Desde el desierto más árido del planeta hasta los bosques lluviosos de la Patagonia, una nueva generación de hoteles demuestra que es posible combinar exclusividad con sostenibilidad. Arquitecturas que se funden con el paisaje, energías renovables, gastronomía de proximidad y programas de conservación son parte de una tendencia en la que Chile se ha convertido en referente mundial. Estos alojamientos de alto nivel prueban que viajar con confort y responsabilidad no solo es compatible, sino que marca el futuro del turismo.
río serrano hotel + spa (Torres del Paine)

Situado en uno de los paisajes más bonitos del extremo sur de Chile, río serrano hotel + spa combina confort y naturaleza a las puertas del Parque Nacional Torres del Paine. A orillas del río Serrano y con vistas abiertas al macizo Paine, el hotel aprovecha grandes ventanales y una cuidada arquitectura en madera para integrar la experiencia interior con el territorio patagónico.
Las habitaciones, distribuidas en varias categorías, destacan por su amplitud y por la abundante luz natural que entra desde la cordillera. Tras las excursiones por el parque, el spa Jenák se convierte en uno de los grandes atractivos del hotel: una piscina climatizada de más de 250 m² con balcones hacia el macizo, sauna y tratamientos inspirados en la naturaleza magallánica.






En el apartado gastronómico, el restaurante Qawasqar y el restobar De Agostini trabajan con ingredientes locales y recetas de fusión que evocan la diversidad de la Patagonia chilena. El chef Walter Leal dirige una propuesta culinaria inspirada en los productos regionales y en el entorno que rodea al hotel.
El establecimiento ha ido incorporando medidas de sostenibilidad energética y una gestión responsable del entorno, especialmente relevante en un territorio donde el impacto humano debe ser mínimo.
Un secreto:
Solicita una habitación con vistas al macizo y madruga para ver el amanecer: los primeros rayos de sol sobre las cumbres son un espectáculo único.
Refugia Chiloé (Península de Rilán, Chiloé)





Refugia se posa en lo alto de una loma verde mirando al mar interior frente a Castro. El edificio, de líneas contemporáneas y revestido con tejuelas de madera al modo chilote, dialoga con el paisaje de praderas, bosques y canales; dentro, ventanales panorámicos convierten el fiordo en un cuadro cambiante. La experiencia se completa con excursiones guiadas (kayak, navegación por canales, paseos por iglesias y palafitos) y una mesa que rescata pescas del día y productos de huertas y artesanas locales.
En sostenibilidad, el hotel trabaja con materiales locales y oficios tradicionales, minimiza el impacto en una zona de alta fragilidad y ha integrado medidas de eficiencia energética (como calderas de biomasa) y un programa de excursiones de bajo impacto y cupos acotados. El resultado es un lodge “de refugio”: inmersivo, silencioso y coherente con el espíritu de Chiloé. El spa y las áreas de descanso, siempre abiertas al mar, redondean una sensación de retiro sereno en el fin del mundo.
Un secreto:
Reserva un paseo en bote al atardecer: los reflejos rosados sobre el mar interior son inolvidables.
Tierra Atacama (San Pedro de Atacama)




A los pies del volcán Licancabur, Tierra Atacama fue pionero en el desierto al producir su propia electricidad solar: un sistema híbrido fotovoltaico con baterías que aporta alrededor del 60% de las necesidades energéticas y evita más de 240 toneladas de CO₂ al año.
El hotel fue concebido por el estudio chileno AATA Arquitectos y destaca por su integración con el paisaje. Los muros de adobe y piedra volcánica evocan la tradición constructiva atacameña, mientras que los ventanales panorámicos inundan los espacios de luz natural y enmarcan el desierto como parte del interior. La decoración combina textiles andinos, maderas nativas y piezas de artesanía local.
Un secreto:
Súmate a la salida astronómica: el desierto de Atacama es uno de los mejores observatorios naturales del planeta.
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Explora Rapa Nui (Isla de Pascua/Rapa Nui)





