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Érase una vez un pueblo mágico cubierto de palmeras, cedros rojos y huanacaxtle que se asomaban a playas de arena doradas bañadas por la sedosa espuma de olas incesantes. Por aquel entonces, el tiempo en Sayulita lo marcaban las puestas de sol y el cultivo de los cocoteros en la hacienda de Jaltemba.

Pero un buen día unos gringos melenudos se abren paso entre la selva armados con sus longboards ávidos de descubrir un nuevo spot. Y quedan extasiados ante la belleza virginal de sus playas. Cuando pocos años más tarde se finaliza la Carretera Federal 200 que recorre buena parte del litoral suroccidental mexicano, el turismo culmina su desembarco en este pueblo hasta convertirlo en uno de los destinos más visitados de todo el país. Así es Sayulita, el pueblo más hipster de México. 

Sayulita, paraíso surfista 

Sayulita
Fuente: Depositphotos

La Riviera Nayarit, que tiene su centro neurálgico en Nuevo Vallarta en el municipio de Bahía Banderas —a un paso de Puerto Vallarta ya en el estado de Jalisco—, cuenta con unos 300 kilómetros de costa entre los que Sayulita brilla con especial fulgor.

Como sucede en otros paraísos costeros, los surfistas fueron los primeros en descubrir el potencial de este rincón protegido por la punta Sayulita a una media hora al norte de Punta Mita



Aquellos riders del norte certificaron que aquellas historias sobre un paraíso de olas en la Riviera Nayarit eran ciertas: Sayulita ofrece varias playas con un banco de arena apto para principiantes, así como izquierdas y derechas de hasta 4 metros para surfistas experimentados.  

Sayulita
Fuente: Pexels

Al calor de este peregrinaje surfista, van surgiendo tiendas, cafés y escuelas de surf hasta el punto de que el litoral de Sayulita empieza a ser comparado con Manhattan Beach en Los Angeles County. La apertura definitiva de la Carretera Federal 200 es el espaldarazo definitivo para que este rincón se convierta en un icono del litoral pacífico mexicano.  

Desde entonces, Sayulita se ha erigido en un destino imperdible para surfistas siendo sede de diversos campeonatos, además de ser la cuna de algunos profesionales de reconocido prestigio como Adrián Rodríguez que representó a su país en 4 mundiales ganando el Zicatela Open Pro 2015 disputado en Puerto Escondido (Oaxaca). Gracias a su banco de arena y sus suaves olas, Sayulita es también un sitio ideal para que los más pequeños se inicien en este deporte. 

Las playas de Sayulita 

Sayulita
Fuente: Pixabay

No cabe duda de que el mayor atractivo de Sayulita son sus playas, incluso aunque no tengas intención de surfear. A poco más de 5 kilómetros al norte de Sayulita se ubica San Francisco, hogar de los indígenas huicholes y coras que fueron los primeros en bañarse en la playa de San Pancho con sus violentas olas izquierdas de hasta cuatro metros. Menos masificado que la vecina Sayulita, pero con un similar ambiente hippie, hará las delicias de los nostálgicos. 

Tras pasar la pequeña y protegida playa de San Panchito, llegamos a la playa de Malpaso, menos popular ya que no tiene un pueblo en su litoral como en el caso de los arenales vecinos. Ideal para sentir que estás en un paraíso solitario… a solo dos pasos del fragor de Sayulita. 

Sayulita
Fuente: Depositphotos

Y es que a un par de minutos al sur de Malpaso, ya entramos en la playa de Sayulita por su extremo norte. A medida que vamos descendiendo hacia al sur, el litoral se va animando y poblándose de toallas, sombrillas y tablas de surf. Pero todavía nos queda una última sorpresa. 

Tras cruzar la pequeña colina de Punta Sayulita llegamos a la playa de los Muertos. Pero que no te engañe el nombre: es uno de los arenales más tranquilos de la zona con olas suaves ideales para un baño relajante. 

Más al sur de Punta Suyalita, el litoral sigue ofreciendo deliciosos arenales como Carricitos o Pátzcuaro hasta llegar a Careyeros, ya en Punta de Mita donde se localizan algunos de los hoteles más lujosos de México. Pero esa ya es otra historia bien diferente a la de Sayulita…

Recorriendo las calles de Sayulita 

Sayulita
Fuente: Depositphotos

Tras este tute de baños y olas que nos hemos metido es hora de darnos una vuelta por el pueblo y reponer fuerzas. Sayulita comparte con otros coquetos destinos costeros ese ambiente distendido y con cierto aire hippie. Como dirían los propios mexicanos, Sayulita está chido y tiene muy buena onda.  

Los puestos callejeros de artesanía se mezclan con los centros de yoga, las escuelas de surf y, por supuesto, muchos bares, restaurantes y hoteles. Pero, además, Sayulita sorprende por su vena artística representada por el arte huichol que agrupa las tradiciones de los indígenas de Nayarit y otros estados limítrofes. 

Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, buena parte de este pueblo fue retirándose hacia el oeste hasta llegar al litoral pacífico que los recién llegados del otro lado del Atlántico tardarían en explorar. Su habilidad en la confección del estambre se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días tal y como se puede ver casi en cada rincón de Sayulita. Y es que el arte huichol comparte con la cultura hippie y surfista su celebración de la vida, el color y la naturaleza.  

Siguiendo la calle Delfines o la calle Marlín que corren paralelas desde la playa alcanzamos la plaza de Sayulita, el centro neurálgico de la localidad nayarita desde la que tenemos una entrañable panorámica de este pequeño paraíso multicolor. 

Descubriendo la naturaleza de Sayulita 

Sayulita
Fuente: Unsplash

Después de recorrer sus playas y callejear un rato, aún nos queda por descubrir ese tapiz verde que se extiende desde la costa hacia el interior, un impresionante paraíso apenas alterado para la mencionada carretera 200 que conecta Nayarit con Chiapas. 

En plena selva nayarita se ubica el Rancho Mi Chaparrita, a cinco minutos del centro de Sayulita, el lugar ideal para todos aquellos fanáticos de las emociones fuertes. Desde tirolinas a puentes colgantes, pasando por el avistamiento de las legendarias ballenas jorobadas de la zona o paseos a caballo por las playas vecinas. 

Una de las actividades más interesantes que ofrecen en este centro de ocio es el ascenso al Cerro del Mono, una montaña ubicada a medio camino entre Punta Mita y la propia Sayulita que es un imperdible para el amante del senderismo.

Sayulita
Fuente: Turismo.bahiadebanderas.gob.mx

Imagínate atravesando una espesa jungla hasta alcanzar los 350 metros de la cima del cerro desde el que se tiene una fantástica perspectiva de Bahía Banderas y la península que agrupa Punta Mita y Sayulita: no es un ascenso nada sencillo, pero el premio bien vale el esfuerzo.

Desde este cerro también se divisan al sur, mar adentro, las islas Marietas frente a la Bahía Banderas que baña Puerto Vallarta, otro imperdible en el entorno natural de Sayulita.

Tanto desde Punta Mita como desde Sayulita podemos acudir a esta Parque Nacional reconocido como Reserva de la Biosfera que cuenta con playas legendarias como la playa del Amor o playa Escondida a la que solo se puede acceder nadando a través de un túnel de roca volcánica… ¡Una locura! La última perla del entorno natural de este pueblo mágico de la costa pacífica mexicano.

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