Rey se sube a bordo del Halcón Milenario junto a Chewbacca y R2-D2, saltan al hiperespacio y llegan a un planeta azul aterrizando en una isla rocosa y escarpada. La música de John Williams sube un par de decibelios y los espectadores contienen el aliento: 32 años son muchos años sin ver a uno de los héroes más legendarios de la cultura popular.

Rey asciende entonces por una vertiginosa y aparentemente infinita escalera de piedra hasta encontrarse con un tipo con una túnica que divisa el horizonte. Cuando se gira, Rey (y millones de espectadores) sienten un escalofrío, tal vez incluso cae alguna lágrima: es él, es Luke Skywalker. Rey le ofrece su sable de luz, le ofrece volver a liderar la Resistencia.  

Skellig Michael
Skellig Michael, una isla estelar. Fuente: Wikipedia

La secuencia descrita es el final de la séptima entrega de Star Wars, titulada El despertar de la Fuerza, una secuencia que, a la postre, se ha transformado en uno de los grandes momentos de esta mítica saga galáctica, saga que, por otro lado —y a riesgo de sufrir la excomunión— debemos decir que discurre por unos derroteros narrativos… un tanto cuestionables, por decirlo finamente.


De cualquier forma, la reaparición de Luke Skywalker no podía ser más impactante… y su escenario no podía haber sido mejor escogido: la isla Skellig Michael, a unos 15 kilómetros de la península Iveragh, en el condado de Kerry, al suroeste de Irlanda. ¿Te apetece acompañarnos a conocer la isla en la que se retiró el Maestro Luke? No te olvides tu sable de luz… y calzado cómodo para subir los 600 peldaños de su infinita escalera.  

Skellig Michael, que la fuerza te acompañe 

Skellig Michael
Subiendo los 600 peldaños de Great Skellig. Al fondo, Little Skellig. Fuente: Wikipedia

Algo de fuerza (y resistencia) necesitarás para alcanzar este peñón del Atlántico Norte. Pese a la tremenda popularidad que ha adquirido Skellig Michael por haber sido un escenario Star Wars, sigue siendo costoso arribar a Great Skellig, el otro nombre con el que se conoce a esta isla para diferenciarla de su hermana pequeña Little Skellig, más al norte: las visitas turísticas están restringidas y hay que reservar con mucha antelación.  

La fiebre por llegar a Skellig Michael arrancó en 2015, una vez estrenada la película. Pero fue un año antes cuando los productores de Star Wars llevaron a Mark Hamill y Daisy Ridley —además de otras decenas de personas del equipo de filmación— para rodar las escenas que aparecerían en El Despertar de la Fuerza. Un año más tarde se volvería a rodar material extra para The Last Jedi, la siguiente película de la saga, aunque finalmente el rodaje tuvo que cancelarse parcialmente por el mal tiempo: de esta forma algunas de las escenas de la Aldea Jedi del planeta Ahch-To están filmadas en otros escenarios que recrean Skellig Michael. 

Cuentan que antes de que Luke decidiera retirarse a Great Skellig solo cuatro pequeñas embarcaciones tenían licencia para llevar visitas turísticas al peñón. Tras el estreno de la película, la Oficina de Turismo de Irlanda realizó una campaña para promocionar el islote mientras que el propio J.J. Abrams —director, productor y coguionista del film—, no dudó en alabar el escenario que habían encontrado para una escena tan importante de Star Wars. 

Skellig Michael
Sí, ese camino sinuoso de la izquierda es la escalera de Skellig Michael. Fuente: Unsplash

En este sentido, Abrams tenía claro que no iban a repetir el error de George Lucas en la vuelta de la saga a finales de los 90: los escenarios deberían ser reales, auténticos, no recreados completamente de forma digital, uno de los indudables lastres estéticos de la segunda trilogía de Star Wars: en este sentido, Skellig Michael se uniría a Abu Dhabi, Islandia o Nuevo México como alguno de los escenarios ‘auténticos’ en los que se desarrollaría la trama de El despertar de la fuerza.  

