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Viajar por los pueblos de España es lo que tiene: A veces se topa uno con un interesante museo casi desconocido, con unas ruinas históricas (también casi desconocidas), o con una cueva -tal cual- en la que vivió el mismísimo Picasso. “Sorpresas te da la vida…” que decía la canción.

Justo es, que la primera visita de nuestro viaje comience por Gandesa, no solamente porque es la capital de la Tierra Alta, comarca catalana fronteriza con las provincias de Teruel y Castellón, sino porque si la memoria es individual, la Historia es colectiva. Lo que significa que nos pertenece a todos; y este municipio tiene lugar relevante, por derecho propio, en la Historia de España.

En el pueblo de Gandesa se encuentra el Centro de Estudios de la Batalla del Ebro, el centro de interpretación donde se contextualiza la batalla más sangrienta de la Guerra Civil Española, que tuvo lugar en el río Ebro, y que empezó el 25 julio de 1938 y terminó el 16 de noviembre de 1938 (115 días).

Terra Alta: Los hechos del pasado

Corbera d’Ebre – Foto de Pedro Grifol

La actualización de hechos del pasado, sobre todo de batallas, es una constante humana desde los tiempos de la Roma Imperial, en la que se representaban batallas en los anfiteatros (incluso las náuticas). Hasta antes de la pandemia Covid, los hechos más significativos de la batalla del Ebro se recreaban cada año sobre los escenarios reales en los que tuvieron lugar.



Alegóricos soldados pistola en mano, tocados con boina -o gorra de capitán-, “luchaban” en las trincheras de les Devees o dels Barrancs, (en las márgenes del Ebro) en un alarde de homenajear la memoria de todos aquellos protagonistas de la contienda. No es un juego, son voluntarios aficionados a la historia y convencidos de que su misión consiste en que nada quede en el olvido. Se llaman a sí mismos ‘recreacionistas’.

En el pueblo de Corbera d’Ebre, a escasos 5 kilómetros de Gandesa, el Consorci Memorial dels Espais de la Batalla de l’Ebre creó, en 2008, el Centro de Interpretación ‘115 Días’. Desde allí empieza un recorrido museístico que nos muestra, con instructiva visión, los hechos fundamentales de la batalla y objetos curiosos donados por combatientes de ambos bandos. La visita termina ‘inspeccionando’ las ruinas del Poble Vell (Pueblo Viejo) de Corbera d’Ebre, cuyos enmudecidos restos duermen en lo alto de la loma de La Muntera.

Mural en Poble Vell – Foto de Pedro Grifol

Una sucesión de casas en ruinas da constancia del bombardeo que acabó con el pequeño pueblo. Desde el campanario de la iglesia de San Pere, que milagrosamente no fue derribado, se pueden contemplar las sierras de Pàndols y Cavalls, lugares donde sucedieron los combates más intensos.

En la actualidad, Corbera d’Ebre se ha convertido en un referente de la Terra Alta en el campo de las artes plásticas, porque allí se celebra cíclicamente, a iniciativa del artista local Jesús Pedrola, La Biennal d’Art del Poble Vell, una exposición colectiva dedicada a los Derechos Humanos, que representa un acto solidario para denunciar todas las actuaciones que atentan contra el derecho de las personas. Si nos damos un paseo por el esqueleto del pueblo veremos el llamado Abecedario de la Libertad, que reúne en diversos puntos las 28 letras del abecedario, obras realizadas por diferentes artistas en diferentes materiales que quieren simbolizar el compromiso del arte con la repulsa a las guerras.

