Dijo el poeta Gérard de Nerval que Estambul era como un sello mágico que unía Europa y Asia. Y es que la antigua Constantinopla debe su embrujo principalmente a su emplazamiento: pocas ciudades del mundo tienen a su alrededor tanta belleza. Ubicada a orillas del Bósforo, estrecho que marca la separación simbólica de Oriente y Occidente y atravesada por el Cuerno de Oro que divide su parte occidental en dos, Estambul es el sueño de un paisajista.

Allá donde mires te encontrarás con algo hermoso. Y único. Porque no hay experiencia viajera que se pueda comparar a Estambul.

Sitios imprescindibles de Estambul

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Estambul es una ciudad con cerca ya de 15 millones de habitantes y una superficie de más de 1.500 km2 (el triple que Madrid, por ejemplo). Si a eso sumamos su asombrosa geografía y su inmenso patrimonio cultural debemos asumir que es uno de esos destinos que requiere una estancia de, al menos, una semana. Estambul es una metrópoli demasiado intensa y compleja para verla deprisa. Para abrir boca, os proponemos cuatro zonas para para organizar la visita a la ciudad, empezando por el distrito más turístico y terminando al otro lado del Bósforo, al otro lado del mundo.


Sultanahmet y Topkapi

La plaza de Sultanahmet en Fatih —distrito que engloba los barrios históricos y conocido como el ‘primer Estambul’— es el punto de encuentro habitual de los turistas que llegan a la antigua Constantinopla. Construida sobre el antiguo Hipódromo de Constantinopla, en ella se ubica la Mezquita Azul y Santa Sofía, dos de las construcciones más famosas de la ciudad.

La Basílica de Santa Sofía es la obra maestra de la arquitectura bizantina. Su planta centralizada de cruz griega y su enorme cúpula tuvieron una influencia decisiva tanto en la arquitectura paleocristiana como en la islámica. Aunque la iglesia original data de mediados del siglo IV —no mucho después de que Constantino refundara la ciudad en el 330— fue en época de Justiniano, en el siglo VI, cuando comienza el mito de Santa Sofía.

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Santa Sofía, la belleza está en el interior. Fuente: Unsplash

Tras la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, Santa Sofía es convertida en mezquita, añadiendo minaretes, contrafuertes y otros elementos que, con el paso de los años, configuran ese aspecto actual de insólita fusión de estilos y simbologías.

Pese a que su presencia externa puede decepcionar en comparación con las mezquitas más modernas y esbeltas, la gloria de Santa Sofía está en su espíritu, está en su interior, en su luz dorada y en esa cúpula que es una de las de mayor diámetro del mundo (aunque no supera a la del Panteón de Roma).

A un paso de Santa Sofía, la increíble Cisterna Basílica o Yerebatan Sarayi —el palacio sumergido—, la más grande de las más de 60 cisternas construidas bajo la ciudad. También erigida en época de Justiniano I, proveyó de agua a las zonas más importantes de Estambul durante siglos. El techo está soportado por más de 300 columnas de mármol, dos de las cuales reutilizan impresionantes bloques tallados con el rostro de Medusa.

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Y el otro monumento imperdible de Sultanahmet es la Mezquita Azul o Sultanahmet Camii, la única de Estambul con seis alminares hasta la construcción de la Mezquita de Çamlica en 2016. Aunque su construcción exterior ya es impactante, son los azulejos de cerámica de su interior —más de 20.000 hechos a mano y con 50 diseños diferentes de tulipanes— los que enamoran al viajero.

A cinco minutos andando al norte de Santa Sofía, encontramos uno de los palacios más famosos del mundo: Topkapi. Situado en la cima del Sarayburnu —el promontorio que separa el Cuerno de Oro del mar de Mármara— fue durante cuatro siglos el centro administrativo del Imperio Otomano y residencia del sultán hasta que, en 1853, el sultán Abdülmecid trasladó su residencia al recién construido Palacio de Dolmabahçe a orillas del Bósforo. Se trata de un inmenso complejo de 700.000 metros cuadrados jalonado por edificios, patios y jardines que configuran una suerte de acrópolis otomana.

