Hecho a mano es una expresión que va más allá de una técnica o de una etiqueta. Habla de tiempo, de conocimiento transmitido y de una relación directa entre quien crea y lo que se crea. En un mundo dominado por la producción en serie, la artesanía sigue siendo un espacio donde el gesto importa, donde cada objeto conserva la huella de unas manos y de una forma de entender el trabajo basada en la dedicación, la precisión y el respeto por la tradición.
Este recorrido reúne talleres, oficios y creadores que, desde distintos puntos de Europa, mantienen vivos saberes heredados y los adaptan al presente sin perder su esencia.
Encaje de bolillos Punto España en hilos de oro y plata





Fotos: Manena Munar
La Semana Santa sevillana es algo fuera de serie. Si los sevillanos la preparan durante todo el año a través de las hermandades y la esperan anhelantes, también la visitan turistas imantados por su fuerza y belleza. Los Pasos están cuidados al detalle; imaginería, candelabros de plata, y esos encajes, únicos, confeccionados con bolillos en hilos de oro y plata.
Gran parte del encaje sublime que rodea los mantos de la virgen lo tejen con bolillos en la llamada Corrala de Goles de Sevilla, donde aún se agrupan los oficios artesanales. Alfonso Aguilar Martín regenta Encajes de Sevilla y lo hace a costa de voluntad, pasión y trabajo.
Entrar en su taller de la Corrala, que huele a geranios y suena a Sevilla en la radio, es una vuelta a ese pasado donde las manos eran prioritarias en el hacer cotidiano. José, el artesano, mueve con destreza los bolillos que están tejiendo con hilo de plata el manto de la Virgen de Triana. Mientras, Alfonso Aguilar explica orgulloso cómo al taller de la Corrala han rendido visita Tiffany & Co., Bvlgari y Christian Dior, que eligió uno de sus encajes en forma de chaleco para el desfile histórico que tuvo lugar en Sevilla.
La técnica del encaje de bolillos llegó de los Países Bajos, donde tejían con hilo de algodón el ajuar femenino. Sin embargo, fueron los hilanderos españoles quienes comenzaron a entretejer con hilos metálicos, marca que derivó en el nombre de Punto España.
Bolas de nieve de cristal: El imprescindible adorno navideño




Fotos: Manena Munar
Se dan algunos inventos que nacieron gracias a un error, accidente, casualidad… como se le quiera llamar. Tal es el caso de las bolas de nieve de cristal que protagonizan los mercadillos navideños, especialmente los de Viena, su cuna.
Erwin Perzy III las comercializa con enorme éxito desde que su abuelo, Erwin Perzy I, un mecánico de instrumentos quirúrgicos, por un afortunado error, las inventó. Su propósito primario era crear una especie de bombilla reflectante que aumentara la luz en las mesas de quirófano. Perzy había observado cómo los zapateros se valían de velas en globos de cristal, rellenas de agua, que mejoraban la iluminación.
Realizó una serie de pruebas, entre ellas añadió copos de sémola blanca para ver si la luz rebotaba. No surtió el efecto deseado, pero Perzy no se dio por vencido y, al contemplar asombrado cómo los granos de sémola parecían copos de nieve, se le ocurrió reproducir una escena invernal e introdujo en la bola la miniatura de la Basílica del Nacimiento de la Virgen María de Mariazell (Estiria). Selló el globo y cementó la base con yeso. ¡Había nacido la primera bola nívea de cristal!
Su hijo introdujo novedades invernales y su nieto, Erwin Perzy III, incluye en su catálogo unas 400 variedades de fabricación absolutamente artesanal, montadas y pintadas a mano. De la producción de 200.000 bolas anuales, un 20 % son de encargo y van personalizadas. Una de sus más famosas creaciones fue aquella que estallaba contra el suelo, mientras Charles Foster Kane moría en el acto final de Ciudadano Kane.
El taller sigue como lo inauguró su abuelo. El secreto final de las esferas, bien guardado en la fábrica, mientras que la tienda se llena de bolas y más bolas que nievan de copos al Pato Donald, la Torre Eiffel o al gran Johann Strauss, cuya memoria será celebrada en Viena por todo lo alto este 2025.
Guantes de Causse: elevados a rango de arte




