España es uno de esos países que, como pocos en todo el mundo, puede complementar magníficamente cualquier recorrido por su naturaleza y la apreciación de su cultura maravillosa, con una exquisita gastronomía que contempla también sus selectos vinos, desde luego.

A raíz de esta privilegiada oferta para cualquiera que lo visite, nuestro país cuenta con numerosas rutas del vino que podrían recomendarse fácilmente tanto a los residentes como a los extranjeros que estén de paso, si es que quieren descubrir una más de las bondades de estas tierras.

Pero en esta ocasión en especial queremos detenernos concretamente en los vinos de Jumilla, su Denominación de Origen, algunas de las bodegas más significativas de la región, y cómo puedes organizar un recorrido para no perderte ninguno de los atractivos locales.


Vinos de Jumilla, dignos representantes de la enología española

Paisaje de Jumilla

Lo primero que debemos decir acerca de la Denominación de Origen Jumilla es que ésta se ubica en la parte sureste de la península, una zona que se caracteriza por los amplios valles y las interminables planicies, que dan paso a algunas elevaciones. En medio de este trazado tan particular se halla el municipio de Jumilla, en la provincia de Murcia, donde nacen muchos de estos vinos.

En cuanto a los orígenes la Denominación de Origen Jumilla, se debe señalar que tiene siglos de historia en su haber, desde tiempos de la romanización hispánica, cuando un buen porcentaje de los terrenos locales servían para cultivar la vid.

Sin embargo, su auge definitivo lo alcanzó la región a mediados del siglo XIX, cuando una plaga arrasó los campos franceses, popularizando estas latitudes y su mosto. A nivel legal, Jumilla es una de las Denominaciones de Origen más antiguas de España, ya que fue regulada en 1966.

Sus productos son considerados no sólo de los más exquisitos del panorama actual gracias a la diversidad de uvas locales, entre las que destaca la gran protagonista de Jumilla, la Monastrell. Además se considera que esta Denominación de Origen es una de las referentes europeas en lo que respecta a vinos jóvenes, que no pasan más de medio año en barrica.

Las imprescindibles visitas a las bodegas

Las bodegas lugar de culto

Por supuesto, uno de los grandes motivos para acercarse hasta este punto del suelo nacional, es la posibilidad de conocer de cerca alguna de sus bodegas. La Ruta del Vino de Jumilla tiene adscritas varias instalaciones, todas las cuales poseen personal formado para desarrollar atractivas excursiones para los interesados, enseñándoles cada paso que permite la elaboración del vino.

Evidentemente, y como ya es un clásico del enoturismo, quienes así lo deseen podrán degustar algunas de las variedades de uvas, aprendiendo al mismo tiempo cuál es la mejor forma de catarlas. Y, como siempre, estas bodegas disponen de tiendas para llevarnos ese vino que tanto nos gustó, o para quedar bien con algún familiar, llevándole un souvenir completamente diferente.

En medio de los Patrimonios tanto naturales como monumentales que nos sorprenden a cada paso, la Ruta del Vino de Jumilla nos abre las puertas de los siguientes establecimientos, entre otros: Bodegas Ribera del Juá, Bodegas Juan Gil & Gil Family Estates, Bodega Sierra Norte, Bodega Madrid Romero, Bodega CERRÓN, Bodegas Luzón y Bodegas Alceño S.A.

¡Y no te olvides del Museo del Vino!

Museo del vino | rutadelvinojumilla.com

Otro atractivo insustituible para todos los amantes de esta bebida alcohólica que propone Jumilla es el Museo del Vino Hacienda del Carche ~ Casa de la Ermita, donde se concentra buena parte de la historia de la vid en este lugar, y un espacio que además ha sido adaptado para invitarnos a pasar un maravilloso rato gastronómico y de relajación, imposible de encontrar en entornos urbanos.

El museo tiene una superficie aproximada de 1.500 metros cuadrados, recogiendo toda clase de elementos que advierten de la rica cultura en torno a esta Denominación de Origen, y resultando ideal a la hora del almuerzo, para degustar productos como olivas, patatas, embutidos, quesos, etc.

Definitivamente, no puedes irte de Jumilla sin pasar por su Museo del Vino.

¿Y con qué acompañamos el vino?

Vino DOP Jumilla

Probablemente, no resistirás más de un par de copas de vino sin comenzar a sentir mareos, o al menos, una alegría imposible de disimular. Si no quieres pasar por ello, lo mejor será aprovechar la ocasión para conocer un poco más a fondo la cocina jumillana, atravesada por claras influencias de la región, y con aromas y sabores en común con las gastronomías manchega y alicantina.

A continuación, mencionamos cinco platos que deberías probar en tu paso por Jumilla:

  • Gazpacho jumillano: esta preparación de origen judío lleva pequeños bocados de torta de harina de trigo no fermentado, y se acompaña con caracoles serranos y carne de liebre, conejo o perdiz, animales típicos de caza.
  • Gachamiga: un plato típico del invierno local, excelente para la época fría del año por su gran aporte de calorías. Lleva ingredientes básicos: harina, aceite, ajo, agua y sal
  • Relleno o pelotas: si bien es una comida habitual en las fiestas de fin de año, en muchas bodegas de Jumilla se le ofrece a los turistas durante todo el año. Se elabora a partir de pan rallado remojado en leche o agua, carne magra picada, huevos, ajo y perejil. Cuando está listo, se hacen una especie de pelotas, que se cocinan en el mismo caldo
  • Empanadas de patata: si vas a Jumilla en Semana Santa, verás que no faltan las empanadas de patata. Realmente, se preparan con patatas fritas, atún, huevos cocidos, pimientos y perejil. La masa lleva, como es habitual, harina, aceite, agua y sal
  • Queso de cabra frito con tomate: los quesos son algunos de los mejores compañeros de los vinos. En esta parte del país, el queso de cabra frito con tomate es un placer del que nadie debería privarse. Sobre todo, porque se produce mediante una raza local de cabras.

Como queda claro, la Ruta del Vino de Jumilla nos desafía a poner todos nuestros sentidos en juego por ello es una elección turística que cada vez más españoles y extranjeros tienen en cuenta. 


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Miguel Rodero
Escribir lo puede hacer prácticamente cualquiera, pero ponerle pasión y amor a las palabras es lo que diferencia a quienes solo juntan letras de "los otros" que transmitimos experiencias.  Viajar es sumergirse en otras culturas. Aprender que lo que siempre era negro ahora puede ser blanco. Que las diferencias siempre son más pequeñas que los puntos en común, y que es necesario viajar para crecer. Por suerte yo he crecido bastante, aunque nunca se es lo suficientemente grande si miras al horizonte. Espero que los escritos que publicaré en este espacio sirvan no solo como lectura, sino que aviven las ganas de conocer nuevos sitios y enriquecer con tus propias vivencias lo que puedas leer aquí. 

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