Semanas más tarde del estreno de la cinta y de toda esta campaña promocional, Skellig Michael se convertía en uno de los lugares predilectos de peregrinación de los fanáticos de La Guerra de las Galaxias. Las licencias para transportar a turistas a Skellig pasaron de cuatro a dieciséis y los visitantes se multiplicaron: más de 11.000 en 2016, y casi 17.000 al año siguiente. Y llegaron las primeras voces críticas que reclamaban un mayor control en la entrada a una reserva natural que alberga importantes poblaciones de aves marinas y que, además, pertenece a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.  

Skellig Michael y los monjes precursores de Skywalker 

Skellig Michael
Vestigios del monasterio paleocristiano de Skellig Michael. Fuente: Wikipedia

Desde hace más de 1.400 años se encuentran referencias históricas sobre asentamientos en este pequeño islote de apenas 0.21 km2. Las leyendas de la zona lo retrasan todavía más, hasta una batalla que tuvo lugar en el 200 d.C. entre el ‘rey del mundo’ Daire Domhain frente al ejército de Fianna. Pero fue en el siglo VI cuando se fundó un pequeño monasterio en una terraza a unos 180 metros sobre el mar, cerca de la cima de Skellig Michael que se sitúa a 220 metros de altura. 

¿Y por qué eligieron estos monjes del siglo VI un lugar tan inhóspito e inaccesible para vivir? Por la misma razón por la que aquellos monjes de Meteora decidieron recluirse en lo alto de los riscos: los primeros ascetas cristianos buscaban lugares alejados de la civilización para entregarse a la oración.

Desde luego, la vida en la roca no era sencilla: el abastecimiento se hacía por barca… cuando el tiempo lo permitía. La ausencia de madera —en Skellig Michael no hay árboles— complicaba la subsistencia y la protección contra el frío y la humedad. Al parecer, su alimentación se reducía a huevos de gaviota, verduras de las huertas y pescado y marisco capturado cuando el estado de la mar lo permitía. Las construcciones paleocristianas que sobreviven de esta primera etapa de Skellig Michael son seis chozas cónicas de piedra y dos oratorios: suficiente para la docena de monjes que se cree vivieron en esta primera fase de poblamiento de la roca.  

Skellig Michael
Siempre se puede descansar un rato antes de seguir la ascensión para ver a Luke. Fuente: Wikipedia

Fue en el siglo XI —una vez contrarrestadas numerosas incursiones vikingas en las décadas anteriores— cuando se amplía la comunidad monástica del islote reformando sus dependencias y construyendo una capilla dedicada al arcángel San Miguel. Desde el siglo XVI, el islote sigue recibiendo peregrinos, pero ya no está habitada de forma permanente. En el XIX, Skellig Michael da la bienvenida a un nuevo habitante: el farero. Aún hoy uno de los faros está activo, aunque no necesita personal: está automatizado desde 1980.  

¿Y cómo llegar a Skellig Michael en la actualidad? Si tienes el Halcón Milenario en el taller, necesitarás reservar plaza en una de las empresas que tienen licencia para embarcar en Pormagge, la localidad del condado de Kerry de apenas 125 habitantes desde el que parten las excursiones al islote.

Skellig Michael
Un surfista en la costa de la península de Iveragh frente a las islas Skellig. Fuente: Wikipedia.

Pese a la fama adquirida por Skellig Michael, solo unas 200 personas pueden visitar cada día la isla, con lo que deberás reservar con antelación. Además, el calendario de visitas se desarrolla entre marzo y octubre. La protección de la biodiversidad de la isla y el mal tiempo obliga a cancelar la ruta en invierno. También es posible acercarse en barco hasta las inmediaciones de la isla sin desembarcar en ella.

Por último, hay que señalar que Skellig Michael arrastra una leyenda negra de lugar peligroso: buena culpa de ello lo tiene su vertiginosa escalera de 600 peldaños sin barandilla ni protección: dos visitantes murieron en 2009 tras caer y golpearse en la cabeza. Pero también suceden desgracias así en el Gran Cañón del Colorado y otros muchos destinos naturales del mundo. Con un poco de precaución, un estado físico normal y dejando los selfies y las exhibiciones de esgrima jedi para la cima, Skellig Michael es una visita seguray espectacular.


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