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La montaña de oro al norte, y la desembocadura del Júcar al sur, un tapiz de arrozales al oeste, y el Mediterráneo al este: cuatro icónicos puntos cardinales que resplandecen la ciudad de Cullera, porque esta localidad a 40 kilómetros al sur de Valencia es bonita desde cualquier punto de vista, desde cualquier mirador. 

Destino vacacional de miles de turistas cada verano, Cullera ofrece al visitante algo más que sol y playa, una historia milenaria —pero milenaria de verdad, 25.000 años, nada menos—, un sensual entorno natural de senderos, estanques y cultivos, y un patrimonio cultural en el que se combinan piratas y reyes, batallas y artistas rupestres. Así es Cullera, un brillante faro en la bahía

Recorriendo Cullera: faros, castillos y piratas 

Cullera
Cullera desde el cabo al norte de la Bahía – Fuente: Depositphotos

No nos puede extrañar que este asentamiento no pasara desapercibido para los musulmanes recién llegados a la península en el siglo VII: una montaña para dominar el entorno y una bahía para fondear las embarcaciones y controlar una buena porción de la costa levantina. Si a ello sumamos el suministro continuo de agua de la desembocadura del Júcar, tenemos un lugar ideal para establecerse. 

Justamente a la orilla sur del Júcar iniciamos nuestra ruta urbana por Cullera, allí donde en el siglo XVI, en época cristiana, los cullerenses decidieron construir una torre en el lado opuesto de la Muntanya de Les Raboses y su castillo para, junto a otras torres de la avenida del Marenyet, generar una línea defensiva costera. Y es que los piratas berberiscos fueron el azote marítimo de la época —como veremos en la cueva del pirata Dragut— y cualquier precaución era poca. 

Tras visitar el museo temático sobre la defensa de la costa cullerense de los piratas que alberga el interior de la torre, cruzamos ya el ponte de La Bega para adentrarnos en el espacio urbano de Cullera. Dos edificios significativos te dan la bienvenida a la parte sur de la ciudad.  

Por un lado, la Casa Enseñanza, erigido en tiempo de Carlos IV, a finales del XVIII, y que alberga en su interior una Sala de Exposiciones y el Museo Fallero de Cullera con una muestra de Ninots indultats, indumentaria tradicional, carteles y fotos antiguas. Es pequeño, pero gratuito y muy indicado para los niños. 

Siguiendo el carrer del Riu hacia el norte llegarás a la plaza de España donde se encuentra el Ayuntamiento ubicado en un edificio también dieciochesco de raigambre italiana, al gusto de Carlos III. No se puede decir que la plaza de España sea el lugar más ‘amplio’ de Cullera pero, paciencia, que estamos empezando y ya habrá tiempo de terracear a la orilla del Mediterráneo.  

Cullera
Barrio del Pou – Fuente: Depositphotos

De momento, seguimos ruta visitando la iglesia Santos Juanes, la más antigua conservada de la ciudad, datada a mediados del siglo XIII y que perteneció en primer lugar a los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, poco después de que Cullera cayera bajo dominio cristiano.  

Y es ahora cuando llegamos a una verdadera plaza, la de la Virgen de Cullera que alberga el Mercado Municipal, el mejor lugar para trastear entre los venerables productos de la huerta valenciana, y los Refugios de la Guerra Civil: dos galerías musealizadas que informan sobre la propia guerra y la construcción del mercado. 

Si sigues por la plaza de La Libertad y subes hacia el norte por el carrer del Pou, te adentrarás en la zona más pintoresca de Cullera, el barrio del Pou, en la falda sur de la Montaña de los Zorros. Fue aquí donde se asentaron los primeros musulmanes, conformando Qulayra, nombre del que deriva Cullera, y que se puede traducir por “cumbre alta” o “cima de la montaña”. Ese barrio también albergó una judería hasta finales del siglo XIV pudiéndose distinguir aún en la calle del Muro de las Ánimas los lienzos de la muralla reforzada en el XVI. 

Subiendo al castillo de Cullera 

Cullera
Castillo de Cullera – Fuente: Depositphotos

Llegó ya el momento de subir por el carrer del Calvari para visitar uno de los iconos de Cullera: su castillo. Una ruta de poco menos de una hora te permite conocer todas las torres restauradas de la albacara del castillo: de la Torre de la Reina Mora a la Torre Miranda en el extremo suroriental de la montaña, para después subir hacia el norte y conocer la Torre del Racó de Sant Antoni, la Torre Esmotxada, la Torre Octogonal y, finalmente, alcanzar el castillo propiamente dicho. 

