A menos de media hora de Madrid en cercanías, sus calles porticadas, su universidad fundada en el siglo XV y el peso simbólico de ser la cuna de Cervantes le bastan para competir con cualquier destino cultural del país. Ciudad Patrimonio de la Humanidad, premiada como mejor destino de Turismo Urbano en España en 2024, la ciudad complutense ha sabido añadir en los últimos años una capa nueva a su atractivo histórico.
Porque Alcalá de Henares ya no se visita solo para ver la casa natal del autor del Quijote o pasear por el claustro renacentista de su universidad. Se viene, cada vez más, a comer. Y si uno quiere entender de verdad cómo late esa escena culinaria, la mejor forma es dejarse llevar por sus calles desde la mañana hasta la tarde, con hambre y sin prisa.
De tapeo en Fino Bar

La mañana avanza despacio en el centro histórico. Los turistas empiezan a llenar los soportales y los alcalaínos de toda la vida ocupan ya las primeras mesas de las terrazas. Es el momento de entrar en Fino Bar, uno de los locales que con más fuerza ha irrumpido en la escena gastronómica de la ciudad en los últimos años. Ubicado en el casco histórico de Alcalá, en la calle Carmen Calzado 15, a estas alturas casi todo el mundo lo encuentra de memoria o siguiendo el instinto.
Al frente del proyecto está Alberto Sánchez, socio-fundador y director de sala, junto a Fran Rodríguez, gerente de Monio Group. La trayectoria de Sánchez explica buena parte del nivel que se respira en el local. Formado en la Escuela de Hostelería de Alcalá de Henares y en la Cámara de Comercio como sumiller, pasó por cocinas de referencia como Azurmendi y el desaparecido Santceloni, dos restaurantes con estrellas Michelin, antes de volver a su ciudad natal para poner en marcha su proyecto más personal.




Fino Bar
La propuesta de Fino Bar es deliberadamente versátil. Su gran barra invita a un formato más informal: raciones y pizza con una copa de vino, un vermut elaborado expresamente para el restaurante en la bodega Bocamanga o una cerveza de sus barriles Mahou. En el comedor, en cambio, la atmósfera se torna más reposada, pensada para comidas en familia, celebraciones o reuniones de trabajo que merecen espacio y calma. El menú del día, cuidado y orientado al producto de temporada, ha convertido al local en parada habitual tanto de vecinos como de visitantes.
Al frente de la cocina está Raúl Álvarez, un cocinero con rodaje en locales como el Casino de Alcalá y Francesco's, que maneja el recetario tradicional con una vuelta de hoja inteligente y personal. Su plato estrella son los torreznos de Alcalá, elaborados con una receta que es el secreto mejor guardado de la casa. Junto a ellos, la carta ofrece propuestas como las cremosas croquetas de cecina, el boissant de jarrete de ternera con kétchup de tomatillo verde, los pimientos rellenos de brandada de bacalao con tartar de gamba, o la molleja de ternera con hummus. La carta mantiene además cuatro pizzas de autor, guiño explícito a los orígenes del grupo en Francesco's Pizza, el local que lo puso todo en marcha.
La bodega es otro de los grandes argumentos de Fino Bar. Sánchez, que también ejerce como sumiller, ha reunido unas 115 referencias de vinos, casi todos nacionales, y se ocupa personalmente de guiar al comensal a través de la carta. La singularidad está en que la práctica totalidad de la selección puede pedirse por copa, algo que no es habitual en este tipo de locales y que permite explorar el catálogo sin compromisos. El precio medio se sitúa entre 30 y 35 euros, una cifra más que razonable para el nivel del producto y del servicio.
Entre plato y plato, la ciudad te espera

Salir de Fino Bar con paso tranquilo es la mejor manera de digerir el aperitivo y preparar el estómago para lo que viene. El centro histórico de Alcalá de Henares está hecho para caminar sin destino fijo. El escenario gastronómico se traslada a las terrazas para ofrecer platos de temporada con vistas a los encantos de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Las calles porticadas del casco antiguo, la fachada plateresca de la Universidad Cisneriana, el mercado de abastos o el antiguo Corral de Comedias son estaciones naturales de esa caminata que no exige mapa ni guía. A medida que uno avanza aparecen también patios escondidos tras puertas de madera centenarias, conventos silenciosos, librerías históricas y terrazas que ocupan plazas donde la vida universitaria sigue marcando el ritmo cotidiano.
La Calle Mayor, considerada una de las calles porticadas más largas de España, funciona como eje de esa Alcalá literaria y cervantina donde cada rincón parece guardar una referencia al Siglo de Oro. Muy cerca, la Catedral Magistral, el Colegio de San Ildefonso o la Casa Natal de Cervantes ayudan a entender por qué esta ciudad fue durante siglos uno de los grandes centros intelectuales de la península.
El destino final es la Plaza de Cervantes, el corazón neurálgico de la ciudad. Allí, frente a la estatua del escritor más universal que ha dado España, se levanta uno de los edificios más singulares del centro histórico alcalaíno. No hace falta buscar el cartel.
El Casino de Alcalá, gastronomía en un palacio histórico

