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Aparte del llamado Camino Francés (el más conocido), otros itinerarios también forman parte del vasto entramado de caminos que conducen a Santiago de Compostela. Este recorrido que proponemos por la llamada Vía de la Plata nos invita a detenernos y reflexionar sobre los pueblos y ciudades de la Hispania romana en un viaje por la historia de un imperio que marcó el transcurrir histórico de la antigua calzada que une el suroeste peninsular con el noroeste partiendo de la ciudad de Sevilla y atravesando seis provincias españolas hasta la ciudad leonesa de Astorga.

Templos, teatros, puentes, acueductos. Una sarta de vestigios romanos dignos de ver que forman parte de nuestro pasado y, quizá, también de nuestros recuerdos. Lo que hicieron los romanos fue consolidar un camino ya preexistente producto de las necesidades humanas de los primitivos habitantes, que comenzaron a trazar los primeros senderos a lo largo del occidente peninsular como caminos pecuarios para la trashumancia.

Posteriormente, durante la ocupación morisca, la mala pronunciación del árabe b’alata (que significa ‘empedrado’) fue lo que dio nombre a la calzada; aunque, los romanos, al conquistar el territorio Íbero, otorgaron gran importancia a las calzadas para transportar mercancías, entre las cuales se encontraba, con toda seguridad, la plata.

Sevilla, el principio de la Vía de la Plata

Carmona – Foto de Pedro Grifol

Puede que más de un lugareño sevillano, cuando contemple la distintiva vestimenta de algún peregrino -es decir: calabaza, concha de vieira, sombrero, zurrón, bordón…- piense que el peregrino se ha equivocado de camino, pero no, porque el camino empieza en Sevilla. Imposible pasar de largo cuando deambulemos por los hermosos rincones de la capital Hispalense. Intentar cerrar los ojos al atravesar el parque de María Luisa, el barrio de Santa Cruz, la Catedral, la Torre del Oro, Triana.

Sería un pecado, así que lo mejor es organizar el tiempo a nuestro albedrío e intentar, cuanto menos, impregnarnos del aroma de azahar para continuar con la siguiente etapa, que será Carmona. Allí se ubicó uno de los hermosos templos de la época romana, pero hoy queda muy poco de su grandiosidad, apenas algunos capiteles marmóreos y los tambores de sus fustes, cerca de la plaza de San Fernando.

Itálica – Foto de Pedro Grifol

Una de las maravillas de la travesía es Itálica, situada en el municipio sevillano de Santiponce. Fue la primera ciudad romana levantada en la Península Ibérica ¡hace dieciocho siglos! Allí nacieron hombres importantes para la gran Roma, como Trajano y Adriano. En su anfiteatro acudían a eventos más de 25.000 espectadores. Se puede pasear por la antigua ciudad para ver los mosaicos de las domus, que están bastante enteros. La joya del recinto es la estatua del emperador Trajano, que nos mira ¡sólo con media cara! Penetrante.

Atravesamos, casi bloqueado por la vegetación, el puente romano de Aznalcázar, dejando atrás la comunidad andaluza.

Seguimos por tierras extremeñas

Desde Andalucía, la Vía de la Plata se introduce en tierras extremeñas atravesando marismas, vestigios de antiguos dólmenes y las viejas cañadas llamadas Cuestas del Culebrín, que culminan en la localidad de Monesterio, lugar en la que se ubicaría la primera mansio de la vía del período de la romanización -las mansio consistían en una especie de área de servicios, dotada de cuadras y forraje para las cabalgaduras, hospedería y lugar acondicionado para el yantar de los viajeros-.

El paso de los siglos ha ido transformando la arquitectura de la villa creando nuevos escenarios históricos, como el Monasterio de Tentudía, vinculado a la reconquista y origen de leyendas medievales. Es, en la actualidad, uno de los miradores más interesantes de Extremadura.

Estamos en plena Tierra de Barros y la calzada sigue su curso por Fuente de Cantos, cuyo nombre ha trascendido por ser la cuna del místico pintor Francisco Zurbarán. Continuamos por un paisaje llano, de cereales, pasto y espacios desarbolados, hasta Calzadilla de los Barros.

Si queremos visitar esta villa para admirar el retablo gótico de la Iglesia del Divino Salvador, tendremos que desviarnos del trazado y seguir dirección este; pero después de la visita debemos retomar el camino oeste y recuperar el camino hacia Medina de las Torres, donde se encuentra el yacimiento romano de Contributa Iulia, una de las ocho ciudades romanas de la Beturia Céltica, que se puede visitar de manera guiada y gratuita todos los domingos.

