Preguntarle a un tokiota cuál es su barrio favorito de la ciudad casi nunca lleva a Shibuya ni a Shinjuku. Lleva al oeste, a una franja de barrios donde la ciudad respira a otro ritmo. Shimokitazawa, Kichijoji, Koenji y Nakano comparten una misma filosofía, la de lo auténtico frente a lo espectacular. Y cada uno la expresa a su manera.
Son cuatro formas distintas de entender qué significa habitar una metrópolis de catorce millones de personas sin perderse en ella.
Shimokitazawa, el barrio que no madruga
En Shimokitazawa, también llamado Shimokita por los lugareños, el tiempo funciona de otra manera. No conviene llegar antes del mediodía, que es cuando los negocios abren, la creatividad de los vecinos empieza a verse en las calles y el barrio se convierte en lo que es. Situado en el distrito de Setagaya, al suroeste de Shibuya, surgió a mediados de la década de 1920 al calor de la línea ferroviaria Odakyū, como zona residencial para trabajadores que buscaban una vida tranquila a las afueras de la gran metrópoli.
En los años 50 y 60 comenzaron a proliferar los pequeños teatros independientes y los clubes de jazz, y el barrio se convirtió en el corazón latente de una nueva juventud japonesa. En los 90, con la llegada de estudiantes, coleccionistas de vinilos y buscadores de moda retro, la identidad del barrio quedó fijada de un modo que todavía hoy resulta sorprendentemente intacto.
Sus calles son estrechas y laberínticas, sin rascacielos ni neones en sus edificios de dos y tres plantas. Las tiendas de ropa de segunda mano se suceden entre cafeterías que entienden el café con una seriedad casi ceremonial, librerías independientes, bares de jazz diminutos y boutiques de ropa retro con personalidad propia.

Entre los locales de referencia están New York Joe Exchange, una tienda de segunda mano instalada en un antiguo baño público, o Flash Disc Ranch, una de las mejores tiendas de vinilos de Tokio, escondida en el segundo piso de un edificio en el lado sur de la estación. La escena musical es parte esencial de la identidad del barrio: cada noche, salas como Shelter, Club Que y ERA acogen actuaciones que van del rock alternativo al jazz experimental, muchas de ellas de bandas emergentes que encuentran aquí su primer escenario.
El teatro tiene en Shimokitazawa un peso inusual para un barrio sin pretensiones turísticas. El Honda Gekijō organiza festivales de teatro durante todo el año y el Teatro Suzunari ofrece desde piezas vanguardistas hasta representaciones más tradicionales. Ambos son espacios íntimos que funcionan como laboratorio de las artes escénicas japonesas independientes. El conjunto de espacio comercial y ocio Bonus Track y el complejo Reload, situados cerca de la estación, agrupan tiendas, restaurantes y talleres en un ambiente más reciente pero coherente con la identidad del barrio. Entre enero y febrero, las calles de Shimokitazawa se transforman durante el Tengu Matsuri, con máscaras de tengu, música y procesiones que recuerdan que bajo la fachada bohemia existe una comunidad de barrio con raíces muy antiguas.
Kichijoji, el barrio donde todo el mundo querría vivir
Hay encuestas que se repiten año tras año en Japón preguntando a los residentes cuál sería su barrio ideal para vivir en Tokio. Kichijoji suele encabezarlas. La razón no es un solo atractivo sino la suma de varios que difícilmente coinciden en un mismo lugar. Está bien conectado en tren con Shibuya y Shinjuku en apenas quince minutos, pero conserva un ritmo propio que nada tiene que ver con esas zonas. Cuenta con uno de los parques más grandes y queridos de la ciudad, pero también con una vida comercial y nocturna densa y variada. Es urbano y verde al mismo tiempo, tranquilo y animado según la hora del día.
El Parque Inokashira, inaugurado en 1917 como el primer parque suburbano de Japón, se extiende sobre 43 hectáreas entre los municipios de Musashino y Mitaka, con un estanque en el centro que alimenta el nacimiento del río Kandagawa. En primavera, cientos de cerezos florecen sobre el agua y convierten el parque en uno de los escenarios más solicitados para el hanami en el oeste de Tokio. En verano, sus senderos sombreados ofrecen una burbuja de frescor que contrasta con el calor húmedo de la ciudad. En otoño, el follaje tiñe de amarillo y naranja las zonas arboladas.
Se puede alquilar un bote con forma de cisne para recorrer el estanque y hay un escenario al aire libre donde músicos y artistas actúan con frecuencia. En el extremo suroeste del parque, a quince minutos a pie desde la estación de Kichijoji, se encuentra el Museo Ghibli, un espacio muy visitado tanto por los propios japoneses como por turistas extranjeros. Las entradas se agotan semanas o meses antes, así que deben reservarse con mucha antelación en la web oficial.
La vida comercial de Kichijoji se organiza alrededor de dos grandes calles cubiertas, Sun Road y Daiyagai, que desde la salida norte de la estación conducen hacia el barrio y el parque. Están llenas de pequeñas tiendas con producto local, panaderías, tiendas de artesanía y cafeterías hipster. Justo a la derecha de la salida norte se abre Harmonica Yokocho, un callejón minúsculo y laberíntico lleno de bares de barra tan pequeños que a veces solo caben cuatro o cinco personas.
Al caer la tarde se llena de oficinistas que toman brochetas de yakitori y cerveza en compañía, en uno de los ambientes nocturnos más auténticos de todo el oeste de Tokio. La cadena de restaurantes Iseya, fundada en 1928, tiene varios locales cerca del parque donde sirven estos platos a precios muy populares, con mesas en la terraza para quienes prefieren comer al aire libre mientras se escucha el murmullo del barrio.


