El Algarve portugués es reconocido internacionalmente por sus postales de arenas doradas y las imposibles formaciones rocosas que surgen del mar. Pero existe un territorio resguardado entre las montañas de la Sierra de Monchique que ofrece una experiencia completamente distinta. El aire se vuelve más fresco y el aroma a salitre es sustituido por el perfume de los eucaliptos, los madroños y los alcornoques.

En este escenario de naturaleza aún salvaje se encuentra el Barranco do Demo, un enclave que recientemente se ha convertido en una visita imprescindible para los amantes del senderismo y la historia gracias a la inauguración de sus espectaculares pasarelas de madera. Lo hemos visitado de la mano de Cristiano, un guía local que nos ha descubierto su historia y todos sus secretos.

El tesoro geológico y las huellas del tiempo

Barranco do Demo - Foto: Christian Rojo

Para llegar a este rincón oculto es necesario dirigirse a la freguesía de Alferce, un pequeño pueblo de casas blancas que parece colgar de la ladera de la montaña. El perfil del terreno se vuelve abrupto y revela la magnitud de un desfiladero que durante siglos fue un lugar de difícil acceso y numerosas leyendas.

La importancia de este lugar trasciende la belleza paisajística y se asienta en una base científica fascinante que explica la formación de todo el sur de Portugal. Desde el punto de vista geológico, el Barranco do Demo marca el contacto entre la sienita nefelínica característica de la Sierra de Monchique y las rocas sedimentarias preexistentes. El intenso calor de la intrusión magmática transformó estos materiales, dando lugar a las denominadas corneanas (hornfels), rocas metamórficas que explican el relieve abrupto del barranco.

Más allá de las piedras, la historia humana ha dejado una impronta imborrable en las cumbres que vigilan el desfiladero. Frente al Barranco, en la colina se encuentran las ruinas del Castelo de Alferce, una fortificación cuyos orígenes se remontan a la Edad del Bronce o incluso puede que a un periodo anterior.

Aunque los romanos utilizaron la zona principalmente por las aguas termales de la cercana Monchique, fueron los musulmanes quienes, a partir del siglo VIII, dieron al castillo su mayor relevancia estratégica. El nombre de Alferce proviene del árabe Al-fari, que significa literalmente caballero. Se cree que esta región era la principal proveedora de jinetes y guerreros para la corte de Silves, la antigua capital del Algarve.

"Una de las leyendas relativas al Barranco do Demo, que viene ya desde el tiempo de los árabes, cuenta que todavía hace poco tiempo en Marruecos había personas de avanzada edad que decían que aquí, en Alferce, había un tesoro enterrado. Probablemente estos mitos tienen que ver con que, en el pasado y por motivos de seguridad, la gente escondía sus pertenencias y, si alguien las encontraba mucho tiempo después, nacía la historia del tesoro. Aunque hoy en día el gran tesoro del barranco es el propio passadiço y la atracción que genera."

Una pasarela entre el cielo y el abismo

El proyecto que ha devuelto el Barranco do Demo el interés de muchos turistas es una obra de ingeniería diseñada para ser respetuosa con el medio ambiente y, al mismo tiempo, espectacular para el caminante. Las pasarelas de madera se extienden a lo largo de un recorrido que busca hacer la unión entre el centro del pueblo y las ruinas del castillo.

El objetivo principal de esta infraestructura era conectar los restos arqueológicos con un futuro centro de interpretación para que los visitantes pudieran comprender la importancia del sitio sin destruir el ecosistema. El diseño permite salvar los desniveles más pronunciados mediante tramos de escaleras perfectamente integrados en la roca, ofreciendo perspectivas que antes eran inaccesibles para cualquier persona que no fuera un experto en escalada o un pastor local.

El elemento más fotografiado y emocionante de todo el recorrido es el puente colgante. Con una longitud de unos cincuenta metros y suspendido a una altura considerable sobre el cauce del arroyo, este puente ofrece una sensación de libertad absoluta. Al caminar sobre su estructura de acero y madera, el viajero puede sentir la fuerza del viento que se encajona en el desfiladero y observar la densa vegetación que cubre las laderas.

