Hay rutas que se recorren para llegar a un lugar y otras que existen para entender un territorio. La Via Algarviana pertenece claramente a este segundo grupo. La gran travesía a pie del sur de Portugal cumple 17 años y lo celebra fiel a su espíritu, invitando a caminar. Entre enero y finales de abril, una serie de caminatas guiadas y gratuitas abre al público distintos tramos de este itinerario que cruza el Algarve de este a oeste, lejos de los focos turísticos de la costa y muy cerca de su paisaje más íntimo.
La propuesta no es solo conmemorativa. Es también una invitación a redescubrir una región que muchos asocian únicamente a playas y acantilados, pero que en su interior guarda sierras suaves, pueblos tranquilos, caminos históricos y una biodiversidad sorprendente.
Una ruta que atraviesa el Algarve de frontera a océano

La Via Algarviana recorre unos 300 kilómetros entre Alcoutim, junto al río Guadiana y la frontera española, y el Cabo de San Vicente, en Sagres. Es un eje longitudinal que permite comprender cómo cambia el paisaje conforme uno se adentra en el interior y vuelve a encontrarse con el Atlántico.
Con motivo del aniversario se han organizado once caminatas dominicales abiertas al público general, a las que se suman seis rutas específicas para escolares del Algarve. En total, diecisiete recorridos simbólicos, uno por cada año de vida del proyecto. Las rutas varían en longitud y dificultad, desde paseos accesibles de menos de cinco kilómetros hasta tramos de más de dieciséis, siempre guiados y pensados para mostrar la diversidad del territorio.
Durante estas caminatas se atraviesan barrancos, bosques de alcornoques, campos agrícolas y pequeños núcleos rurales. Aparecen la arenisca rojiza de Silves, los almendros, las iglesias rurales, las salinas, los olivares y una arquitectura popular que habla de adaptación al clima y al paisaje. Es el Algarve que no suele salir en las postales, pero que explica mejor que ningún otro la identidad de la región.

Caminar como herramienta de sostenibilidad y cultura

Desde su origen, la Via Algarviana ha sido concebida como un proyecto alineado con los principios del desarrollo sostenible. No se trata solo de señalizar un camino, sino de proteger los ecosistemas del interior del Algarve y fomentar un turismo respetuoso, cultural y de naturaleza, capaz de generar actividad económica sin degradar el entorno.
La ruta sigue en parte antiguos caminos históricos y religiosos que conducían al Promontorio de Sagres, lo que añade una dimensión patrimonial al recorrido. Dividida en catorce etapas, con jornadas pensadas para caminar entre cuatro y ocho horas, permite descubrir tradiciones locales, fiestas populares, artesanía y formas de vida que siguen muy vivas en el interior algarvío.
En los últimos años el proyecto ha dado un paso más con la creación de una red de socios certificados, formada por pequeñas empresas de alojamiento, restauración y actividades, que facilitan al senderista planificar su viaje con garantías. A ello se suma una aplicación móvil propia, disponible para iOS y Android, que refuerza la autonomía y seguridad de quienes recorren la ruta.
El Algarve, un destino para recorrerlo a pie o en bicicleta

La Via Algarviana es la gran espina dorsal del senderismo en la región, pero no está sola. El Algarve se ha consolidado como uno de los territorios más atractivos del sur de Europa para caminar o pedalear, gracias a una amplia red de senderos bien señalizados y a un clima que invita a la actividad al aire libre durante buena parte del año.
Junto a ella destaca la Ruta Vicentina, que recorre la costa sudoeste entre el Cabo de San Vicente y Santiago do Cacém, o la EuroVelo 1, que permite pedalear junto al mar a lo largo de casi todo el litoral algarvío. A estas grandes rutas se suman itinerarios temáticos y festivales de senderismo que refuerzan la apuesta de la región por un turismo activo y desestacionalizado.


Únete a la conversación