Hay muchas formas de tomarle el pulso a Madrid. Puedes fijarte en aperturas de nuevas paradas de metro. O en el número de desarrollos inmobiliarios y grúas que rascan el cielo. O ahora, muy de actualidad, en cuantos bajos de las calles se han convertido en viviendas o, a lo peor, en apartamentos turísticos… Todo eso testimonia del paso del tiempo en una ciudad que a menudo es vertiginosa y otras veces, cuando llegan las fiestas de verano a los barrios por ejemplo, parece un pueblo grande. Entre los muchos termómetros está también el arte urbano.
Si hace unos cuantos años, esta forma de expresión artística no solo no se consideraba arte sino que era perseguida, como testimonia el estupendo libro Guía del arte urbano de Madrid de Javier Abarca, de un tiempo a esta parte los grafitis, los murales en las paredes de los edificios, son vistos con otros ojos. Hoy se aplauden y los mismos grafiteros que antes eran multados por la policía, ahora abren galerías, participan en obras efímeras para marcas de renombre, o, como el caso del que trata este artículo, diseñan obras para el mismísimo Ayuntamiento de la ciudad. El mismo que antaño le ponía multas..

La iniciativa Muraltalaz es digna de elogios porque es el mismo Consistorio, a través de la Junta Municipal de Distrito de Moratalaz, quien ha tenido la genial idea de adornar las paredes de los edificios públicos en una convocatoria en la que han participado artistas de todo el mundo. Las instituciones han llegado un poco tarde, todo hay que decirlo, a la puesta en valor de esta forma de expresión artística. Ya hace más de 25 años, en los viajes a Nueva York, era habitual que te llevasen a los barrios alejados de Manhattan a zonas llenas de grafitis: ellos se percataron pronto de que los trazos multicolores y que toda esa subcultura urbana representaba un atractivo para viajeros.
El enigmático, en los últimos meses ya no tanto, Banksy también ha hecho lo suyo para dignificar estas obras y son numerosos los artistas nacionales que arrancaron sus trayectorias spray en mano y que en la actualidad cotizan alto: Okuda San Miguel (con espacio expositivo en la céntrica Gran Vía madrileña), Boa Mistura, Sfhir, etc.
De momento hay 33 murales






Muraltalaz - Fotos cedidas por la Junta Municipal
Muraltalaz cuenta de momento y la intención, según indican en la Junta Municipal, es seguir creciendo, con 33 intervenciones de arte urbano en edificios y espacios públicos y municipales. “Han participado 30 artistas, todos ellos de reconocido prestigio tanto a nivel nacional como internacional. Destacan nombres como Belin, Sfhir, Lula Goce, Diego As, Kalouf, Millo, Satr, Pichiavo, Bublegum, Mr. Difuz o Dulk. La pretensión ha sido reunir en el distrito una muestra variada de las distintas corrientes y técnicas del arte urbano actual. Por este motivo, encontramos propuestas cercanas al realismo, otras fantásticas o figurativas, también propuestas cubistas, algunas que conectan con el cómic o con la técnica de la ilustración e incluso algunas que utilizan la técnica del puntillismo o fórmulas 3D y de animación”, explican en la Junta Municipal.
La iniciativa arrancó hace relativamente poco, en septiembre de 2024. Algunos artistas han ejecutado más de un mural, como por ejemplo, Asem Navarro, que hizo uno de sus murales en una de las paredes del centro de Servicios Sociales y en el cercano colegio público Martínez Montañez. El primero fue el del colegio: titulado Familia de Lobos, se trata de una versión del cuento infantil de Caperucita. Y en el centro de Servicios Sociales Asem ha homenajeado con su obra a los trabajadores del centro, que cuidan de los más vulnerables. Su obra, que tuvo su complejidad en la realización porque el suelo era bastante inestable, confiesa el autor, presenta otra doble lectura: el autor aprovechó la oportunidad para homenajear también a su hija, Ángela, de ahí el nombre del mural.
Arte accesible para todos y todas

Justo al lado de esta obra hay unas cuantas más de tal forma que el vecino del barrio o el visitante ocasional puede patear la zona, conocer el barrio, yendo de obra pictórica en obra pictórica. Se han creado incluso visitas guiadas y un mapa que facilita el recorrido. Y no solo eso: el proyecto tiene otro valor añadido y es que es accesible ya que cada obra cuenta con placas informativas con códigos Navilens que pueden descargarse y dan acceso a todos los detalles de las creaciones y de sus autores, con contenido adaptado para invidentes y personas con dificultades de visión. Otro de los valores de esta propuesta es que los artistas han tenido libertad total de creación: han elegido la temática a tratar, la técnica utilizada y en numerosas ocasiones, el sitio donde plasmarla…
No hay duda de que esta propuesta habrá tenido algo que ver en que Madrid fuera seleccionada el año pasado como Mejor ciudad del mundo para el arte urbano. Poca broma: uno de los murales participantes, el de la artista Leyvel, ocupó el décimo puesto en la votación del Mejor Mural del Mundo ese mismo año.. Larga vida a Muraltalaz y al arte urbano.

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