En el corazón de Turín, una silueta inconfundible perfora el cielo piamontés y domina el horizonte de la ciudad desde hace más de siglo y medio. La Mole Antonelliana no es solo el símbolo arquitectónico de la capital del Piamonte, sino también la sede de uno de los museos más fascinantes e insólitos de Europa. Originalmente concebida como sinagoga, alberga hoy el Museo Nazionale del Cinema y se considera uno de los museos más altos de Europa.
Dentro de sus muros, la historia del séptimo arte despliega todas sus capas, desde las sombras chinas y las linternas mágicas del siglo XIX hasta los efectos especiales más avanzados del presente, en un recorrido que es, al mismo tiempo, espectáculo, arqueología y pura emoción cinematográfica.
Un edificio con historia propia: la Mole Antonelliana

Para entender el museo hay que entender primero el edificio que lo acoge, porque la Mole Antonelliana tiene una historia tan accidentada como apasionante. La construcción comenzó en 1863, poco después de la unificación italiana, y no se completó hasta 1889, ya fallecido su arquitecto. El proyecto lo inició el arquitecto Alessandro Antonelli, oriundo de Novara, con la intención de levantar una sinagoga para la comunidad judía de Turín, pero el edificio fue adquirido en 1876 por el Municipio de Turín mientras aún estaba en construcción, para convertirlo en un monumento a la unidad nacional.
El proceso constructivo estuvo plagado de contratiempos. Antonelli, que llamaba a su proyecto "un sueño vertical", modificó el diseño original en múltiples ocasiones, aumentando progresivamente la altura planificada de 47 a 113 metros hasta que las obras se detuvieron por dificultades financieras en 1869. En 1876 la comunidad judía, que había gastado ya 692.000 liras en un edificio todavía muy lejos de terminarse, anunció que se retiraba del proyecto. Los turineses, que habían visto crecer la mole hacia el cielo, exigieron que la ciudad se hiciera cargo de las obras. Antonelli reanudó entonces la construcción, aumentando la altura hasta los 167,5 metros definitivos. Trabajó en el proyecto hasta su muerte en octubre de 1888.
El resultado fue monumental en todos los sentidos. La Mole Antonelliana es uno de los edificios de mampostería más altos jamás construidos, levantado sin estructura metálica interior, y su silueta forma parte incluso del imaginario cotidiano italiano, hasta el punto de aparecer en la moneda de 2 céntimos de euro.
Sin embargo, su historia no ha estado exenta de contratiempos. Ya en 1904, una violenta tormenta derribó la estrella que coronaba la cúpula, que sustituyó al genio alado original instalado en el siglo XIX. El episodio fue solo un anticipo de lo que vendría después. El 23 de mayo de 1953, una tromba de agua acompañada de un tornado destruyó los 47 metros superiores del chapitel, obligando a una reconstrucción completa que se llevó a cabo en 1961 mediante una estructura metálica revestida de piedra.
Hoy, lejos de ocultar esas capas de historia, el edificio incorpora también intervenciones contemporáneas, como la instalación Il volo dei Numeri del artista Mario Merz, cuyos números de Fibonacci recorren uno de los lados de la cúpula con una secuencia de neón rojo que dialoga con la geometría vertical de la torre.
El origen del museo: la pasión de una mujer

La historia del Museo Nazionale del Cinema no puede contarse sin mencionar a Maria Adriana Prolo, la estudiosa piamontesa que lo hizo posible casi a título personal. El primer proyecto de constituir un museo italiano del cine se remonta a junio de 1941, cuando Prolo comenzó a trabajar para hacer realidad la idea. Con el apoyo artístico de algunos pioneros del cine, entre ellos el director Giovanni Pastrone, que en 1914 había rodado en Turín Cabiria, la mayor superproducción del cine mudo italiano, llegaron los primeros fondos para adquirir objetos y documentos de la historia del cine italiano.
El museo abrió sus puertas por primera vez en 1958, instalado entonces en el Palacio Chiablese, donde permaneció hasta que tuvo que cerrar en 1985 por razones de seguridad. En 1983, tras el incendio que destruyó el cine Statuto y causó la muerte de 64 personas, el museo cerró al público por razones de seguridad, aunque al año siguiente algunos objetos se trasladaron a la sede del Cinema Massimo de Via Verdi, junto a la Mole.
Maria Adriana Prolo falleció en 1991 sin ver el retorno del museo a su sede predestinada porque la inauguración oficial en la Mole Antonelliana tuvo lugar en julio de 2000. El proyecto escenográfico fue obra del arquitecto torinés Gianfranco Gritella y del escenógrafo suizo François Confino.
Una colección excepcional: más de dos millones de piezas




