Canadá es de esos destinos que la gente lleva años posponiendo porque parece demasiado grande o complicado de organizar. Y cuando al fin se va, la reacción más habitual es: ojalá hubiera venido antes. Si ya tienes el vuelo en mente, pero no sabes bien por dónde empezar, lo que viene a continuación puede ser de gran ayuda.

Documentación y conectividad: lo que hay que resolver antes de hacer la maleta

scenery of mountain
Photo by John Lee / Unsplash

Los ciudadanos españoles no necesitan visado para entrar a Canadá en viajes turísticos de hasta seis meses, pero mucha gente se pasa por alto la eTA. Se solicita en línea, cuesta unos 7 dólares canadienses y queda vinculada al pasaporte. Junto a eso, contratar una eSim para Canadá antes de salir permite tener datos activos desde el aterrizaje, sin pagar tarifas de roaming disparadas.

Esto lo mencionamos porque en Canadá, tener cobertura propia es más útil de lo que parece. Las rutas por los parques nacionales no siempre tienen wifi, y las reservas de última hora se gestionan desde el móvil. Así que, los planes de entre 1 GB y 20 GB con red 4G/LTE y 5G cubren bien cualquier itinerario, urbano o de naturaleza.

Y el seguro de viaje cierra este bloque. La sanidad canadiense funciona bien, pero una visita a urgencias para un turista puede costar varios miles de euros. Es por esto que una póliza que cubra asistencia médica y también actividades de montaña es algo que no conviene dejar para el último momento.

La escala del país y el cuerpo que todavía está en España

an aerial view of a large building with a clock tower
Photo by Nathan Feyssat / Unsplash

Canadá tiene seis husos horarios y una extensión que hace que volar de Toronto a Vancouver sea comparable a cruzar Europa de extremo a extremo. Por lo tanto, llevar probióticos para el viaje, y empezarlos unos días antes, ayuda a mantener la microbiota intestinal en forma durante la transición. Esto se nota especialmente cuando el primer día hay mucho por delante.

Querer ver el este y el oeste en diez días es posible sobre el papel, pero en realidad se convierte en un maratón de aeropuertos. Lo más sensato es elegir una zona, conocerla bien y dejar la otra para otra oportunidad.

Y por último, para gestionar el jet lag, toma algo de luz natural durante el día, evita la siesta a media tarde y no arranques con un ritmo de visitas exigente. Esto es porque con la costa este hay seis horas de diferencia, y con Vancouver, nueve.

Moverse, pagar y no equivocarse con las costumbres locales

gray asphalt road near snow covered mountain during daytime
Photo by Floris Siegers / Unsplash

El coche de alquiler es casi imprescindible si el plan incluye parques nacionales. Banff o Jasper no se recorren bien en transporte público, mientras que Toronto y Vancouver tienen metro y zonas paseables. Entonces, reservar el vehículo con antelación en verano es necesario, dado que la demanda se dispara y los precios también.

Algo que también sorprende a muchos viajeros españoles es la propina. En Canadá no es un gesto opcional; en restaurantes, es habitual pagar entre el 15 y el 20 %, e igualmente aplica en bares y taxis. Por consiguiente, calcularlo desde el primer día te puede evitar momentos incómodos.

Finalmente, en verano, los alojamientos dentro de los parques se agotan pronto y actividades como el acceso al lago Moraine en Banff requieren reserva previa. De ahí que es mejor no dejar este tema para el último momento.

En definitiva, podemos decir que preparar bien un viaje a Canadá sí que requiere atención a los detalles que los buscadores de vuelos no recuerdan. Con la documentación en orden, la conectividad resuelta y una zona clara en mente, lo que queda es disfrutar de un país que raramente decepciona.