La construcción de este puente fue un desafío logístico importante debido a la orografía del terreno, pero hoy se alza como el punto culminante de la visita. Cruza de una ladera a otra con una visibilidad total de la fractura geológica, permitiendo apreciar desde el aire la mezcla de rocas que mencionaba anteriormente.

"La gente solía decir a menudo que aquí en Alferce había un túnel que conectaba directamente con el Castillo de Silves. La razón de esta creencia era que, cuando alguien salía de aquí y llegaba a Silves, allí ya conocían las noticias. En realidad, lo más probable es que tuvieran un sistema de comunicación mediante espejos o con humo, lo que les permitía transmitir mensajes básicos y que la información llegara mucho antes que las personas."

Durante el descenso hacia el puente y el posterior ascenso hacia el castillo, el visitante puede apreciar la flora autóctona en todo su esplendor. Los alcornoques, de los que se extrae el corcho que es motor económico de la zona, dominan el paisaje junto a los madroños. Los frutos de estos últimos se utilizan para elaborar el famoso aguardiente de medronho, una bebida con mucha “personalidad” que define el espíritu de la sierra.

A pesar de que la región ha sufrido graves incendios forestales en el pasado, la zona del barranco ha logrado mantenerse relativamente a salvo en sus tramos más profundos. Conserva una biodiversidad que es difícil de encontrar en las áreas más urbanizadas del litoral.

El camino del caballero: senderismo con alma árabe

Barranco do Demo - Foto: Christian Rojo

El trayecto por las pasarelas exige una preparación física moderada, ya que cuenta con numerosos escalones que salvan el desnivel del barranco. Sin embargo, el diseño del camino incluye diversas áreas de descanso y miradores estratégicos. En estos puntos, es posible detenerse para contemplar el valle del Alferce y comprender la razón por la cual este sitio era tan valorado por los caballeros árabes. La visibilidad sobre el territorio es total, permitiendo controlar cualquier movimiento en los valles circundantes.

"El castillo tiene vestigios muy antiguos, desde la Edad del Bronce o incluso anteriores, con huellas nítidas de utilización. Después de la invasión musulmana a partir del siglo VIII, fue reutilizado, ampliado y se hicieron obras importantes. Sin embargo, dejó de tener utilidad a partir del siglo XIII, tras la conquista cristiana, porque ya no tenía interés defensivo al haber cruzado los enemigos hacia el otro lado."

Si hacemos el camino completo, alcanzaremos las ruinas del Castelo de Alferce. Aunque actualmente se encuentra en una fase de estudio arqueológico y recuperación, ya se pueden observar los vestigios de las murallas y las estructuras interiores que servían de refugio a los caballeros musulmanes. Las excavaciones han revelado capas de ocupación que nos hablan de una continuidad de vida en esta cumbre durante miles de años.

La Sierra de Monchique: una alternativa al turismo de masas

Visitar el Barranco do Demo permite descubrir la hospitalidad de la Sierra de Monchique, un entorno que funciona como el contrapunto perfecto a la bulliciosa costa portuguesa. El municipio de Alferce ha hecho un esfuerzo importante por recuperar sus tradiciones y ofrecer al turista una opción de calidad centrada en el contacto directo con la naturaleza y la historia local.

Para quienes deseen completar la jornada, el entorno de Monchique ofrece otros puntos de interés cercanos. A pocos kilómetros se encuentran las Caldas de Monchique, donde las aguas termales que ya utilizaban los romanos siguen activas para el descanso de los viajeros. También resulta recomendable subir al Fóia, el punto más elevado del Algarve, para observar las vistas de la costa sur y la vicentina en los días claros.

La apuesta por las pasarelas y la recuperación del Castelo de Alferce no solo protege el patrimonio, sino que dinamiza una región que tiene mucho que ofrecer fuera de las guías convencionales. Este recorrido por el Barranco do Demo es la prueba de que el interior del Algarve posee una identidad propia, marcada por una geografía sorprendente y un pasado cultural que merece ser conocido sin prisas.