Museo Nazionale del Cinema
El patrimonio que custodia el museo es de una riqueza difícilmente comparable. El museo conserva más de dos millones de piezas, entre películas, documentos de archivo, fotografías, aparatos, objetos de arte, carteles, memorabilia y grabaciones sonoras, lo que lo sitúa entre los más prestigiosos del mundo. La colección se organiza en grandes bloques temáticos que recorren toda la evolución de la imagen en movimiento.
La colección de la cineteca custodia más de 30.000 películas, a partir de la primera adquirida en 1942 por la fundadora. La colección de Arqueología del Cine transporta a los visitantes al universo espectacular que entretenía al público antes del nacimiento del cine, con sombras chinas, cajas ópticas y linternas mágicas. En la Fototeca, más de un millón y medio de imágenes narran la historia del cine y del arte fotográfico en Italia desde 1840 hasta 1940.
Entre las piezas más llamativas de la colección permanente, pueden verse objetos vinculados a grandes producciones internacionales, junto a piezas como la túnica de Peter O'Toole en Lawrence de Arabia. En 2024 el museo recibió más de 800.000 visitantes, convirtiéndose en uno de los más visitados de Italia.
La visita: un recorrido en espiral hacia las alturas

Entrar en el Museo Nazionale del Cinema supone adentrarse en una experiencia que va mucho más allá de la contemplación de vitrinas. El itinerario inmersivo, diseñado por el arquitecto torinés Gianfranco Gritella y el escenógrafo suizo François Confino, envuelve al visitante desde el primer momento con decorados, proyecciones y juegos de luz, invitándole a subir por la rampa en espiral que sigue la forma de la Mole Antonelliana.
La planta baja está dedicada a la Arqueología del Cine, con ocho áreas temáticas donde los visitantes pueden experimentar en directo espectáculos ópticos y los primeros dispositivos que jugaron un papel crucial en el nacimiento del cine. Desde los teatros de sombras hasta las fascinantes linternas mágicas, esta sección ofrece una exploración práctica de los orígenes del séptimo arte.
El corazón espectacular del museo es el Aula del Tempio, rodeada de áreas expositivas dedicadas a los grandes géneros de la historia del cine, con un espacio dedicado al mudo italiano Cabiria y otro a Turín como "Ciudad del Cine". En el Aula del Tempio, tumbados en varias chaise-longues de color rojo, los visitantes pueden ver fragmentos de películas proyectados en grandes pantallas colgadas de las paredes, perdiendo fácilmente la noción del tiempo.
Desde el Aula se accede a la Rampa Helicoidal que, como una película cinematográfica, se desenrolla hacia arriba en dirección a la cúpula. Este recorrido acoge las exposiciones temporales y permite admirar el Aula desde lo alto con una visión espectacular. La sección dedicada a la Maquinaria del Cine ilustra las distintas fases de la industria cinematográfica, desde los estudios de producción hasta la dirección, el guion, los actores y el sistema de estrellas, el vestuario, la escenografía, los storyboards y la propia sala de cine.
La subida continúa hacia la Galería de Carteles, que recorre la historia del cine a través de los directores y películas más relevantes, ilustrando la evolución del gusto gráfico y de la cartelería publicitaria italiana e internacional. A la entrada y a lo largo del recorrido, el visitante encontrará un código QR para descargar la audioguía gratuita de la exposición permanente.
La visita al museo puede completarse con una de las experiencias más memorables que ofrece la ciudad. El ascensor panorámico de la Mole Antonelliana lleva a sus visitantes a 85 metros de altura, regalando una vista de 360° sobre la ciudad de Turín y los Alpes circundantes.
El moderno ascensor de cristal cubre esa altura en tan solo 59 segundos. Quien desee una experiencia aún más física puede optar por la subida a pie por la cúpula. Los sábados y domingos hay visitas guiadas periódicas a la cúpula a pie.
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