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En pocos lugares del mundo la palabra infinito adquiere tanto sentido como en la isla portuguesa de Madeira. Infinito es, por supuesto, el océano Atlántico que se pierde en su horizonte. Infinito parece el mundo cuando asciendes al Pico del Arieiro y te sitúas sobre un mar infinito de nubes. Infinita es Funchal, una ciudad que se extiende montaña arriba y nadie sabe muy bien dónde termina. Infinitos son sus viñedos y sus plataneros. E infinita es, en definitiva, Madeira.

Durante una semana hemos recorrido la isla portuguesa para conocerla más a fondo y contarte de primera mano qué ver y hacer en Madeira, reconocida en los últimos años como el mejor destino insular del mundo.

Qué ver en Madeira

Funchal

La ciudad de Funchal, ubicada en la costa sur de la isla, es la capital de la región y la ciudad más grande de isla. Encerrada entre el mar y la montaña, se extiende de formas imposibles por las laderas en una morfología que resulta cautivadora desde el mismo momento en el que aterrizas en su particular aeropuerto. Un aterrizaje, por cierto, que ya no resulta tan peligroso como hace unos años pero que sigue resultando bastante emocionante, por decirlo de una manera positiva.

La parte más turística de la ciudad se sitúa en la zona baja, junto a la costa y es el mejor lugar para iniciar nuestro recorrido. Podemos empezar, por ejemplo, en la Avenida Do Mar para disfrutar de la brisa marina y relajarnos en su bonito paseo marítimo o su pequeña marina y puerto, desde donde salen los diferentes ferrys a Porto Santo y los barcos de recreo o para el avistamiento de delfines y ballenas. Aquí, se encuentra también la plaza y el museo dedicado a Cristiano Ronaldo, original de Madeira y toda una leyenda en la isla.

Centro histórico

La Avenida Arriaga es una de las calles comerciales de Funchal y la que nos servirá de referencia para atravesar el pequeño pero encantador centro histórico de la ciudad. Si empezamos por el lado más cercano a la Marina, nos encontramos el Jardín Municipal de Funchal con una bonita fuente en su interior y una variada colección de plantas y flores. En ambos lados de la calle veremos algunos de los mejores ejemplos de arquitectura señorial como el Palacio del Banco de Portugal, que preside una bonita plaza muy representativa de la arquitectura local.

Muy cerca de aquí, resulta recomendable visitar la bodega Blandy’s para conocer la historia del vino en la isla y su importancia en la economía de la región en diferentes momentos de su historia. La bodega Blandy’s, en concreto, es toda una institución en Madeira. Fundada a mediados del siglo XIX, ha permanecido activa desde entonces y ha rehabilitado su bodega original con una zona habilitada para visitas turísticas y otra zona de tienda y restauración. Ofrecen varias opciones de tours, algunos en español, que incluyen una visita a las diferentes zonas de la bodega, así como una cata de sus diferentes variedades de vino. Resulta especialmente impresionante su colección de botellas de vino antiguas, muchas de las cuales suman más de cien años de historia.

Si avanzamos por la misma avenida, nos encontraremos con la Catedral de Funchal, un coqueto edificio de estilo colonial del siglo XVI, que mezcla estilos como el flamenco, el gótico y el manuelino. Destaca especialmente por su bella decoración interior y sus increíbles techos elaborados con la madera de la isla. Es el templo principal de la ciudad, pero no el único. En la ciudad abundan las iglesias como la de San Pedro, con su bonita decoración a base de los clásicos azulejos portugueses, o la de San Juan Evangelista, también conocida como Iglesia de los Jesuitas.

Podemos perdernos un rato entre las callejuelas que rodean la Catedral, llenas de pequeñas tiendas de artesanía o tabernas que conservan su aspecto más tradicional y donde podremos degustar la famosa bebida de la isla: la poncha. Una mezcla de aguardiente de caña de azúcar o cachaza, miel y limón, y cuya preparación es en sí misma todo un espectáculo. No es apta para todos los paladares, pero, avisados quedáis, después de la primera suele apetecer una segunda y una tercera … Un buen lugar para probarla es la Pharmacia do Bento (R. dos Tanoeiros 4).

