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Al norte de Huesca, en el corazón de los Pirineos, se ubica Tierra de Biescas, un territorio entre montañas y valles, plagado de pueblos con encanto, hitos históricos y artísticos y caminos que conducen a algunos de los lugares más fotogénicos de todo Aragón

Acompáñanos en esta ruta descubriendo Biescas, el eje del territorio, además de diversos pueblos de su entorno, un itinerario por sus iglesias románicas, y varios senderos para caminantes y aficionados a la bicicleta.  

Tierra de Biescas, tierra de sorpresas 

Descubriendo Tierra de Biescas
Iglesia de San Pedro de Biescas. Fuente: Depositphotos

Tierras de Biescas es la entidad territorial que se extiende en torno a la localidad de Biescas, comprendiendo los pueblos que se hallan en las proximidades del embalse de Búbal, al norte, las localidades del Sobremonte, así como los pueblos del sur, ya camino de Sabiñánigo, que se encuentra a tan solo quince minutos de Biescas. 

Conocida como la puerta de acceso al Valle de Tena, Biescas forma parte de la comarca del Alto Gállego, estando bañada por las aguas de este río que nace en el Portalet y desemboca en el Ebro.

Situada a casi 900 metros de altura, entre las Sierras de Partacua y Tendeñera, el propio río Gállego divide la localidad en dos barrios muy diferenciados que toman el nombre de las iglesias que coronan las dos colinas que franquean el río: San Pedro y El Salvador. 

En el margen derecho del Gállego, al oeste, se extiende el barrio de San Pedro en torno a esta iglesia cuyo origen es románico pero que fue reconstruida en el XIX. Por su parte, la iglesia del Salvador es un edificio construido a principios del siglo XIII, reformado en el XVI y reconstruido tras la Guerra Civil, la cual fue muy cruenta con esta localidad provocando el éxodo de buena parte de sus vecinos. 

Descubriendo Tierra de Biescas
Camino de la iglesia del Salvador de Biescas. Fuente: Depositphotos

Uno de los edificios que se salvó de la destrucción fue la Torraza de los Acín —adaptado actualmente como centro de interpretación—, una casa nobiliaria que expone el tipo de construcción civil del XVI.  

Construido en piedra con una sobria fachada en la que destacan las ventanas saeteras que recuerdan su función defensiva, este edificio muestra el poderío que alcanzaron los infanzones a lo largo de esta época, miembros de la baja nobleza que ejercían su dominio en el territorio, pero siempre bajo la tutela de la alta nobleza y el rey. 

Pero quizás lo más llamativo a nivel arquitectónico de la localidad de Biescas sean sus casas colgantes, un grupo de construcciones situadas al borde de la roca del Barrio de la Peña, en la parte más alta de Biescas.  

Pueblos e hitos culturales de Tierra de Biescas 

Descubriendo Tierra de Biescas
Ermita de Santa Elena. Fuente: Depositphotos

A tan solo cinco minutos al norte de Biescas, camino de Polituara y el embalse de Búbal, nos debemos detener ante el dolmen de Santa Elena, símbolo de Tierra de Biescas. Construcción funeraria con 5000 años de antigüedad, hace pareja con otro dolmen descubierto recientemente en la explanada de Santa Engracia. 

Un poco más al norte encontramos el fuerte de Santa Elena, una llamativa estructura defensiva erigida a finales del siglo XIX y que aprovecha los restos de un fuerte construido en tiempo de Felipe II diseñado por el ingeniero Tiburcio Spannocchi que también estuvo al frente de la Ciudadela de Jaca. 

