Desde hace décadas, Belchite es una escapada recomendable tanto para el turista nacional como el internacional, que quieran conocer más de cerca cómo era la España de la Guerra Civil. Hablamos de un pueblo fantasma, ubicado a una media hora del centro de Zaragoza, y que es uno de los pocos que se ha preservado casi en las mismas condiciones que tenía cuando se desató el horror.

Pueblo Viejo de Belchite escenario de películas | turismodearagon.com

No podemos olvidar que allí se desarrolló la tristemente conocida batalla de Belchite en el año 1937, la misma que costó la vida a cerca de 5.000 habitantes locales, condenando a la pequeña localidad a cesar sus actividades cotidianas, de un día para el otro, sumiéndola en el abandono.

Ahora, una nueva ruta pretende invitar a los viajeros a conocer los rastros que dejó la Guerra Civil en la Comarca de Belchite, centrándose en una decena de atractivos específicos que intentan rememorar las ubicaciones que ocuparon nacionales y republicanos, tanto entre las callecitas y construcciones locales, como en las vecinas de Plenas, Azuara, Fuendetodos y Codo.


Esta propuesta surge como una idea de la Oficina de Turismo de Belchite que se encuentra bajo la órbita de Juan Galindo, quien explica que por el momento están ofreciendo accesos programados para grupos de personas interesadas, como una atractiva excursión adicional a la recorrida por el Pueblo Viejo, que es la actividad que todo el mundo lleva adelante allí.

¿De qué consta el paseo en Belchite?

Belchite está situado en una de las zonas más áridas de Aragón | Foto: turismodearagon.com

Como decíamos antes, se trata de diez puntos especialmente marcados, en los que podemos encontrar cartelería con información, y que han sido destacados porque los historiadores consideran que tuvieron una gran relevancia en aquella disputa bélica que se prolongó durante casi dos meses, aunque sus consecuencias permanecen allí, detenidas en el tiempo.

Si te estás preguntando qué lugares forman parte de esta nueva alternativa turística para los viajeros que llegan a Belchite, podemos mencionar en primer término las conocidas trincheras que levantaron los nacionales, cerca del vertedero del pueblo, a un kilómetro del Pueblo Viejo.

Las ruinas inundan Belchite | turismodearagon.com

También se aprovecharon, durante la batalla, algunos edificios simbólicos como el seminario de Belchite o su cementerio, alrededor de los cuales se construyó una especie de fortín de defensa. Finalmente esa resistencia cedió, huyendo los supervivientes hacia la ciudad.

La carretera que lleva a Letux, ya a unos cinco kilómetros del centro de Belchite, es otro de los puntos en los que se detiene este recorrido, y no es casual que esto ocurra porque hablamos del asentamiento más elevado sobre la sierra homónima. En medio de la Guerra Civil, esta posición fue tomada por los republicanos, que aprovechando los más de 600 metros de altura, atacaban desde la ventaja estratégica.

Nos vamos hasta los barrancones de Rusia, una serie de instalaciones que aparecieron un año después de la guerra, cuando el bando nacional se hizo de nuevo con esa zona, y decidieron crear unas mínimas comodidades para los vecinos que se habían quedado sin hogares. A pie tenemos también la capilla de la Virgen de los Desamparados, así que no olvides dedicarle unos minutos a su fachada.

Es justo señalar, de igual manera, que se cruzarán en todo el trayecto pozos para los tiradores, además de algún que otro puesto de vigilantes. Principalmente cerca de La Puebla de Albortón.

Sin embargo, como sostienen desde la propia Oficina de Turismo de Belchite, si tuviéramos que centrarnos en el punto más importante o de mayor trascendencia, habría que referirse a la senda de los Barbis, también conocida como camino de los Barbis. Éste es el modo en el que se llamaba a los ingenieros de rango militar que diseñaban los fuertes de defensa para los nacionales.

Belchite muestra en cada rincón la crueldad de la guerra | turismodearagon.com

El hospital utilizado durante la campaña en Azuara también es visita obligada, así como las cuevas de los republicanos, o la ermita del Calvario de Codo, que surgen sobre el final de esta aventura.

En cualquier caso, la atmósfera que se respira difícilmente se halle en otra parte de España, y es que pocos pueblos quedaron paralizados en el tiempo después de que la Guerra Civil pasase por ellos, arrasando con alrededor de 5.000 vidas en pocas semanas.

Una salida inigualable

Esta ruta “Huellas de la Guerra Civil”, como se la ha denominado oficialmente, constituye algo así como un museo al aire libre, un testimonio que tras más de 80 años reúne la gracia del Pueblo Viejo de Belchite, con la tragedia de una guerra clave para la historia del país.


La idea de sus organizadores es que el recorrido reúna los principales atractivos locales, no sólo aquellos que pudieran llamar la atención inmediatamente a la vista, sino también los que contribuyan a explicar mejor este patrimonio histórico conservado en ruinas.

Belchite fué una ciudad muy prospera antes de la guerra | turismodearagon.com

Por supuesto, a estos detalles que dan cuenta de la Guerra Civil tenemos que sumarle otros que ya estaban allí desde muchos siglos antes, como por ejemplo los primeros asentamientos humanos en la región, que según los especialistas datan de la Edad del Bronce.

Belchite supo ser una de las localidades más prósperas de la España anterior a la guerra, y lo que queda de sus conventos, iglesias o palacios no deja ninguna duda acerca de ello. Tomarse un día para descubrir sus encantos, y el desastre de la guerra que sorprende a cada paso. Es una de las sugerencias turísticas imprescindibles de este año.

Si te interesa saber cómo vivían los pobladores locales durante el conflicto armado, nada mejor que ir hasta la Paridera del Saso, un corral pensado para el ganado, pero que se convirtió en un punto de encuentro de los vecinos, uno que aún preserva infinidad de pequeños objetos que eran moneda corriente en la época, como dinero, envases de alimentos, etc.

Los vestigios de la iglesia de San Martín de Tours y el convento de San Rafael, que se erigen sólo en restos, son la más notable evidencia del certificado de defunción de Belchite, un municipio que simboliza la crueldad de una despiadada guerra que enfrentó hermanos, familias, amigos… y separó un país con heridas que tardarán décadas en cicatrizar.

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