Levantado sobre praderas onduladas con amplias vistas al Pacífico, el lodge de explora en Rapa Nui fue el primer hotel de Sudamérica con certificación LEED de construcción sostenible: incorpora diseño bioclimático, materiales locales (madera de pino y piedra volcánica) y un manejo eficiente de energía y agua.
El edificio, concebido por el arquitecto chileno José Cruz Ovalle, combina líneas curvas y orgánicas que evocan las formas de la isla y se integran a la topografía natural. Los espacios comunes, amplios y luminosos, están pensados para la contemplación y el silencio, privilegiando materiales nobles y una estética minimalista que pone el foco en el paisaje y no en el artificio.
La propuesta es todo incluido: exploraciones terrestres y marinas, bienestar y gastronomía, con base en un hotel de 30 habitaciones que minimiza su huella y prioriza la interpretación del entorno arqueológico (plataformas ahu, moáis, petroglifos) desde el respeto y la gestión responsable del destino insular.
Un secreto:
No te pierdas la caminata al amanecer hasta Tongariki de unas tres horas de paseo o veinte minutos en coche. Ver a los moáis recortados contra el sol naciente es pura magia.
The Singular Patagonia (Puerto Bories, Puerto Natales)




Este icono patagónico vive en un edificio de 1915: el antiguo frigorífico Puerto Bories, hoy Monumento Nacional. Su restauración, que integra un museo de maquinarias originales, es un caso ejemplar de reutilización adaptativa en hotelería: rescata patrimonio, reduce la necesidad de nuevas materias primas y alarga el ciclo de vida de una gran infraestructura. El resultado es un hotel-museo frente al fiordo Última Esperanza, con habitaciones amplias, gastro de producto austral (centolla, merluza austral, cordero) y un spa con piscina interior/exterior mirando al canal.
Desde su muelle privado parten navegaciones a los glaciares Balmaceda y Serrano en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, una excursión clásica que combina fiordos, bosques subantárticos y rutas de fauna marina. La carta de actividades suma cabalgatas, trekkings y visitas históricas a Puerto Natales: la Patagonia dura, pero con confort y narrativa.
Un secreto:
Dedica una hora al museo interno: las máquinas originales cuentan la historia industrial de la Patagonia.
Nothofagus Hotel – Reserva Biológica Huilo Huilo (Panguipulli)




En plena selva valdiviana, Nothofagus es el “árbol-hotel” de Huilo Huilo: una estructura de madera con gran atrio central y pasarelas que ascienden como si fuesen ramas. El entorno es un área privada de conservación donde la Fundación Huilo Huilo desarrolla programas de restauración ecológica, educación y protección de fauna, incluido el simbólico proyecto de reintroducción del huemul. Es un enfoque integral que conecta hotelería, ciencia y comunidad en uno de los bosques templados lluviosos más singulares del planeta.
A nivel de servicios, el complejo propone termas y tinajas, spa, canopy, senderos, kayak en lagos cercanos y excursiones con interpretación naturalista. La arquitectura orgánica y la gestión de flujos (capacidad, señalización, guías) buscan minimizar el impacto de la visita y maximizar la experiencia de inmersión en bosque, ríos y cascadas.
Un secreto:
Sube al mirador en la azotea del hotel: la vista de los bosques lluviosos al amanecer es un espectáculo silencioso.
Debaines Hotel (Santiago)





Una de las adiciones más interesantes a la escena hotelera de la capital es el Debaines Hotel Santiago, ubicado en pleno centro histórico, frente al Teatro Municipal y a pocos pasos de la Plaza de Armas. Miembro de Small Luxury Hotels of the World, se distingue por su diseño contemporáneo con guiños a la herencia arquitectónica chilena y por su propuesta gastronómica: el Gran Café, de estilo europeo, y el elegante Copper Room, que celebra productos de temporada y vinos locales. Sus espacios comunes incluyen un gimnasio con luz natural, zonas de descanso abiertas al barrio y una azotea panorámica que ofrece vistas únicas sobre los tejados del centro.
En materia de sostenibilidad, el hotel apuesta por el concepto de “green luxury”: cuenta con estación de carga para vehículos eléctricos, promueve el uso de artesanía local en sus interiores y, gracias a su ubicación estratégica, invita a recorrer a pie los principales museos, cerros y parques urbanos. Un verdadero refugio urbano que conjuga estilo, comodidad y conciencia ambiental.
Un secreto:
Después de un cóctel en la terraza, piérdete por el barrio entre librerías, galerías de arte y bares de diseño en uno de los rincones más bohemios de Santiago.
La Casona – Matetic Vineyards (Valle del Rosario)




Una casa colonial de principios del XX restaurada con diez habitaciones, piscina y salones amplios: La Casona es el corazón enoturístico de Matetic, bodega orgánica y biodinámica certificada (Demeter) que ha hecho escuela en los valles costeros de Chile. Pasear entre viñedos con brisa oceánica, visitar la bodega de gravedad y cerrar con una degustación de líneas Corralillo y EQ define una experiencia slow a una hora de Santiago.
La sostenibilidad aquí nace en el viñedo vivo: corredores biológicos, policultivo, compost, manejo del agua y mínima intervención enológica. La bodega y el hotel se abastecen de prácticas de eficiencia y de un turismo de baja escala que reparte beneficios en la zona, demostrando que el lujo puede ser silencioso, agrícola y muy local.
Un secreto:
Pide probar el espumante Corralillo Brut: sorprende por su frescura costera y producción biodinámica.
Vik Chile (Viña VIK) – Región de O’Higgins (Valle de Millahue)





