Rembrandt es considerado uno de los mayores artistas de la historia, por lo que cada una de las muestras en las que se enseñan sus obras más populares, aquellas que no siempre estén disponibles, constituye una oportunidad única. Hablamos, claro, tanto a nivel turístico como cultural.

En esta ocasión, es el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid el que decidió recordar la genialidad del pintor de los Países Bajos, con la exposición “Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670”, que acaba de inaugurarse en la capital española.

Redescubriendo la genialidad

Estatua de Rembrandt en Amsterdam

La presentación, que tiene como objetivo ofrecer un recorrido por el retrato bajo la mano de Rembrandt, recopila entonces algunas de las creaciones en torno a la figura humana que realizó en los siglos XVI y XVII. Por supuesto, la expectativa es enorme entre los amantes del género.


De algún modo, la muestra también servirá como una guía para conocer más de cerca su legado y producciones en vida, ya que abarca desde su llegada a Ámsterdam hasta el declive de su carrera, cuando decidió no apartarse del éxito que le había encumbrado como retratista.

Según ha explicado Mar Borobia, responsable del área de pintura antigua del Thyssen, la exhibición está compuesta por un total de 97 retratos, 22 de los cuales fueron pintados por Rembrandt.

Esto quiere decir, evidentemente, que además podremos disfrutar de obras de otros 30 artistas más, en su mayoría pertenecientes a la escuela holandesa. Estos cuadros suelen ser accesibles únicamente en distinguidas pinacotecas internacionales.

De hecho, prácticamente todos han sido traídos a España desde el Amsterdam Museum, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Washington y The National Gallery de Londres. Alguno que otro, incluso, forma parte de colecciones privadas.

Rembrandt puesto en contexto

Fachada del Museo Thyssen-Bornemisza | esmadrid.com

La galería estará disponible hasta el próximo 24 de mayo, por poco más de tres meses, y culmina un trabajo de aproximadamente tres años por parte de los encargados de la puesta en escena, que han determinado un camino de nueve capítulos, cada uno correspondiente a una etapa histórica.

¿Por qué esta disposición? Para comprender mejor el mundo en el que Rembrandt se transformó en una celebridad, partiendo desde el comienzo de los retratos como una expresión artística de la mano de Ketel, Pickenoy, van der Voort o Eliasz, por citar algunos grandes exponentes.

Luego, llega el turno de las primeras obras de nuestro protagonista, en las que no sólo se exponen las suyas, sino también las de algunos de sus principales “competidores, como Helst, Backer o Hals.

Hacia el final del recorrido, llega el Rembrandt enemistado con las nuevas modas, aquel que renegaba de las enseñanzas de las academias célebres, para centrarse en su estilo clásico.

Borobia ha detallado que esta clasificación de las diferentes pinturas permitirá que el público que se acerque al Museo Thyssen-Bornemisza pueda evaluar al homenajeado en todo su esplendor, contando con los datos informativos que ayudan a entender mejor su vida.

Es por esto que, más allá de tratarse de una muestra en torno a Rembrandt, tampoco quedan dudas de que será uno de los más sobresalientes encuentros de reivindicación del arte de aquellos siglos.

Interacción con los visitantes

Obra en la exposición Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670

Dolores Delgado es la comisaria técnica de la exposición, y ha señalado que el espíritu del evento se contiene sobre todo en la obra “Autorretrato con gorra y dos cadenas”, que data de 1963 y que, a diferencia de otras, integra la colección del Museo Thyssen habitualmente.

En ella, sostiene Delgado, se pone de manifiesto como en muy pocas otras ocasiones, la enorme capacidad de Rembrandt para que sus pinturas conecten con el público que las está observando. Basta echar un vistazo, aunque sea en un buscador de imágenes online, para saber de qué habla.

La sensación es que el protagonista de la obra nos está mirando, que por un momento se olvida de aquella labor que realiza para posar sus ojos sobre nosotros. “Es algo que no puede no afectarte”, describe con precisión la comisaria técnica.


En palabras de esta especialista, que no deja de reconocer la magnitud de cada uno de los expositores, las pinturas más valiosas son las que provienen de la National Gallery de Washington, el Metropolitan de Nueva York y la Royal Academy, así que préstales atención cuando las veas.

Otros espacios

Obra en la exposición Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670

Quienes acudan en las próximas semanas al Thyssen podrán encontrarse al mismo tiempo con una zona dedicada de manera exclusiva a los retratos de género, como a los “de pequeña escala”.

En otra sala podrán contemplarse los tronies, una variante del retrato holandés de profunda penetración entre los artistas holandeses, y que cuenta con la característica de no representar a una persona en particular, sino en realidad el busto de un personaje con expresiones y ropas exóticas.

En el último de los espacios asignados a “Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670”, se recogerá la faceta de grabador de Rembrandt, con varios autorretratos y más de un retrato privado. Muchos pasan de dimensión de su herencia, así que no está mal valorarla de nuevo.

Norbert Middelkoop, conservador del Amsterdam Museum, y quien ha colaborado activamente con Madrid de cara a esta exposición, ha resaltado específicamente la “yuxtaposición” entre el legado de Rembrandt y el de los artistas contemporáneos, lo que ayuda a ver su aportación con sencillez.

Obra en la exposición Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670

Asimismo, no ha querido dejar de aclarar que muchos de los retratados por el actor principal de la muestra no pertenecían a la clase alta holandesa. Esto, porque se estilaba entre los pintores de la época inmortalizar personas de la clase media para estrechar sus vínculos con ellos y ganar fama.

Guillermo Solana, director artístico del Museo, elogió mientras tanto el “storytelling” que vamos desentrañando a medida que recorremos los capítulos de la exposición, una cualidad básica del marketing actual, y que ha podido aplicarse a una serie de pinturas de casi 500 años.

En resumen, somos testigos de uno de los mejores motivos para visitar el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid que hemos tenido en años recientes. Deberíamos aprovecharlo.

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