Sin salirnos del centro histórico, podemos encontrar algunos interesantes museos. El Museo de Fotografía muestra una interesante exposición, pero destaca sobre todo por el interesante edificio que lo alberga y que conserva la estructura y mobiliario de un antiguo taller fotográfico del siglo XIX. Muy cerca, encontramos el Museo de Arte Sacro, el Museo de Historia Natural, la Casa Museo de Frederico de Freitas o la Quinta das Cruzes, una mansión del siglo XVIII hoy convertida en museo.

Cruzando la Rua 31 de Janeiro, llegamos a la conocida como Zona Velha, un área de origen humilde que creció más allá del centro histórico, más señorial, y que hoy se reivindica como un barrio dinámico y en plena ebullición. Podríamos decir que la puerta a la Zona Velha es el Mercado dos Lavradores que resulta ser una visita imprescindible en Funchal.

Sus vistosos puestos de fruta, flores o artesanía se reparten en torno a una plaza central con unos dependientes que aún visten de la forma tradicional. Por cierto, algunos no son muy amigos de las fotos y es posible que te pidan comprar algo o darles dinero a cambio de tu selfie así que, quizás, sea mejor que esperes a nuestra siguiente parada de la ruta.

Junto al mercado comienza la Rua de Santa Maria, la calle más pintoresca de Funchal y un auténtico imán para instagramers y amantes de la fotografía. Se trata de una estrecha calle flanqueada por humildes casas de arquitectura local que, gracias a la iniciativa Arte Portas Abertas, se ha convertido en una gran galería de arte al aire libre. Desde hace años, un grupo de jóvenes artistas ha ido revistiendo de color las puertas de las casas con toda clase de dibujos y murales convirtiéndola en la calle de moda de Funchal.

Es momento de coger el teleférico y ascender hasta la parte alta de la ciudad para visitar la Quinta Monte Palace. Existen varias líneas de teleférico en Funchal, pero en este caso deberemos coger el Teleférico del Monte, que sale de la estación situada en Campo Almirante de Reis. Podemos comprar un billete de ida y vuelta para volver en el mismo teleférico, aunque, como verás más adelante, hay otra manera mucho más divertida, y sorprendente, para descender.

Jardines de Monte Palace

Los jardines que se pueden visitar en la Quinta de Monte Palace son, sin duda, unos de las más completos que he visto en mi vida y aparecen de forma recurrente entre los más bonitos del mundo. Un recinto enorme compuesto por varios niveles y terrazas que nos van sorprendiendo por su variedad de diferentes estilos y una decoración floral que, al menos en verano, resulta cautivadora.

La historia de esta finca nace por el sueño de Charles Murray, cónsul inglés en la isla, quien comenzó la construcción del palacete y los jardines en el siglo XVIII, aunque fue ya bajo la propiedad de Alfredo Guilherme Rodrigues y José Manuel Rodrigues Berardo, su propietario actual, cuando adquiere su aspecto actual. A lo largo del paseo no dejaremos de encontrarnos infinitas sorpresas: una colección de arte africano de Zimbabue, una completa exposición sobre minerales, un jardín japonés con esculturas de buda, una impresionante colección de azulejos que narra la historia de Portugal … Hasta terminar en un cautivador estanque del que no nos querremos marchar.

En los alrededores de la Quinta, se encuentra también la bonita iglesia de Nuestra Señora do Monte que conserva los restos Carlos de Habsburgo, último emperador del imperio austriaco. Y junto a ella, el lugar de salida de los conocidos como Carreiros do Monte, la manera más alocada y divertida para descender hasta la ciudad. ¿Te atreves?

Carreiros do Monte

Si un amigo tuyo se tirase cuesta abajo metido en una cesta de mimbre, ¿tú también te tirarías?  Eso se preguntó alguien a mediados del siglo XIX y su respuesta debió ser afirmativa. Fue entonces cuando empezaron a utilizarse una serie de curiosos carros elaborados con mimbre, que no tienen ruedas ni volante, para transportar a personas. Se dejan caer desde los inclinados caminos que bajan desde Monte a Funchal y solo cuentan con el control que les aporta la sorprendente habilidad de sus conductores, los conocidos como carreiros.