Al castillo también se puede llegar en coche por la carretera Fuerte Al, al norte, y dejar el vehículo en el aparcamiento habilitado. Su interior alberga el Museo Municipal de Historia y Arqueología, así como exposiciones sobre la historia de Cullera y del propio castillo. Además, al lado se encuentra el santuario de la Virgen del Castillo, construido en el XIX para celebrar la leyenda sobre la patrona del pueblo cuya imagen habría sido encontrada de forma milagrosa por un pastor en una cueva cercana. 

Y de cuevas va ahora la cosa, porque nuestras últimas visitas a Cullera incluyen dos cuevas. Por un lado, Abric Lambert, en la ladera noroeste de la montaña, allí donde puedes conocer el origen del asentamiento humano en Cullera.

Cullera
Santuario de la Virgen del Castillo – Fuente: Pixabay

Y, por otro, el Museo Cueva de Dragut que recuerda la figura del pirata Dragut, lugarteniente de Barbarroja, aquel que asoló la ciudad en 1550 llevándose un valioso botín que incluyó bienes y cautivos, dejando Cullera despoblado durante décadas. A buen seguro que Dragut frunciría el ceño si supiera que 500 años después de su devastación su figura iba a ser recordada con un museo, pero los más pequeños se lo pasarán pipa en este lugar tan singular.  

Y es hora ya de finalizar esta ruta urbana, conociendo la Isla de los Pensamientos y el Faro de Cullera, dos emblemas de la ciudad. El primero de ellos es un lugar con gran peso histórico en Cullera como han demostrado las excavaciones arqueológicas, y el segundo es el vigía de la ciudad construido en este cabo que cierra al norte la bahía cullerense.

En su entorno también se puede visitar la microrreserva del Limonium Dufourii, el limonio o ensopeguera valenciana que se considera en peligro de extinción, abriéndonos la puerta para conocer al deslumbrante entorno natural de Cullera.  

Entorno natural de Cullera: senderos entre estanques, miradores y arrozales 

Cullera
Estanque de Cullera – Fuente: Depositphotos

El cultivo del arroz ha marcado la historia de la huerta valenciana, y Cullera es uno de los mejores lugares para profundizar en esa historia que nos regala entrañables postales rurales como las que podemos ver en dos rutas que propone el Ayuntamiento de Cullera, una por el marjal sur y otra por el marjal norte.  

Nosotros te recomendamos la del norte porque te permitirá acercarte, en primer lugar, al Museo del Arroz, el lugar ideal para ir conociendo la tradición de este cereal tan valenciano y que también tiene un lugar de privilegio en la dieta mediterránea. 

Tras visitar el museo que se encuentra en la ermita dels Sants de la Pedra —muy cerca, por cierto, de Aquopolis, el parque acuático de Cullera— y que ofrece unas impresionantes vistas de toda la ciudad, es hora de iniciar la ruta por el marjal norte, unas 3 horas a pie en algo más de 10 kilómetros que te ofrece vistas panorámicas de los arrozales y los huertos de naranjos y que pasa también ante el Botanic Cullera y la ermita de San Lorenzo.  

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Vistas del castillo, el Júcar y la huerta cullerense desde la Montaña de los Zorros – Fuente: Depositphotos

Pero quizás el sendero más popular en el entorno de Cullera es el PRCV-336 que es la mejor manera de tener un panorama completo de la ciudad y su entorno. Estamos ante una senda que discurre por el norte de la ciudad y que cubre buena parte de la montaña partiendo del cementerio, en la ladera oeste de la montaña, para después conducir a la playa del Dosel, el cabo de Cullera y, finalmente, ir ascendiendo a la montaña hasta alcanzar el castillo.  

Dos miradores espectaculares, el del propio del castillo y el del Alt del Fort —conocido como el Balcón del Júcar— nos ofrecen un espectacular panorama del entorno cullerense.  

Dos sendas más merecen reseña. Por un lado, todo un clásico, la senda del Lago del Estany que te llevará a conocer el Lago del Estany, el estanque de Cullera, el mejor lugar del entorno de la ciudad levantina para la observación ornitológica.  