Guía práctica para visitar Terra Alta

  • Cómo llegar: Desde Gandesa/Corbera d’Ebre podemos ir a Horta de Sant Joan, que está a 20 kilómetros, por las carreteras TV-3531 y T-334
  • Alojamiento: En Gandesa, el Hotel Piqué es lo que hay. Básico, pero agradable. En Horta de Sant Joan existen varios alojamientos rurales: Casa Rural Mas de Manresa, Casa Rural Mas y la vivienda turística Ca La Begoña.
  • Gastronomía: En una comarca eminentemente agrícola como es Terra Alta, la calidad de la materia prima está asegurada. Destacan platos preparados con carnes de caza, como el conejo con arroz, el jabalí estofado o la perdiz a la cazadora. Un plato de carne típico es el crestó, a base de carne de cabra fresca, que se sirve guisado en escabeche y hierbas aromáticas. También cabe mencionar la paella de la huerta, cocinada con hortalizas de la tierra; y las pastas típicas llamadas panadons, que se acompañan con un chupito de mistela.
  • Más información en: www.terra-alta.org

La aventura picassiana

Paisaje en Horta de Sant Joan – Foto de Pedro Grifol

Todo lo que sé lo he aprendido en Horta

Pablo Picasso

Picasso llegó al municipio de Horta de Sant Joan en 1898 de la mano de su amigo Manuel Pallarés, que era natural del lugar y al que había conocido en Barcelona, donde iniciaron una amistad que duraría el resto de sus vidas. Cuentan las crónicas que acamparon en una cueva y practicaron auténtico nudismo por la salvaje (en aquellos tiempos) comarca tarraconense. Picasso tenía dieciséis años cuando llegó y diecisiete cuando se fue. Volvió diez años después.

En la segunda visita, el genio ya es famoso ¡con 27 años! y practica la generosidad con los vecinos en el desaparecido Café des Vives… porque trae consigo mucho dinero. Lleva en bandolera una cámara fotográfica (un lujo para la época) con la que inmortaliza los rincones del pueblo; y ‘asusta’ con sus impertinencias a las escandalizadas lugareñas que se atreven a insultarle porque yacía con su novia sin estar casado, a la sazón la parisina Fernande Olivier. Salía al balcón del Hostal el Trompet vociferando y exhibiendo una pistola. Junto al hostal instala su estudio en una buhardilla e inicia sus primeros balbuceos estilísticos con el movimiento cubista.

Horta de Sant Joan – Foto de Pedro Grifol

Naturalmente, hoy en día todas esas obras se encuentran diseminadas por museos y colecciones particulares alrededor del mundo, pero en Horta de Sant Joan está el Centro Picasso que alberga (reproducida) casi toda la obra que el artista creó e inmortalizó de los paisajes del lugar. No son originales -no se puede tener todo: los cuadros y el pueblo-, pero son reproducciones facsímiles de gran calidad y con profusa documentación cada una de ellas. En 1998 se cumplió un sueño: exponer en el Centro Picasso de Horta diecisiete obras originales que el pintor realizó cien años antes. Imborrable recuerdo para los lugareños de la provincia.

Merece la pena visitar este delicioso pueblo y profundizar en sus leyendas. No solo las que giran en torno a Picasso, sino en otras historias que cuentan los vecinos más longevos. Por ejemplo, ‘El milagro de la niña muda’. A saber: San Salvador d’Horta, patrón y líder espiritual del pueblo, recibió un día a un matrimonio venido desde Castilla La Vieja a Horta de Sant Joan confiando en la fama de milagrero que precedía a San Salvador; y le pidió que curase a su hija, sordomuda de nacimiento. El fraile Salvador así lo hizo, y la niña empezó inmediatamente a hablar. Los padres comentaron al religioso que no entendían lo que ésta decía, ya que sólo hablaba en catalán. La respuesta fue que la niña hablaba en esa lengua porque se encontraba en Cataluña pero que, en el preciso momento en que volviesen a su región, lo haría en castellano.

A estas alturas de la película no es de extrañar que San Salvador haya sido un santo reivindicado por algunas tendencias nacionalistas catalanas ¡Así cualquiera! Lo que decía, viajar por los pueblos de España tiene eso: “Sorpresas te da la vida… ¡Sorpresas!”

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