A menos de veinte minutos del bullicioso centro de Riad, el tiempo parece detenerse entre murallas de adobe y palmeras centenarias. Diriyah, cuna del primer estado saudí, ha resurgido de sus ruinas para convertirse en uno de los destinos culturales más fascinantes de Oriente Medio, un lugar donde la historia del siglo XVIII convive con restaurantes de firma, museos inmersivos y una de las mayores apuestas urbanísticas del mundo.
El nacimiento del primer estado saudí

Diriyah fue fundada en 1446 por Mani Al-Muraydi, un jefe de clan llegado desde la región de Al-Qatif, en el este de Arabia, que se asentó a orillas del valle estacional de Wadi Hanifah. Ese cauce, que durante siglos ha proporcionado agua y tierra fértil para las palmeras datileras en el borde de la meseta central de Arabia, dio sustento a un asentamiento que con los siglos creció hasta convertirse en el mayor núcleo de población de la región del Nejd.
Su verdadero salto a la historia llegó tres siglos después. En 1727, el emir local Muhammad ibn Saud proclamó el primer estado saudí con Diriyah como capital y en 1744 selló una alianza decisiva con el predicador Muhammad ibn Abd al-Wahhab, combinando el poder temporal de la familia con un movimiento de reforma religiosa que impulsaría la expansión del nuevo estado por toda la península arábiga.
"Este barrio tenía entonces unas 5.000 personas, nada más. Comparado con la población actual, esa cifra es insignificante. En los barrios de Riad hoy es normal tener alrededor de 200.000 habitantes. Riad no es una ciudad pequeña, su población es de 12 millones de habitantes."
El distrito de At-Turaif ofrece la oportunidad de recorrer el escenario físico de aquel relato fundacional. Es el hogar ancestral de la familia real Al Saud y los visitantes pueden explorar sus calles para descubrir la arquitectura tradicional najdi, construida con adobe y otros materiales naturales durante el siglo XVIII. El Palacio Salwa, también conocido como Palacio Diriyah, solía ser el centro de poder del primer estado saudí y hoy sigue siendo el edificio más emblemático de todo el conjunto amurallado, además de la mayor estructura en pie de toda la ciudadela.
El asedio que borró la capital del mapa




Diriyah
El esplendor de Diriyah se truncó de forma abrupta a comienzos del siglo XIX. La expansión del primer estado saudí hacia La Meca y Medina provocó la reacción del Imperio otomano, que encargó a Ibrahim Pasha, hijo del gobernante egipcio Muhammad Ali, sofocar la revuelta. Tras una campaña de varios años que arrasó poblaciones como Unaizah y Buraidah, las tropas otomano-egipcias llegaron a las puertas de Diriyah en abril de 1818 y sometieron la ciudad a un asedio que se prolongó durante meses.
"En su primer intento, los turcos no lograron vencer a los saudís. En el segundo, pese a atacar con mucha más fuerza, tampoco lo consiguieron. Pero en el tercer intento los saudís ya no pudieron resistir más y el imán de aquella época dijo: 'De acuerdo, me rindo, pero que la gente de este pueblo viva en paz y no la dañen." Sin embargo, los turcos no cumplieron su palabra, y así llegó a su fin el primer Estado saudí."
El emir Abdullah bin Saud acabó rindiéndose el 9 de septiembre de 1818 con la promesa de que su capital sería respetada, pero Ibrahim Pasha ordenó de todos modos arrasarla hasta los cimientos, además de talar las palmeras que la rodeaban. El propio Abdullah bin Saud fue enviado primero a El Cairo y después a Estambul, donde fue ejecutado.
La familia Al Saud tardaría décadas en recomponerse, primero con el segundo estado saudí y después, ya en 1902, con la conquista de Riad por parte de Abdulaziz ibn Saud, quien en 1932 unificaría el país bajo el nombre que conserva hoy. Pese a todo, Diriyah conservó su peso simbólico como el lugar donde nació el reino, un significado que la Arabia Saudí actual ha invertido miles de millones de dólares en honrar.
"Hubo una mujer en el sur de Arabia llamada Ghalia al-Bugmi que luchó contra los turcos. Es una de las figuras más importantes de la historia de Arabia. Un símbolo y una líder para las mujeres, que llegó a comandar el ejército del sur en la lucha contra los turcos, hasta conseguir expulsarlos de esa región."
De las ruinas al Patrimonio de la Humanidad





