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Pasando la playa del Jabito y el famoso restaurante Don Pepe se inicia uno de los tramos de carretera más espectaculares de todas las islas Canarias, el que pasa junto a la Montaña Roja siguiendo la FV-104 en dirección norte y atraviesa las Dunas de Corralejo, el desierto canario, un paisaje único en España que asombra al viajero más curtido: dunas de arena fina, blanca y dorada que se asoman al mar, como un pedazo del África sahariana lanzado al Atlántico, que diría Unamuno.  

Ubicado al norte de Fuerteventura, en el municipio de La Oliva, poco antes de entrar en la propia localidad de Corralejo, el Parque Natural Dunas de Corralejo ofrece al visitante no solo las dunas más grandes de Canarias, sino también un entorno sublime en el que la aridez y la humedad forman una armonía insospechada. A continuación, recorremos este paraíso isleño.

Las Dunas de Corralejo: el desierto de Canarias 

Dunas de Corralejo - Fuente: Depositphotos
Dunas de Corralejo – Fuente: Depositphotos

Aunque inicialmente formaba un conjunto protegido con la isla de Lobos —que visitaremos después—, desde 1994 el Gobierno canario decidió disociar ambos espacios generando dos parques naturales complementarios.  

Desde 2009 forma parte de la Reserva de la Biosfera de Fuerteventura cuyo objetivo es armonizar la conservación de la diversidad biológica y cultural y el desarrollo económico y social a través de la relación de las personas con la naturaleza. 

Y es que en las 2.340 hectáreas de las Dunas de Corralejo hay mucho que armonizar y cuidar. Porque estas dunas tienen un origen orgánico al contrario que otros entornos desérticos: son fruto de la disgregación y la pulverización de conchas de moluscos y de otros organismos marinos con esqueleto interno por acción del viento y la erosión durante miles de años.  

Son dunas fijas y móviles que se proyectan al interior por esa acción eólica hasta llegar a la Montaña Roja que, con sus 212 metros de altura, marca el extremo sur del parque. El límite norte lo marca la propia localidad de Corralejo con la carretera FV-104 que hace un giro hacia el interior de la isla al llegar al pueblo.   

Estamos ante una franja costera de casi 11 kilómetros de largo por unos 2,5 kilómetros de ancho que cuenta con dos sectores diferenciados. Por un lado, las propias dunas de la sección norte y, por otro, la zona volcánica del sur, más en consonancia con el paisaje habitual que encontramos en Fuerteventura: es el Malpaís de Los Apartaderos, con sus tres cráteres y el campo de hornitos además del cono volcánico de la Montaña Roja que también forma parte del parque. 

¿Cómo disfrutar de las Dunas de Corralejo? 

Dunas de Corralejo - Fuente: Depositphotos
Dunas de Corralejo – Fuente: Depositphotos

Antes de que te lances a sacar fotos de las dunas, varias advertencias. Se trata de un paraje natural que debemos proteger, no solo porque nos puedan multar si no respetamos la normas, sino porque su biodiversidad es altamente sensible a la actividad humana.  

Por eso no se permite acampar, ni utilizar vehículos fuera de los lugares autorizados, ni la liberación de especies domésticos como perros, ni la práctica de actividades que modifiquen el perfil dunar o compacten la arena como el kitesurf. Además, no debes salirte de los senderos habilitados. Y también se advierte que no deben apilarse piedras formando torres, algo cada vez más habitual en este tipo de paisajes y que es pernicioso para el ecosistema.  

Y es que en este entorno tan aparentemente hostil podrás comprobar cómo se abren paso diferentes especies vegetales como la icónica euphorbia paralias, que por el nombre no te dirá nada, pero que verás en buena parte de las dunas, especialmente hacia el interior: unas plantas herbáceas de 75 centímetros de altura habituales en los sistemas dunares costeros no estabilizados como este. Junto a ella, el cebollín estrellado, también de apariencia inconfundible. 

Pero no solo la vegetación se abre camino en el desierto majorero, sino también algunos animales, especialmente aves, que frecuentan el lugar. Es el caso, por ejemplo, del cigarrón palo majorero, especie endémica de la isla, o la hubara canaria, un ave que es una subespecie también endémica que habita únicamente Lanzarote, La Graciosa y la propia Fuerteventura y que está en peligro de extinción.  

