Taormina es una vieja amante esquiva y orgullosa que ya no necesita aduladores. Todo el mundo ha caído rendido a sus pies, pero pocos duraron mucho tiempo a su lado. Griegos, romanos, árabes, normandos, germanos y, finalmente, turistas. El mundo sigue enamorándose de esta localidad de estampa pintoresca e historia milenaria. Nos vamos a la costa este de Sicilia para conocer una de las localidades más famosas de la isla italiana.

Conocida como la Saint-Tropez siciliana, Taormina sí que recuerda el perfil geográfico y el carácter de algunas localidades de la Costa Azul francesa. La ciudad siciliana también fue ‘descubierta’ en el siglo XIX para el turismo y no tardó en convertirse en un balneario para una troupe de acaudalados e indolentes viajeros que llegaban, especialmente, del norte y el centro de Europa.

Taormina y sus conquistas

Taormina
Fuente: Unsplash

Aunque Goethe ya había dejado constancia de la belleza de Taormina en su libro Viaje a Italia, la leyenda cuenta que fue un joven noble prusiano de nombre Otto Gelang el que abrió la puerta al turismo centroeuropeo tras su llegada en 1863. Gelang cayó rendido ante la belleza de Taormina —y de una joven local con la que se casó— y de vuelta al continente no paró de hablar maravillas de su descubrimiento. Algunos de los amigos del barón decidieron comprobar si el relato de Gelang era una fantasía propia de un enamorado. Pero no: Taormina era real. Había que conquistarla. Otra vez.


Ubicada a unos 50 kilómetros al sur de Messina y a una distancia similar al norte de Catania, Taormina fue desde antiguo un enclave estratégico desde el punto de vista comercial y militar al situarse en altura en las laderas del Monte Tauro y al borde de un litoral con varios cabos y bahías que facilitaban el abrigo de la ciudad ante los invasores.

Decir que Taormina tiene un origen antiguo es quedarse corto ya que la ciudad fue fundada por los griegos en el VIII a.C., en época homérica. Desde entonces se convierte en punto caliente del Mediterráneo al que van llegando sucesivos visitantes, a menudo con intenciones deshonestas.

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El Teatro Griego de Taormina desde la grada. Fuente: Unsplash

Vestigio fascinante de esta primera etapa de desarrollo de Taormina es el Teatro Griego, construido en el siglo III a. C. en pleno periodo helenístico, aunque restaurado posteriormente en época romana cuando empezaron a desarrollarse también batallas de gladiadores. Consta de nueve secciones estando rodeado por un doble pórtico. En su origen tuvo una capacidad para 5000 espectadores con más de 100 metros de diámetro. Su buen estado general de conservación lo convierten en una visita indispensable para evocar ese pasado mítico de la localidad siciliana.

Esta vinculación de Taormina con las artes escénicas tuvo su repercusión más de 2000 años después. En 1955, en plena recuperación del turismo europeo en la posguerra, surge el Festival de Cine de Taormina, que desde 1971 se realizó de forma permanente.

Es así como la localidad siciliana se viste de Cannes para recibir a superestrellas del celuloide como Sophia Loren, Marlon Brando, Elizabeth Taylor o Robert de Niro. Woody Allen le declara amor eterno tras conocerla en los 70 rodando años después aquí parte de su Poderosa Afrodita. Y Michelangelo Antonioni también sitúa su fascinante Aventura en la localidad siciliana. La belleza de Taormina, desde luego, no podía pasar desapercibida para el cine.

Caminando por el casco histórico de la ciudad, vamos descubriendo otros vestigios de ese crisol cultural que germinó en Taormina a lo largo de los siglos. La Naumachia del I a.C. fue una cisterna romana convertida ahora en jardín secreto de entrada gratuita y que permite al viajero unos minutos de silencio en temporada alta.

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Las escaleras de Taormina hacen dudar a muchos viajeros. Fuente: Unsplash

Dejamos la Antigüedad y llegamos a la Edad Media, etapa en la que Taormina también sufrió numerosas conquistas y reconquistas. El Duomo di Taormina es un edificio singular puesto que combina su carácter religioso con una estructura externa defensiva, marcada por sus torres almenadas.

El Duomo está ubicado en el centro de la Corso Umberto, la calle principal que cruza el casco histórico de la ciudad, desde Porta Catania, al oeste, hasta Porta Messina, al este. Es casi un kilómetro de vía peatonal flanqueada también de hoteles, restaurantes y tiendas que ilustran el carácter de Taormina: una ciudad histórica volcada al turismo.

Cerca ya de Porta Messina encontramos otro de los puntos imperdibles de Taormina: la Piazza IX Aprile que ofrece desde su mirador impresionantes vistas del litoral. Generalmente atestada de turistas, esta plaza está vigilada por sendas iglesias: San Agustín y San Juan. De Piazza IX de Aprile también partes numerosas callejuelas, escaleras y rincones (casi) secretos que son vestigios del entramado urbano medieval.

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Taormina también tiene playas. Fuente: Unsplash

Si estamos bien de piernas —es una caminata una pendiente pronunciada— bien merece una visita el Castillo Sarraceno de origen musulmán, otro pueblo que cayó hechizado ante la belleza —y las posibilidades estratégicas— del enclave.

Las vistas desde la colina del castillo nos ofrecen el panorama definitivo sobre el encanto de Taormina. Desde aquí podremos ver los tres cabos que protegen las bahías de la ciudad junto a un pequeño islote que destaca en el medio. Ha llegado el momento de conocer la joya de la joya de Sicilia: Isola Bella.

Isola Bella, la guinda del pastel

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El Cabo de San Andrés y la Isla Bella. Fuente: Unsplash

Para alcanzar el litoral desde el casco histórico podemos descender por las escaleras o bien hacerlo en funicular, el cual trabaja a destajo para acercar a los turistas a las concurridas playas de la localidad siciliana.

Isola Bella es un pequeño islote equidistante entre el Cabo Taormina y el Capo de San Andrés que embrujó desde antiguo a muchos viajeros. Entre ellos, Lady Florence Trevelyan, sobrina de la Reina Victoria, que la compró para su propio solaz en 1890. Fue en ese momento cuando se edificó en el centro de la islita una pequeña casa donde Lady Florence pasaba largas temporadas. Tal fue el amor que sintió la mujer por este escondite que dejó para siempre Inglaterra y se quedó a vivir en Taormina hasta su muerte.


Aunque posteriormente siguió bajo manos privadas para la envidia de los locales, finalmente en 1990 las autoridades de la ciudad se hicieron con el control del enclave desarrollando la Reserva Natural de Isola Bella para su definitiva protección. Actualmente, con marea baja, el viajero puede acercarse a la isla caminando sobre un lecho de arena para contemplar de cerca la isla.

Y es que Taormina también es un paraíso para los amantes de las playas. Si bien no encontraremos aquí largos arenales desiertos por la propia geografía de la costa marcada por sus acantilados, Taormina y su entorno cuenta con interesantes playas como la de Mazzarò al norte de Isola Bella o las de Giardini de Naxos al sur, ya fuera de la ciudad.

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