Fotos: Manena Munar
Los Causses forman una región de Francia que se caracteriza desde tiempos remotos por tener abundancia de ovejas en sus tierras, especialmente las de la raza Lacaune, que llevó al municipio francés de Millau a convertirse en la capital del guante y de la piel en el s. XVIII, como bien enseña el Museo del Guante de Millau.
Uno de sus ciudadanos, Paul Causse (1892), tuvo la maestría de elevar su manufactura a rango de arte y fundó Causse Gantier, empresa con la que continúan sus herederos. La cuarta generación no ha cambiado la forma artesanal de manufactura y sigue obsequiando a las mejores boutiques de Londres, Moscú, Nueva York, Tokio y París con obras maestras que adornan sus escaparates.
Al cruzar el umbral de la tienda-taller de Millau, de arquitectura contemporánea, obra de Jean-Michel Wilmotte, se nota el sello de calidad y buen gusto de sus guantes. Impresión que se ratifica al observar el magnífico género de las pieles que los artesanos diseñan, estiran, cortan y cosen hasta convertir el cuero, bien sea de oveja, pero también de nobuk, pecarí, avestruz, cocodrilo o pitón, en una pieza exclusiva.
Los más de treinta artesanos de la fábrica conocen su oficio al dedillo y dan salida a unos veinte mil pares al año. Han creado modelos únicos como aquel minimalista, tipo Jackie, que calzaba la primera dama de Estados Unidos, o el clásico largo y sinuoso, a lo Gilda, que Rita Hayworth se desenfundaba sensualmente en la película. Causse Gantier se jacta de haber vestido manos célebres como las de Nicole Kidman, Sharon Stone, Kate Moss o Pharrell Williams, entre otros famosos dedos.
Fabrique de Parapluies François: Que llueva, que llueva…





Fotos: Manena Munar
Paseando por la ciudad francesa estudiantil, monumental y gastronómica de Poitiers, entre regios palacetes y casonas de la Grand Rue, en el número 137 se distingue una tienda pintada en verde botella, cuyo magnético escaparate alegra la vista con unos paraguas que derrochan calidad y elegancia.
La tienda François, que no ha cambiado nunca de lugar, es la más antigua de Poitiers y va ya por la quinta generación desde su fundación en 1882. Nació con el fin de crear paraguas de primera calidad que se fabrican, reparan y restauran a mano en el taller anejo a la tienda.
Los tejidos, la mayoría italianos, oscilan entre el poliéster, algodón o poliamida, estampados vanguardistas, clásicos o simplemente lisos, pero de la más alta gama. Los mangos son de arce, castaño, malaca o bambú, para mayor comodidad y flexibilidad, y los marcos de fibra de carbono y varillas de acero le dan al paraguas chic una esperanza de vida de entre 15 y 20 años.
Se hacen a medida, por encargo, plegables, de caña e incluso para protegerse del sol en forma de sombrilla. Todo esto lo cuenta Pierre, que con su hermano Louis son los actuales descendientes de la familia François, que se han hecho cargo de la legendaria fábrica.
Al preguntarle por su paraguas preferido, Pierre contesta que es sin duda el emblema de la casa augusta, el Paraguas del Pastor, con gran diámetro y costillas de ratán. Sigue contando Pierre François cómo en su producción entra la sombrilla cuadrada, la de golf, la de montura inglesa (de una sola pieza de madera), y se le abre la sonrisa, orgulloso, al enseñar sus magníficos paraguas.
El bordado de Castelo Branco o la delicadeza en una puntada





