Si llegaste a Chile, existen altas probabilidades de que hayas recorrido muchos kilómetros para alcanzar este confín del globo. Y es que estamos muy al sur, entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes. Es posible que hayas sido atraído por nuestros paisajes: los glaciares, bosques y ríos del sur o el desierto del norte.

Pero lo que también es cierto es que de seguro te toque hacer una escala en Santiago, nuestra capital. Y si bien es difícil hacerles peso a los paisajes naturales del resto de Chile, Santiago es una metrópolis que logra encantar.


Santiago, una capital compleja y viva

Santiago de Chile - Foto: Christian Rojo

Es usual que entre santiaguinos hablemos mal de nuestra ciudad: la congestión en las horas pico, la calidad del aire, el ritmo del día a día. Santiago concentra cerca del 40% de la población del país, de los más centralizados de Latinoamérica.

Pero también es común que las y los extranjeros destaquen que les parece una ciudad con mucho verde, de personas amables, con infraestructura y servicios que funcionan, con un transporte público efectivo y, si estás de suerte, con la cordillera más impactante que verás enmarcando rascacielos y avenidas.


El origen de la ciudad y su trazado histórico

Santiago de Chile - Foto: Christian Rojo

El valle del río Mapocho fue el lugar escogido por Pedro de Valdivia, en el verano de 1541, como base para comenzar a colonizar Chile. Entre dos brazos del río y a los pies del cerro Huelén (hoy cerro Santa Lucía) comenzó a construirse la ciudad de Santiago: una zona que, con presencia indígena, ofrecía tierra fértil, agua y la posibilidad de vigilar desde la cima del cerro.

Una planificación de 126 manzanas dio forma a lo que sigue siendo el centro histórico de la ciudad. Hoy el cerro Santa Lucía conserva construcciones posteriores, como el Castillo Hidalgo, y es una atracción turística al ser un paseo tranquilo y que ofrece vistas hacia las distintas zonas del barrio.

Este pequeño cerro se encuentra, de hecho, entre la Alameda, una de las principales arterias de la ciudad, y los barrios Lastarria y Bellas Artes, ambos barrios culturales y gastronómicos. 

No pierdas la oportunidad de entrar a las librerías de esta zona y conocer autores chilenos contemporáneos como Nona Fernández, Alejandro Zambra, Cynthia Rimsky, Alejandra Costamagna, Lina Meruane, María José Ferrada, y tantas otras y otros, o curiosea en las colecciones de nuestras editoriales independientes, rubro que se ha hecho un espacio en el contexto de la literatura en español.


Cultura, parques y museos

Por Lastarria encontrarás restaurantes de todo tipo, además del histórico cine El Biógrafo y, un poco más allá, el Centro Cultural Gabriela Mistral. El GAM es un centro cultural especializado en teatro, danza, música, artes escénicas en general y artes visuales.

En su interior, encuentras una gran librería y en el subsuelo un restaurant que se llena después de charlas, inauguraciones o lanzamientos realizados en el mismo establecimiento. El GAM, además, es un centro vivo para transeúntes, bailarines o quienes quieren ensayar frente a las vidrieras del edificio, lo que lo convierte en un espacio vibrante con personas de todas las edades.

Además del cerro Santa Lucía, este barrio está cruzado por el Parque Forestal, un parque delgado y largo, con árboles añosos que sirve de panorama para jóvenes, familias y parejas en días de sol, así como para deportistas.

El parque está rodeado por un lado de los edificios residenciales señoriales más importantes de la ciudad, mientras que por el otro avanza el río Mapocho, que nace de la cordillera de los Andes y recorre Santiago. Salvo excepciones de años muy lluviosos, en realidad no suele ser muy caudaloso. 

Si sigues recorriendo el parque, llegarás al Museo de Bellas Artes, un edificio imponente encargado al chileno Emilio Jéquier (1866-1949) que, habiéndose formado en Francia, trajo consigo dichos parámetros de refinamiento y grandeza.

Jéquier es responsable de otros emblemas arquitectónicos, como el Palacio de los Tribunales de Justicia, el edificio de la Bolsa, la Estación Mapocho. El Museo de Bellas Artes, con sus 145 años de historia, alberga una colección con obras de artistas como Roberto Matta, Cecilia Vicuña, Gracia Barrios, Nemesio Antúnez.