En su origen se usaban para transportar mercancías y a las clases más pudientes que vivían en esta zona de la isla, pero hoy en día permanecen simplemente como un curioso reclamo turístico. Más de 150 carreiros se van alternando para conducir estos carros mientras una larga cola de turistas aguarda su turno. Más de uno, eso sí, se arrepiente en esta espera después de ver cómo estos carros salen disparados sin control en la primera cuesta y se dirigen hacia una carretera donde, oh vaya, no está cortada la circulación.

Pese a la sensación de peligro y/o emoción, nos aseguran que los accidentes no son para nada habituales. Viendo la extremada habilidad y experiencia de sus conductores nos lo podemos creer. El trayecto dura entre diez y quince minutos, dependiendo del tráfico que encontremos en el camino, y termina en Livramento. Una zona intermedia de la colina desde la cual podremos coger un autobús, un taxi o bajar andando una media hora hasta el centro de Funchal.

Zona sur de la isla

Si nuestro alojamiento se encuentra en Funchal o alrededores, lo normal sería empezar nuestro recorrido de la isla por el sur y visitar algunos de los bonitos pueblos que se esparcen por esta costa. Existe un bonito paseo marítimo que nos permite acceder a los más cercanos como Cámara de Lobos, atravesando las piscinas naturales de Lido o Praia Formosa. Al resto podremos llegar con nuestro coche o con algunos autobuses públicos que conectan los principales núcleos urbanos.

Câmara de Lobos y Ribeira Brava

Câmara de Lobos es un encantador pueblo que todavía conserva su espíritu marinero. Un reducido conjunto de callejuelas gira en torno a una pequeña bahía ocupada por las embarcaciones de los pescadores que se entremezclan con turistas practicando kayak o padel.

Justo junto al puerto se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de Conceiçao, una encantadora ermita de estilo colonial. Y, frente a ella, te animamos a buscar la estatua dedicada a Churchill, junto al hotel que lleva su nombre. El famoso político inglés era un enamorado de la isla y la visitó en varias ocasiones.

Muy próxima, se encuentra la población de Ribeira Brava que, quizás, no ha conservado el mismo encanto pero que cuenta con algunos atractivos turísticos como su Museo Etnográfico de Madeira, su capilla dedicada a San Bento o algunos bonitos miradores hacia la bahía.

Cabo Girao y Fajã Dos Padres

Entre ambas localidades podemos visitar un par de puntos de interés. El primero de ellos es el Cabo Girao y su espectacular mirador con suelo transparente de cristal, no apto para personas que sufran de vértigo. Sus 580 metros de altura le sitúan como el acantilado más alto de Europa, tal y como nos recuerdan en cada letrero que encontramos a nuestro paso.

El segundo es Fajã Dos Padres, un espectacular lugar que combina una preciosa cala de arena negra, un restaurante y un espectacular mirador en lo alto del acantilado al que podremos acceder a través de un teleférico que asciende casi en vertical.

Ponta do Sol y Paúl do Mar

En el lado sudoeste podemos disfrutar de los atardeceres más bonitos de la isla. Dos buenas opciones son las pequeñas localidades de Ponta do Sol y Paúl do Mar. En esta última encontraremos varios miradores habilitados para disfrutar de este espectáculo natural: el Miradouro da Raposeira y el Miradouro do Paúl do Mar están en la colina que asciende desde el pueblo. Y junto a la costa también encontramos algunos lugares habilitados a lo largo de su paseo marítimo. El interesante Museo de Arte Contemporáneo MUDAS lo podemos visitar en la vecina localidad de Calheta.

Ponta do Sol es una población construida sobre los antiguos depósitos rocosos provocados por la actividad volcánica de la isla, que han generado una serie de bonitas cascadas, algunas de las cuales caen al mar. El pequeño núcleo original del pueblo es realmente encantador con la iglesia de Nuestra Señora de la Luz o el antiguo puente del Camino Real que lleva hasta Madalena do Mar.

Un lugar perfecto para ver el atardecer es en Estalagem da Ponta do Sol, un cuidado hotel que cuenta con un restaurante y una bonita terraza con vistas a la bahía y al precioso atardecer.

Zona norte y este de Madeira

Sao Vicente y Seixal

Atravesamos la isla por sus larguísimos túneles para aparecer en la otra costa que, como veremos, cambia totalmente la fisionomía y el clima con respecto a Funchal. La carretera principal desemboca en Sao Vicente, una extendida localidad que se desarrolla a lo largo del río creando algunas postales realmente bellas.

