Ecuador no se descubre de una sola vez. El viaje avanza por capas que se superponen sin perder continuidad, como si el territorio hubiera sido comprimido para obligar al viajero a cambiar constantemente de paisaje y de ritmo. Selva amazónica, cordillera andina, ciudades coloniales, costa del Pacífico y un archipiélago único en el mundo conviven en distancias relativamente cortas, lo que convierte cada desplazamiento en una transición casi inmediata entre ecosistemas, culturas y formas de vida.

En el marco de FITUR, Mateo Estrella, Vice Ministro de Turismo de Ecuador, nos explica cómo esta complejidad territorial se ha transformado en el eje del modelo turístico del país. Un modelo que no persigue crecer sin límites, sino ordenar el crecimiento, proteger los ecosistemas y utilizar el turismo como una herramienta que aporte valor real a las comunidades y al territorio.


Megadiversidad: una condición estructural, no un eslogan

Volcán Cotopaxi

Cuando Estrella habla de Ecuador, el concepto de biodiversidad aparece desde el inicio, no como argumento promocional, sino como una condición que determina todas las decisiones. El país, explica, reúne una concentración de especies excepcional en relación con su tamaño.

Ecuador es un país megadiverso. Si consideramos el número de kilómetros cuadrados de extensión que tiene Ecuador, que son aproximadamente 250.000 kilómetros cuadrados, en realidad somos el país más megadiverso del mundo en cuanto a número de especies, aves, reptiles y mamíferos, incluso. En ese pequeño territorio hay una diversidad enorme que está distribuida en distintas regiones naturales.”

Esta realidad convierte al país en un territorio especialmente sensible. La diversidad no es homogénea ni fácilmente reemplazable, lo que obliga a pensar el turismo desde una lógica de equilibrio. No se trata solo de atraer visitantes, sino de gestionar impactos en un entorno extremadamente frágil.

Amazonía ecuatoriana

Una de las regiones que mejor ejemplifica esta fragilidad es la Amazonía ecuatoriana. Más allá de su dimensión geográfica, es un espacio donde naturaleza y cultura forman una unidad inseparable. La selva no es un paisaje vacío, sino un territorio habitado desde hace siglos por comunidades indígenas con identidades muy marcadas.

“La Amazonía cubre el 45 % del territorio ecuatoriano. Es una región muy grande y súper interesante, con parques nacionales, con comunidades indígenas importantes. El mundo indígena es fundamental para Ecuador. Tenemos 14 diferentes naciones indígenas, cada una con su lengua, cada una con sus costumbres, con sus tradiciones.”

En este contexto, el turismo no se plantea como una actividad extractiva, sino como una posibilidad de desarrollo que permita mantener el territorio y las culturas vivas. La presencia de comunidades indígenas introduce una dimensión ética en la gestión turística, donde el respeto por los ritmos y las formas de vida locales es central.


Andes y ciudades históricas: altura, memoria y continuidad urbana

El paisaje cambia radicalmente al ascender hacia la Sierra. La cordillera de los Andes estructura una región donde la geografía y la historia urbana se entrelazan. Montañas de gran altitud como el Chimborazo conviven con ciudades que conservan una memoria arquitectónica excepcional.

“Tenemos la sierra, los Andes, con montañas tan altas como el Chimborazo, que es la montaña más alta del Ecuador, con 6.310 metros sobre el nivel del mar, y ciudades coloniales hermosas como Quito y Cuenca, las dos Patrimonio Cultural de la Humanidad.”

Quito ocupa un lugar especial en este relato. No solo por su arquitectura, sino por el reconocimiento temprano de su valor patrimonial.

Quito fue de hecho la primera ciudad nombrada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1978. Es una ciudad con el centro histórico más grande de Latinoamérica, muy bien conservado, espectacular.”

El viaje continúa hacia la costa del Pacífico, un territorio que rompe con la imagen de litoral exclusivamente turístico. La costa ecuatoriana se caracteriza por su vegetación, por su relación directa con áreas protegidas y por una presencia constante de la naturaleza.

“Tenemos más de 180 playas en la costa pacífica y es una costa muy verde. Además, tiene parques nacionales en la costa, lo que es interesantísimo.”

Galápagos: límites, control y responsabilidad global

Si hay un lugar donde el modelo turístico de Ecuador se expresa con mayor claridad, ese es Islas Galápagos. Situadas a unos mil kilómetros de la costa, las islas representan un ecosistema de valor excepcional, cuya protección marca todas las decisiones.