La parte de atrás del palacio la ocupa el Museo de Arte Contemporáneo, que depende de la Universidad de Chile y también es central en el panorama artístico local.


El centro cívico y la vida cotidiana

Desde este punto, puedes seguir hacia el centro cívico de Santiago, hasta Plaza de Armas, la antigua plaza mayor contemplada en el diseño en damero de Pedro de Valdivia, en donde se establecieron los grandes poderes de entonces: la Catedral de Santiago, el Cabildo (hoy el edificio municipal) y el Mercado de Abastos.

Remodelada luego como plaza arbolada con una pérgola, es usual ver retratistas, bailarines y jugadores de ajedrez. Aledaño a la plaza, está el paseo Estado que junto con el paseo Ahumadas y calle Banderas son avenidas peatonales en las que puedes percibir la diversidad de la ciudad y sumergirte entre comercio de retail y comercio ambulante, restaurantes de todo tipo, oficinas públicas, y un collage sonoro de músicos, imitadores, preformistas callejeros, predicadores evangélicos y los distintos acentos de los habitantes de la ciudad.

Grupo definido también por una gran población migrante, especialmente de peruanos, colombianos y venezolanos.


Memoria, política y cultura contemporánea 

Casa de la Moneda - Foto: Christian Rojo

Si sigues bajando desde el kilómetro cero de la ciudad que es Plaza de Armas, llegarás a la Plaza de la Ciudadanía que abre paso al palacio La Moneda, la oficina de la presidencia y escenario del Golpe Militar del ’73, donde murió Salvador Allende.

Este palacio mira hacia el paseo Bulnes, y en sus pisos subterráneos conserva uno de los centros culturales más interesantes e inclusivos de la ciudad: el Centro Cultural La Moneda (CCLM), un espacio inaugurado el 2006 y que ofrece exposiciones de arte contemporáneo, fotografía, diseño y patrimonio cultural chileno, además de tener una cinemateca y un espacio de mediación para las infancias. Además, encuentras una tienda de artesanías chilenas y dos cafés por si quieres hacer una pausa.


Naturaleza urbana y barrios con identidad

Si en vez de dirigirte hacia el punto cero de la ciudad, hubieras decidido descubrir qué hay al otro lado del río Mapocho a partir de Bellas Artes, habrías llegado al barrio Bellavista, zona bohemia, de talleres de artistas y otros oficios, restaurantes y murales coloridos.

Este es el paso obligado –y lo digo así porque la gran oferta de bares lo convierte en un lugar peligroso de noche– para llegar al gran pulmón verde de nuestra ciudad y la mejor oportunidad para conectar con la naturaleza a pocos minutos de la urbe.

Se trata del cerro San Cristóbal, que forma parte del Parque Metropolitano, desde donde se obtienen las mejores vistas panorámicas de la ciudad. Además, forman parte del parque un zoológico, un funicular, un teleférico y el Santuario de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

En su cima, puedes probar un famoso brebaje frío y bastante dulce llamado mote con huesillo, muy popular en verano.


Quinta Normal y barrio Yungay

Para entender más a fondo nuestro país y algunos matices sociales, tanto desde lo arquitectónico como desde lo colectivo, lo barrial y en especial desde nuestra historia, es recomendable conocer el sector Quinta Normal / barrio Matucana.

Una alternativa es partir por el Museo de la Memoria, una experiencia tanto dolorosa como necesaria, en que se cuenta y documenta el periodo de la dictadura de Pinochet a partir de las violaciones a los derechos humanos.

Puedes cruzar luego hacia el Parque Quinta Normal, espacio público tradicionalmente vinculado a la agricultura, la educación y la ciencia, y hoy un espacio familiar para descansar, leer y jugar, entre senderos y su laguna artificial. 

Sobre el mismo eje de calle Matucana, encuentras otra sede del Museo de Arte Contemporáneo y un poco más allá M100, un centro cultural muy vivo y con una oferta muy interesante de teatro, danza, performance y conciertos, emplazado en un antiguo recinto industrial.