Siguiendo hacia el norte, llegamos a Zafra, importante centro comercial y de interés histórico, pero que los romanos dejaron a un lado de la carretera.

Y la calzada entra en Mérida

Mérida – Foto de Pedro Grifol

Mérida fue fundada por el emperador Augusto para los soldados romanos licenciados -los eméritos- y llegó a ser una de las más importantes urbes del Imperio Romano y capital de la Lusitania, como ahora es capital de la actual Comunidad Autónoma de Extremadura. El puente de Mérida conectaba la ciudad con el Sur y el Oeste de la Península Ibérica. Más de dos mil años de historia contemplan al peregrino a su paso por este puente de piedra de casi 800 metros y declarado monumento nacional desde 1912. En Mérida se encuentra el Centro General de la Vía de la Plata, donde el viajero encontrará información detallada sobre la ruta.

El patrimonio de esta ciudad, fruto de las distintas etapas de su historia, repleto de construcciones romanas, edificaciones visigodas, la alcazaba árabe y las iglesias cristianas, es archiconocido y nos ocuparía un capítulo aparte, así que, aunque el tiempo no es infinito, tendremos que hacer la obligada visita. Ver, tocar y sentir los conjuntos -(templo de Diana, teatro romano, acueducto de los Milagros)- arqueológicos más representativos de la época romana en Occidente.

Y seguimos, siempre hacia el norte, continuamos por el mismo camino que recorrieron los primeros peregrinos mozárabes en busca del Apóstol Santiago por la Iter ab Emérita Caesaraugustam, que unía Augusta Emérita con Caesaraugusta (Zaragoza). Concretamente, un tramo de esta ruta unía las ciudades de Augusta Emérita con Asturica, la actual Astorga, su punto final.

Desde Cáceres, la calzada se dirige hacia Casar de Cáceres ¡de donde es la excelsa Torta del Casar! Atravesando el pueblo por su calle principal, pisamos unas baldosas de granito conmemorativas de las que fueron romanas. A la salida del pueblo, el camino romano y la vía pecuaria se confunden, pero en el término de Garrovillas el trazado de la calzada vuelve a ser reconocible en el terreno, ya que conserva varios restos materiales de su estructura, siendo evidentes sus bordes que definen su anchura y los taludes de piedra.

En esta zona se localizan numerosos miliarios (señalización romana con inscripciones) y en un punto, llamado Cumbre Oscura, podemos ver un grupo de miliarios depositados a un lado de la calzada…que ¡por suerte! nadie ha robado para decorar su jardín. Destaca el paisaje de dehesas típicas extremeñas, fincas ganaderas no labradas y por lo tanto se conservan casi intactas las piedras de los bordillos de la calzada cierta, significando, en ocasiones, linderos entre las fincas. Caminamos entre veredas de ovejas y entre lejanas miradas de toros de lidia.

Cáparra – Foto de Pedro Grifol

Y así, inmersos en este viaje, rodeados de pastizales y encinas, llegamos a Cáparra. La calzada romana pasa por debajo de un hermoso arco cuadrifonte, único ejemplar de la Península Ibérica. El arco tetrápilo de Cáparra es el único monumento milagrosamente emergente de la antigua ciudad romana. Se ha excavado una gran parte del yacimiento y se ha construido un centro de interpretación con un magnífico audiovisual que nos ilustra virtualmente de la vida en esta ciudad en la época de su esplendor, allá por el siglo I d.C.

La Vía de la Plata extremeña culmina en Baños de Montemayor, donde se conserva un importante tramo (restaurado) de la calzada cierta. En este pueblo podemos visitar unas termas romanas y la llamada Casa Popular, rehabilitada como albergue. El camino romano, dado lo escarpado del lugar, se muestra como una senda estrecha que se encamina hacia el puerto de la sierra salmantina, despidiéndose así de las tierras extremeñas.

Zamora, el terror de Roma

Zamora – Foto de Pedro Grifol

Entramos en la ciudad de Zamora que, según las crónicas “no se ganó en una hora”. Y nos encontramos con la estatua de Viriato, el pastor-asaltador que se ganó el título de ‘terror romanorum’ (el terror de los romanos), inscripción que luce orgullosa en el pedestal de su estatua zamorana. Viriato fue un líder lusitano que hizo frente a la expansión de Roma en la Hispania de mediados del siglo II a. C.

Nos quedan dos o tres días más -a pie- desde Zamora a Granja de Moreruela. Aquí, podemos decir adiós a la calzada romana y, de hecho, abandonaremos la Vía de la Plata que lleva hasta Astorga -final del camino- para conectar con el Camino Francés. A partir de ahí entramos en contacto con la vía medieval que nos llevará a otras historias de la Historia.

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