de París de 1937. De aquel periodo, poblado por Picasso, Calder y Miró, Perriand conservó recuerdos como una cesta de pescado y una muestra del mercurio de la fuente de Calder instalada en el pabellón.

Ernest Weissmann, Josep Lluís Sert y Charlotte Perriand conversan en 1937
Ernest Weissmann, Josep Lluís Sert y Charlotte Perriand, 1937. © Pierre Jeanneret.

Pese a los avatares del destino, su estrecha amistad y el intercambio de ideas nunca se interrumpieron. En 1956, Sert escribió con tono afectuoso la introducción de un extenso reportaje sobre Perriand en la revista Aujourd’hui, Art et Architecture, donde subrayaba su contribución decisiva a la arquitectura y el diseño modernos. A principios de los ochenta, cuando el arquitecto enfermó, ella volvió a Barcelona para despedirse de su gran amigo.

Regreso a Montjuïc

El recorrido cierra también un círculo. En 1976, invitada por Sert y Miró, Perriand viajó a Barcelona con su hija para asistir a la inauguración de la sede del CEAC-Fundació Joan Miró que el arquitecto había proyectado en Montjuïc. Medio siglo después, su obra se expone en esas mismas salas.

El broche de la muestra es una reconstrucción de Équipement intérieur d’une habitation, presentado en 1929, a cargo de Cassina y realizada en colaboración con la arquitecta Pernette Perriand-Barsac, hija de la creadora. Aquel apartamento modelo articulaba los espacios mediante armarios, usaba el color para definir planos y usos e incorporaba nuevas concepciones de la cocina y el baño. También incluía el concepto de ready-made, con un proyector Kodak convertido en lámpara de pie.

Quien visite la exposición podrá comprobar de primera mano el carácter experimental de su trabajo y la aportación de una de las diseñadoras más influyentes del siglo XX. Una creadora que encontró en los espacios cotidianos un lugar desde el que repensar nuestra forma de vivir.

Charlotte Perriand. La libertad de repensar el mundo. Fundació Joan Miró, Barcelona. Hasta el 28 de febrero de 2027. Información y entradas en la web de la Fundació Joan Miró.