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Definido como una actividad deportiva y recreativa que consiste en recorrer a pie caminos señalizados, preferentemente tradicionales, el senderismo se ha convertido en las últimas décadas en la mejor forma de contacto y conocimiento del medio natural y rural, una actividad adictiva con incontables efectos positivos no solo para el propio medio rural y natural, sino también para la salud mental y física del individuo. 

¿Cuántas veces has regresado a tu casa pletórico después de una caminata de varias horas por la naturaleza? Nuestro cerebro necesita el silencio que ruge en la naturaleza, cuando sopla el viento, cuando brota el arroyo, cuando fluyen nuestros pensamientos, más nítidos que nunca, iluminados por el sol de la mañana o purificados por la lluvia del atardecer. Es el sencillo ‘milagro’ de caminar por la naturaleza. 

Senderismo: la cuadratura del círculo del turismo sostenible 

Garajonay
Garajonay – Fuente: Depositphotos

Siempre hemos recorrido los caminos que nos propone la naturaleza. De antiguo, era la única manera de ir de un punto a otro. Luego fuimos trazando nuestras propias vías, modificando el paisaje: primero fueron las calzadas romanas, luego las rutas religiosas y, finalmente, las autopistas contemporáneas. 

Pero no sería hasta la posguerra cuando en Francia comienzan a recuperar su red de caminos tradicionales inspirándose en el excursionismo romántico, cuando surgen las primeras actividades turísticas: ya sabes, viajar por placer, no por necesidad.  

Los primeros senderistas franceses toman conciencia de la relevancia que puede adquirir esta actividad, no solo como actividad deportiva y recreativa, sino como herramienta de desarrollo rural. Y estas ideas no tardan en cruzar los Pirineos cuando nuestros vecinos quieren continuar uno de sus senderos rumbo al sur: surge así el GR 7, el primer sendero de Gran Recorrido, el pionero de los senderos peninsulares.  

En primer lugar, son las federaciones de montañeros las que fomentan estos senderos, que precisan un gran trabajo de campo, pese a que, en general, aprovechen tradicionales caminos naturales. Hay que señalizarlos y mantenerlos para que estén a disposición de todo tipo de senderistas, no solo de montañeros expertos capaces de guiarse sin ayuda. 

A este trabajo de las federaciones no tardan en sumarse las instituciones públicas conscientes de que se trata de un diamante en bruto de promoción turística y desarrollo rural que pronto es analizado desde un punto de vista académico como en este pionero estudio publicado en 1999 por el Instituto Juan de Herrera de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid

El senderismo como revulsivo socioeconómico del entorno rural 

Mallos de Riglos - Fuente: Depositphotos
Senderismo en los Mallos de Riglos – Fuente: Depositphotos

Ya hace varias décadas que se entendió que esta actividad podía constituir la base de una red de ocio que, incluyese, en etapas sucesivas, la incorporación de otro tipo de formas de turismo, un polo de atracción al ámbito rural, a menudo debilitado desde un punto de vista socioeconómico por el éxodo rural que determina en nuestro país el concepto de España vaciada. 

Al calor del éxito de los senderos, entre los que se encuentran los paisajísticos, los deportivos o los pedagógicos, entre otros, surgen otras formas de turismo sostenible como la observación de la fauna, el astroturismo, las rutas escolares, las aulas de naturaleza, las rutas en bicicleta o el propio turismo gastronómico.  

Ya lo dice este informe de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), “en España, el 90% del territorio es rural, pero sólo el 20% de la población habita en él”. Así pues, cualquier actividad (sostenible) que acerque al territorio rural es una forma de reactivar el territorio. ¿Cómo? 

  1. Recuperando el patrimonio viario tradicional, así como el patrimonio rural asociado a él. 
  2. Facilitando una nueva actividad y creando una oferta que puede ayudar al desarrollo del sector servicios, estimulando la actividad turística e impulsando una oferta desestacionalizada que se base en la revalorización de lo autóctono. 
  3. Distribuyendo los flujos turísticos en el espacio y el tiempo, siempre que se planifiquen con las estrategias e instrumentos adecuados. 
  4. Potenciando un modelo de desarrollo sostenible, basado en una actividad que es respetuosa con el medio ambiente y la cultura local. 

Pero, ¿es el senderismo rentable? 

Timanfaya
Senderismo en Timanfaya

Todo lo anterior está muy bien, pero ya sabemos que para que una actividad perdure en nuestra sociedad ha de ser rentable para todas las partes, o al menos que no suponga pérdidas, especialmente para las entidades públicas, que, en esencia, se encargan de mantenerla y promocionarla. 

Este informe de 2014 sobre el impacto económico y social del Programa de Caminos Naturales era positivo, señalando que el senderismo es la actividad vinculada al turismo de naturaleza más practicada en casi todas las comunidades autónomas españolas con un gasto medio (por entonces) de casi 15 euros por usuario y visita, siendo el total de impacto económico por los usuarios turistas del Programa de Caminos Naturales de más de 150 millones de euros en 2014, empleando a más de 3.500 personas a tiempo completo. 

Son cifras positivas que, no obstante, no ocultan tampoco numerosos desafíos a los que se enfrentan las instituciones, como la necesidad de que el impacto económico se dirija esencialmente a las economías locales, y la “irregular” promoción y mantenimiento de los senderos no siempre bien conocidos por los usuarios ni bien gestionados por las instituciones. 

De forma que, en algunas ocasiones, unos senderos se ponen de moda y se asemejan a una calle de una gran ciudad en hora punta y otros cercanos pasan desapercibidos. Porque eso sí, en España hay senderos para todos. La cuestión es gestionar adecuadamente este tesoro natural fundamental para el desarrollo sostenible del turismo y de las comunidades rurales.  

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