“Groenlandia no está en venta”. En agosto de 2019, el gobierno de la isla más grande del mundo respondía tajante al órdago lanzado por Donald Trump. El magnate metido a presidente había pedido a diversos asesores en las semanas previas que indagaran sobre el precio que podría alcanzar la Región Autónoma perteneciente al Reino de Dinamarca y, sobre todo, acerca de los beneficios que podría tener una adquisición de este calibre. ¿Qué tiene Groenlandia para que Trump quiera invertir en ella unos 1.300 millones de dólares?

Groenlandia
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Finales del siglo X. El pueblo vikingo, una suerte de genios de la navegación en aguas heladas, llega por primera vez a la isla. Al frente de la embarcación está Erik Thorvaldsson, conocido también como Erik el Rojo, que huyendo de Islandia —la tierra de hielo— llega a este territorio aparentemente inhóspito que se denominará, casi irónicamente, Groenlandia —tierra verde—.

Solo en verano, la zona sur de la isla, no cubierta por glaciares, refulge de verdor, pero tal vez el impacto inicial de estas enormes praderas en los navegantes fue tal que decidieron que ese era el nombre que mejor le hacía justicia… a pesar del inlandis, ese desierto blanco que cubre el 80% de la isla en todas las estaciones del año: y es que, en sus buenas épocas, el invierno en Groenlandia duraba 10 meses… ¡Y qué invierno!


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A buen seguro que para los más frioleros, aquellos que en España ya se ponen una bufanda en octubre y no se la quitan hasta mayo, Groenlandia sería uno de los peores países para viajar, pero para Trump no deja de ser una posibilidad de negocio… y una distracción. Estados Unidos se ha convertido en lo que es hoy en día —uno de los países más poderosos del mundo— también a través de la compra de territorios.

A principios del XIX adquirió Luisiana a Francia y a principios del XX tiró de chequera para hacerse con las islas Vírgenes, comprándoselas precisamente a Dinamarca. Pero la compra que está en la mente del Presidente es otra: Alaska, uno de los grandes negocios territoriales de todos los tiempos y por el que Rusia todavía se sigue tirando de los pelos. La historia contemporánea hubiese sido muy diferente si Alaska hubiese seguido bajo el control ruso. Pero algo más de 7 millones de dólares convencieron al país euroasiático que atravesaba grandes dificultades económicas y temía perder el territorio en algún conflicto bélico sin ninguna contraprestación.

A la postre, Alaska ha sido un territorio fundamental para Estados Unidos desde el punto geoestratégico: ¿os imagináis una Guerra Fría con misiles nucleares en la Alaska rusa con Estados Unidos a tiro de piedra? Pero, además, Alaska esconde un importante potencial de recursos naturales… aún sin explotar y al que la administración Trump también quiere echar mano.

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Caben pocas dudas de que el Presidente de Estados Unidos querría convertir Groenlandia en una segunda Alaska: un vasto territorio, inhóspito en su mayor parte y con ínfima densidad de población, pero con una gran importancia geoestratégica y desde un punto de vista económico y energético. Pero los groenlandeses han dicho “no, no y no”. Ya en la misma época en la que Estados Unidos salió de compras y se hizo con Alaska, hizo una primera oferta por la Tierra Verde. Después lo volverían a intentar tras la II Guerra Mundial. A la tercera no ha ido la vencida. Trump tendrá que buscarse otro territorio para seguir con sus chanzas.

60.000 personas en el 12º ‘país’ más grande el mundo

Desde 2009, Groenlandia solo depende de Dinamarca para cuestiones militares y de política exterior. El país nórdico, además, inyecta un subsidio anual valorado en más de 600 millones de dólares. Pero la isla cuenta con una Parlamento propio que dirime la política interna. La mayor parte de los 60.000 habitantes que viven en Groenlandia son una mezcla de razas inuit y europeas. El origen de los pueblos inuit hay que rastrearlo en la Siberia asiática que se extienden después hacia las tierras septentrionales de América del Norte.

La superficie de Groenlandia lo sitúa en el puesto número 12 de los países más grandes del mundo, por delante de Arabia Saudí o México. Casi todos los habitantes de Groenlandia viven en la costa suroeste en la que encontramos los municipios más poblados caso de Sermersooq que incluye Nuuk, lo más parecido a una ciudad que hay en Tierra Verde con sus más de 16.000 habitantes.

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A nivel económico, su principal fuente de ingresos es la pesca mientras que la extracción de minerales es casi residual. Sin duda, esto cambiaría con la llegada de Mr. Marshall, pero, por el momento, los inuit no quieren saber nada de los estadounidenses. Están bien como están, custodiando uno de los territorios más incógnitos del turismo mundial.

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Porque no es fácil conocer Groenlandia. Los viajeros que han tenido la suerte de acudir a la isla recomiendan viajar a Tierra Verde con una agencia especializada con base en Groenlandia. Es la mejor forma, dicen, de conocer uno de esos pocos paraísos vírgenes que todavía quedan en el planeta. Y confiamos en que siga así durante muchos años más… aunque no lo tendrá fácil.

Porque el verdadero enemigo de Groenlandia no es un magnate metido a presidente, sino el cambio climático. De hecho, muchos de los científicos que estudian este fenómeno tienen su base en Tierra Verde, territorio esencial para su análisis. Solo un dato en este sentido: el año 2019 ha marcado un récord de altas temperaturas y de hielo derretido en Groenlandia.

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