Fotos: Manena Munar
Castelo Branco, en la región de Beira Baixa, es un típico enclave portugués de casas de piedra enmarcadas en blanco y matizadas por azulejos. En tiempos formaba parte de la “línea defensiva del Tajo”, obra de los templarios en el s. XIII. La ciudad guarda con celo sus tradiciones, especialmente la del bordado, que cuenta con su propio Centro de Interpretación del Bordado, sito en la Plaza Camões, junto con otras construcciones dignas de mención como el Arco del Obispo, el Solar dos Cunha o el Celeiro da Ordem do Cristo.
En el Centro de Interpretación del Bordado se puede aprender sobre los secretos de la aguja. Las bordadoras solo cosen telas excelsas de lino artesanal y en ellas dibujan, con hilos de seda, los mosaicos portugueses, motivos de las calzadas, flores, pájaros… en tapices, colchas o manteles, siguiendo con celo temática y técnicas propias que datan de los años álgidos del bordado durante el s. XVIII. Sin embargo, no por ello han dejado de modernizarse y hoy en día también bordan vestidos con diseños de pintores de arte abstracto.
Cuentan las bordadoras, sin levantar la vista de la pieza en la que trabajan, cómo la puntada solo debe dibujar el anverso y nunca el envés de la tela, que tiene que permanecer intachable. Ya de retirada, comentan cómo Castelo Branco le regaló una colcha a la reina Isabel II de Inglaterra durante su visita a Portugal. De hecho, el bordado de Castelo Branco es hoy el mayor símbolo de la identidad colectiva de la ciudad.
Cerámica lapona: moldeando el arte Suomi y Sami

Fotos: Manena Munar
Cerca de la ciudad de Posio, a orillas de un lago, espera Anu Pentik, una mujer suomi —como se llama a los finlandeses—, reina de la cerámica en Finlandia, que transformó la granja lapona de renos de Timisjärvi en un refugio de artistas y sede de simposios internacionales.
La trayectoria de Anu Pentik es una historia de perseverancia y entusiasmo. Si su amor por la cerámica comenzó en su propia casa, cuando moldeaba a la par que criaba a sus hijos, pronto desembocó en una tienda en Helsinki, allá por los años 70. Más tarde, y cuando, según ella misma explica, todo el mundo quería dejar la ciudad lapona de Posio, ella encontró en la fuerza de la naturaleza y la complicidad del ceramista coreano Suku Park justo lo que necesitaba para continuar con su proyecto que, tras cincuenta años, convierte a Posio en un referente internacional de cerámica.
Se denominan Sami a los habitantes oriundos del Ártico que viven en Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. Los Sami Inari cogen su nombre del finlandés lago Inari, que baña sus tierras y riega los campos donde pastan los renos.
La tienda de artesanía y granja de renos de los Sami Inari es el complemento ideal para entender el universo Sami y observar los bellos objetos confeccionados a mano con materiales lapones, en los que predominan la asta de reno y su piel, ya que el reno es el modus vivendi del sami, pastores de este animal por excelencia.
Chemnitz, los artesanos de su Camino Púrpura.

Fotos: Manena Munar
El pasado año la ciudad sajona de Chemnitz, llamada Karl Marx en los años de la RDA, fue declarada Ciudad Cultural Europea. Le apoyaron en su capitalidad los municipios adyacentes de la ruta que discurre por los Montes Metálicos, famosos por 850 años de actividad minera que, aunque no esté en vigor, se siente en cada curva del camino de los 400 kilómetros que entraña.
Entre los muchos pueblos de este recorrido está la localidad de Schneeberg, antiguo enclave minero, al igual que la mayoría de poblaciones de los Montes Metálicos, con la diferencia de que este es especialmente célebre por su Navidad y por los candelabros con forma de arco que cada vecino enciende en la ventana durante la estación navideña. En las esquinas del Schwibbogen (candelabro) hay un ángel, o dos, o tres, al igual que en la contraria está la figurita de un minero, o figuritas, ya que los ángeles responden a la cantidad de niñas que tiene la familia de la casa y los mineros a los chicos. Una casamentera forma de hacer futuros planes para los jóvenes del pueblo.
Lars Neubert es un ejemplo del buen hacer en la talla de madera que afama al pueblo sajón. En su taller-tienda Holz & Kunst erleben, Lars Neubert charla con los visitantes sobre un legado que pasa de padres a hijos, mientras trabaja con su cincel el minero de madera, pieza estrella y recurrente de su arte, entre otras tallas que llenan los estantes de su acogedor establecimiento. Le gusta impartir talleres y enseñar a las nuevas generaciones los entresijos de uno de los artes más antiguos de la humanidad.
Las figuritas de madera de los Montes Metálicos, especialmente las navideñas, se exportan por todo el mundo y están consideradas de la mejor calidad y creatividad. Algunas tienen expresión; parece que hablan diciendo Glück Auf, el saludo de los Montes Metálicos para desear buen viaje y una pronta vuelta.

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