Hay un lugar en la provincia de Ourense donde cada septiembre se levantan murallas de cartón piedra, un ejército de vecinos disfrazados de moros intenta secuestrar a una virgen y otro de cristianos a caballo los derrota a sablazos antes de que el castillo arda en llamas. Todo ocurre al mediodía, ante miles de personas que apenas una hora después estarán sentadas a la sombra de un robledal centenario comiendo pulpo y empanada.
Se llama Romería de A Saínza, se celebra en el municipio de Rairiz de Veiga y es una de las celebraciones religiosas y populares más emblemáticas del sur de Galicia. Su gran singularidad es O Ataque, una representación de moros y cristianos cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo XIX.
La tierra que los romanos no querían cruzar

Rairiz de Veiga se encuentra en la comarca de A Limia, en el interior de la provincia de Ourense, una llanura agrícola de unos veinte mil habitantes repartidos entre once municipios cuya capital administrativa y comercial es Xinzo de Limia. La comarca toma su nombre del río Limia, que los romanos conocían como Lethes, el río del Olvido. Y es que cuenta la leyenda que las legiones que llegaban hasta aquí se negaban a cruzarlo, convencidas de que quien lo hacía perdía la memoria.
Tuvo que ser el cónsul Décimo Junio Bruto quien lo vadeara primero y llamara a sus soldados uno por uno desde la otra orilla para demostrarles que seguía recordando sus nombres. La anécdota, recogida por varios historiadores clásicos, se conmemora cada verano en Xinzo con la Festa do Esquecemento, una fiesta en la que los vecinos se disfrazan de romanos y escenifican el cruce del río.
Pero si A Limia tiene una fiesta mayor, esa es la de A Saínza. El municipio de Rairiz de Veiga, con poco más de mil habitantes censados, se multiplica durante el fin de semana más próximo al 24 de septiembre, festividad de la Virgen de la Merced, cuando miles de peregrinos procedentes de toda Galicia, del norte de Portugal y de otros puntos de España se congregan en torno al Santuario de Nuestra Señora de A Saínza. La romería fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Galicia en el año 2000 y aspira ahora a obtener la categoría nacional.
Una capilla del siglo XVIII y una promesa del XIX

La capilla que preside la romería fue levantada en 1721 por Pedro González Gándara, abad y cura de San Bartolomé de Ganade, como centro de devoción mariana dedicado a la Virgen de la Merced. El templo se convirtió pronto en uno de los principales focos de peregrinación de la provincia de Ourense, atrayendo fieles de toda la comarca y del vecino Portugal, y las romerías en su honor comenzaron a celebrarse con regularidad, reuniendo, según documentos de la época, hasta treinta y cuatro curas en una sola jornada.
Esa devoción sigue siendo hoy el verdadero motor de la celebración. Cada septiembre, miles de peregrinos llegan hasta A Saínza desde distintos puntos de Galicia y del norte de Portugal para agradecer favores recibidos, cumplir promesas o pedir protección a la Virgen. Durante los días de romería se suceden novenas, misas solemnes y diferentes actos litúrgicos, aunque el momento de mayor emoción llega con la procesión de Nuestra Señora de A Saínza, acompañada por cientos de fieles entre ofrendas florales y otras muestras de fe popular.
Pero el elemento que distingue a esta romería de cualquier otra en Galicia llegó más de un siglo después. En 1840, el canónigo Manuel Alonso Dorado, nacido en el propio Rairiz de Veiga, incorporó a la celebración una representación teatral de la batalla entre moros y cristianos. Según la tradición recogida por el párroco e investigador Florencio Gándara, Alonso Dorado lo hizo en cumplimiento de una promesa a la Virgen de la Merced, que lo habría salvado de perder la vida o la libertad en tierras canarias o africanas.
El texto original de los diálogos, escrito en verso castellano, se tradujo al gallego a comienzos de los años ochenta del siglo XX, cuando también se eliminaron algunos elementos que podían resultar ofensivos, como el arrodillamiento forzado de los prisioneros y los insultos más hirientes entre ambos bandos.
Sables, caballos y un castillo en llamas