Una visita muy interesante son sus famosas cuevas, que nos permiten conocer desde dentro cómo es un sistema de tubos de lava y algunas exposiciones sobre volcanismo. Actualmente solo está abierta la parte del museo, pero esperan reabrir las cuevas dentro de unos meses así que te recomendamos consultarlo primero.  

Antes de llegar al pueblo o al salir, recomendamos subir hasta la Capilla de Nuestra Señora de Fátima. Una humilde ermita a la que se llega tras ascender una empinada escalera y que nos ofrece una fantástica panorámica del valle orientado hacia el mar. Frente a ella, podemos acercarnos a comer a la Quinta do Barbusano, una de las bodegas con más prestigio de la isla que ofrece una experiencia de comida más cata de vino con unas vistas increíbles.

Desde el pueblo sale un antiguo tramo de la carretera, conocido como Ribeira do Inferno, que hoy podemos recorrer paseando o en bicicleta. Atravesaremos un par de túneles y un antiguo puente con bonitas vistas y algunas cascadas en determinadas temporadas del año.

Si seguimos la carretera de la costa hacia el oeste llegamos hasta Seixal, que puede presumir de tener algunas de las mejores playas de la isla. Es el caso de la playa Porto do Seixal, de arena negra y una pequeña cascada en uno de sus laterales. Al otro lado del pueblo se encuentra la Playa de Laje, mucho más rocosa que la anterior, pero con algunas zonas habilitadas para el baño y piscinas naturales.

Porto Moniz

Aunque si lo que buscamos son piscinas naturales, resulta imprescindible seguir nuestra ruta y llegar hasta Porto Moniz después de descender por una sinuosa carretera que esconde algunos bonitos miradores. Aprovechando los residuos de lava basáltica se han adaptado un conjunto de piscinas con agua natural en las que te apetecerá bañarte sí o sí.

En un extremo de la bahía tenemos una zona más nueva y reformada, perfecta si buscamos algo más de comodidad, con una zona de restauración, baños y cambiadores o tumbonas. Y, si buscamos algo todavía más natural, a unos pocos minutos andando se encuentran las antiguas piscinas naturales, que se distribuyen entre las rocas volcánicas. Cada persona tendrá su favorita.

Subiendo de vuelta por la carretera, ya sea en coche o caminando, podemos alcanzar los miradores de Santa o Ribeira da Janela con una bonita panorámica de este tramo de la costa. Otro punto interesante y muy fotogénico en esta área es el conjunto de los Ilhéus de Ribeira da Janela, unas curiosas formas rocosas que surgen del mar y que encontraremos en la carretera por la que hemos venido desde Seixal.

Santana y Porto da Cruz

Nos dirigimos hacia el lado este de la isla, sin abandonar su costa norte, para alcanzar Santana y sus famosas casas tradicionales. En el camino podremos ir parando en algunos de los miradores que encontraremos entre Ponta Delgada y Sao Jorge, como el de Beira da Quinta, o acercarnos a ver las fotogénicas ruinas de San Jorge.

Las casas tradicionales de Santana reciben el nombre de palhoças y son, sin duda, uno de los iconos más reconocidos de Madeira. Las verás en numerosas postales y en los folletos publicitarios de la isla. Antiguamente representaban la arquitectura habitual en esta zona de la isla, pero actualmente solo quedan algunos ejemplares y su único uso es el turístico. Se pueden visitar de forma gratuita.

En esta zona de la isla y alrededor de Porto da Cruz se localizan algunos de los miradores más impresionantes de la isla con increíbles panorámicas de acantilados donde se suceden colores como el verde de la vegetación, el negro de las rocas volcánicas o el intenso azul del Atlántico. Algunos los encontramos en la carretera, como el mirador de Portela o el de Cortado, mientras que para otros tendremos que realizar alguna de las rutas de senderismo de esta zona.

Punta de San Lorenzo

En el extremo sureste nos encontramos uno de los lugares más mágicos de la isla, y eso es mucho decir. Construido a cámara lenta por el capricho del tiempo y la actividad volcánica, se ha ido configurando una lengua de tierra que nos va empujando hacia el océano y nos ofrece unos paisajes de otro planeta.