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A un paso de Topkapi está el Museo Arqueológico de Estambul, una buena forma de hacer un repaso por los diferentes periodos histórico-culturales de la antigua Constantinopla y de su zona de influencia. En este sentido, el museo cuenta con piezas egipcias o mesopotámicas, además de colecciones griegas y romanas.

Por último, antes de despedirnos Sultanahmet, dos perlas. Por un lado, el Museo de Arte Turco e Islámico con más de 40.000 objetos entre los que se incluyen versiones antiguas del Corán. Y, por otro, la Pequeña Santa Sofía, una mezquita que tiene su origen en una deliciosa iglesia ortodoxa dedicada a San Sergio y San Baco. Situada cerca ya del Mármara es una forma de empezar a respirar el otro Estambul, menos esencial, más sustancioso y atrevido.

Los bazares, Eminönü y el Cuerno de Oro

Nos desplazamos al oeste de la parte occidental de Estambul siguiendo el aroma de los bazares. A unos 15 minutos de Sultanahmet nos encontramos con el Gran Bazar, otra de las visitas clásicas de la ciudad. Se dice que recibe al día unos 300.000 visitantes. Abrió sus puertas (más de 20, por cierto) en 1461 poco después de la conquista de la ciudad por parte de los otomanos. Cuenta con más de 3.500 comercios desperdigados por sus 64 calles. Está organizado por gremios: alfombras, antigüedades, objetos de oro, etc. Si te animas a comprar algo, ya sabes: toca regatear.

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El bazar de las sorpresas. Fuente: Unsplash

A unos 10 minutos al norte en Eminönü, ya cerca del Cuerno de Oro, está el Bazar de la Especias o Bazar Egipcio, el más grande de la ciudad después del Gran Bazar. Se construyó en el siglo XVII y tiene forma de L con una longitud de 150 metros en su lado más largo. Fue durante muchas décadas el punto de inicio de la ruta de la seda siendo un auténtico hervidero de comerciantes que compraban y vendían alimentos, tejidos, perfumes… y especias, claro. El lugar ideal para comprar alguna delicia turca.

En el entorno del Bazar de las Especias están dos mezquitas que nos presentan a otra de las grandes figuras del Estambul otomano: Mimar Sinan, el gran arquitecto del XVI. Por un lado, la Mezquita Nueva y, por otro, la mezquita de Rüstem Paça. Y a unos pasos del Bazar de las Especias ya olemos otro aroma característico de Estambul: el mar. Tal vez el mayor impacto del viajero que visita Estambul es asomarse por vez primera a la orilla sur del Cuerno de Oro, en la zona del Puente de Gálata y contemplar el Bósforo. No hay nada igual.

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No hay nada como el Puente de Gálata al atardecer. Fuente: Unsplash

Pero antes de cruzar al otro lado del Gálata, debemos acercarnos a la Plaza Beyazit con su legión de cafés y terrazas para degustar la fabulosa gastronomía turca y acumular energía para visitar otros dos colosos arquitectónicos de Estambul: la Mezquita de Solimán el Magnífico (Suleymaniye), la obra más majestuosa de Sinan y la más grande de Estambul hasta que hace cuatro años se inauguró la Mezquita Çamlica, y la Mezquita de Sehzade, construida por Solimán en honor de su hijo Mehmet, muerto de viruela, tal vez la mezquita más armónica de las que diseñó el gran Sinan.


Recorrer la orilla sur del Cuerno de Oro en dirección norte es una de las mejores formas de conocer el otro Estambul. No hay que perderse, por ejemplo, las murallas de Teodosio con su doble sistema de fortificaciones de siete kilómetros entre el Mármara y el Cuerno de Oro que defendieron durante siglos a la vieja Bizancio de los invasores.

