Después de recorrer casi un centenar de países, Elena Ortega encontró el argumento de su primer libro en una carretera que llevaba años rondando su lista de viajes pendientes. La Ruta 61 sigue el curso del Misisipi y atraviesa algunos de los territorios donde nacieron el blues, el góspel y otros sonidos que terminaron transformando la música popular. La periodista y colaboradora de Descubrir recorrió 5.000 kilómetros para conocer los lugares y las personas que conservan esta historia.

El resultado es Ruta 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi, una crónica atravesada por la música, la memoria y una conversación íntima con su padre.

Entrevista a Elena Ortega, escritora y periodista de viajes

Después de visitar casi un centenar de países, ¿por qué sentiste que la Ruta 61 merecía ser tu primer libro?

Elena Ortega

La madurez como cronista no te la da la acumulación de sellos en el pasaporte, sino la capacidad de entender la importancia de un territorio. Ya había recorrido al volante varios lugares de Estados Unidos, como la costa oeste, desde Alaska hasta California, pero esta ruta siempre rondaba en mi lista de pendientes debido a su enorme poder histórico y musical.

Tenía claro que quería buscar las raíces de la música moderna y ningún otro lugar del mundo concentraba sus orígenes de una forma tan brutal. Cuando empecé a planificarlo, hace un montón de años, no imaginé que acabaría convirtiéndose en un libro, pero el hecho de que haya sido así, que haya nacido de una pasión por los viajes y la música, me emociona especialmente.

Has explicado que tu padre es músico. ¿Hasta qué punto este libro es también una conversación con él? 

Este libro guarda una base muy íntima, en algunos párrafos más visible y en otros, un poco más disfrazada. Se podría decir que es un diálogo transatlántico e intergeneracional. Haber crecido con el sonido del piano de mi padre, viendo la disciplina que requiere la música, sin duda es algo que ha marcado mi forma de entender el mundo.

Al recorrer el río Misisipi siguiendo la estela de aquellos músicos que dieron forma al sonido moderno, y de quienes siguen contando la historia de la música, comprendí las lecciones, quizá hasta entonces abstractas, de mi infancia. Este libro, en parte, es un homenaje a mi padre y a la música, pero también una invitación a vivir… una aventura. 

En el libro hablas de las raíces de la música moderna. ¿Cuál fue el momento en el que sentiste físicamente esa conexión entre pasado y presente?

Ruta 61

Al adentrarme en los campos de algodón de los estados de Luisiana y Misisipi, en los establecimientos rústicos donde empezó a comercializarse el blues o en la casa natal de Elvis Presley, en Tupelo. Ver de dónde habían salido tantos músicos y dónde habían acabado fue algo muy revelador.

El pasado te golpea en cada kilómetro de la RUTA 61, pero mezclándose continuamente con el presente, con la música de aquellos artistas que siguen escribiendo la historia y siguen luchando por alcanzar su sueño en la industria musical en ciudades como Nashville.

¿Crees que hoy la música sigue formando parte de la vida cotidiana del Delta del Misisipi?

Absolutamente. En la región del Delta del Misisipi la música conserva su carácter identitario de resistencia. Tan solo hay que escuchar a sus músicos para darse cuenta de ello.

No es música comercial, sino que sigue siendo un lenguaje propio. Lo encuentras los domingos en el góspel de las iglesias, en los porches donde los vecinos se reúnen a tocar para afrontar su vida diaria o en los juke joints donde muchos músicos siguen actuando cada noche. 

Muchos viajeros llegan a Estados Unidos buscando grandes ciudades. Tú has optado por carreteras secundarias. ¿Qué país descubriste lejos de estos focos turísticos?

Elena Ortega

Durante mi viaje visité pueblecitos, pero también grandes ciudades como Nueva Orleans, Memphis, Nashville o Chicago. Sentía que era primordial llevarme una imagen amplia para poner todo en contexto. Al apartarme hacia carreteras secundarias, emergió una América más íntima y tranquila, pero también llena de historias y heridas: las de los indígenas desplazados de sus territorios, los esclavos trabajando horas y horas bajo el sol del sur, los afroamericanos emigrando al norte en busca de una vida mejor o la lucha por los derechos civiles.