El restaurante Casino está situado en el palacio neomudéjar del Círculo de Contribuyentes, una obra de 1893 del arquitecto Martín Pastells. El edificio, en sí mismo, ya justifica una visita. Sus techos altísimos, la luz que entra a raudales y la mezcla de solemnidad arquitectónica con un ambiente desenfadado y cálido crean un escenario difícil de igualar en cualquier ciudad de tamaño similar. «Es una parada obligatoria para cualquier turista o vecino. Es un sitio emblemático por todo el enclave y el edificio que le acoge, todo el conjunto hace que sea la seña de identidad de la compañía», nos comenta Fran Rodríguez, fundador de Monio Group.
El espacio interior se divide en tres ámbitos diferenciados. El salón principal, llamado Noble, tiene capacidad para entre 30 y 50 personas. El reservado admite hasta 30 comensales. Y el Patio, sala acristalada tipo invernadero con dos maravillosos olivos, puede acoger a 70 personas. A ellos se suman dos terrazas exteriores a distintas alturas: una a pie de calle, con capacidad para 80 personas, y otra al cobijo de las escalinatas del restaurante, para 30. Toda esa arquitectura de espacios permite que el Casino funcione bien tanto para una comida de trabajo como para una celebración familiar o una cena romántica.







El Casino
La cocina, renovada recientemente, está en manos de los jóvenes chefs Carlos Ordiales y Alejandro Alberquilla, dos profesionales con trayectoria en restaurantes de referencia, experiencia en dirección de cocina, técnica contemporánea y trabajo con producto de temporada, incluidos proyectos con estrella Michelin en su currículo. Su propuesta actualiza los sabores de siempre sin abandonar la identidad del restaurante.
Entre las incorporaciones más llamativas figura el puerro al Josper con salsa holandesa y papada ibérica, que combina lo vegetal con matices ahumados; los torreznos crujientes con patatas revolconas, reinterpretación castiza y sabrosa de este clásico, y la tabla de quesos Selección con membrillo y regañás, pensada para los amantes del producto artesano.
Junto a las novedades, el Casino mantiene platos emblema que le han dado su reputación. El risotto de sémola trufado, el steak tartar o el tomate de huerta son referencias que los habituales esperan en la carta y que los nuevos visitantes descubren con agrado. La cocina de temporada aporta frescura y rotación a una propuesta que, en conjunto, busca el equilibrio entre tradición y técnica sin caer en los excesos de ninguno de los dos extremos.
La sala tiene en Sergio Adán, sumiller y director de sala, a su principal dinamizador. Adán ha diseñado una bodega con más de cien referencias y se encarga de que el vino sea un argumento más de la experiencia, no un mero acompañamiento. Su trabajo convierte cada comida en un recorrido por la geografía vinícola española, siempre atento a los ritmos de la mesa y a lo que el comensal necesita en cada momento.
Tanto Fino Bar como Casino Alcalá participan en las grandes citas gastronómicas de la ciudad, como la Semana de la Tapa Europea, lo que habla de su integración en el tejido cultural y turístico de la ciudad.
Monio Group, el motor silencioso de la gastronomía complutense
Detrás de Fino Bar y del Casino de Alcalá hay un mismo nombre. Fundado en 2010 por Fran Rodríguez Monio, Monio Group nació con el objetivo de renovar la hostelería alcalaína. Lo que empezó con Francesco's Pizza, un local de 45 metros cuadrados en la calle Libreros que vendía pizza en porciones, se ha convertido en un grupo con diez establecimientos y seis marcas propias. Esas marcas son Francesco's Pizza, Casino de Alcalá, Frankie Burgers, Taberna San Isidro, Fino Bar Restaurante y Taberna 7 y Taberna 7 Bar. Cada proyecto tiene personalidad propia, pero todos comparten una filosofía de producto de calidad, servicio impecable y espacios cuidados al detalle.
Con más de 14 años de trayectoria, el grupo se ha consolidado como un referente en Alcalá de Henares y sigue creciendo en Madrid, donde busca reforzar su presencia en los próximos años. Con siete locales en Alcalá de Henares y tres en Madrid, su filosofía es clara: elevar la gastronomía local sin perder la esencia. Ese equilibrio entre ambición y arraigo local es precisamente lo que hace a Monio Group un actor singular en el panorama hostelero de la Comunidad de Madrid. No es un grupo que haya construido su modelo en la capital y luego se haya expandido hacia la periferia. Es exactamente al revés, y eso se nota en la autenticidad de cada propuesta.

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