En esta zona nos encontramos también con San Salvador de Chora, uno de los mejores ejemplos de arquitectura bizantina de la ciudad, con permiso de Santa Sofía. También nos podemos acercar a la sinagoga de Balat Ahrida, uno de los testimonios de la presencia judía en la ciudad, además del barrio de Fener, uno de los más genuinos de la capital de Turquía. Y atravesando el barrio de Eyüp, no debemos perdernos el Café de Pierre Loti, que ofrece unas de las mejores vistas del Cuerno de Oro.

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Vistas del Cuerno de Oro desde el café de Pierre Loti

Más allá del Puente de Gálata

Cruzar el Puente de Gálata, plagado de pescadores, es una de las mejores experiencias de la visita a Estambul. En la orilla norte del Cuerno de Oro nos encontramos con la bizantina Torre de Gálata, otra de las grandes atracciones de la ciudad. Fue construida a mediados del siglo XIV en una época en la que los genoveses comenzaron a poblar esta zona de la ciudad. El mirador de la Torre ofrece una de las mejores vistas de Estambul. Y en los alrededores, además, se desarrolla una urdimbre de callejuelas de aroma añejo que son el último testimonio del Estambul medieval.

Al sureste, la zona de Karaköy, con su célebre mercado de pescado abierto al mar, se ha erigido en los últimos años en una de las zonas bohemias más populares de la ciudad y donde es obligatorio hacer parada y fonda y probar la (auténtica) comida turca: una de nuestras zonas preferidas de Estambul.

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Al norte de la Torre de Galata arranca Istiklal Caddesi, el bulevar comercial más célebre de la capital turca que es la puerta de entrada al Estambul contemporáneo. La mejor forma de acceder a esta calle desde Karaköy es usando el funicular (F2) que es incluido en la Istanbulkart. Istiklal nos lleva a Taksim, la plaza en torno a la que late el Estambul más noctámbulo, con diversos clubes y discotecas de moda.

Y después Besiktas, otra zona marcada por el lujo y por el aire marcadamente europeo. Este barrio destaca también por la presencia del Museo del Ejército, indicado para aquellos que quieran profundizar en la historia del Imperio Otomano. Pero el principal reclamo de la zona es el gran Palacio de Dolmabahçe, otra joya arquitectónica de la antigua Constantinopla. En época de los primeros sultanes otomanos fue un jardín, para después, en el siglo XIX, convertirse en la sede del sultán desplazando a Topkapi, una vez se construyó el nuevo palacio de estilo neobarroco.

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La insólita Mezquita de Ortaköy en la orilla del Bósforo. Fuente: Unsplash

Más al norte nos encontramos con otro de los barrios sofisticados de Estambul: Ortaköy ya cerca del espectacular Puente del Bósforo. En este barrio podemos visitar el interesante Museo Naval, pero su principal atractivo es la Mezquita de Ortaköy, una de las joyas de Estambul. Ubicada al borde del mar, fue construida a mediados del XIX en estilo neobarroco y dicen de ella que es la más hermosa —e insólita— del mundo.

Al otro lado del Bósforo

Para pasar a la parte asiática de Estambul podemos tomar un barco en Eminönü o en Karaköy. Es una media hora de trayecto hasta Kadiköy, uno de los secretos mejor guardados de la ciudad. Como sucede en muchas ciudades sobreturistificadas, la mejor manera de conocer el modo de vida auténtico de los locales es ir un poco más allá de las rutas establecidas: si quieres conocer Estambul, has de cruzar el Bósforo.

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La Torre de la Doncella de camino a la parte asiática de Estambul. Fuente: Unsplash

La falta de hitos turísticos fundamentales —en comparación con la parte europea de la ciudad— provoca que buena parte de los turistas que llegan a la metrópoli turca no consideren la parte oriental de Estambul. Pese a la presencia de la curiosa Torre de Leandro o Torre de la Doncella, a varias mezquitas del ubicuo Sinan o la Mezquita de Çamlica, —desde su inauguración en 2016 la más grande de la ciudad y una de las más grandes del mundo con permiso de la de Casablanca—, la parte oriental de Estambul destaca más bien por su atmósfera.

