Buenos Aires, la capital argentina, es una de esas ciudades que todos deberíamos visitar una vez en la vida. Después de todo, son muy pocos los destinos que pueden reunir tantos atractivos como los que propone la urbe más populosa del país con casi tres millones de habitantes. Belleza natural, una cultura única y todo tipo de experiencias exclusivas te esperan entre sus barrios.

Ahora bien, como terminar de conocer Buenos Aires nos llevaría meses, y muchas veces visitamos estas metrópolis un poco justos de tiempo, creemos que lo mejor es centrarse en aquellos símbolos porteños -el gentilicio local- que permiten descubrir detalles de su historia y secretos de su presente.

En las siguientes líneas, con esta intención, vamos a repasar algunos de los principales monumentos que tienes que ver en Buenos Aires, aquellas construcciones pequeñas o de enorme extensión sin las cuales no podríamos entender la ciudad ni a sus habitantes.


Avenida 9 de Julio y Obelisco

Plaza del Obelisco

La avenida más ancha del mundo, como orgullosamente la definen muchos de sus residentes, es uno de los primeros puntos donde debemos detenernos tan pronto arribamos a Buenos Aires.

Aunque a lo largo de sus miles de metros de extensión y más de 140 metros de ancho podemos encontrar una infinidad de sitios ante los cuales detenernos asombrados, no queda ninguna duda de que el Obelisco está entre los indispensables.

Ubicado en la pequeña Plaza de la República o Plaza del Obelisco, en medio de la Avenida 9 de Julio, este monumento fue inaugurado en 1936, con motivo del cuarto centenario de la fundación de la localidad. Posee 67 metros de alto, e ilustra los souvenires y las postales de Buenos Aires.

Avenida de Mayo

La Casa Rosada

Mientras nos desplazamos por la Avenida 9 de Julio, veremos otras tantas calles de varios carriles que la atraviesan, siendo una de las más importantes la Avenida de Mayo. A unas pocas cuadras del Obelisco, la Avenida de Mayo fue pensada con el objetivo reunir la Casa Rosada -la residencia presidencial- y el Congreso de la Nación.

Ante tan distinguida localización, rápidamente se levantaron a sus lados bellísimas construcciones de estilo parisino, en Art Nouveau y Art Decó, con innumerables cafés, bares y teatros. El Café Tortoni, tal vez el más famoso de sus bares notables, es centro de reunión habitual de los turistas.

Plaza de Mayo

Plaza de Mayo

Al final del camino por la Avenida de Mayo en dirección al Río de La Plata, tenemos la tradicional Plaza de Mayo, alrededor de la cual permanecen muchos de los edificios porteños fundacionales. Podemos hallar, en pocos metros, la Casa Rosada, el Cabildo, la Catedral y el Banco de la Nación Argentina.

También, dentro de la propia plaza, la Pirámide de Mayo y el Monumento al General Manuel Belgrano. Invertir aquí un par de horas para apreciar todo es altamente recomendable.

Plaza del Congreso

Palacio del Congreso de la Nación Argentina

Siendo uno de los espacios centrales de Buenos Aires, hacia el otro extremo de la Avenida de Mayo nos encontramos con la Plaza del Congreso, denominada así porque se halla frente al Palacio del Congreso de la Nación Argentina.

Es frecuente que, al debatirse algunas de las leyes más relevantes para la sociedad argentina, el pueblo se reúna en sus inmediaciones para expresar sus pareceres y manifestarse.

Plaza General San Martín

Plaza General San Martín. Foto: Turismo Buenos Aires

Si los espacios verdes no abundan especialmente en los lugares que acabamos de mencionar, y ante la posibilidad de que quieras descansar en alguno de ellos, te aconsejamos que vayas hacia la zona de la Plaza General San Martín. Este monumento histórico no sólo rinde tributo al principal prócer nacional, sino que es punto de encuentro de jóvenes y visitantes.

Esta plaza se divide en dos zonas bien delimitadas: una principal, con una vegetación más bien baja y desniveles que generan paisajes muy bonitos, y otra llana, pero con una arboleda más frondosa. Entre la vegetación se erigen monolitos que recuerdan al mismo General San Martín, como a los soldados caídos en la Guerra de Malvinas de 1982.

Teatro Colón

Teatro Colón

Si tienes planeado el viaje hacia Buenos Aires con anticipación o la opción de quedarte varios días en la ciudad, no deberías dejar de adquirir billetes para presenciar algunas de las tantas obras que se exhiben en el Teatro Colón, uno de los más suntuosos espacios culturales porteños.

Considerado por los expertos también como uno de los más importantes teatros de ópera del mundo, su tamaño y su belleza nada tienen que envidiarle a los de grandes urbes europeas; mientras que su calidad acústica suele ser citada como una de las más conseguidas en todo el planeta. Aunque no seas un fanático del teatro o la ópera, no te arrepentirás de sentarte en alguna de sus butacas.


Zanjón de Granados en Buenos Aires

Zanjón de Granados. Foto: elzanjon.com

Buenos Aires es una ciudad que conserva muy bien algunos de sus misterios, y para acercarnos a ellos una excelente sugerencia es el Zanjón de Granados, una casona que permaneció abandonada durante décadas, y sobre la cual se han tejido diversos mitos.

En pleno corazón del barrio de San Telmo, el más bohemio de la ciudad junto con La Boca, y tras más de dos décadas de puesta a punto y trabajo arqueológico, el Zanjón puede visitarse todos los días, incluso los fines de semana. No hay mejor manera de comprender casi 400 años de historia de Buenos Aires que adentrarse en sus túneles perfectamente conservados.

Cementerio de La Recoleta

Cementerio de La Recoleta

No se trata de un monumento en sí, pero es tal la cantidad de homenajes en piedra y mármol que podemos encontrar en este célebre mausoleo, que nadie debería irse de Buenos Aires sin dedicarle al menos un par de horas. Buena parte de las celebridades argentinas reposan en sus parcelas, como los ex Presidentes de la nación. Por supuesto, hay visitas guiadas para dar con ellos rápidamente.

Esperamos que con este pequeño tour puedas tener una impresión de lo que puede ofrecer al turista una gran urbe como es Buenos Aires.

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Miguel Rodero
Escribir lo puede hacer prácticamente cualquiera, pero ponerle pasión y amor a las palabras es lo que diferencia a quienes solo juntan letras de "los otros" que transmitimos experiencias.  Viajar es sumergirse en otras culturas. Aprender que lo que siempre era negro ahora puede ser blanco. Que las diferencias siempre son más pequeñas que los puntos en común, y que es necesario viajar para crecer. Por suerte yo he crecido bastante, aunque nunca se es lo suficientemente grande si miras al horizonte. Espero que los escritos que publicaré en este espacio sirvan no solo como lectura, sino que aviven las ganas de conocer nuevos sitios y enriquecer con tus propias vivencias lo que puedas leer aquí. 

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