[pies] El parque Inokashira, junto a Kichijoji, combina estanques, arbolado y paseos. | Bares y pequeños locales de Kichijoji al caer la noche.
Koenji, la cuna del punk japonés
Si Shimokitazawa es el barrio de los artistas y los soñadores, Koenji es el barrio de quienes se niegan a adaptarse. Situado en el distrito de Suginami, sobre la línea JR Chuo, su carácter alternativo es el resultado de décadas de movimientos estudiantiles, cultura underground y una escena musical que sigue activa con la misma intensidad que en sus años fundacionales. Fue en la década de 1970 cuando Koenji cobró protagonismo como centro de la contracultura, convirtiéndose en la cuna del punk japonés. Atraídos por los alquileres baratos y el ambiente de libertad creativa, artistas y músicos acudieron en masa, y el barrio estableció una identidad que desde entonces no ha cambiado demasiado.
Sus dos grandes arterias comerciales, la calle PAL y la calle Look, al sur de la estación, concentran una de las mejores selecciones de ropa vintage y de segunda mano de Tokio, solo comparable a la de Shimokitazawa y Harajuku. Pero Koenji no se define por las tiendas. Su corazón está en los pequeños locales de música en vivo que llevan décadas siendo el campo de entrenamiento de las bandas del underground tokiota. Salas como ShowBoat y el histórico 20000 Den-Atsu acogen actuaciones casi todas las noches, muchas de ellas de bandas locales con pocas decenas de seguidores y toda la intensidad del mundo.
Al sur de la estación, varias calles albergan pequeños templos budistas con jardines bien cuidados y atmósferas serenas que contrastan con la energía eléctrica del barrio comercial. El más significativo es el templo Koenji, del que el barrio toma su nombre, con una elegante arquitectura de madera tallada que ofrece un momento de pausa espiritual en medio del bullicio.
Frente a la salida norte de la estación se celebra el mercadillo nocturno Kitanaka Yoichi, un evento muy animado con puestos de comida donde también se venden piezas de segunda mano, objetos raros y artículos de diseño independiente. Se organiza el tercer domingo de cada mes entre marzo y julio, y el cuarto domingo entre septiembre y diciembre.
El momento cumbre de Koenji llega en agosto, durante el último fin de semana del mes, cuando el barrio acoge el Koenji Awa Odori. Este festival, iniciado en 1957 con el objetivo de revitalizar las calles comerciales del barrio, creció hasta convertirse en el segundo mayor festival de danza Awa Odori de Japón, solo por detrás del de Tokushima, donde nació el estilo hace cuatro siglos. Más de 10.000 bailarines organizados en grupos llamados ren recorren las calles del barrio al ritmo de tambores, platillos y flautas, ataviados con trajes tradicionales de colores, y el espectáculo atrae a más de un millón de visitantes en dos días.


[pies] Comercios y vida cotidiana en Koenji. | Las calles comerciales de Koenji conservan el ambiente de barrio.
Nakano, el otro Akihabara
Nakano está a cinco minutos de Shinjuku en la línea JR Chuo, pero podría estar en otro planeta. Donde Akihabara tiene rascacielos de electrónica, pantallas gigantes y docenas de maid cafés pensados para el turista, Nakano conserva el ambiente retro de la era Showa, con callejuelas iluminadas por farolas antiguas, izakayas de barra para dos personas y un centro comercial que parece detenido en el tiempo de la mejor manera posible.
Nakano Broadway, inaugurado en 1966 durante el periodo de crecimiento económico acelerado y americanización cultural del Japón de posguerra, fue concebido originalmente como un complejo residencial de lujo con apartamentos en los pisos superiores, piscina en la azotea y comercios de alta gama en las plantas inferiores. Con el paso del tiempo perdió su carácter residencial de lujo y fue encontrando una segunda vida gracias a las tiendas de coleccionismo.
La apertura de la tienda Mandarake, hoy la cadena de referencia en Japón para la compra y venta de manga y anime, fue el detonante. Hoy el Broadway alberga más de 30 locales distintos de Mandarake, cada uno especializado en un tipo de producto diferente, desde figuras de acción hasta doujinshi, desde videojuegos retro hasta discos de ídolos pop de los años 60.
La galería comercial cubierta Nakano Sun Mall, de 224 metros de longitud desde la salida norte de la estación, mezcla tiendas especializadas en ropa vintage y música con grandes cadenas y comercios de barrio. A la derecha de la galería se abre una red de callejuelas con un ambiente nostálgico y doméstico, llenas de restaurantes de yakiniku, bares de ramen y pequeños locales donde los trabajadores del barrio cenan en voz alta cuando cae el sol.
En Nakano Dori, la avenida que discurre al norte de la estación, los cerezos florecen en primavera con una generosidad que pocos turistas llegan a ver, convirtiendo la calle en uno de los escenarios de hanami más tranquilos y menos masificados de Tokio.


[pies] La entrada de Nakano Sun Mall, junto a la salida norte de la estación. | Las callejuelas de Nakano, entre pequeños bares y restaurantes.
Lo que tienen en común Shimokitazawa, Kichijoji, Koenji y Nakano no aparece en ninguna guía de viaje. Las tiendas llevan décadas abiertas por los mismos propietarios, los festivales existen porque los vecinos los necesitan, los cafés no tienen menú traducido al inglés. Recorrerlos exige cierta disposición a no buscar nada en concreto, que es exactamente la mejor manera de encontrar algo que valga la pena.
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