El barrio de Kadiköy, por ejemplo, es uno de los más animados de la ciudad, con gran presencia de cafés y restaurantes en los que probar la verdadera comida turca a precio más asequible que al otro lado del Bósforo. La estatua del toro de Kadiköy, símbolo del barrio, es el punto de encuentro de muchos locales. Un poco más al sur está el popular barrio de Fenerbahçe vertebrado por la avenida Bagdat que, con sus 14 kilómetros, corre paralela al Mármara siendo es una de las calles más largas del mundo.

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Üsküdar, el otro Estambul. Fuente: Unsplash

Otra zona interesante en la parte oriental de Estambul es Üsküdar, todo un distrito que engloba diferentes barrios. Destaca la presencia del hermoso Palacio Beylerbeyi, al otro lado ya del Puente el Bósforo. Pero Üsküdar es también un hervidero de locales en torno a sus mercados en los que podremos comprar casi cualquier cosa. Y también puede ser un buen momento para relajarse en un hamman, otro de los imprescindibles de Estambul, soñando con la única ciudad del mundo que abraza dos continentes.

Dónde alojarse en Estambul

Estambul es una ciudad de enorme extensión por lo que hay que valorar muy bien la ubicación de nuestro alojamiento ya que influirá mucho en la forma en la que vamos a conocer la ciudad. Si es la primera vez que viajamos a Estambul y vamos a estar menos de una semana, lo lógico es alojarse en Sultanahmet o Eminönü: podremos conocer buena parte de los grandes hitos turísticos de la ciudad a pie.

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Los muelles de Kadiköy. Fuente: Unsplash

Otra opción interesante es dormir en la orilla norte del Cuerno de Oro. Karaköy o la zona de Taksim son barrios animados, cosmopolitas y bien comunicados. Si preferimos dormir en una zona tranquila y con buenas conexiones de transporte, el barrio de Besiktas es una alternativa.

Si vamos a estar una semana o más en la ciudad, una opción a tener en cuenta es dormir en dos zonas diferentes de la ciudad, por ejemplo, a ambos lados del Cuerno de Oro o en la parte europea y en la parte asiática. En nuestra opinión es la mejor manera de conocer a fondo una ciudad tan extensa y de tantos contrastes.

Por último, si ya conoces Estambul y quieres tener una perspectiva diferente de la capital cultural de Turquía, alójate en la zona oriental de la ciudad. Kadiköy es probablemente el mejor campo base para conocer la Estambul asiática porque se trata de un barrio coqueto y animado, con buenos servicios y bien comunicado a través del ferry.

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La famosa calle de los paraguas en Estambul cerca de la Mezquita de Suleymaniye. Fuente: Unsplash

Comer, beber (y fumar) en Estambul

La gastronomía turca no necesita presentación: ha conquistado buena parte del mundo con su cocina de fusión oriental con toques occidentales. Pero una cosa es la comida rápida turca que puedes tomar en tu ciudad, y otra comer turco… en Estambul. Además del celebérrimo kebab, en Estambul podemos probar delicias que difícilmente vamos a encontrar en la carta del restaurante turco de nuestro pueblo.

Con centenas de pescadores en el Puente de Gálata lo lógico es no irse de la ciudad sin probar pescado: la lubina (levrek), la dorada (çipura), el salmón (somon), la caballa (uskumru), los calamares y mejillones rebozados… El mejor sitio para tomar pescado es en los alrededores del mercado de Karaköy donde incluso podremos elegir nosotros mismos la pieza que queremos que nos cocinen al estilo de algunos restaurantes japoneses.