Pero también descubrí que de aquí han salido figuras literarias como William Faulkner o Mark Twain, que hay pueblos fantasma congelados en los años 50 y que sus gentes son tremendamente hospitalarias y orgullosas de sus raíces y de poder compartirlas con los visitantes.

El periodismo de viajes suele centrarse en los lugares. En este libro las personas tienen un peso enorme. ¿Qué te aportaron los encuentros con músicos y habitantes de la ruta? 

Las personas son las que dan vida a esta ruta, pasado y presente. Los músicos y los habitantes anónimos, como Patrick Fahey, quien me abrió las puertas de su casa en St. Geneveive, un pueblecito de Misuri, con toda la amabilidad del mundo, me aportaron la verdad desmitificada de la ruta.

El peligro de recorrer itinerarios tan legendarios es quedar atrapada en las leyendas o en la nostalgia impostada, pero estos encuentros derribaron clichés, me hablaron de las bondades de estas tierras, pero también de la dureza, de los desvíos inesperados y de cómo la creatividad florece precisamente donde las oportunidades escasean.

¿Cuál fue la entrevista o conversación más difícil de olvidar?

Hubo muchísimas pero ahora me viene a la cabeza la que tuve con Johnny Twist, un artista que despuntó en la escena del blues de Chicago en los años 60. Sin embargo, alrededor de su nombre había mucho misticismo. Me recorrí toda la ciudad para dar con su hogar-museo. Al llegar encontré que había sufrido un incendio, pero Twist había conseguido salvar algunos recuerdos de sus años de éxito y a ellos seguía anclado.

El subtítulo habla de un “viaje sonoro”. ¿Cómo se escribe sobre música sin caer en los tópicos?

Elena Ortega

Considero que en este viaje, al contrario de lo que se piense, es difícil caer en los tópicos. Al llegar descubres que hay muchas más capas de las que nos ha dejado la cultura popilar.

Tal solo hay que ahondar en el entorno que dio a luz esta música para escribir sobre el sonido que salió de los lamentos de los esclavos en los campos de algodón, de los estudios de música que dieron fama a músicos como Elvis Presley, B.B. King, Muddy Waters o Ike Turner; y de los sonidos que se electrificaron en Chicago. Todo rodeado del olor de la cocina sureña, del bochorno del sur, del crujido de las maderas de un local centenario,… Este entorno es una partitura llena de imperfecciones perfectas.

Después de recorrer el Misisipi, ¿ha cambiado tu forma de escuchar música?

 ¡Bastante! Ha sido un proceso de aprendizaje enorme. Tras este recorrido he vuelto a recuperar clásicos que ahora reproduzco una y otra vez recordando los lugares y el contexto en el que se crearon. Después de este recorrido de 5.000 kilómetros comprendo muchas cosas. 

Si tuvieras que descubrir un rincón de la ruta a nuestros lectores ¿cuál sería?

Les aconsejaría que utilicen como guía “RUTA 61: Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi”, y que viajen sin prisa, escuchando la lista de música que incluye el libro. De esta forma podrán tomar desvíos y seguir carreteras secundarias que les llevarán a lugares cargados de magnetismo donde recuperarán la verdadera esencia de los viajes.

¿Qué va a encontrar en este libro un lector que no sea necesariamente un experto en música o en blues?

Encontrará una gran historia de viajes y de aventura humana. Aunque la música es el hilo conductor, el libro es una crónica sobre personas, resiliencia, paisajes cinematográficos y secretos de la América profunda. Está escrito para cualquiera que ame viajar con la mente, descubrir buenas historias y emocionarse con las vidas de los demás. No hace falta saber de música para disfrutar de esta aventura.

El libro tiene un diseño muy particular. ¿Cómo fue el proceso de dar forma a esta edición para que entrara también por los ojos?

Quería que el libro fuera un objeto especial, de esos que apetece tener en la estantería y regalar. Por eso, el texto se apoya en una cuidada selección visual, mapas y detalles que guían al lector en la ruta, como una recomendación de películas, series y canciones para acompañar en cada capítulo.

El ritmo está pensado como un disco, tiene momentos enérgicos, paradas íntimas y silencios. Está editado con un mimo que se nota desde la propia portada y para ello he podido contar con grandes profesionales, como Jordi Català o Gonzalo Azumendi.