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Anticiparse a los tiempos. Este parece el leitmotiv de Casa Bonay, un hotel boutique barcelonés que ha sido pionero en su forma de entender la coctelería, la gastronomía y los espacios compartidos. Su lobby es uno de los pocos en el que nadie os pedirá el número de habitación, porque su filosofía es, precisamente, la de unir público local e internacional. Quizá por ello es habitual encontrarse a diseñadores, artistas, escritores, paisajistas, cineastas y chefs compartiendo una misma mesa en el Libertine, el centro neurálgico del establecimiento.

La joven directora Inés Miró-Sans está detrás de un proyecto muy personal que da voz a artistas y productores locales, con los que trabaja continuamente para ofrecer algo nuevo y sorprendente. Solo hay que fijarse en el edificio en el que estamos, una antigua finca neoclásica que se restauró completamente después de estar años en desuso. De hecho, hace seis años, cuando se inauguró el hotel, costaba imaginar que este barrio llegaría a convertirse en el importante centro gastronómico y social que es hoy en día. 

Las habitaciones, en las que no hay rastro de plásticos, fomentan la conciencia ambiental apostando por un diseño sostenible y mediterráneo. Aunque no parezca relevante, el minibar nos dice mucho del lugar en el que estamos. Evitando los precios desorbitados, se apuesta por bebidas y productos con historia, elaborados por pequeñas empresas locales, que se venden al mismo precio que tienen fuera de hotel. Pequeños detalles que dicen mucho.

Casa Bonay: la gastronomía, en el centro

Ya os hemos citado el Libertine, un lobby que destaca por una imponente barra donde todo se elabora al momento, desde los bitters hasta los zumos para los cócteles. Incluso el hielo podría protagonizar su propio documental: llega al hotel en grandes bloques, que se cortan a mano cada dos días para evitar que se disuelva fácilmente en las bebidas. También cuentan con los muy neoyorquinos ready-to-drink, que son cócteles previamente macerados que salen directamente de los tiradores.

Tanto en Libertine como en Bodega Bonay se pueden probar los platillos del joven chef Giacomo Hassan, muy instagrameados en las redes sociales, que combinan influencias francesas y italianas con productos de proximidad. Lo mejor es maridarlos con alguna de las 250 referencias de vinos del hotel, entre las cuales destaca la gran selección de vinos naturales de bodegas cercanas. Una muestra más de la capacidad de Casa Bonay para entender y potenciar las tendencias del momento.

Al lado de este local, además, se ubica el Satan’s Coffee Corner, pionero del café de especialidad en Barcelona y uno de sus tótems indiscutibles del sector. Por último, en la terraza se esconde otra sorpresa culinaria. Aquí acaba de reabrir El Chiringuito, un bar luminoso y festivo con vistas sobre la ciudad y con una barbacoa central que propone platillos carnívoros con toques asiáticos. Y no hay que olvidarse de Nica, una sala privada con aires de Twin Peaks que cuenta con un equipo de sonido de Brilliant Corners, perfecto para fiestas clandestinas. La felicidad, como dirían en Casa Bonay, es poder hacer lo que quieras, cuando quieras.

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