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No te vayas de Estambul sin probar pescado. Fuente: Unsplash

En la gastronomía turca tradicional también destacan las sopas (çorba), que se sirven también para desayunar. Y hablando de desayunos, el menemen, un revuelto al estilo turco con el que empezar un día de caminatas a tope de energía. También llama la atención el manti, una pasta rellena que se suele acompañar de… yogur, claro.

¿Y los postres? Los postres turcos son, generalmente, muy dulces. El baklava es un clásico: un pastel de hojaldre con frutos secos —sobre todo pistachos— y bañado en miel. Otra curiosa delicia turca son los tulumba, una especie de churros anchos cubiertos de almíbar. Y el sütlaç, uno de los postres más queridos por los turcos: un tipo de arroz con leche que era el no va más para los sultanes otomanos.

En cuanto a la bebida, cerveza Efes, todo un clásico de la ciudad, el raki —un tipo de anís—y el té, por supuesto. Por cierto, el café turco (kahve) suele llevar azúcar. Así que si os gusta el café amargo debéis pedir ‘sade’ (sin azúcar).

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Y para fumar narguile solo tenemos que buscar una buena tetería. Para el turco, fumar narguile es una tradición irrenunciable que se disfruta con calma. Lo notarás en cuanto pises por primera vez una tetería. Si es la primera vez que fumas, no dudes en pedir ayuda al camarero y fijarte bien en lo que hace.

El tabaco más popular es el aromático, sobre todo el de manzana, aunque también hay tabaco puro. El tabaco se calienta y se quema en la vasija de la pipa de agua. El humo del tabaco quemado pasa a través de la cámara de agua, donde es filtrado, sigue por el tubo de goma, hasta que llega a la boquilla.

Cómo moverse por Estambul

Reiteramos: Estambul es una ciudad interminable. Y salvo que vayamos a pasar el fin de semana y no nos movamos de la zona más turística, vamos a necesitar hacer uso del transporte público, lo que incluye tranvías, autobuses, funicular, barcos y el metro, que está en construcción. Y taxis, aunque esto último solo en caso de necesidad.

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Plano del Metro de Estambul (zona centro)

La Istanbulkart es una tarjeta introducida en el año 2009 y que desde entonces ha sido todo un alivio para el turista. Antaño, había que adquirir el denominado Jetón, una especie de ficha que se introducía en máquinas, sobre todo para usar el tranvía. Aunque todavía está disponible, lo lógico es hacerse con una Istanbulkart que nos permite acceder a la mayor parte del transporte público de la ciudad. Además, es sencilla de recargar y es válida para hasta cinco personas.

El metro de Estambul va tomando forma en los últimos años prometiendo unos desplazamientos más rápidos y efectivos que el viejo tranvía. Las líneas M1A y M1B son la más frecuentadas por los turistas en la zona europea. El tranvía es la alternativa nostálgica pero también nos permite ahorrar tiempo si manejamos bien sus cuatro líneas, especialmente la T1 que conecta los dos lados del Cuerno de Oro.

El funicular es otra experiencia única que debemos probar. Estambul cuenta con tres líneas de las cuales Taksim-Kabataş y Karaköy-Beyoğlu Tünel son las más interesantes de cara al viajero. Esta última es una forma ideal de desplazarse entre dos zonas claves del Estambul moderno. Y atención al Teleférico de Eyüp – Pierre Loti (Cable Car – TF2) que nos acerca a uno de los cafés más famosos de Estambul donde podemos disfrutar de esas maravillosas vistas del Cuerno de Oro. Imprescindible si queremos ahorrar tiempo en esta zona de la ciudad.

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El tranvía sigue siendo un transporte muy útil en Estambul. Fuente: Unsplash.

Por su parte, el autobús de la IETT es una opción menos habitual entre los turistas, salvo para desplazarse al aeropuerto. En cuanto a los ferrys, son el transporte básico para desplazarse de una orilla a otra del Bósforo, además de una experiencia fascinante para tener otra perspectiva de la ciudad. En este sentido, la IETT ofrece un planificador que puede ser un buen compañero para nuestras rutas por Estambul en trasnporte público.