Podemos empezar la visita disfrutando de las increíbles vistas a las que nos invita el mirador de Ponta do Rosto, que también resulta ser un lugar perfecto para ver el amanecer en la isla. Cuenta con un parking y algunas mesitas para comer o, como fue nuestro caso, desayunar después del madrugón para ver el amanecer.

Muy cerca, comienza la ruta de senderismo de Punta San Lorenzo, una de las más bonitas de la isla, que va atravesando diferentes puntos de interés en un paisaje lunar hasta llegar a la pequeña playa de las Sardinas. Justo antes de llegar encontramos un pequeño restaurante que aparece ante nuestros ojos como un oasis y, sin ser el mejor de la isla, es perfecto para hacer un pequeño descanso. Si no nos apetecer volver caminando, desde el pequeño embarcadero de la playa podemos coger una lancha que nos devuelve hasta el puerto de Quinta do Lorde.

Zona central de la isla

Bosque de laurisilva

Es posible que muchos turistas se queden obnubilados con la costa y se olviden de visitar la zona central de la isla. Sería un gran error porque la zona montañosa de Madeira esconde algunas joyas naturales únicas en el mundo. Es el caso, por supuesto, de su bosque de laurisilva, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su gran valor natural.

Se trata de un bosque con casi dos millones de años de historia que fue muy abundante en periodos prehistóricos pero que hoy está prácticamente extinto en el mundo. Actualmente ocupa unas 15.000 hectáreas, lo que supone aproximadamente el 20% de la isla. Está compuesto fundamentalmente por laureles, tilos y otras especies endémicas de la isla creando una gran diversidad biológica.

Para visitar el bosque de laurisilva existen numerosas rutas de senderismo que nos introducen en este ecosistema. Algunas de las más accesibles parten desde la zona este en torno a las poblaciones de Machico o Porto da Cruz como la ruta conocida como Vereda das Fundas, una de las más recomendadas para adentrarnos en la isla y tener, al mismo tiempo, preciosas panorámicas de la costa.

Pico do Arieiro

Con 1.818 metros, el Pico do Arieiro es el tercero más alto de la isla, solo por detrás del Pico Ruivo y el Pico das Torres. Es fácilmente accesible en coche, por una sinuosa carretera que atraviesa algunos paisajes de película, y nos ofrece algunas de las postales más impresionantes de la isla.

Si queremos disfrutar de las vistas, deberemos aprovechar algún día con el cielo despejado para disfrutar de una panorámica de 360 grados. No obstante, incluso en días con neblina o el cielo nublado, el lugar conserva una magia muy especial y resulta totalmente sugerente para amantes de la fotografía.

Desde aquí sale una ruta de senderismo muy conocida en la isla, pero solo apta para los senderistas más expertos por su alta dificultad. Nos lleva hasta el Pico Ruivo a través de diferentes tramos de escaleras y caminos empedrados. La parte más complicada es el tramo final de ascenso al Pico Ruivo, con una pendiente bastante pronunciada, así que una posible alternativa más sencilla pasaría por realizar solo un tramo y disfrutar de las espectaculares vistas que encontraremos en nuestro camino.

Curral das Freiras y Ribeiro Frio

Curral das Freiras es una pequeña población situada a los pies del Pico Arieiro. Utilizada como refugio durante la invasión francesa, todavía conserva la esencia más pura de los pueblos de montaña de Madeira. Podemos dar un paseo por sus callejuelas, visitar su coqueta iglesia y comer sus tradicionales castañas asadas en algún restaurante.

Alrededor también encontramos algunos de los mejores miradores de la isla. El más conocido es el de Eira do Serrado, que nos ofrece una bonita panorámica de Curral das Freiras y de los valles que caen al océano. Pero existen otras opciones como el mirador de la Fajana Negra, el de Paredao o el de Pico Grande.

Ribeiro Frio se encuentra las puertas de un parque forestal que lleva su mismo nombre donde está presente el bosque de laurisilva. Se ha convertido en un emplazamiento perfecto para amantes del senderismo y la aventura porque desde aquí parten algunas de las mejores rutas de senderismo de la isla. Cuenta con un buen número de alojamientos rurales y algunas tabernas tradicionales que sirven, según los locales, las mejores ponchas de la isla. Tendrás que probarlas para comprobarlo.

