
Por qué Bruselas es la capital mundial del chocolate
El chocolate es de esos alimentos capaces de arreglar un mal día, un amigo fiel siempre dispuesto a escuchar una confidencia, un placer sensual que tonifica cuerpo y mente.
El chocolate es de esos alimentos capaces de arreglar un mal día, un amigo fiel siempre dispuesto a escuchar una confidencia, un placer sensual que tonifica cuerpo y mente.
El verde de la tierra, el azul oscuro casi negro del mar y el blanco celeste: un buen día en la isla de Skye está definido por esos tres tonos que resumen la idiosincrasia de una de las islas más salvajemente bellas del norte de Europa.
La hermana pequeña de Malta es discreta pero elegante, rústica pero sensual, es el paseo y la terraza, el reloj sin manecillas y el agua sincera. Gozo es auténtica: lo que ves es lo que hay.
Una de las formas más sabrosas de viajar es por medio de la gastronomía, lo cual resulta todavía más placentero si degustamos los productos y platos típicos en el lugar de los que proceden. Si hablamos de dulces y, como nosotros, eres goloso, el placer todavía se incrementa.
Somos muchos los que disfrutamos con el senderismo, una pasión que combina la naturaleza, la historia, la actividad al aire libre y la siempre perfecta forma de descubrir el mundo a través de las suelas de nuestro calzado.
Hay un lugar en la Bretaña francesa que resulta tan bello como idílico y fascinante para soñadores, lectores, historiadores y aventureros. Nos referimos a un bosque poblado por las leyendas del rey Arturo y sus caballeros, en el que te esperan los ecos del mago Merlín y el hada Viviana.
Nos acercamos a uno de los rincones más espectaculares de Europa: Nærøyfjord, el fiordo más estrecho de Noruega.
Es una de las imágenes icónicas de Lituania y una de las escapadas preferidas de los habitantes de su capital Vilna: el castillo rojo sobre el lago Galve, la fortaleza medieval construida en un entorno idílico que fue origen de varios de los episodios más importantes de la historia del país.
Érase una vez un pueblo redondo de calles concéntricas y pavimento adquinado, de adorables plazas y casitas entramadas a las que apetece dar un bocado, un pueblo en el que el tiempo se pierde en un laberinto de juguete.