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La N1 islandesa tiene tantos tesoros por descubrir que necesitas varias semanas (o meses) de viaje para disfrutarlos todos, pero, de vez en cuando, también conviene salirse de la carretera principal que circunda el país para conocer otros rincones singulares. 

Es el caso de Vestrahorn, una tenebrosa montaña que se encuentra en la península de Stokksnes, pasando la localidad de Höfn, en la zona que enlaza el sur con los fiordos del este de Islandia. Acompáñanos en este recorrido por un impresionante paraje asociado a la Guerra Fría, los vikingos y hasta Batman. 

Vestrahorn, el cuerno del oeste 

Vestrahorn - Fuente: David Rubio
La montaña de Vestrahorn tras la recreación del poblado vikingo – Fuente: David Rubio

Pese a encontrarse en la costa suroriental de Islandia, el nombre de este lugar responde a su asociación con otras dos montañas terminadas con picos en forma de cuerno que se encuentran pasando Almannaskarð: la pequeña Brunnhorn, algo así como la “buena montaña” (también conocida como la montaña Batman, por sus tres picos), Eystrahorn, la montaña (o cuerno) del este, otra impresionante montaña ubicada a unos 40 kilómetros, y Vestrahorn, al oeste de Eystrahorn.

Llegar a Vestrahorn desde la N1 es bien sencillo, pero precaución, como siempre en las carreteras islandesas. Y si no que se lo digan a dos miembros del equipo que custodiaba el radar de la antigua base de Estados Unidos H-3 que decidieron que era buena idea ir de noche (y borrachos) de vuelta a la base: “el camino giró… y ellos no”. Por suerte, no les pasó nada, pero la camioneta quedó siniestro total: cuentan que una rueda fue encontrada kilómetro y medio más lejos del resto del vehículo. 

Y es que para llegar a la península de Stokknes has de tomar un desvío a la derecha (con la señal típica de monumento que verás mucho en Islandia) por una carretera de grava justo antes de pasar por el túnel de Almannaskarð, inaugurado en 2005. No son más de cinco kilómetros y el piso está bastante bien, pero ya sabes… recuerda a los tipos de la base. 

Al final del camino llegas al Viking Cafe, un espacio que ejerce de centro de visitantes para Vestrahorn. Y es que se trata de una propiedad privada (como muchas otras en Islandia), así que deberás pagar entrada para acceder a la zona de la playa, la montaña y el pueblo vikingo, al menos si vas en coche. También cuenta con un aparcamiento para campers, una guesthouse y paseos a caballo. 

Las rutas de Vestrahorn 

Vestrahorn - Fuente: David Rubio
Las rutas por el entorno de Vestrahorn y Stokksnes – Fuente: David Rubio

Son tres rutas las que permiten recorrer el entorno de Vestrahorn, aunque la mayoría de los viajeros van directos a la playa para las fotos y recorrer la recreación del pueblo vikingo.  

La ruta roja de siete kilómetros permite recorrer la vertiente occidental de Kirkjusandur, uno de los diversos sandar que encontrarás en Islandia, pero en este caso, en pequeño formato: son planicies de sedimentos fluviales provenientes de la fusión de glaciares generando depósitos de grava y arena, una suerte de impresionantes desiertos negros.

La ruta azul, menos popular, es más ambiciosa al recorrer 12 kilómetros por Kambhorn hasta Hvammsfjara, otra de esas playas de arena negra que abundan en Islandia. Esta ruta te acerca a Brunnhorn, la montaña que recuerda al logo de Batman y que se oculta tras Vestrahorn si miras esta montaña desde el centro de Kirkjusandur. Además, tendrás unas impresionantes vistas de Stokksnes desde Hafnartang, una pequeña lengua de arena y roca bajo al este de Vestrahorn. 

Recorriendo la playa negra de Vestrahorn 

Vestrahorn - Fuente: Tamara Suárez
Vestrahorn – Fuente: Tamara Suárez

La ruta amarrilla es la más popular ya que te conduce por los lugares más icónicos del entorno de Vestrahorn. Puedes hacerla en las dos direcciones, empezando por el pueblo vikingo para después ir hacia Stokkness, o en sentido inverso. 

