Que la capital catalana representa un exponente de primer nivel en el ámbito culinario es algo que muchos ya saben de sobras. Y, además, con una potente variedad de posibilidades, tanto en la vertiente más tradicional como en la más actual. Ya sea para los arroces, los guisos, las cocinas de todo el mundo, la fusión de culturas y sabores o las clásicas recetas de la tierra. No obstante, no todo acaba en Barcelona.
De hecho, diversas poblaciones cercanas a la ciudad condal ofrecen todo un mundo gastronómico por descubrir. En la entrada de hoy daremos algunas opciones que, a una distancia bastante razonable, dan la oportunidad de conocer rincones de gran belleza, cuya experiencia incluye disfrutar de platos verdaderamente deliciosos.
Garraf

A poco más de 45 minutos de Barcelona tenemos una de las comarcas más atractivas de Catalunya, conocida tanto por su parque natural montañoso como por su zona costera. De Garraf destacamos tres localidades y tres buenas opciones gastronómicas. En primer lugar, hablemos de Vilanova i la Geltrú. La capital de la comarca se ha caracterizado, históricamente, por ser una ciudad de pescadores.
En muchos de sus restaurantes podremos encontrar platos de mar perfectamente ejecutados; pero, tal vez, uno de los más populares sea el “Suquet de peix”, un guiso marinero excelente y sabroso. Si nos dirigimos a la zona del interior de Garraf, a 10 minutos tenemos Sant Pere de Ribes. Este pueblo fue la ubicación del Casino de Barcelona: una finca emblemática, con muchos de los juegos que hoy se encuentran en el casino en línea en España, pero en una localización auténticamente glamurosa y única.
Eso sí, además del citado casino y de estar rodeado del imponente macizo montañoso, Sant Pere también es famoso por el “Xató”, un plato icónico de la región por el que vale la pena hacer una parada para disfrutar. De vuelta a la costa, Sitges es una urbe que siempre sorprende por su belleza. La variedad de la gastronomía es muy amplia allí, con chefs de primera; en este caso, recomendamos probar una fideuá bien cerca de la playa.
La Garrotxa

Para llegar hasta la zona volcánica de La Garrotxa tardemos un poco más. De hecho, está en la provincia de Girona. Por ejemplo, hasta Olot tenemos una hora y media en coche, aproximadamente. Pero la experiencia merece cada minuto de este desplazamiento. La zona, además de ser muy conocida por su parque natural, también ha cosechado una gran fama en lo que refiere a sus embutidos, como el fuet o la butifarra.
Los cultivos son excelentes, destacando las patatas; de hecho, las patatas de Olot (rellenas de carne) representan un exponente de la cocina tradicional de la comarca. Y no podemos olvidar las legumbres. Los “Fesols” de Santa Pau tienen una textura fina y su sabor es fascinante; se pueden acompañar de la butifarra local o saltearlos al gusto. Imprescindible llevarse una muestra (igual que con los embutidos) para cocinarlos en casa.
Para aprovechar la visita, recomendamos una parada en Besalú y su conjunto histórico medieval, con una de las entradas más impresionantes que se pueden encontrar. Por cierto, aunque Banyoles no pertenece a La Garrotxa, se sitúa a una distancia muy asequible. Su lago es muy conocido; pero, tal vez no todo el mundo sepa que, además, ofrece unos postres y dulces exquisitos.
Valls
No podemos despedir este artículo sin hacer referencia a uno de los platos típicos catalanes por excelencia: los Calçots. Y, para ello, el lugar más icónico es Valls, una población de la provincia de Tarragona, a poco más de una hora de Barcelona. El calçot es una cebolla, de forma alargada, que se asa con las llamas del fuego, dejando cocido el interior y algo calcinado el exterior.
Tras pelarlo (es todo un ritual) se moja en una salsa, que es el verdadero secreto del sabor resultante. Un día de calçotada incluye, habitualmente, una buena muestra de carnes a la brasa, para después de los calçots, y postres tan típicos como la crema catalana. En sí, más que un plato, se trata de una costumbre y un día para pasar con amigos y familia. Eso sí, hay que tener en cuenta que no todo el año podemos encontrarlos.
Los meses “fuertes” son los de principio de año, de enero a marzo (aunque a veces se alarga la época). Claro que la zona tiene mucho más que ofrecer el resto de la temporada. De hecho, Tarragona es un mundo a descubrir en lo culinario. Un aspecto que puede combinarse con otras tantas actividades presentes en la región; su capital, sin ir más lejos, además de una gastronomía única, posee centros para juegos de azar, arqueología, buceo y mucho más.

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