Porto Santo

Aunque todos reconocemos a Madeira como una isla, se trata en realidad de un archipiélago compuesto por cinco islas. Tres ellas, las conocidas como islas desiertas, no están habitadas y la otra es Porto Santo, un auténtico paraíso. Y es que, si buscamos playas de arena blanca y aguas cristalinas, lo mejor será coger uno de los ferries que parten desde Funchal para llegar hasta esta isla, situada a unos kilómetros de la isla principal de Madeira.

Se trata de un pequeño islote ocupado casi en su mayor parte por una espectacular playa de arena dorada que se extiende a lo largo de los nueve kilómetros de costa. Vila Baleira es la ciudad principal de la isla y en ella encontramos unos pocos hoteles y algunos museos como la Casa de Cristobal Colón, donde residió el personaje histórico.

Se puede llegar en ferry desde Funchal con una duración aproximada de dos horas. Sale todos los días por la mañana con diferentes horarios dependiendo del día y la temporada. Otra opción es en avión, con vuelos que salen del aeropuerto de Funchal y que duran apenas quince minutos.

Dónde comer en Madeira

La cocina tradicional de Madeira es muy completa y gira en torno a la carne y los pescados. No te vayas de la isla sin probar alguno de sus platos más típicos como la sopa de col, las espetadas en pau de lauro, el pulpo o polvo, el pez espada y, por supuesto, el riquísimo bolo do caco. Un bollo de trigo horneado que se unta con mantequilla y resulta adictivo. Os recomendamos los siguientes restaurantes, repartidos por la isla:

  • Ákua (R. Dos Murcas 6, Funchal): Un espectacular restaurante del chef Julio Pereira que apuesta por la fusión y platos realmente sorprendentes.
  • Chalet Vicente (Estrada Monumental 238, Funchal): Un amplio establecimiento en la zona hotelera de Funchal con una buena selección de platos tradicionales.
  • Quinta do Furao (Estrada da Quinta do Furão, Santana): Cerca de las casas tradicionales de Santana, se encuentra este restaurante que cuenta con una preciosa terraza con vistas a los acantilados.
  • Estalagem da Ponta do Sol: Hotel y restaurante con grandes vistas a la playa de Ponta do Sol y una terraza para disfrutar del atardecer.
  • Pau de Lume (Avenida do Infante 25, Funchal): Dentro del hotel Savoy Palace se esconde este elegante hotel donde las brasas son las protagonistas.
  • Quinta do Barbusano: A las afueras de Sao Vicente, se encuentra esta bodega que ofrece un menú basado en las tradicionales espetadas de ternera y una cata de sus diferentes gamas de vinos.
  • Adega do Pomar (R. Maria Ascensão, Camacha): Uno de mis restaurantes favoritos en Madeira fue este establecimiento al norte de Funchal que cuenta con elaboración propia de sidra y trabaja la mejor cocina tradicional.

Dónde alojarse en Madeira

Madeira cuenta con una gran oferta hotelera y multitud de opciones para todos los gustos como casas rurales, apartamentos, hoteles de lujo o resorts de todo incluido. En Funchal encontraremos la oferta más variada y es la opción la más cómoda para desplazarnos luego por la isla.

Si buscamos más tranquilidad podemos alojarnos en alguno de los pueblos de la costa. Hay hoteles repartidos a lo largo de toda ella, pero encontraremos más opciones en Machico, Caniço o Jardim do Mar en el sur y Porto Moriz, Sao Vicente y Ponta Delgada en el norte. Y, como dijimos antes, si prefieres un alojamiento más rural en el interior de la isla, la mejor opción es posiblemente Ribeiro Frio.