En esta zona también se puede recorrer parte de la conocida como Línea P o Línea Pirineos, la que dicen es la obra defensiva más grande construida en Europa después de la Guerra Mundial y la obra de ingeniería militar más grande de España

Descubriendo Tierra de Biescas
Búbal. Fuente: Wikipedia

El proyecto original contaba con unos 10.000 asentamientos fortificados de los que solo se acabaron 4000. El plan original era crear una línea defensiva por toda la franja pirenaica, desde el Cantábrico al Mediterráneo, pero, por suerte, nunca se puso en servicio. Actualmente, se puede conocer un tramo de esta Línea P a través de la Ruta de los Búnkers

Esta zona al norte de Biescas culmina con la Ermita de Santa Elena, uno de los edificios más relevantes de toda la comarca del Alto Gállego siendo el final de la Romería de las Cruces de Santa Elena que reune a todos los pueblos de la Tierra de Biescas.

Su origen está en el siglo XIII, aunque ha sufrido diversas remodelaciones. La ermita conmemora la leyenda de Santa Elena, madre de Constantino, que se habría refugiado en una cueva cercana al amparo de una tela de araña milagrosa que la protegió. 

Descubriendo Tierra de Biescas
Iglesia de San Andrés de Satué. Fuente: Turismobiescas.com

Siguiendo ruta hacia el norte, ya en el valle de Tena, encontramos Polituara, uno de esos muchos pueblos abandonados de Huesca que despiertan la nostalgia del visitante. En este caso, Polituara fue abandonado tras la construcción del Embalse de Búbal. La propia localidad de Búbal es la otra cara de la moneda de la despoblación al haber logrado volver a la vida a través del PRUEPA, el Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados. 

De vuelta Biescas visitamos ahora los pueblos del Sobremonte, Betés, Aso y Yosa, ubicados en el margen derecho del Gállego y que destacan por los frondosos bosques que los rodean.  

Una buena manera de recorrer los pueblos del margen izquierdo del Gállego es embarcarse en la Ruta de la Iglesias del Serrablo, un conjunto de iglesias construidas en torno a los siglos X y XI y que constituyen un valioso ejemplo del románico aragonés influido por el románico lombardo procedente de Italia. Son nada menos que 15 iglesias, entre las que destacan San Martín de Arto, San Juan de Busa, San Martín de Oliván o San Andrés de Satué, esta última ya en el municipio de Sabiñánigo.

Naturaleza y senderos en Tierra de Biescas 

Descubriendo Tierra de Biescas
Embalse de Búbal. Fuente: Depositphotos

El patrimonio cultural de Tierra de Biescas se completa con un extraordinario patrimonio natural. No olvidemos que nos encontramos en la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, en el corazón de los Pirineos, entre valles, sierras y montañas que superan los 2500 metros de altura como el caso de Peña Telera o Peña Retona, esta última cima de Tierra de Biescas con sus 2775 metros de altura.

Hacia esta zona noroccidental de Biescas nos dirigimos para conocer el Arco de Piedrafita, uno de esos caprichos geológicos que se han convertido en imán para aficionados a la fotografía. Desde este lugar se tienen unas increíbles vistas del embalse de Búbal y el Valle de Tena.

A menos de una hora del arco de Piedrafita se encuentra el Ibón de Piedrafita, otro de los iconos naturales de la zona: uno de esos lagos glaciares tan típicos del Pirineo aragonés. 

Descubriendo Tierra de Biescas
Ibón de Piedrafita. Fuente: Depositphotos

Toda esta zona puede recorrerse a través del sendero nº 12 de tipo circular de poco más de 12 kilómetros que conecta la localidad de Piedrafita de Jaca con el ibón y el arco.  

Y para senderos, el que conecta Oliván con Ainielle, al sureste de Biescas. Se trata del sendero nº18 conocido como Senda Amarilla por haber inspirado el célebre libro de Julio Llamazares Lluvia Amarilla, un desgarrador relato sobre la soledad y la despoblación que tomó el pueblo abandonado de Ainielle como escenario del monólogo interior de su último habitante. 

Pero si lo tuyo es la bicicleta de montaña, en Tierra de Biescas también estás de suerte porque se ha habilitado una ruta de nada menos que 100 kilómetros con un desnivel acumulado de 2200 metros y cuatro puertos de montaña que recorre buena parte de los pueblos del municipio de norte a sur con salida y llegada en Biescas.

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