Diriyah
El paso del tiempo y aquel conflicto dejaron At-Turaif convertido en un conjunto de ruinas de adobe, abandonadas durante generaciones. La recuperación no llegó hasta la década de 1990, cuando Abdullah bin Abdulaziz, entonces príncipe heredero y futuro rey, ordenó su restauración, un proceso minucioso que buscaba devolver a la ciudad su fisonomía original sin traicionar la fragilidad de sus materiales.
Aquel trabajo de conservación fue reconocido internacionalmente. El 31 de julio de 2010, la UNESCO declaró el distrito de At-Turaif Patrimonio de la Humanidad por su valor como testimonio excepcional de la arquitectura najdi y como cuna del primer estado saudí. Según explica la propia organización, el objetivo de la conservación fue mantener "el conjunto de palacios, mezquitas y torres defensivas" tan intacto como fuera posible mientras se estabilizaban las frágiles estructuras de tierra.
El impulso definitivo llegó en 2018 con el megaproyecto Diriyah Gate, la iniciativa estatal impulsada bajo el paraguas de Vision 2030 y respaldada por el Fondo de Inversión Pública, que ha convertido el distrito histórico en el corazón de un desarrollo urbanístico valorado en más de 63.000 millones de dólares.
Restaurado con detalle y reabierto al público en diciembre de 2022, Diriyah ofrece hoy un recorrido por las mismas calles que transitó la familia Al Saud hace tres siglos, rodeado de la arquitectura najdi de adobe que define a la antigua ciudad. El éxito se refleja en las cifras, ya que desde su reapertura Diriyah ha recibido a más de dos millones de visitantes locales e internacionales.
Cómo visitar At-Turaif en la actualidad




Diriyah
El acceso al distrito histórico se organiza a través de un centro de visitantes pensado para contextualizar antes de adentrarse en las ruinas. El Centro de Visitantes y Museo de Diriyah ofrece exposiciones modernas con presentaciones multimedia que explican la historia, la arqueología y el trabajo de restauración, una parada recomendable para entender el contexto antes de perderse por las callejuelas de barro.
Ya dentro de las murallas, el recorrido invita a descubrir distintos ambientes. Las fortificaciones, puertas y torres de vigilancia impresionan de cerca, y desde los miradores se aprecia cómo la ciudad controlaba el acceso a través de Wadi Hanifah y se defendía en los siglos XVIII y XIX. Junto a los grandes palacios se conservan también viviendas restauradas y salas expositivas que muestran mobiliario, herramientas y artesanía de los residentes de a pie, una perspectiva más humana frente a la grandiosidad de los palacios reales.
"Antiguamente no se usaba tanto el caballo, porque el camello aguanta más: retiene el agua y puede pasar hasta tres días sin beber, algo que el caballo no resiste. Al caballo árabe se le define con cuatro palabras: fuerza, velocidad, buena raza y belleza. En cuanto a los camellos, hay ejemplares que llegan a valer un millón de dólares. Para competir no vale cualquier camello, sino uno de buena raza y con pedigrí. Cada tribu presenta a su ejemplar más bello, y así compiten entre ellas."
La experiencia sensorial del lugar es uno de sus grandes atractivos. Al cruzar hacia el interior del recinto, los visitantes acceden a At-Turaif por pasarelas peatonales desde la zona de restaurantes de Bujairi Terrace, dejando atrás los locales acristalados por callejones sombreados de palmeras. Una vez dentro de las murallas, el paisaje sonoro se suaviza hasta quedar reducido a pasos sobre piedra y al viento moviéndose por los patios abiertos, con pantallas digitales discretas y espacios expositivos integrados en las salas restauradas.
La mejor época para visitar es de octubre a abril, evitando el calor extremo del verano. El recinto cuenta con aparcamiento gratuito y accesos para personas con movilidad reducida.
Bujairi Terrace, el nuevo corazón gastronómico

