Ahora que el Gran Museo Egipcio por fin ha celebrado su apertura oficial en Guiza, tras años de retrasos y expectativas, muchos viajeros han puesto El Cairo en su lista de próximos viajes. Pero hay otro gran museo dedicado a Egipto, mucho menos obvio, lejos del desierto y sin pirámides a la vista. Un museo que se encuentra, además, en una preciosa ciudad italiana. Viajamos hasta Turín para descubrir un museo imprescindible para aprender sobre la antigua civilización egipcia.

Un museo nacido en 1824, en plena egiptomanía europea

Museo Egipcio de Turín - Foto: Christian Rojo

El Museo Egipcio de Turín nace oficialmente en 1824, en un siglo en el que Europa vive un auténtico fervor por el Antiguo Egipto. La institución se presenta hoy como el museo más antiguo del mundo dedicado por completo a la civilización egipcia y su historia empieza mucho antes de las vitrinas actuales y de las pantallas que contextualizan cada pieza. Empieza con coleccionistas, diplomáticos, arqueólogos y con la voluntad política de convertir Turín en una capital cultural con ambición internacional.

Uno de los motores de esa fundación fue la colección reunida por Bernardino Drovetti, cónsul y figura clave en la circulación de antigüedades egipcias en la Europa del XIX. En marzo de 1823 se firma en Alejandría el acto notarial que pone en marcha la venta de su enorme conjunto de piezas al rey Carlo Felice de Saboya, un primer paso que desembocaría en la creación del museo.

La sede elegida fue el antiguo Collegio dei Nobili, el edificio de Via Accademia delle Scienze que sigue albergando el museo. Allí llegaron las cajas con las piezas y allí se ideó la forma de exponerlas. El palacio, construido a partir de 1679, se adaptó progresivamente a su función museística y, en 1832, el museo abrió al público. Es un detalle importante: no se trataba de una colección privada para iniciados, sino de un proyecto que aspiraba a convertirse en referencia cultural y científica.

Museo Egipcio de Turín - Foto: Christian Rojo

En esa misma etapa temprana aparece un nombre inevitable, el de Jean-François Champollion, el estudioso que descifró los jeroglíficos en 1822. El Archivio di Stato di Torino conserva cartas suyas escritas durante una larga estancia en la ciudad a partir de junio de 1824, en las que opina sobre conservación y disposición de las piezas, y donde se adivina un debate sobre cómo transformar un conjunto de objetos en un museo con criterios científicos.

A comienzos del siglo XX, las campañas arqueológicas dirigidas por Ernesto Schiaparelli y, después, por Giulio Farina, alimentaron un crecimiento espectacular. La historia del Museo Egipcio recoge que entre 1903 y 1937 esos trabajos en Egipto llevaron a Turín alrededor de 30.000 piezas y que el propio Schiaparelli impulsó reformas para ganar espacio y mostrar hallazgos procedentes de lugares como Asyut y Gebelein.

Los números ayudan a calibrar lo que significa hoy este museo. Según los datos que ofrece la propia institución, el Museo Egipcio de Turín conserva en torno a 40.000 piezas. De ese conjunto, unas 3.300 se exhiben en las salas del recorrido principal y alrededor de 12.000 pueden verse también en las Galerías de Cultura Material, concebidas precisamente para abrir al público una parte de lo que, en otros museos, quedaría siempre en almacenes.

A ese volumen se suma otro indicador que dice mucho del perfil del museo, su fondo documental. El Museo Egipcio custodia una de las colecciones de papiros más significativas del mundo, con cerca de 700 manuscritos completos o recompuestos y más de 17.000 fragmentos, en varios idiomas y escrituras.

Cómo es la visita: cuatro plantas, más de dos kilómetros y un viaje que no se hace deprisa

El Museo Egipcio se recorre en vertical y en horizontal. El propio museo señala que se extiende a lo largo de más de dos kilómetros. Sí, conviene tomárselo con calma. Hay mucho que mirar, mucho que leer y bastante que procesar. En los últimos años, además, la experiencia se ha ido afinando con nuevos montajes y renovaciones pensadas para el bicentenario, que el museo celebró en 2024.

A lo largo de la visita verás grandes esculturas, sí, pero también herramientas, textiles, restos de vida doméstica, fragmentos de escritura y material que acerca el Antiguo Egipto al visitante. En mi opinión, esa es una de sus grandes virtudes: ha sabido unir la espectacularidad que despierta el Antiguo Egipto con una puesta en escena cuidada y una narrativa muy trabajada, pensadas para acompañar tanto a quien llega con ojos de estudioso como a quien entra por pura curiosidad y sale sabiendo mucho más de lo que esperaba.

Hay espacios que definen un museo y, en Turín, uno de ellos es la Galleria dei Re. Esta galería alberga grandes esculturas de faraones y divinidades, una serie única compuesta por estatuas halladas en el complejo templario de Karnak, en Tebas, en 1817 y 1818. El nuevo montaje, proyectado por el estudio OMA, propone por primera vez desde la llegada de esas estatuas a Turín en 1824 una presentación orientada a recuperar su sentido original dentro de un templo egipcio, devolviendo contexto a lo monumental.