Y para terminar una senda para cicloturistas que nos lleva conocer a más a fondo el río Júcar, principal responsable de la riqueza de los cultivos agrícolas de la zona originando la aparición de las primeras industrias de molinos de agua a su alrededor. Denominada Paisaje cultural del río Júcar, se trata de una senda de algo menos de 8 kilómetros y de una hora de duración que conecta Cullera con Sueca siguiendo la vera del río. 

Las playas de Cullera 

Cullera
Playa de Los Olivos en Cullera – Fuente: Depositphotos

Ya iba siendo hora de darnos un baño en el Mediterráneo, ¿verdad? En Cullera lo tendrás difícil… pero para elegir entre sus 11 playas que recorremos a continuación, de norte a sur. Empezamos fuerte en Mareny de Sant Llorenç, la playa nudista de Cullera con sus 2,7 kilómetros de longitud y una anchura de 40 metros, una playa salvaje y sin edificaciones en su entorno lo que la hace aún más atractiva. 

Al sur se ubica El Dosel con uno de los cordones dunares más representativas de toda la Comunidad Valenciana, así que bien merece una visita. Y es que no hay que olvidar que al norte de Cullera se ubica el Parque Natural de la Albufera, una de las excursiones imperdibles entre Valencia y la propia Cullera. El Dosel cuenta con casi 2 kilómetros de longitud y una anchura media de 50 metros.  

Es hora de visitar las playas del cabo, empezando por la pequeña Playa Faro, una cala rocosa de apenas 150 metros de longitud. Al sur se ubica la playa de Los Olivos, tranquila y familiar, medio kilómetro de arena fina protegida por dos espigones y resguardada del viento. Y al otro lado del espigón oriental, Cap Blanc, la favorita por los amantes del windsurf ya que aquí el viento ya hace acto de presencia, acogiendo, así mismo, un club y escuela de vela.

Las tres playas urbanas más populares de Cullera son El Racó, San Antonio y Escollera, esta última en el lado norte de la desembocadura del Júcar. Todas ellas tienen bandera azul sumando cerca de 4 kilómetros de arena.  

Pero al sur del Júcar aún nos quedan tres playas más. Marenyet frente a la torre homónima, donde es habitual ver a surfistas cogiendo olas, Estany, junto al estanque, una de las más tranquilas de Cullera, y Brosquil, al sur de la Urbanización El Dorado, ya camino de Gandía.

Gastronomía y ocio en Cullera: paella, chiringuito y David Guetta 

Cullera
Paella valenciana – Fuente: Depositphotos

Lo prometido es deuda, y si ya has pasado para aprovisionarte por el Mercado Municipal y tienes buena mano para la cocina, es hora de preparar tu paella con los mejores ingredientes de Km 0: todo lo que necesitas para preparar el plato más característico de la gastronomía cullerense lo tienes, literalmente, a la vuelta de la esquina.  

Pero, como bien sabrás, hacer una (buena) paella no está al alcance de cualquiera, así que te recomendamos que te acerques a alguno de los restaurantes de la Avenida Castelló para degustar este bendito plato. Ahora solo te queda decidir cómo quieres el arroz. Veamos, arroz del senyoret, arroz negro, fideuá, arroz al horno o paella de verduras. Todo ello, por supuesto, con arroz de la huerta de Cullera. ¡Bon profit! 

Cullera
Festival Medusa Sun Beach – Fuente: Depositphotos

Para bajar la paella, te proponemos una visita a los chiringuitos de Cullera, desde Maui Beach a la Perla Negra en Cap Blanc, desde Kai Lio a Medusa Beach Club, al sur de la playa de San Antonio, ya cerca de la desembocadura del Júcar. 

Y hablando de medusas, si te vienes a Cullera en agosto, prepárate porque llega una nueva edición del festival Medusa Sun Beach Festival, con música de David Guetta, Amelie Lens, Carl Cox, Marco Corla o Dimitri Vegas & Like Mike, un atronador fin de fiesta para esta visita a Cullera. 

1 COMENTARIO

  1. Estupendo el reportaje sobre Cullera.
    Sólo un pero. La playa de los Olivos se llama así desde los años 80-90 porque los propietarios del restaurante del mismo nombre que está en la playa se preocuparon por qué perdurara el nombre de la playa como el de su restaurante.
    Pero, de siempre, esa playa se ha llamado L’ILLA en mención al lugar donde se encuentra. Al pie de la ISLA DE LOS PENSAMIENTOS.
    Para que quede constancia.
    Gracias

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