Justo enfrente de las murallas de At-Turaif, con vistas directas al Palacio Salwa, se despliega uno de los proyectos de restauración con mayor proyección internacional de todo el desarrollo, Bujairi Terrace, un paseo elegante y cuidado hasta el último detalle sobre unos 15.000 metros cuadrados.
La oferta gastronómica reunida en este espacio es una de las más ambiciosas de todo el golfo Pérsico. Construida en el límite del sitio Patrimonio Mundial de At-Turaif, Bujairi Terrace reúne a más de veinte restaurantes y cafeterías en un barrio peatonal diseñado para evocar la arquitectura tradicional de adobe najdi. Entre sus locales conviven firmas internacionales con estrella Michelin, como Hakkasan, Tatel, Bruno y Long Chim, con propuestas nacidas en el propio reino, como Maiz, que celebra la herencia saudí tanto en sus platos como en su arquitectura exterior, con clásicos como el kabsa reinterpretados con un toque moderno, o Somewhere y Sum + Things, impulsados por la empresaria local Deem Albassam.
A ellos se suman referencias internacionales como la pastelería parisina Angelina, célebre por su chocolate caliente y su Mont Blanc, la barcelonesa Brunch & Cake, especializada en tostadas de aguacate y tortitas, o el italiano Altopiano. El horario de la zona permite planificar tanto comidas tempranas como cenas y algunos locales abren hasta bien pasada la medianoche, lo que convierte a Bujairi Terrace en un punto de encuentro animado hasta bien entrada la noche, especialmente cuando el sol se pone sobre las murallas de At-Turaif.
Junto a la oferta gastronómica, el desarrollo ha ido incorporando también espacios comerciales. El nuevo centro comercial Zallal ya está abierto, mientras avanza la construcción del ambicioso complejo Diriyah Square, que aspira a convertirse en uno de los grandes centros de compras y ocio de la región, con cifras que dan idea de su magnitud: 400 tiendas, 100 restaurantes, seis hoteles y 34 branded residences.
El desarrollo también contempla una gran zona verde de esparcimiento. El paseo de Wadi Hanifah será un recorrido paisajístico por el valle que conectará el distrito histórico con las nuevas áreas residenciales y de ocio, recuperando así el papel que ese mismo cauce estacional tuvo en el nacimiento de la ciudad hace más de seiscientos años.
Hoteles, universidad y el futuro de Diriyah Gate

La lista de aperturas hoteleras también avanza a buen ritmo. El hotel boutique Bab Samhan ya recibe huéspedes junto a las murallas históricas y The Langham Diriyah tiene previsto abrir sus puertas en este 2026, al igual que The Chedi Wadi Safar, situado en el desarrollo de lujo de Wadi Safar, a unos once kilómetros al sur del núcleo histórico. Les seguirán Rosewood Diriyah y Orient Express Diriyah Gate entre 2027 y 2028, mientras marcas como Aman, Ritz-Carlton, Raffles, Park Hyatt y Four Seasons también han anunciado acuerdos para sumarse al proyecto en los próximos años.
El plan maestro incluye además equipamientos culturales y educativos como la futura King Salman University y el House of Saud Museum, con los que la Diriyah Gate Development Authority, dirigida por Jerry Inzerillo, busca completar una oferta que combine memoria histórica, formación y ocio en un mismo enclave.
Diriyah se ha convertido en el ejemplo más visible de cómo Arabia Saudí utiliza su patrimonio histórico como motor del turismo cultural. Su distrito de At-Turaif conserva intacto el peso simbólico del lugar donde nació el reino. Con el paso de los años, y a medida que se completen los nuevos hoteles, el centro comercial de Diriyah Square y el paseo de Wadi Hanifah, este enclave a las puertas de Riad aspira a consolidarse como una de las escapadas culturales de referencia en Oriente Medio.

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