Luego puedes caminar hacia el barrio Yungay, uno de los barrios más antiguos y tradicionales de Santiago, fundado en el siglo XIX. Aquí verás casonas de fachada continua, algunos edificios coloniales y otros neoclásicos.

En sus calles abunda un espíritu de barrio que ha sabido mantenerse al igual que tradiciones y fiestas que se celebran en plena Plaza Yungay, como la Fiesta del Roto, cada enero. El “roto” es parte del imaginario popular chileno y representa a las personas sencillas, de clase obrera, símbolo de orgullo, resiliencia, humor y picardía.

En Yungay también destacan la residencia artística NAVE y el Museo del Sonido, así como restaurantes tradicionales como la Peluquería Francesa, la Fuente Mardoqueo (famosa por sus deliciosos y casi obscenos sándwiches) y Zarita, un restaurante peruano con mucho carácter.


Contrastes urbanos: del centro al barrio alto

Vistas desde el Sky Costanera - Foto: Christian Rojo

Santiago es una ciudad de contrastes por lo que puede ser interesante tomar un bus de superficie, aquí llamadas micros, para recorrer el eje que va desde el centro al barrio alto de la ciudad.

Si tomas una micro que te lleve en línea recta desde La Moneda, por la Alameda hacia arriba, podrás ver los cambios y contrastes entre la arquitectura, los colores y la vegetación de la ciudad.

Subiendo por la Alameda, reconocerás la Biblioteca Nacional al costado del cerro Santa Lucía, justo antes de pasar por la fachada del GAM. Un poco más arriba, verás el edificio de la Escuela de Arquitectos, diseñado por Kulczewski, el mismo arquitecto de otras edificaciones emblemáticas como la misma entrada al funicular del cerro San Cristóbal.

Pasarás entonces por plaza Baquedano, actualmente en reestructuración, pero históricamente un punto neurálgico para manifestaciones y festejos nacionales, lugar de conglomeración y la que se rebautizó popularmente como “Plaza Dignidad” durante el Estallido Social de 2019, emblema de enfrentamiento entre policías y civiles.

Pasado Baquedano habrás dejado Santiago Centro y verás cómo empieza a cambiar la cara de la ciudad. Estarás recorriendo el eje de Providencia, una de las comunas más apetecidas por jóvenes y familias.

Llegarás pronto a Tobalaba, donde si miras con detención hacia la izquierda y en altura reconocerás la torre del Costanera Center, centro comercial y oficinas, una de las torres más altas de Sudamérica. Un mirador la corona siendo un atractivo para quienes buscan una buena panorámica.

Pasado este punto estarás en otra comuna, de mayor riqueza aún: Las Condes. Reconocerás cómo la arquitectura cambia inmediatamente, adquiriendo mayor protagonismo el acero y el cristal.

Con algo de humor e ironía, y otra pizca de arribismo, a esta zona se le llama “Sanhattan”, por ser uno de los centros de negocios más importantes y modernos de la ciudad.

Con este recorrido habrás notado lo cambiante, diversa y contrastada que puede ser Santiago y podrás irte con algunas ideas y otras tantas preguntas acerca de esta gran capital sudamericana, ojalá con ganas de regresar.


Otros imperdibles en Santiago

Templo Bahá’í

Persa Biobío: mercado hecho de galpones y calles, con antigüedades, cachureos, baratijas, libros, ropa, repuestos y mucho más. Un «mercado de las pulgas» de alto nivel, colorido y vitalidad, que funciona como punto de encuentro, socialización y actividades culturales, y donde puedes probar platos típicos chilenos, como empanadas, pastel de choclo, cazuela, humitas.

La Vega Central: mezcla entre cotidianidad, tradición y los colores de las frutas y verduras más frescas de la ciudad. Si bien actualmente no es el barrio más seguro de todos, puedes encontrar casi cualquier cosa que busques y a buenos precios. También hay cocinerías de comida casera tradicional accesibles.

Templo Bahá’í: atractivo para muchos y muchas tanto por su arquitectura como por su simbolismo, este templo se encuentra en Peñalolén, casi donde termina la ciudad. A través de sus formas y juego con la iluminación, este templo y sus jardines aledaños promueven principios como la unidad, la igualdad y dan valor al silencio y a la espiritualidad en general.