Algunos hoteles recomendados son:

  • Sé Boutique Hotel (Tv. do Cabido Nº 17, Funchal): Junto a la Catedral de Funchal, es un pequeño hotel que ha cuidado mucho el diseño y cuenta con habitaciones amplias y una preciosa terraza en el ático para disfrutar de una copa con vistas al mar.
  • Castanheiro Boutique Hotel (R. do Castanheiro 31, Funchal): No muy lejos de allí, también en el centro de Funchal, se encuentra este precioso hotel. Cinco edificios históricos han sido rehabilitados para ubicar las diferentes zonas del hotel con un diseño y elegancia realmente cuidados. En la azotea podemos disfrutar de una pequeña piscina y un jacuzzi, que resultan perfectos para terminar el día.
  • Quinta da Casa Branca (Rua da Casa Branca 7, Funchal): A las afueras de Funchal se localiza esta bonita casa solariega rodeada de bonitos jardines y una piscina climatizada que alberga uno de los mejores hoteles de la isla.
  • Quinta Vale Vitis (Estrada Dom Joao 160, Sao Vicente): Cerca de las cuevas de Sao Vicente, se encuentra este bonito alojamiento con piscina, gimnasio y bonitas vistas a la montaña.  
  • Savoy Palace (Avenida do Infante 25, Funchal): Si buscamos lujo, una de las mejores opciones es este hotel de cinco estrellas con piscina al aire libre, gimnasio y zonas exclusivas para sus clientes más premium.

Eventos y fiestas del año en Madeira

A pesar de ser una isla, es complicado aburrirse en Madeira gracias a la gran cantidad de eventos que ocupan su calendario. El más especial posiblemente es el Festival del Atlántico, que llena las noches de junio de luz y música. A lo largo de varios fines de semana, diferentes empresas de fuegos artificiales llegadas de todo el mundo compiten para mostrar el mejor espectáculo pirotécnico en el puerto de Funchal. El mejor de ellos tendrá el honor de cerrar el año con un gran espectáculo a lo largo de toda la costa.

Si tienes la ocasión, la mejor manera de disfrutar de este espectáculo es desde dentro de un barco frente a la costa. Ver cómo Funchal se ilumina bajo los fuegos artificiales es una experiencia realmente única. El Festival se completa con actuaciones musicales en el paseo marítimo y puestos callejeros de comida o bebida.

Antes, en primavera, tienen lugar dos importantes festividades. Uno es, por supuesto, el carnaval que en la isla se celebra de manera muy especial debido a las influencias llegadas, entre otros sitios, de países como Brasil. El Festival de las Flores es otro acontecimiento que no nos debemos perder entre abril y mayo. En cualquier época del año, las flores decoran gran parte de Madeira, pero durante las semanas que dura este festival podemos disfrutar de algunos desfiles y competiciones que embellecen aún más las calles de la isla.

Entre agosto y septiembre tiene lugar el Festival del Vino con diferentes actuaciones y presentaciones para celebrar la llegada de la vendimia y rendir homenaje a este producto que ha sido tan importante en la historia de la isla. También en septiembre se celebra el Festival de Colón en la isla de Porto Santo con una recreación histórica de la época en la que este personaje histórico estuvo viviendo en la isla.

5 rutas de senderismo recomendadas

  • Sendero do Caldeirao Verde: Uno de los más conocidos por su accesibilidad y belleza es esta ruta que parte cerca de Santana y recorre algunas antiguas levadas. Madeira suma más de 2.000 kilómetros de levadas, convertidas en una de sus mayores joyas patrimoniales. Se trata de antiguos canales de agua que se empezaron a construir en el siglo XVI y están destinados para regar las plantaciones y abastecer a las aldeas. Junto a las levadas se solían construir caminos y muchos de ellos son hoy rutas de senderismo que discurren junto a acantilados al borde del mar o atraviesan el bosque de laurisilva.
  • Vereda do Arieiro: La ruta que une los picos Arieiro y Ruivo es una de las más exigentes de la isla, pero a cambio ofrece algunas panorámicas realmente increíbles.
  • Vereda das Funduras: Una ruta de nueve kilómetros que acompaña alguna levada para después adentrarse en el bosque de laurisilva para luego salir a tramos que discurren al borde de los acantilados.
  • Ruta de Boca do Risco: Una ruta muy emocionante es la que parte de Porta da Cruz y termina en Boca do Rosco. Se trata de un camino que recorre algunos de los acantilados más impresionantes de la isla y te deja sin palabras. El paseo es bastante accesible pero algunos tramos no son aptos para personas que sufran de vértigo.
  • Vereda de la Punta de San Lorenzo: Ya hemos hablado de ella en el artículo y, sin duda, es mi gran favorita de la isla por la gran belleza de este paisaje de aspecto lunar y las diferentes panorámicas que nos ofrece.

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