Dos rutas por el parque 

La Montaña Roja - Fuente: Unsplash
La Montaña Roja – Fuente: Unsplash

La Guía de Senderos de La Oliva “Huellas de Leyenda” editado por el Ayuntamiento de La Oliva propone dos magníficas rutas para conocer la sección sur del parque natural.  

Volcán los Apartaderos 

La primera de ellas suma 5,5 kilómetros y nos lleva a conocer el Volcán los Apartaderos. Dejando el coche en una zona de aparcamiento junto a la FV-104, pasando la Montaña Roja y el Barranco de las Pilas, se debe tomar un camino hacia el interior que también aparece en Google Maps, siempre dejando el volcán a tu izquierda.  

Tras la primera fase del recorrido, se pasa ante un grupo de casas y corrales de cabras y se tuerce hacia el sur. Cuando llegues a las ruinas del acueducto debes poner rumbo al este para seguir el cauce del Barranco de las Pilas por el camino habilitado hasta el punto inicial de la ruta. Es una buena manera de conocer el malpaís majorero que contrasta con las deslumbrantes —a veces literalmente por el reflejo del sol— dunas del norte.  

Montaña Roja 

Ya que hemos hablado tanto hasta ahora de este hito montañoso que marca el límite sur del parque, es obligado subirlo, ¿no? Para ello podemos partir del mismo punto que en la ruta anterior yendo en dirección contraria por el sendero del Barranco de las Pilas. Tras recorrer algo más de dos kilómetros verás un desvío hacia al sur que conduce hasta el Mojón de Las Velas.  

Como habrás supuesto, a cambio de un pequeño esfuerzo tienes una de las mejores panorámicas de las Dunas de Corralejo, con el Atlántico y el islote de Lobos e incluso Lanzarote al fondo. Para volver al punto de partida debemos seguir la misma ruta, o bien la podemos combinar con la ruta precedente del volcán en sentido inverso y hacer las dos de una misma tacada. En tal caso son unos 8 kilómetros en total.  

Las playas de las Dunas de Corralejo 

Dunas de Corralejo - Fuente: Depositphotos
Playas en las Dunas de Corralejo – Fuente: Depositphotos

Ha llegado el momento del ponernos el bañador. Porque, al fin y al cabo, las Dunas de Corralejo también ofrecen algunos de los mejores baños de las islas Canarias, y eso es mucho decir teniendo cuenta que el litoral canario es una de las grandes joyas playeras de todo el planeta.  

Son más de tres kilómetros de costa que responde al nombre de Grandes Playas de Corralejo. Y pese a que, en la práctica, es una franja de arena casi continua, buena parte de los sectores tienen su propio nombre y unas características diferentes, también para los surfistas que frecuentan esta zona: si quieres aprender a hacer surf, Corralejo está plagado de escuelas

El primer sector que encontramos tras entrar en las Dunas desde el sur es el Moro, junto a los restos de un búnker ya casi devorado por la arena: una playa de oleaje moderado —lo habitual por aquí porque el viento encuentra pocos obstáculos geográficos— y de 300 metros con 30 metros de anchura. 

Pasando el Moro llegamos al Dormidero, también conocido como el Burro, con 700 metros y 45 de anchura, uno de los sectores más frecuentados. Después está el Bajo Negro con 400 metros. Esta sección es interesante porque se encuentra más alejada de la carretera, la cual en este punto gira ligeramente hacia el interior. Por eso está menos frecuentada, aunque debemos decir que, dada la enorme extensión de las playas de Corralejo, aquí no encontrarás el tumulto de algunos arenales mediterráneos: hay sitio para todos.  

Cometas en las playas de Corralejo: Fuente: Depositphotos
Cometas en las playas de Corralejo en el festival que se celebra en noviembre: Fuente: Depositphotos

Y, por fin, llegamos al Caserón, con su más de kilómetros y medio, tal vez la sección más popular por encontrarse cerca de los hoteles de las Dunas. Pero, un momento, ¿hoteles en medio de un parque natural protegido? ¿Cómo es esto posible? 

Necesitaríamos tres o cuatro artículos como este para explicar el embrollo legal que tienen montado entre la cadena Riu que gestiona los dos complejos hoteleros de la zona —Oliva Beach Resort al sur y Palace Tres Islas, el mamotreto que rompe por completo la armonía del paisaje de las dunas vistas desde las playas del norte—, el Gobierno de Canarias y el propio Gobierno de España.  