¿Y los taxis? En determinadas situaciones nos podrán salvar la jornada, sobre todo por la noche. Pero entre el tráfico de la ciudad, la conducción temeraria de muchos taxistas y las, en ocasiones, eternas negociaciones para fijar un precio en desplazamientos especiales, recomendamos dejar el taxi como última opción.

Traslados desde el aeropuerto

Desde finales de 2018 está operativo el nuevo Aeropuerto de Estambul (IST) que ha sustituido al viejo Aeropuerto Atatürk el cual permanece abierto para vuelos privados. Costó 10.000 millones de dólares y se finalizó entre numerosas polémicas medioambientales. La mayor parte de vuelos internacionales aterrizan ahora en el nuevo aeropuerto que es uno de los más grandes y modernos del mundo.

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El flamante nuevo aeropuerto de Estambul

Hasta que no abra la línea M11 del metro que enlazará con el aeropuerto y que tenía prevista su puesta en marcha a lo largo de este año, el medio más asequible para llegar a la ciudad es el autobús. Tanto en las taquillas de billetes como en las máquinas biletmatik podemos adquirir la Istanbulkart. Los autobuses son gestionados por las empresas Havaist y IETT. Hasta 23 líneas parten del IST en dirección Estambul: la IST-20, que lleva a Sultanahmet, y la IST-19 que pasa por Taksim, son las más frecuentadas por turistas.

Otra opción para llegar a la ciudad es tomar el Airport Express bus H-2 que, en una media hora, nos deja en la parada de metro Şişli-Mecidiyeköy de la línea M2 (verde). Una vez allí es sencillo desplazarnos hacia la parada que esté más cerca de nuestro alojamiento.

En cuanto a los taxis, IST distingue entre taxis económicos amarillos (tipo C), taxis confort azules (tipo D) y taxis premium negros (tipo E). Es una opción a tener en cuenta en horario nocturno o si vamos muy cargados. Por lo demás, es preferible el transporte público que siempre es la mejor manera de ir conociendo el ritmo de una ciudad y de sus habitantes.

Excursiones de un día desde Estambul

Estambul tiene tantas cosas que ver que, en principio, no tiene mucho sentido preparar excursiones de un día. Los mejores lugares cerca de Estambul (Troya, Éfeso, Esmirna o Capadocia) precisan algo más que un día. Con todo, os proponemos tres opciones más que sugerentes para complementar nuestra visita a la vieja Constantinopla.

Un crucero por el Bósforo:

Un imprescindible de la visita a Estambul. Puede ser una ruta marítima de un par de horas o de todo un día dependiendo de nuestro destino. Las rutas más ambiciosas recorren todo el Bósforo hasta el Mar Negro, las más cortas nos muestran la Estambul europea y la asiática. En ambos casos, espectacular.

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Bursa y el monte Uludag. Fuente: Unsplash

Islas Príncipe:

Al sur de la zona asiática de Estambul se encuentra uno de los secretos mejor guardados de la capital turca. Se trata de un archipiélago formado por ocho islas que durante siglos funcionaron como lugar de destierro, exilio y prisión. Pero desde el siglo XIX, algunos miembros de la aristocracia y burguesía de Estambul comprendieron que aquella no era una condena, sino todo lo contrario. Las Islas Príncipe son actualmente un oasis de paz y aire fresco en contraste con la intensidad de la metrópoli.

Bursa y el monte Uludag:

A unos 150 kilómetros al sur de Estambul encontramos la primera capital del Imperio Otomano, otro buen complemento de la visita a la antigua Bizancio. Conocida como ‘Bursa verde’, es una ciudad de ritmo pausado construida en torno a una red de jardines y parques entre llanuras verdes y montes nevados. Su conocida como Mezquita Verde contiene el Mausoleo de Mehmed I. Y a unos 30 kilómetros de Bursa se ubica el monte Uludag, un paraíso para los amantes de los deportes de invierno.

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