Galápagos está ubicada a 1.000 kilómetros de la costa ecuatoriana y son unas islas que son un tesoro no solo de Ecuador, sino de la humanidad en general. Ese tesoro lo conservamos, lo protegemos y ahí el turismo es una herramienta de conservación y de desarrollo.”

El acceso está estrictamente regulado, comenzando por la imposibilidad de llegar directamente desde el extranjero:

“No puedes ir a Galápagos directamente desde el extranjero. Eso está prohibido por un tema de protección ambiental y por un tema de inspección y cuarentena, para evitar que haya una invasión de especies de otros lados que atenten contra Galápagos. Existe también una moratoria hotelera, no pueden haber más hoteles en Galápagos. Hay una moratoria en el número de vuelos y una moratoria en el número de licencias para cruceros navegables. Galápagos tiene una capacidad que no puede ser superada.”

Incluso el aumento de la tasa de ingreso responde a esta lógica de conservación.

“La tasa de ingreso era de 100 dólares por visitante extranjero y ahora son 200. Ese dinero se necesita para financiar los programas de conservación de Galápagos. No se había subido en 15 años.”

Turismo comunitario: conservar y generar alternativas

Anciana indígena vestida con una típica ropa andina frente al lago Quilotoa

Uno de los pilares de este modelo es el turismo comunitario, gestionado directamente por las propias comunidades.

“Tenemos una oferta interesante de turismo comunitario. Es un turismo gestionado por las mismas comunidades, donde ofrecen alojamiento, alimentos, excursiones, pero la diferencia es la gestión. Ellas gestionan su propio turismo.”

Para el Vice Ministro, esta fórmula ofrece una alternativa clara frente a actividades extractivas.

“Las comunidades tienen alternativas como la agricultura, que es muy pequeña, o actividades como la madera o la minería. El turismo es una alternativa para evitar eso. Preferimos que las tierras comunitarias se usen con propósitos turísticos y no con propósitos extractivos.”

España y un vínculo en crecimiento

La relación turística entre España y Ecuador atraviesa un momento de clara consolidación. El mercado español se ha convertido en uno de los más dinámicos dentro de Europa, con un crecimiento sostenido que responde tanto a factores estructurales como a una afinidad evidente entre el perfil del viajero español y la propuesta turística del país andino.

“El turismo español ha crecido un 14 % el año precedente. Es decir, ha habido un crecimiento interesante en el turismo español en ese sentido.”

Este crecimiento se apoya, en primer lugar, en una conectividad aérea muy sólida entre ambos países. Ecuador cuenta actualmente con 16 frecuencias semanales directas con España, una cifra significativa que refuerza el papel del país como puerta de entrada no solo para el mercado español, sino también para el conjunto de Europa.

“Tenemos una excelente conectividad aérea con España, con 16 frecuencias a la semana, diez de Iberia y seis de Air Europa. Son vuelos directos y eso nos da una muy buena conexión con España y, claro, con Europa en general. Air Europa va a abrir, además, una frecuencia más este año también, y eso es interesante.”

Más allá de los vuelos, el Vice Ministro subraya que el interés del viajero español por Ecuador responde a motivaciones diversas, pero coherentes con el modelo turístico del país. Una parte importante del flujo está vinculada a los lazos históricos y humanos entre ambos países.

“Hay un visitante étnico, que son descendientes de ecuatorianos que ya han nacido en España, muchos de ellos con pasaporte español, y que viajan por un tema de visita a familiares y amigos. El otro tipo de visitante es más bien un visitante explorador, que quiere descubrir el país, que quiere tener actividades de naturaleza, de ecoturismo, de aventura.”

Se trata de un viajero que suele desplazarse por libre o con circuitos diseñados para recorrer distintas regiones del país, y que encaja especialmente bien con la apuesta ecuatoriana por un turismo sostenible, de mayor duración y con impacto positivo en el territorio.


Cuenca, un descubrimiento personal

Cuenca

Al hablar de un lugar especial que descubrir, Estrella no duda.

Cuenca es una ciudad fantástica, está al sur del Ecuador, es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Es una ciudad encantadora, con servicios realmente importantes, patrimonio histórico, artesanal y cultural. Es una pequeña joya por descubrir en Ecuador.”

Una ciudad que resume, a escala humana, muchas de las claves del país. Porque Ecuador no se presenta como un destino que se consume rápidamente. Su propuesta exige tiempo, atención y una forma de viajar que entienda el territorio como un sistema delicado.