Lo primero que llama la atención en el Seaside Palm Beach no es su fachada curva ni el palmeral centenario que lo envuelve. Es el desayuno. O, más bien, lo que ocurre durante el desayuno. Los camareros saludan a los huéspedes por su nombre, preguntan por los hijos, recuerdan qué mesa prefieren y, cuando llega el último día, se despiden con un “hasta el año que viene” que suena a verdad.
Porque a este hotel de Maspalomas, miembro de Design Hotels y uno de los más emblemáticos de Gran Canaria, los clientes vuelven. Vuelven mucho. Y esa fidelidad dice más del hotel que cualquier reportaje que podamos escribir.
Un icono del diseño en Gran Canaria

El edificio se construyó originalmente en 1975 y durante años funcionó como un gran resort convencional en primera línea de playa. La transformación llegó con la intervención del diseñador de interiores Alberto Pinto, formado en la École du Louvre y responsable de proyectos tan diversos como yates, jets privados, residencias de alto nivel y el mítico club nocturno neoyorquino Regine’s. Pinto llevó a cabo una renovación completa en 2002 que recuperó el espíritu de los años setenta e incorporó tendencias artísticas contemporáneas. El hotel se convirtió así en el primer Design Hotel de las Islas Canarias, una distinción que sigue manteniendo dentro de esta prestigiosa colección internacional de hoteles con identidad propia.
El resultado se percibe desde el primer paso. El vestíbulo está presidido por Orchilla (1980), una obra de César Manrique, la figura más relevante del arte canario del siglo XX. En las paredes del lobby cuelgan seis lienzos de Jean-Diego Membrive, artista franco-español formado en la École des Beaux-Arts de París. En los espacios comunes conviven piezas originales, mobiliario icónico (sillas Barcelona de Mies van der Rohe tapizadas en rojo, butacas de diseño y jarrones de Murano) y una paleta cromática que va del fucsia al naranja, del azul eléctrico al verde oliva. El Bar Salón, con su moqueta malva y sus asientos curvos en tonos de fucsia y naranja, parece sacado de una película de Scorsese.




Seaside Palm Beach
Las 328 habitaciones se distribuyen en cuatro gamas cromáticas diferentes. Paredes en tono coral, las moquetas, con patrones geométricos en zigzag, y el mobiliario de líneas limpias con acabados cromados componen un interiorismo que es a la vez retro y absolutamente contemporáneo. Las categorías van desde la habitación doble estándar hasta las 91 habitaciones de lujo situadas en las plantas altas, pasando por 6 habitaciones de esquina con salón independiente, 11 Junior Suites, 11 Suites con dos balcones y 2 Master Suites.
La ubicación es, posiblemente, el mayor activo del hotel. Se encuentra junto a la Reserva Natural y la playa de Maspalomas, a pocos metros de las célebres dunas, y a unos 38 kilómetros del aeropuerto de Gran Canaria. El complejo está envuelto por un palmeral con más de cien años de historia y esa vegetación, densa y alta, genera una atmósfera que, a pesar de la cercanía de la zona turística, resulta sorprendentemente tranquila.
Piscinas, gastronomía y bienestar


Seaside Palm Beach
La vida del hotel gira alrededor de sus espacios exteriores y del sistema de piscinas, que es uno de sus grandes atractivos. La piscina principal, climatizada y de gran tamaño, ocupa el corazón del complejo rodeada de una amplia terraza de tumbonas. Junto a ella, la piscina de agua salada climatizada cuenta con diversos chorros de hidromasaje subacuático y su propia zona de descanso. Completa el circuito una pequeña piscina de agua mineralizada con función de jacuzzi, mientras que los más pequeños tienen su propia zona de baño separada, con un espacio para bebés y una piscina infantil con tobogán.
La oferta gastronómica se reparte entre tres restaurantes y dos bares. El restaurante principal, con su terraza ajardinada, combina menú y carta, con noches de barbacoa Seaside tres veces por semana. Il Giardino es la propuesta italiana, con una carta tradicional servida en un ambiente animado donde la combinación de tonos naranjas, azules y amarillos es puro Pinto. La Bodega, el restaurante de tapas, aplica una mirada contemporánea a los clásicos españoles en un espacio acogedor que se abre al jardín. Para cerrar el día, el Bar Salón ofrece cócteles, música en vivo, espectáculos y un interiorismo que invita a quedarse hasta tarde.

El spa incluye solárium, sauna, baño turco, piscina de inmersión y una cueva de sal, además de una piscina wellness climatizada con hidromasaje. La carta de tratamientos abarca desde masajes relajantes y deportivos hasta protocolos de belleza facial y corporal, con la opción de contar con entrenador personal y fisioterapeuta. Para los aficionados al deporte, el hotel dispone de pistas de tenis, gimnasio y una oferta completa de golf que incluye alquiler de equipos, traslados a los campos, servicio de reserva de tee times y green fees con descuento en los principales campos de la isla: Maspalomas, Meloneras, Salobre, Anfi Tauro y el Real Club de Golf de Las Palmas. También se ofrecen sesiones de yoga y tai chi en los jardines.
El hotel también admite mascotas de hasta cinco kilos, un detalle que amplía el perfil de huésped al que puede acoger. Para el cliente corporativo, tres salas de reuniones equipadas con tecnología audiovisual completan una oferta de servicios pensada para cubrir cualquier necesidad.
Lo que distingue al Seaside Palm Beach de otros hoteles de cinco estrellas de la zona es, sin duda, su personalidad. No es un hotel genérico de playa con acabados de lujo. Es un espacio con una identidad visual tan definida que funciona casi como una instalación artística. Cada objeto tiene una historia y cada rincón está pensado para emocionar, desde el mobiliario de diseño hasta los lienzos de Jean-Diego Membrive en el lobby. Esa atención obsesiva al detalle estético, combinada con un servicio cercano y un entorno natural privilegiado, hace que la experiencia trascienda el simple alojamiento. Quizá por eso los camareros del desayuno no dicen adiós. Dicen hasta el año que viene.


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