En el tercer piso, el museo ha ampliado el recorrido con la Galleria della Scrittura. Este espacio ocupa mil metros cuadrados, reúne 248 piezas y se estructura como un viaje en diez secciones a los orígenes de las escrituras del Antiguo Egipto, retrocediendo unos 4.000 años. El planteamiento va más allá de los jeroglíficos: aborda también jerático, demótico y copto, y utiliza la escritura para hablar de sociedad, administración, enseñanza y del papel del escriba como custodio de la memoria.

Una de las novedades más potentes del recorrido es la sala dedicada a Kha y Merit, una pareja vinculada a Deir el-Medina, el poblado de artesanos que trabajaba para las tumbas reales. El montaje, renovado hace poco, cambia por completo la manera de acercarse a su ajuar funerario: la iluminación guía la mirada, los apoyos visuales ayudan a entender qué estás viendo sin saturar y, por primera vez, parte de la trastienda se asoma al visitante con textiles custodiados a la vista.

En el resto del recorrido hay varias salas centradas en el Egipto funerario, con momias y sarcófagos expuestos junto a elementos del rito de enterramiento, como máscaras, amuletos y piezas de ajuar. También aparecen secciones dedicadas a la escritura y a los textos funerarios, con ejemplos del Libro de los Muertos en diferentes soportes, además de estelas y relieves que ayudan a situar nombres, cargos y contextos. A esto se suman salas con grandes esculturas, retratos y objetos de la vida cotidiana, desde cerámicas y herramientas hasta piezas de uso doméstico, que completan la visita con una panorámica amplia de la civilización egipcia más allá de las dinastías y los templos.

La Cappella rupestre di Ellesiya

Museo Egipcio de Turín - Foto: Christian Rojo

La Cappella rupestre di Ellesiya es, literalmente, un templo excavado en la roca que hoy puedes visitar dentro del Museo Egipcio, en la planta baja. Su origen está en Nubia y se remonta al Reino Nuevo: fue mandado tallar por Tutmosis III, en la dinastía XVIII, hacia mediados del siglo XV a. C., no muy lejos de Abu Simbel. El pequeño santuario estaba dedicado a Horus de Miam y a Satet, y su interior mantiene la planta en T invertida, con un corredor y dos cámaras laterales. En las paredes aún se distinguen escenas de ofrendas del rey a divinidades egipcias y nubias, y al fondo conserva la zona de culto con figuras esculpidas.

Que este templo esté en Turín no es casualidad, sino consecuencia directa de una operación internacional de rescate patrimonial. Con la construcción de la presa de Asuán y el riesgo de inundación de numerosos monumentos por el futuro lago Nasser, se activó la gran campaña coordinada por la UNESCO para salvar los templos nubios. Italia participó en esos trabajos y, como gesto de agradecimiento, el gobierno egipcio donó Ellesiya, que llegó a Turín en 1966.

Después de un traslado complejo y de su reconstrucción dentro del museo, el templo se presentó oficialmente en la ciudad en el otoño de 1970. Y fue, en esencia, el mismo proceso que permitió que hoy Madrid tenga el Templo de Debod, también donado por Egipto a España en 1968 como reconocimiento a su participación en esa campaña internacional.

En 2023 se inició una restauración centrada en la limpieza y consolidación de las superficies, seguida de un reajuste del montaje para integrarlo mejor en el recorrido. Y, desde 2024, la capilla se puede visitar de forma gratuita con un acceso independiente por Via Duse, una decisión ligada a las celebraciones del bicentenario del museo. En la práctica, es una parada muy agradecida si estás en Turín y quieres ver una pieza única sin necesidad de hacer el recorrido completo del Museo Egipcio.

Información práctica: entradas, horarios y cómo organizar la visita

El museo está en Via Accademia delle Scienze 6, en pleno centro de Turín. Para entrar, es obligatorio comprar el billete online, según indica el propio museo en su web. También advierte de que la franja horaria elegida permite acceder dentro de los 15 minutos de esa ventana y que los retrasos pueden impedir la entrada, además de recordar que los billetes no son reembolsables.

En cuanto a precios, actualmente la entrada general cuesta 18 euros. El precio reducido para mayores de 70 años es de 15 euros y para estudiantes cuesta 3 euros. Existe un Family Ticket de 36 euros para dos adultos y dos menores. La entrada es gratuita para niños de 0 a 5 años, para persona con discapacidad y acompañante, para miembros ICOM, para quienes tienen Abbonamento Musei Torino y Piemonte Card, para quienes visitan el museo el día de su cumpleaños y para miembros del Museo Egizio, entre otras categorías señaladas por la institución.

Respecto a horarios, el museo abre todos los días, con un horario específico los lunes de 9.00 a 14.00, y de martes a domingo de 9.00 a 18.30. El último acceso es una hora antes del cierre.

¿Cuánto tiempo necesitas? El museo sugiere un tiempo medio de visita de unas dos horas y media. Es una orientación útil para planificar, aunque, si te dejas atrapar por las salas de escritura o por los detalles del ajuar de Kha y Merit, seguramente necesites más tiempo.

Turín guarda su propia historia de Egipto con rigor, con ambición y con una puesta al día constante. Y lo hace sin pedirte que seas experto. Solo te pide algo bastante razonable: que mires con atención.

Más información en la web oficial de Turismo de Italia: https://www.italia.it/es