Si en estos tiempos planeamos un viaje a Bélgica, y sobre todo si queremos descubrir las bellezas de las ciudades francófonas de esta nación, las que se ubican más al sur, seguramente vamos a encontrarnos con la sugerencia de probar las patatas fritas, uno de sus grandes orgullos culinarios.

Patatas fritas | Imagen cortesía de Turismo de Valonia

En efecto, este país se encuentra dividido geográfica y también culturalmente en tres zonas principales, con Flandes hacia el norte, Bruselas en el centro, y lo que se conoce como Valonia, en la parte inferior del mapa. Es allí donde creció y adquirió estatura internacional la tradición de las patatas fritas belgas, aunque ya podemos encontrarlas también en las regiones más septentrionales.

A día de hoy, las patatas fritas son un elemento tan distintivo de Bélgica como su chocolate caliente, sus waffles o las pequeñas callejuelas de piedra que llevan a las plazas centrales sus grandes urbes, donde antiguamente se asentaban los mercados locales. Todo tipo de expresiones artísticas se han producido en torno a ellas, y hasta tenemos museos de las patatas fritas en varias metrópolis belgas.


Símbolo de la cultura nacional y motivo de disputas históricas

Lieja

La historia cuenta que, ya muy populares entre los habitantes del lugar, las patatas fritas se transformaron en un plato de reconocimiento global cuando los soldados americanos las descubrieron durante su ofensiva por esta parte de Europa en la I Guerra Mundial, regresando a su continente con este secreto gastronómico que rápidamente corrió de voz en voz, y de mesa en mesa.

Pero entonces, ¿donde nacieron las patatas fritas? Los estudiosos no tienen una hipótesis al respecto que haya podido corroborarse con evidencia científica por los casi nulos registros de la época, pero se cree que datan de finales del siglo XVII, cuando comenzó a incluírseles en la cocina belga, sobre todo en el valle del río Mosa y sus pueblos cercanos. El relato dice que, cuando los pescadores tenían una mala jornada, se sustituían los pescados con patatas cortadas y fritas en aceite.

El problema es que, en inglés, se las conoce como “french fries”, lo que eventualmente hablaría de un alimento de origen francés. Pero eso tiene una explicación: aquellos soldados estadounidenses, al ver que las tropas que solían alimentarse en base a patatas fritas hablaban francés, creyeron que se trataba de pelotones de este país. En realidad, eran de Valonia, región belga que comparte la lengua.

A tal punto existe una polémica al respecto, que no es de buena educación solicitar en un puesto callejero o bar unas “french fries”. Intenta pedir simplemente unas “frites”. Ellos te entenderán.

Una elaboración tan simple como sabrosa, pero con trucos

Patatas fritas, Volonia | Imagen cortesía de Turismo de Volonia

Indudablemente, una de las razones que explican la casi inmediata adopción de las patatas fritas en diferentes latitudes, es la facilidad de preparación de este plato, que no lleva más que unos minutos, apenas un par de ingredientes, y alguna que otra maña adquirida.

Algunos de los trucos que los cocineros belgas, profesionales o amateurs, suelen comentar con los aprendices, tienen que ver con no freír este tubérculo cortado una sola vez, sino freírlo por unos minutos, dejarlo que enfríe, y luego volver a pasarlo por el aceite hirviendo. Esto, a fin de obtener una consistencia bien crocante por fuera, y más suave por dentro, algo que a casi todos los paladares gusta.

Además, hay quienes dejan las patatas ya cortadas en remojo en agua fría durante algunos minutos para eliminar el exceso de almidón de este alimento. Así, se reduce un potencial efecto negativo sobre nuestro organismo. Entre media hora y dos horas es suficiente para alcanzar este cometido.

Cuatro platos típicos de Valonia que las tienen como protagonistas

Patatas fritas con salsas

En las principales localidades del sur de Bélgica, como Namur, Tournai, Mons, Charleroi o Lieja, las patatas fritas suelen servirse acompañadas de otros alimentos, conformando juntos algunas de las preparaciones culinarias más exquisitas que cualquier viajero debería probar durante su estancia.

Mitraillette o routier

Éste es uno de los platos más tradicionales de la cocina valona, y también la principal referencia de la street food nacional. En buena parte del país se le conoce como mitraillette, pero en Lieja y sus alrededores podemos pedirlo también como routier.

Se prepara con patatas fritas, carne cocida y salga dulce, generalmente a partir de sirope de manzana o pera. Luego, se lo sirve en media baguette, logrando una curiosa alternativa al sandwich normal.

Carne con patatas

No quedan dudas de que la carne y las patatas fritas se llevan de maravillas. Si prefieres las recetas para sentarte y degustar con tranquilidad, tienes que pedir una carne con patatas, que se prepara con algún corte de ternera. En Lieja hay una versión libre, en la que se sirven albóndigas con el ya mencionada sirope de manzana o pera, entremezcladas con las patatas fritas.

Patatas con mejillones o moules

Si eres de los que prefieren las opciones más exóticas de cada carta, la zona austral del país te espera con sus patatas con mejillones, también llamadas moules. Y es que, sin llegar a la trascendencia de las patatas fritas, los mejillones hervidos también son claves en su gastronomía. Ahora bien, aquí se sirven los ingredientes en platos separados, para que los combines como gustes.

Patatas en salsa

Conos de patatas fritas | Imagen cortesía de turismo de Valonia

Si vas por las calles de Bélgica, en cualquiera de sus provincias y divisiones internas, vas a cruzarte turistas y residentes paseando con sus conos de patatas. Los hay que sólo las condimentan con una pizca de sal, quienes deciden acompañarlas con mayonesa sola, o los que apuestan por las decenas de salsas y cremas que ofrecen las cadenas dedicadas a esta clase de comida al paso.


Y hablando de salsas, nosotros vamos a proponerte que pruebes algunas de las siguientes: andalouse, tártara, samurai, algerienne y dallas. Todas, a excepción de la última que lleva cebolla frita caramelizada, llevan en su composición mayonesa. Eso dicta la costumbre del lugar.

¿Y tú, cómo disfrutas de las patatas fritas?

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Miguel Rodero
Escribir lo puede hacer prácticamente cualquiera, pero ponerle pasión y amor a las palabras es lo que diferencia a quienes solo juntan letras de "los otros" que transmitimos experiencias.  Viajar es sumergirse en otras culturas. Aprender que lo que siempre era negro ahora puede ser blanco. Que las diferencias siempre son más pequeñas que los puntos en común, y que es necesario viajar para crecer. Por suerte yo he crecido bastante, aunque nunca se es lo suficientemente grande si miras al horizonte. Espero que los escritos que publicaré en este espacio sirvan no solo como lectura, sino que aviven las ganas de conocer nuevos sitios y enriquecer con tus propias vivencias lo que puedas leer aquí. 

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