Sea como fuere, el mayor impacto para buena parte de los viajeros es observar la montaña desde el sandur y la playa de arena negra. Los montículos cubiertos de una leve capa vegetal y la siniestra montaña de gabro —una roca plutónica ígnea poco habitual en las montañas islandesas— de 450 metros de altura generan una estampa sublime… con o sin nubes.  

Vestrahorn - Fuente: David Rubio
Vestrahorn – Fuente: David Rubio

Y es que Vestrahorn también es famosa por las decepciones que sienten muchos viajeros al llegar aquí y encontrar el lugar cubierto de nubes y bruma, sin poder disfrutar “plenamente” del espectáculo como refulge en Instagram. Pero la meteorología islandesa no está muy pendiente de los likes en redes sociales de los sufridos viajeros. 

Más o menos nubosa, Vestrahorn es deliciosamente amenazante, una vertiginosa montaña oscura sobre arena negra con algunos destellos azules del cielo reflejado en el agua y las pinceladas verdes vibrantes de los montículos del sandur: otro inolvidable poema visual islandés

La antigua estación aérea de Höfn 

Vestrahorn - Fuente: Tamara Suárez
Radar actual de Vestrahorn – Fuente: Tamara Suárez

Camino del faro de Stokksnes hay una valla que delimita un espacio restringido en esta pequeña península y que ocupa actualmente un radar de control aéreo, al parecer, de uso civil. Pero el cartel que restringe la entrada avisa, además de peligro por radiación, de que se trata de un área acordonada de la OTAN y que está estrictamente prohibido pasar.  

Los fanáticos de la Guerra Fría también disfrutarán en este lugar que acogió desde 1951 hasta 1992 un radar de vigilancia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos denominado ADC/NATO ID: H-3… H-3 para los amigos. 

Ya sabéis que desde que terminó la II Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaron el control geopolítico mundial e Islandia era una zona muy interesante a nivel geográfico. Pero británicos y estadounidenses habían llegado antes y firmado acuerdos con las autoridades islandesas para la defensa del país a cambio de crear bases para el ejército norteamericano

Vestrahorn - Fuente: David Rubio
Vallas que impiden el paso al radar y a la antigua zona de la base militar de Estados Unidos y de la OTAN – Fuente: David Rubio

Una de esas bases fue la que se ubicó en la península de Stokksnes durante 40 años. Su objetivo, controlar la conocida como brecha GIUK —que ahora vuelve a estar de actualidad— utilizada habitualmente por los bombarderos pesados de largo alcance y las plataformas de reconocimiento marítimo de la Unión Soviética como punto de tránsito hacia el Atlántico. 

Interesantes webs como esta o esta, nos recuerdan la vida de aquellos trabajadores —autodenominados Bear Eaters, comedores de osos… soviéticos— que vivieron durante años en este rincón alejado unos cuantos miles de kilómetros de sus hogares, contando todo tipo de anécdotas acerca de sus baños en el gélido mar islandés, su contacto con los locales de la vecina Höfn, las largas noches árticas… o los accidentes de coche confundiendo las carreteras de Islandia con las de Arizona. 

El poblado vikingo 

Vestrahorn - Fuente: David Rubio
Estatua de madera de Hrollaugur Rögnvaldsson en el decorado vikingo de Vestrahorn – Fuente: David Rubio

No, no es un pueblo vikingo histórico (el edificio de tres pisos que vemos en la imagen a la derecha no parece muy vikingo). Pero todas las guías y publicidad acerca de este lugar lo dejan bien claro: se trata de un escenario que fue construido en 2009 para un proyecto cinematográfico que finalmente no se llevó a cabo. Desde entonces, quedó abandonado, pero ha sido aprovechado por los propietarios del terreno como parte de la visita a Vestrahorn. 

Pese a su “falsedad” es una oportunidad como cualquier otra para profundizar en la historia islandesa, especialmente la más antigua y mitificada, la de los asentamientos que comenzaron a finales del siglo IX, tras la llegada de monjes irlandeses en el siglo anterior, comunidad que no llegó a establecerse de forma definitiva, como sí hicieron los vikingos.  

Así, en el decorado podrás ver la estatua de Hrollaugur Rögnvaldsson, que, según el Landnámabók, el Libro de los Asentamientos, habría llegado a Islandia desde Noruega a finales del siglo IX por consejo del mítico rey Harald, siendo, supuestamente, uno de los primeros pobladores del entorno de los horns, este impresionante enclave del sudeste de Islandia.  

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