Nuestras últimas noticias, tras el traspaso de las competencias en costas al gobierno autonómico, es que este aspira a salvar, al menos de momento, los hoteles, amparándose en los puestos de trabajo que genera. Y es que el primero de estos hoteles se construyó en la década de los 70, antes de que se estableciera la protección sobre la zona. Y ya sabéis que si no hay ley que proteja, para algunos no hay nada que proteger.  

Una vez pasado el mamotreto hotelero, tenemos las secciones del Viejo, Médano y el Pozo. Es en esta zona donde también encontramos más actividad surfista, especialmente de esas escuelas que ofrecen cursillos para coger las primeras olas… y pegarnos los primeros tortazos intentado mantener el equilibrio. 

Una visita a la isla de Lobos 

Playa de las Conchas en la Isla de Lobos - Fuente: Depositphotos
Playa de la Concha en la isla de Lobos – Fuente: Depositphotos

Durante buena parte de nuestro recorrido por las Dunas de Corralejo hemos tenido la silenciosa compañía de un centinela que nos vigila mar adentro. Es la isla de Lobos —cuyo nombre deriva de las focas monje o lobos marinos que frecuentaron la zona hasta hace décadas— un pequeño islote de 4,5 kilómetros cuadrados y casi 14 de litoral que es un imprescindible para tener un panorama completo del norte majorero. 

Y no olvidemos, en este sentido, que formó un conjunto protegido junto a las Dunas hasta 1994. Pero es que, al parecer, el islote de Lobos fue propiedad de Riu hasta 2007 que lo cedió al Gobierno español a cambio de la concesión del terreno de las dunas que ya ocupa hasta 2037.  

De cualquier manera, en la actualidad, y tal y como es necesario desde hace años en las Islas Atlánticas gallegas, desde 2019 el cabildo de Fuerteventura ha impuesto una autorización para poder visitar el islote de Lobos, la cual se puede obtener por Internet y es gratuita. Es el lobo pass. Debes sacarlo con al menos cinco días de antelación.

Calas del Puertito en la isla de Lobos - Fuente: Depositphotos
Calas del Puertito en la isla de Lobos – Fuente: Depositphotos

El objetivo es el mismo que en las Cíes, controlar el flujo de visitantes para proteger otro paraíso natural: solo pueden visitarlo 200 visitantes simultáneos. El ferry que parte del puerto de Corralejo te lleva en pocos minutos al Puertito de isla de Lobos. 

¿Y qué hacer en la isla de Lobos? Puedes empezar por ir el centro de visitantes donde encontrarás información sobre la isla la cual se encuentra ubicada en el estrecho de la Bocaina, entre Fuerteventura y Lanzarote.  

Son 470 hectáreas de una isla que se formó, según los geólogos, hace 135.000 años, durante el mismo periodo eruptivo que dio origen a la ampliación de Fuerteventura hacia el norte, junto a los volcanes de Mascona y Bayuyo, que también se pueden recorrer en varias rutas partiendo de Corralejo.  

Dos rutas y una playa en la isla de Lobos 

Sendero por la Isla de Lobos - Fuente: Depositphotos
Sendero por la isla de Lobos con la Montaña de la Caldera al fondo – Fuente: Depositphotos

Para recorrer Lobos nada mejor que la ruta circular que nos lleva por buena parte del litoral del islote pasando por el Saladar del Faro y el propio Faro Martiño, al norte de la isla, las salinas del suroeste, y las Lagunitas del oeste.  

Tal vez la parte más sorprendente de la ruta sea, no obstante, la que recorre el interior de la isla, desde el Faro Martiño hasta la desviación hacia el oeste que nos conduce a la segunda ruta, complementaria a la primera: una subida a la Montaña de la Caldera de 123 metros. De acuerdo, esto no es el Aconcagua, pero las vistas desde aquí impresionan: otra perspectiva de las vecinas Dunas y de las islas de Fuerteventura y Lanzarote.  

Y para finalizar este inolvidable periplo por uno de los emblemas de Fuerteventura, un chapuzón en una de las playas más divinas de las Canarias. Que sí, que hay muchas y muy divinas en las islas afortunadas, pero lo de la playa de la Concha merece capítulo aparte: un semicírculo de arena blanca con algunas piedras bañado por aguas turquesas y apacibles que contrastan con el habitual nervio de las vecinas dunas. Otro momento para no olvidar en el paraíso natural del norte majorero.  

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