Vik Chile, con su cubierta metálica escultórica, domina un anfiteatro de cerros, viñedos y espejos de agua. Al lado, la bodega diseñada por el arquitecto chileno Smiljan Radic es un manifiesto de arquitectura sostenible: se integra al paisaje y utiliza una gran plaza de agua que ayuda a regular la temperatura de las salas subterráneas, reduciendo consumo energético. Viña VIK comunica además que su operación vinícola funciona con energía 100% renovable. La experiencia se completa con Puro Vik, un conjunto de bungalows de vidrio sobre la ladera, y un programa de arte&vino que convierte la estadía en una inmersión sensorial.
Catas, cabalgatas, senderos por quebradas y gastronomía de producto local coronan un concepto que entiende el vino como paisaje, diseño y ciencia a la vez. Es, quizá, el resort vinícola más audaz del país: vanguardia, terroir y eficiencia en la misma copa.
Un secreto:
Recorre la colección de arte del hotel: cada habitación tiene una intervención artística única.
&Beyond Vira Vira (Pucón, Distrito de los Lagos)




A orillas del río Liucura y frente al volcán Villarrica, &Beyond Vira Vira ocupa una hacienda con huerta orgánica y quesería propia: su cocina es el paradigma farm-to-table en Chile, con menús de temporada, lácteos artesanales y una carta de vinos que marida territorio y técnica. El diseño de suites, villas y la casa principal incorpora textiles y arte mapuche, y el programa de actividades abarca trekking, rafting, pesca con mosca, cabalgatas, kayak, ski invernal e incluso heli-experiencias en la Araucanía andina.
En sostenibilidad social, teje vínculos con comunidades mapuche mediante visitas culturales, rutas de artesanía textil y proyectos de cosecha de agua de lluvia con bombeo solar para huertos comunitarios, además de operar con criterios de turismo de naturaleza responsable y miembro de la red Beyond Green. Un lujo con raíces.
Un secreto:
Prueba el queso elaborado en la quesería del hotel: fresco, artesanal y con leche de sus propias vacas.
Hotel Magnolia (Santiago, barrio Lastarria / Santa Lucía)



El Magnolia ocupa una mansión de 1929 meticulosamente restaurada por la arquitecta Cazú Zegers y la decoradora Carolina Delpiano: un ejercicio de cirugía patrimonial que fusiona la piel histórica con tres niveles nuevos en vidrio y una estética contemporánea. En el interior, materiales locales como travertino sin pulir y piezas de artesanos chilenos conviven con guiños deco y una azotea muy querida por locales y viajeros, con vistas al Cerro Santa Lucía y al centro histórico.
Más que una certificación, su sostenibilidad se expresa en la reutilización del patrimonio construido y en la curaduría de producto local (arte, diseño, cocina). Su escala boutique favorece un servicio cercano y desplazamientos a pie por Lastarria, Bellas Artes y el eje de parques urbanos. Un clásico moderno.
Un secreto:
Alójate en una habitación del ala antigua: los detalles art déco mantienen el alma de la casona original.
Hotel AWA (Puerto Varas, Lago Llanquihue)





Frente al Llanquihue y con el volcán Osorno como telón, AWA es un manifiesto de diseño sureño y una referencia nacional en sostenibilidad: es el primer hotel de Chile certificado como Empresa B y se ha trazado metas ambiciosas, como reducir en 80% el uso de combustibles fósiles para 2030. Trabaja con proveedores locales, huerta propia y un equipo que promueve salidas no motorizadas (bici, kayak) junto a excursiones por parques, ríos y estuarios de la zona.
La experiencia combina spa, playa, muelle, cocina de producto y un catálogo de actividades que van de la remada en el Reloncaví a trekkings familiares. La arquitectura, definida por el cristal, la piedra y la madera, trae el paisaje al interior sin estridencias, y la gestión B Corp alinea lo social y ambiental con lo económico: lujo con propósito, en la puerta de entrada a la Patagonia Norte.
Un secreto:
Desde el muelle del hotel puedes salir en kayak al amanecer: el volcán Osorno se tiñe de dorado si las nubes lo permiten.


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