La representación, conocida como "O Ataque", es el acto central de la romería y se celebra el domingo por la mañana, después de la misa solemne y la procesión desde la iglesia parroquial de San Xoán de Rairiz de Veiga hasta el campo del castillo. El argumento recrea una batalla medieval en la que los moros, atrincherados en un castillo de madera y cartón construido para la ocasión, retienen prisioneros a un grupo de cristianos y exigen como rescate el diezmo de las Cien Doncellas.
Antes del combate, los capitanes de cada bando suben a unas piedras conocidas como "las del parlamento" y se enfrentan en un duelo verbal en verso, con diálogos que mezclan amenazas, insultos y arengas a sus tropas. Declarada formalmente la guerra, la caballería cristiana, la única que lleva caballos, carga contra la fortaleza entre el ruido de sables, cañones de fogueo y el galope que levanta el polvo del campo.
La batalla termina siempre igual. Los cristianos vencen, los moros se rinden y son obligados a desfilar, convertidos, ante la imagen de la Virgen de la Merced. El castillo arde en llamas. Es un espectáculo ruidoso, desordenado y genuinamente popular. Losactores son vecinos del municipio, los trajes se heredan de padres a hijos y la participación se considera un honor. La noche anterior, el sábado, se celebra además la Noite Moura, un asalto nocturno al castillo por parte de los moros que sirve de preludio al combate del domingo y que va seguido de verbena con orquesta hasta la madrugada.
Pulpo bajo el robledal
Cuando termina O Ataque, la atención se desplaza del castillo hacia la carballeira. Allí se encuentra A Carballa da Rocha, un monumental roble de más de treinta metros de altura que lleva generaciones contemplando cómo las familias se reúnen alrededor del santuario.
El menú es el clásico de las romerías gallegas: empanada de carne o de bacalao, pulpo á feira, carne al caldero, embutidos del país, pan de aldea y filloas o bica de postre, regado todo con vino del Ribeiro o de la tierra. Los puestos ambulantes que se alinean en el camino hasta la capilla completan la oferta con churros, almendras garrapiñadas y los dulces de las monjas de los conventos cercanos.
Ese momento de sobremesa colectiva, que puede alargarse hasta bien entrada la tarde, es para muchos el verdadero corazón de la fiesta. La romería funciona como punto de encuentro anual para familias dispersas por la emigración, uno de los fenómenos que más ha marcado esta comarca. Muchos de los que vuelven cada septiembre a A Saínza llevan el resto del año viviendo en otras comunidades, en países europeos o al otro lado del Atlántico. El reencuentro junto a la capilla es, para ellos, una forma de seguir siendo de aquí.
Una fiesta que se organiza en comunidad

La puesta en pie de la romería cada año es un ejercicio de logística vecinal que implica al Concello de Rairiz de Veiga, la parroquia, varias asociaciones culturales y decenas de voluntarios que montan el castillo, confeccionan los trajes, organizan la procesión, coordinan el tráfico y limpian el campo al día siguiente. Esa red de colaboración, transmitida de generación en generación, es lo que ha permitido que una tradición cuyos orígenes se remontan a 1840 llegue viva hasta nuestros días, adaptándose a los cambios sin perder su estructura esencial: procesión, batalla, comida, verbena.
La romería de A Saínza no tiene la proyección mediática de los moros y cristianos levantinos ni la escala de las fiestas del Apóstol en Santiago de Compostela, pero conserva algo que muchas celebraciones más conocidas han ido perdiendo: la sensación de que la fiesta pertenece al pueblo que la hace. Los actores son vecinos, el público es familia y la producción corre a cargo de quienes llevarán después la empanada al campo.
Cada septiembre, cuando el castillo arde y los moros se rinden una vez más ante la Virgen de la Merced, Rairiz de Veiga deja de ser un municipio de mil habitantes en el interior de Ourense para convertirse, durante un fin de semana, en el centro de Ourense.

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